Calentamiento Global – Una vida en nuestro planeta

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Calentamiento Global - Una vida en nuestro planeta
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Calentamiento global

 Una vida en nuestro planeta

una vida en nuestro planeta

David Attenborough y su libro una vida en nuestro planeta

Transcripción

Luego de dos capítulos hablando sobre la tecnología, y su lado oscuro, terminó de cerrar el círculo de esta trilogía. Es que me di toda esta vuelta tecnológica, para explicar el gran tema que enfrenta nuestra generación, el calentamiento global.

 

¿Pero por qué era tan importante hablar de la tecnología para llegar a hablar de emisiones de dióxido de carbono, energías renovables, y biodiversidad?

 

Porque soy un convencido, que solo la creación de conciencia nos puede salvar. Tal como terminaba el episodio del último capítulo. Por cada dólar y minuto invertido en inteligencia artificial o biotecnología, deberíamos invertir un dólar y minuto en entender la consciencia y el inconsciente humano.

 

Y no podemos luchar contra el calentamiento global con el actual statu quo de información ¿Cual es ese status quo? El que he venido hablando los últimos dos episodios, en que gran parte del periodismo no está en el negocio de la verdad, sino que en el de la atención. Todo esto con el gran soporte de los algoritmos que amplifican contenido sin ninguna moral ni línea editorial más que la de mantenerte delante de la pantalla, no importa si son fake news, si son teorías conspirativas, o lo que sea. 

 

Al final el algoritmo nos reduce a perfiles psicológicos, e intenta predecir nuestros actos en base a nuestras experiencias y a su bases de datos. Y sabe que una persona con valores de igualdad, y compasión va tender a creer más en problemas masivos como el calentamiento global. En cambio, una persona con un perfil más libertario, y autónomo va tender a ser más escéptico. Es por eso que países como Estados Unidos son menos conscientes ante este problema, en comparación a un francés por ejemplo. Ven, todavía y más que nunca es importante la psicología y filosofía.

Esto no lo digo yo, lo dice Anthony Leiserowitz, director del programa Comunicación del Calentamiento Global en la Universidad de Yale.

 

Teniendo claro estas manipulaciones a las que nos vemos enfrentados día a día en redes sociales podemos acercarnos de manera más cercana y con menos sesgo al gran problema que es el calentamiento global. Y digo sesgado, porque el mismo Anthony Leiserowitz menciona que es importante no caer en el nosotros contra ellos, en el propagandistas contra negacionistas. La realidad es mucho más compleja y con matices. El ha estudiado la percepción del calentamiento global y no hace esta reducción, sino que divide la población de Estados Unidos en seis categorías, basado ante este problema:

 

1- Alarmistas, que son los que reconocen que es causa humana, quieren involucrarse, pero no saben bien que hacer.

2- Preocupados, son conscientes que hay un problema, pero lo ven como algo distante, quisieran apoyar la causa, pero no es prioridad.

3- Cautos, se preguntan ¿Es real? ¿Es natural? ¿Es causado por los humanos? Sobre todo esa es su pregunta si es causa humana o cíclica.

4- Indiferentes, estos han escuchado el término calentamiento global, pero ni saben que significa. No son conscientes..

5- Dudosos, están convencidos que es un fenómeno cíclico, no hay nada que podamos hacer.

6- Despectivos, dicen que son teorías conspirativas, que no es real. Son solo el 10%, pero se hacen sentir.

 

El año pasado los alarmistas en EE.UU eran 31%, hoy imagino que esto ha crecido, mientras que el 10% de los despectivos hace un par de años era cercano al 20%,  o sea se han reducido notablemente.

 

Ahora, me terminaré de alejar de las Redes Sociales, y me ahondaré en los bosques, savanas, glaciares y tundras de nuestro hermoso planeta para hablarles, rugirles, piarles, graznarles, maullarles, aullarles sobre el libro y documental de Sir David Attenborough, A life in our planet. Una vida en nuestro planeta.

 

Sir David Attenborough, para los que son asiduos a documentales de vida salvaje es una eminencia, un hombre que ha dedicado su vida a viajar por el mundo desde hace más de 70 años grabando nuestra flora y fauna, y acercándonos lo salvaje a nuestras pantallas. Tal vez no vale mucho, pero por su labor fue condecorado como Sir en  Reino Unido, por su aporte superlativo en su profesión y conducta. De esas personas que engrandecen a su nación. Una frase del personaje en cuestión siempre es más esclarecedora.

 

“No fueron las leyes inventadas por los humanos lo que me interesaron, sino los principios que gobiernan las vidas de los animales y las plantas. Tampoco las historias de reyes y reinas, ni incluso los diferentes lenguajes de diversas sociedades humanas, sino las verdades que han gobernado al mundo muchísimo antes que la humanidad haya aparecido”

 

Attenborough o como se pronuncie jaja, lanzó este libro y documental el año pasado con 93 años. La razón es mostrar los cambios, que él propiamente ha visto a través de toda su vida y carrera como ambientalista y documentalista. Y los cambios son desoladores. Tanto en el libro como en el documental no es la labor de solo un hombre, sino que hay mucha data detrás de científicos y sobretodo de la WWF o Fondo Mundial para la naturaleza, organización de conservación líder en el mundo. Por lo mismo no es una historia llena de emociones, que abusa de imágenes violentas para causar impacto, no. Claro que hay algo de ello, porque es parte de la realidad, pero sobretodo hay mucha data, mucha estadística, mucha evidencia, que es la objetividad con la que podemos medir estos cambios.

 

El libro y documental Inicia y termina en Pripyat, la ciudad ucraniana donde ocurrió el desastre nuclear Chernobyl. Después de 34 años de ausencia humana en esta ciudad, los animales se han tomado literalmente la ciudad. Zorros que habían desaparecido casi en la región han retornado, una enorme cantidad de pájaros, razas de caballo han prosperado y un largo etcétera. Es una sutil ironía de que el mundo en realidad seguirá dando vueltas alrededor del sol a pesar de nuestros errores e incapacidades.

 

La historia está luego dividida en tres partes. La primera parte sobre los daños y estadísticas de los últimos 85 años de la biodiversidad, luego un mundo distópico desolador y finalmente cómo luchar contra esto de manera concreta.

 

El libro está lleno de datos, pero hay tres factores que van siendo comparados como una foto evidente del pasar del tiempo.  Uno, la población humana, dos, la cantidad de partículas de carbono en la atmósfera por millones , y tres, la vida salvaje restante.

La población humana medida en millones y el porcentaje de vida salvaje medida en porcentaje, son bastante comprensibles e intuitivos de entender. Sin embargo, me detengo en la cantidad de partículas de carbono en la atmósfera, ya que al menos a mi me costó un poco más entenderlo.

 

Lo que se mide es la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, se usa para describir la cantidad de CO2 por volumen en el aire. En este caso se usan las partículas por millones como medida. Por ejemplo, en el año 1937 había 280 partículas de dióxido de carbono por cada 1 millón en la atmósfera.

 

También en este año 1937 la población humana era de 2.3 billones y un 66% del territorio terrestre representaba vida salvaje, o sea un área que no ha sido significativamente modificada por la vida humana, ya sea a través de urbanización, agricultura, o deforestación, entre otros. Entonces en 1937 la población era 2.3 billones de personas, 66% territorio todavía impoluto, y 280 partículas de dióxido de carbono por cada 1 millón en la atmósfera.

 

En el documental y en el libro la evolución es más paulatina, pero no aburriré con datos de cada 15 años. El año 2020, nuestra población es de 7,8 billones de habitantes, nos hemos más que cuadruplicado. Hay 415 partículas de carbono por cada 1 millón en la atmósfera. O sea, hoy 3 de cada 10 moléculas de carbono, son producto de la industrialización humana. Y solo hay un 35% de territorio salvaje restante, o sea casi reducido al doble. 

 

¿Alguna correlación? Para mi eso es buena evidencia, que no es algo natural, y que a lo menos, nuestra acción ha tenido mucho que ver en este cambio estructural de nuestro planeta. La concentración de carbono alcanzada , o sea de sobre 415 partículas de carbono por 1 millón de partículas en la atmósfera se dice que es la mayor en millones de años.

 

Desde la época del Holoceno, que coincide con el inicio de la agricultura hace más de 11.000 años la temperatura no ha variado casi en más o menos 1 grado celsius. Attenborough dice que no sabemos bien a que se debe este equilibrio, pero podemos suponer que se deba a la biodiversidad. 

 

Plantas microscopicas como el fitoplankton cercanas a las superficies del óceano, y vastos bosques en el hemisferio norte han ayudado a encerrar una gran cantidad de carbono, y así a ayudar a mantener un balance de gases en los niveles del efecto invernadero en la atmosfera. Enormes manadas de animales de pastoreo mantienen las praderas ricas y productivas fertilizando el suelo y estimulando su crecimiento mediante el pastoreo. Manglares, pantanos y arrecifes de coral al borde de las costas proveen asistencia a los jovenes peces, que ya maduros se embarcan en las aguas profundas y enriquecen el ecosistema del oceano. Un denso cinturón con multiples capas alrededor de la línea del Ecuador emplea la energía solar y añade humedad y oxigeno a las corrientes globales de aire. Y grandes extensiones de nieve y hielo en los puntos más al norte y sur de la tierra reflejan la luz del sol de vuelta al espacio, enfriando la totalidad de la tierra como un gigante aire acondicionado.

 

Todo esto es resultado de la biodiversidad. Como siempre digo, somos expertos en inventar cosas, pero poco nos importan las consecuencias más allá del progreso económico. Es absolutamente soberbio pensar que modificando este equilibrio complejo y  sagrado no habrían consecuencias. 

 

En la lengua Massai, la palabra Serengeti significa planicie sin fin. Eso es lo que esta tribu piensa de estas extensas praderas. Pero la verdad es que si son finitas, y al reducir su área, por mucho que gran parte de estas praderas sean protegidas, creamos un desequilibrio. Las gacelas, y antílopes tienen menos espacio para pastar, y el suelo es pisado, y machacado hasta sus raíces en busca de nutrientes de estos animales por el hambre. Como resultado estos mismos están más débiles, y sus depredadores se hacen un festín, pero solo al inicio. Luego la caza escasea y todo el ecosistema se destabiliza, y la biodiversidad sufre.

 

El ejemplo más claro de la destrucción humana de la biodiversidad es la deforestación actual en islas como indonesia y borneo para plantar Palmas, que luego tendrán doble valor, por su madera, y para producir aceite de palma, el aceite más barato del mercado, el cual consumimos a diario en casi cualquier producto de la gran distribución o retail.

 

Los mayores motivos de deforestación son el ganado de vacas. En solo Brasil hay 170 millones de hectáreas para esta actividad, un área siete veces el tamaño de todo el Reino Unido. Gran parte de esta área fue selva amazónica en un momento. El segundo motivo es la soja. El cultivo de soja utiliza alrededor de 131 millones de hectáreas de tierra, la mayoría de ella plantada en Sudamérica. Y sobre el 70% de este cultivo es utilizado para alimentar ganado que luego será sacrificado para el consumo de carne.  En tercer lugar tenemos la ya mencionada plantación de palma, con 21 millón de hectáreas y sumando, la mayoría plantada en el Sudeste Asiático.

 

La mitad de la tierra fértil de la tierra es utilizada para la agricultura. No es siempre, pero en una gran mayoría se ha abusado. La hemos sobreexplotado con nitratos, fosfatos, y sobrepastoreo , quemando y sobrecargando con variedades de cosechas inapropiados, y uso de pesticidas así matando los invertebrados que viven en el suelo y que son los que precisamente le dan vida al mismo. Muchos suelos están perdiendo su capa superior y cambiando de ricos ecosistemas llenos de hongos, gusanos, bacterias especialistas y otros microscópicos organismos a tierra dura, esteril y vacía. La lluvia se desliza en ella como en el pavimento.

 

Increíble es el dato que 96% de la masa de mamíferos en la tierra la formamos los seres humanos, y aquellos animales domesticados que criamos para luego comerlos. Nuestra propia masa es un tercio del total, y nuestros animales domesticados o sea vacas, cerdos, ovejas hacen casi el 60%. El remanente de los mamíferos salvajes, desde ratas a elefantes y ballenas solo son el 4%.

 

¿No se si seguir? Pero me parece que ya he hecho mi punto. De todas maneras empiezo a terminar el daño hecho.

 

Hay imágenes satelitales que muestran que el área del Ártico durante el verano se ha encogido 30% en los últimos 30 años. Con la temperatura en alza y las aguas derretidas dando vueltas a la orilla de los témpanos el hielo se derrite aún más rápido, creando un círculo vicioso, en que más hielo se derrite, y por lo mismo hay menos materia blanca para reflectar los rayos solares, los que son absorbidos por estas aguas, entibiando aún más.

 

Lo mismo pasa con los insectos, que han sido reducidos en países como Alemania en un 75% y en Puerto Rico hasta 90%. No sé si ustedes, ya que tal vez son muy jóvenes, pero cuando ibamos de viaje con mi familia en los años 90’ en auto, mi papá tenía que poner el limpia parabrisas debido a la visibilidad y a la cantidad enorme de insectos que quedaban incrustados ahí. Hoy, eso no pasa.

 

Como si esto no fuera lo suficiente deprimente, luego de esta parte cruda, verdadera. Attenborough habla de escenarios distópicos de seguir con el mismo comportamiento. En el 2030 el océano ártico podría ser navegable durante el verano, para el 2040 las tundras del hemisferio norte se descongelarían y serían un barrial. Creando enormes derrumbes de tierra, y vastas inundaciones. Cientos de ríos cambiarian sus cursos, y miles de lagos se vaciarían. Para el 2050 el océano completo sería lo suficientemente ácido para gatillar un declive decisivo. Arrecifes de coral, el ecosistema más diverso de toda marina morirían al ser particularmente susceptibles a la acidificación del océano.

Para 2080 la producción global de alimentos  entrarían en crisis a causa del  abuso de pesticidas, los suelo serían inútiles.

 

Para el 2100 el nivel del mar aumentaría en 0,9 metros causado por el deshielo del ártico, groenlandia y la antártica. Como resultado de esto la vida en las ciudades costeras sería inviable, y sumado a que la agricultura y vida rural también sería inviable, esto provocaría la mayor inmigración antes vistas. A esta altura un cuarto de la población viviría en lugares donde la temperatura promedio es de 29 grados celsius, o sea como en el Sahara. 

 

Y me detengo acá.

 

¿Qué podemos hacer para detener estos escenarios? Aquí Sir David Attenborough es claro. ¡Debemos hacer que el mundo vuelva a ser salvaje!

 

Debemos recuperar la biodiversidad, la naturaleza es muy sabia. Hay que volver a esa filosofía de nuestros antepasados cazadores – recolectores que vivían en armonía y equilibrio con la tierra. Obviamente no podemos volver a ser nómades ni a vivir en pequeños grupos, pero debemos cambiar el paradigma de ver la naturaleza como algo que hay que domar. Durante todos estos años nos movimos de ser parte de la naturaleza, a estar aparte de la naturaleza. 

Ok, pero tangiblemente ¿Qué políticas debemos tomar? Sir David propone varias cosas, pero las podemos subdividir en siete grupos. 

 

  1. Avanzar más allá del crecimiento:

    Debemos enfocarnos en una economía sustentable con baja emisión de carbono. Casi el 50% del impacto es atribuible al 16% más rico de la población humana. El estilo de vida de los más ricos es insostenible, no podemos tener 5 autos por casa, o comer carne todos los días.

    Además, debemos dejar el GDP, o PIB como el gran indicador que determina el éxito o fracaso de un gobierno. Nos fijamos en el crecimiento en un planeta con recursos finitos. Nueva Zelanda el 2019 dio el primer paso, y dejó de ocupar el PIB como medida.
  2. Cambiar a energías limpias:

    El 2019 aún el 85% de las energías globales provienen de combustibles fósiles. Luego, la energía hidráulica que tiene bajo niveles de emisión de carbono, pero que es capaz de hacer un gran daño ambiental alcanza el 7%. Luego viene la energía nuclear, que también posee una baja huella de carbón, pero que ciertamente es muy peligrosa, ejemplo Chernobyl, esta solo provee el 4%. Las energías inagotables que deberíamos estar utilizando, como la solar, de mareas, por ejemplo, solo representan el 4% de nuestra capacidad presente.


Para cambiar este orden deberíamos iniciar a hacer pagar impuestos y penalizar a empresas que tengan una determinada emisión de carbono. El gobierno sueco introdujo en 1990 este impuesto y ha cambiado la composición de la energía. Según un organismo sueco, con 50 dólares por tonelada de C02 de carbono emitido es suficiente estímulo para estimular los cambios necesarios. Ya 3 países, como Islandia, Albania y Paraguay no utilizan combustibles fósiles.

 

  1. Hacer salvaje el mar

Con salvar el mundo marino, podemos hacer tres cosas simultáneamente. Capturar más carbono, aumentar la biodiversidad y proovernos a nosotros mismos de más alimento. Un punto clave es hacernos cargo de las aguas internacionales, que son aguas de nadie. Es el lejano oeste, donde se pesca a diestra y siniestra.

 

  1. Parar de tomar tanto espacio

    Actualmente, el estadounidense promedio come sobre 120 kilos de carne al año. Los europeos entre 80 a 60 kilos. El keniata promedio 16 kilos, y el hindú o indio promedio, una nación donde el vegetarianismo es común por creencias religiosas, come menos de 4 kilos al año. Hay que ser más hindú y menos americano. Entender que los cultivos no son un mundo salvaje, es inorgánico, se utilizan pesticidas que matan insectos, y el uso del agua muchas veces es en desmedro de comunidades vecinas.
    Un problema grave es que nuestra población es mayor, necesitamos más áreas para alimentar a tanta gente. Aquí los holandeses son el ejemplo, con granjas verticales, ocupando muy poco espacio. Y plantando en lugares tan inverosímiles como bodegas, debido a estudios de humedad de suelo, aprendiendo a crear sus propios fertilizantes. Es una tecnología costosa, pero los holandeses están mostrando el camino.

 

  1. Hacer salvaje la tierra


Hay un ejemplo reciente en que en el parque Yosemite se reintrodujo a los lobos. Hasta su vuelta, los ciervos estaban tranquilos vagando por horas entre arbustos y pequeños árboles. Al llegar los lobos, esto termino. No porque se comieran todos los ciervos, sino porque estos últimos al estar atentos, tuvieron que cambiar su rutina ociosa, y ahora se mueven constantemente. En seis años, los árboles volvieron a crecer, dando sombra a los ríos, y permitiendo a los peces reunirse fuera de la vista de depredadores.
Además, hay un programa REDD( o reducing emissions from forestation) que intenta darle valor económico a los últimos bosques lluviosos otorgándole un precio a su labor de captadores de carbono. Esto hace posible de ofrecerle a la gente y gobiernos que resguarden estos bosques en estado salvaje un pago por ello.
Un ejemplo de restauración de vida salvaje es Costa Rica, que en solo 25 años y con visión país ha logrado nuevamente que los bosques salvajes cubran la mitad del país Tico. Sus tierras salvajes son una característica tica, un componente de orgullo de su nación, y un motor de turismo. Solo imaginense si se pudiera replicar esto a nivel global.

 

 

  1. Planificar el tope humano

Nos hemos cuadriplicado y más en 83 años. Somos demasiados . Lo bueno es que hay una correlación en menor tasa de nacimiento con mejor calidad de vida.  Entonces deberíamos mejorar la calidad de vida y aplanar la curva como sucede con Japón hace 25 años, o como sucede en Europa.

¿Pero como hacemos en los países subdesarrollados ? Aquí entra el feminismo, hay evidencia que muestra que entre más empoderada sea la mujer, más educada, y preparada será consciente que la vida es mucho más que ser una incubadora. Más libertad femenina es mayor acceso a contraceptivos, buena seguridad social. Donde sea que tuvieran más libertad para elegir el trabajo que sea, elevando así sus aspiraciones, todo lo contrario sucedió con la tasa de natalidad.

En India solo el 40% de las niñas de 14 años sigue en el colegio. Y teniendo India sobre 1.000 millones de habitantes, esto no es menor.

 

 

 

  1. Lograr vidas más balanceadas:
    En perder nuestra dependencia del carbón y petróleo, y generando energías renovables. Ganamos en aire y aguas limpias, en ciudades menos ruidosas. Restringiendo zonas de pesca, perdemos el derecho de pesca en algunas aguas, pero ganamos en océanos saludables que nos ayudarán a combatir el calentamiento global y que últimamente nos ofertarán más frutos de mares en el mediano plazo. Eliminando gran parte de la carne de nuestra dieta ganaremos haremos nuestra dieta menos costosa. Aumentando las tierras salvajes ganaremos nos volveriamos a conectar con lo natural  en ambos mundos. En tierras distantes como en nuestro medio ambiente.

 

Se dice que la época del Holoceno que empezó hace casi 12 mil años habria terminado debido a los drásticos cambios en nuestro planeta. Estaríamos en el Antropoceno, el cual podría marcar el comienzo de una nueva y sostenible relación entre nosotros y el planeta. Podrías ser el tiempo en que aprendemos cómo trabajar con la naturaleza en vez de contra ella.

 

He intentado ser lo más elocuente posible, pero si quieren saber más de este asunto vayan al libro, a la fuente.

 

El desafío es altísimo, pero de todas maneras la mayoría de estas medidas, las deberíamos estar impulsando con o sin calentamiento global.

 

¡Hasta la vuelta! Chau.

 

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