Crecimiento

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Crecer – Episodio 5

 

crecer

“La carretera es para los apostadores,

mejor usa tus sentidos”

Bob Dylan, It’s all over now, Baby Blue

Transcripción

Empecé con Bob Dylan, ya que claramente es uno al que podemos ejemplificar para intentar de explicar lo que es crecer, lo que es mejorar, lo que es superarse. Uno que hoy en día, claro, con un premio Nobel de Literatura en la espalda, uno podría decir que siempre lo tuvo todo, pero no fue así. Si uno observa a Bob Dylan y lo descompone artísticamente. El no tiene una gran voz, de hecho tiene una voz nasal que uno no consideraría en lo absoluto potente. Tampoco es gran guitarrista. Si es un buen guitarrista que se fue puliendo con los años, pero no es el gran guitarrista virtuoso. Y ya por el lado como de imagen tampoco destaca como Mick Jagger o por moverse como Elvis.

¿Entonces como Bob Dylan logra trascender y logra posicionarse como el mejor letrista de toda la historia de la música? Bueno, metamos a la pelea a Leonard Cohen, pero de ahí no sale de esos dos.

Y una historia que me gusta mucho de la carrera de Bob Dylan es cuando, él siendo un muchacho de Minnesota donde no pasa nada en Estados Unidos, ya tenía claro que quería dedicarse a la música alrededor de los 18 19 años. El ya empezando a tener una pequeña reputación local, siempre local en su pueblo natal. Ahí tocando en su estado en Minnesota, él parte a Nueva York y se instala en Greenwich Village, que es el lugar donde todo estaba pasando, donde había la movida artística mundial. En esos años finales de los 50, principio de los 60 era donde los poetas Beats se reunían, donde había Jazz, donde había un brote de creatividad enorme y él, con una lucidez de alguien mucho mayor, se instala en Greenwich Village con los mejores. Empieza a aprender de ellos y rápidamente también empieza a tocar en bares. Se ofrece a tocar. Se mete en la bohemia de este lugar, se embarga de la creatividad y empieza a aprender de los ya consolidados. Roba una cosita por acá, roba otra por allá, le copia esto al otro. Empieza a definir su estilo como artista y empieza a crecer. Ese roce lo definiría para siempre. Y a los meses volvería a Minneapolis.

Y al volver, según testimonios de gente contemporánea que estaban también en la música. Decían que era otro, otro artista. Su técnica se había pulido. Había aprendido también a tocar la armónica, había aprendido a cantar. Pasó de ser un cantante casi de kermés a una versión muy cercana a lo que es el Bob Dylan actual. Y todo esto en solo unos pocos meses. Y cuando a él le preguntan ¿A dónde fue que pudo mejorar tanto? En este documental de Scorsese no Direction Home, el cual lo recomiendo muchísimo si es que le gusta Bob Dylan. Bueno.

Y él responde que fue a los Crossroads. Fue a la encrucijada. Fue al cruce de caminos, un poco en ironía y un poco en verdad, como siempre habla Dylan. Haciendo referencia al mito de Robert Johnson, ese guitarrista de blues que en los años 30 se le asoció con vender el alma al diablo también en un cruce de caminos, ganando así un virtuosismo nunca antes visto, una destreza nunca antes vista con respecto al instrumento de la guitarra. Pero la verdad es que simplemente Jonsson también como Bob Dylan, había partido en un viaje de aprendizaje y al volver a Misisipi, donde él era oriundo, era claramente el mejor. De ser un guitarrista mediocre, los había superado a todos, lo que había creado una gran envidia.

Esta historia realmente me maravilla. Me fascina porque tiene, tantos matices, el matiz de la envidia y sobretodo el símbolo de la encrucijada del cruce de caminos en el que todo puede pasar. Voy a la izquierda, voy a la derecha, encuentro la gloria, encuentro el amor, encuentro la perdición, la miseria. Todo es posible y todos nos encontramos en algún punto de la vida en que hay un cruce de caminos en el que tenemos que decidir.

¿Salgo del confort, o me quedo acá?  ¿Me la juego o no me la juego? Y para eso hay que ser valiente. Bob Dylan y Robert Johnson lo hicieron en su veintena y tal vez para ellos era claro. Querían ser músicos, pero más que eso, querían crecer, estaban dispuesto a pagar el precio y a sacrificarse por ser mejores. Estaban dispuesto a salir de la caja y desafiar su destino.

Y la otra parte, que me gusta mucho esta historia, es la parte de la envidia que deja claro que al final te van a criticar, lo hagas o no, si no lo haces, ah cagón. Pero si lo haces y mejoras, también te van a criticar. Ah no, vendió el alma al diablo, ah no, tenía plata, ah no, tenía un contacto, ah este y bla bla bla bla. Todo para quitarte mérito y al final justificarse ellos mismo de por qué no se han atrevido y no lo han hecho. Al final es un mecanismo de autodefensa.

Entonces entre hacerlo o no hacerlo, mejor hacerlo siempre y entre antes liberarse de esa carga inútil que es la opinión de los demás, va ser mejor, te libera.

Y aquí aprovecho a hacer una pequeña tangente, pero voy a volver a Bob Dylan a los versos iniciales que mencioné. Es acerca de la historia de Arnold Schwarzenegger, me da risa que lo mencione aquí en este espacio, pero me resulta útil para explicar lo que quiero decir. El habla de este concepto del self made man. El hombre que se hace a sí mismo, el hombre sin influencia, que sin riqueza, logra sobresalir en su disciplina. Y Arnold, nuestro Terminator, gobernador de California, ex gobernador, al que siempre en Estados Unidos lo elogiaron por haber sido un selfmade man, un inmigrante austríaco que llegó a Estados Unidos sin hablar bien inglés y que subió toda la escalera social. El dice que no es un selfmade man, que nadie lo es, porque siempre existe alguien que te ayuda.

En su caso, sus amigos de fisicoculturismo lo ayudaron a amueblar el departamento y también su coach del gimnasio lo ayudó a llenar los formularios para postular a ser Mister Olimpia. Al final todos necesitamos ayuda. Es por eso también que hay que ser solidarios y ayudar.

Pero qué distinta una sociedad en la que se valora tanto a la persona que empezó desde cero y que llega a la cima, al punto, que el mensaje revolucionario, es de desmitificar esto, de que nadie empieza de cero. Totalmente distinto a lo que pasa en Chile, por ejemplo, en que todavía en la entrevista de trabajo te preguntan ¿De qué colegio saliste? Qué triste!

Bueno, cierre paréntesis y volvemos a crecer. Bob Dylan, a las cosas positivas. La carretera es para los apostadores, mejor usa tus sentidos.

Ocupo estos versos, porque muchas veces veo en otras redes sociales cómo se prostituye el viaje, el hecho sólo de partir, donde sea, cuando sea, con expectativas súper altas, con expectativas de cambio interno muy grande. Que yo creo que sí, sí lo podemos tener, pero es mejor siempre tener márgenes e ir empujando el bote hacia la orilla que queremos llegar, más que caer en el naufragio de la nada.

Porque no hay nada más terrorífico para alguien que emprende una cosa en un viaje, que un viaje circular, en el que partimos, soltamos las amarras y al final recorremos lo que tenemos que recorrer, vemos lo que tenemos que ver, sentimos lo que queremos sentir. Y volvemos y nos encontramos casi en el mismo punto en el que habíamos salido. Y eso es terrible, eso es depresivo, eso es terrorífico.

Entonces, para evitar esta distancia entre la realidad y las expectativas, hay que tener súper claro lo que uno quiere lograr con cada viaje, con cada emprendimiento. Esto es súper personal, pero hay que ser súper honesto, decirse ok, estoy en A y quiero ir a B, o estoy en A y me da lo mismo si voy a, B, C, D o E. Eso es muy distinto porque va a haber un patrón y debe haber un disfrute distinto de lo que vamos a vivir en el trayecto.

El viajero que va a elegir ir de A hacia B, va tener una carga mucho más grande, un objetivo, otro tipo de peso. En cambio, el viajero que le dé lo mismo si llega a B, C D o E, él, va a tener una ligereza y libertad total, que no es mala en algunos momentos de la vida. Pero todo esto lo explicó mucho mejor Milan Kundera en su gran novela, La Insoportable Levedad del ser.

Pero ¿Es de verdad, terrible el peso y maravillosa la levedad? La carga más pesada nos destroza. Somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas, la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es, por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.

Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias, y sus movimientos sean tan libres como insignificantes. Entonces, ¿Qué hemos de elegir el peso o la levedad?

Les acabo de leer la segunda o tercera página de esta gran novela que es La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, el escritor checo, en el que narra la historia de cuatro personas en la República Checa o en la Europa de la Segunda Guerra Mundial y sobre todo, ya bajo la influencia de la Unión Soviética del régimen soviético, que fue súper totalitario. Y va respondiendo esta pregunta ¿Levedad o peso? A través de la evolución de sus personajes.

Hay uno que bueno, se separa de su mujer y no aceptado por la amante termina teniendo una segunda primavera. Esas segundas primaveras que hacen rejuvenecer a personas que ya entran en la segunda mitad de la vida. Y estas pequeñas metáforas en el libro van demostrando y respondiendo a esta pregunta, el peso, la levedad. Porque, al final, eso va a depender un poco del momento en el que se encuentre uno.

En mi caso, en el momento en el que tuve más levedad fue cuando partí de Chile y fui a Brasil con un “plan” con una idea así, un poco arrebatada y sin tanta preparación que era hacer un documental, pero yo no me había preparado bien, lo que terminó en no realizar este documental. Y si lo vemos, así, con números, fue un fracaso. Debí haberme impuesto una carga, haberme puesto fechas, haber sido más estricto conmigo mismo. Pero realmente no era lo que necesitaba en ese momento, porque ese documental al final fue la excusa que necesitaba para partir. Era la primera brazada en el océano.

En ese momento yo sólo sabía realmente que no quería seguir en A, ese documental era la excusa para llegar a B, C, D. o lo que fuera, porque en algún momento hay que empezar, salir y eso es lo más difícil, el primer paso.

Lo que necesitaba era levedad, que el camino me fuera amoldando y esa energía me llevara a alguna parte. Esto es súper difícil de aconsejar porque cada historia es distinta. Pero en ese instante recuerdo que conocí a una persona que luego de haberle compartido este deseo mío de empezar a contar historias, de aprender a escribir, esta persona me recomendó hacer cursos online. Me recomendó hacer cursos de escritura, de viajes y de fotografía de viajes. Esto fue el 2014 y me inscribí y luego lo realicé. Bueno, el de fotografía nunca lo terminé.

Pero si no hubiera tenido esta levedad, si no hubiera estado libre e insignificante como el vuelo de un pájaro, como lo dice Kundera, nunca hubiera hecho esos dos cursos porque hubiera estado en mi plan, hubiera estado con mi esquema de tengo que hacer este proyecto por el que salí de Chile y me lo hubiera tomado tan, tan en serio que no habría podido explorar estas posibilidades. No habría nunca abierto un blog, seguramente. Y lo que me habría derivado a nunca hacer un podcast. O sea, lo que estoy haciendo ahora, este momento, este segundo en el que estoy hablando. Bueno, podría no haber existido.

O sea, gracias a la levedad estoy haciendo algo que ahora me reconforta, que me tiene súper entusiasmado, como este proyecto de podcast. Creo que la mayoría al final no tiene claro lo que quiere hacer. Siempre la gente dice no, pero sigue tus sueños, lo que te dice el estómago. Pero al final, uno no sabe cuáles son mis sueños. ¿Cuáles son? ¿Qué es lo que me dice el estómago? Eso es un proceso interno súper personal y que sobretodo toma tiempo. Por ejemplo, en mi caso, lo que le hablaba de este documental era de fútbol, porque en ese momento el fútbol lo era todo para mí.

Pero con el pasar del tiempo me di cuenta de que no me gustaba tanto escribir de fútbol o no tenía toda la energía para realmente dedicarme a esto. En cambio, empecé a ver que si escribir de viajes o de costumbrismo, de un poco literatura si me gustaba y me fui volcando, de a poco a esto de los viajes. Entonces lo importante es comenzar, ya el tiempo y conocerte a ti mismo te dejará donde debes estar.

Pero siento que no he sido del todo claro explicando un concepto así concreto de lo que es crecer, de lo que es ser mejor. Así que voy a invitar y pedirle ayuda al viejo Nietzsche.

Para él, toda la búsqueda de todo ser humano al final es la voluntad de poder. Pero cuando él habla de poder, no se refiere a influencia o poder de riqueza o a un poder físico, sino se refiere, al poder convertirte en quien realmente eres, en la autoexpresión total. Es el permitir decirte deseo esto, quiero esto otro, quiero convertirme en este tipo de persona.

Y eso al final es subjetivo. Para algunos la voluntad de poder podría ser tener una casa enorme, tener un montón de propiedades, para otros puede ser distinto, quiero aprender cinco idiomas, quiero ser campeón de natación y correr los 100 metros en X segundos. Quiero dejar la ingeniería y convertirme en técnico de fútbol.

Pero al final todo lo que nos frena a llegar a ser esa versión son esas pequeñas cosas externas que nos esclavizan y que no nos damos cuenta. Son esas traiciones y esa moralidad preestablecida por la sociedad. ¿De qué me puede servir ir a la universidad? Si quiero ser campeón de natación. Bueno, en verdad, sí. Si tal vez estás en Estados Unidos o en un país en que te apoyan.

Al final es seguir tu yo más auténtico, permitirte ese diálogo sagrado contigo mismo. Pero Nietzsche dice La mayoría de las personas ni siquiera intentan convertirse en su mejor yo por dos razones por la pereza o flojera uno, y por el miedo.

Porque el secreto para cultivar la existencia más fecunda y más gozosa consiste en vivir peligrosamente. Construyan sus ciudades a los pies del Vesubio, envíen sus barcos a mares, sin explorar.

Nietzsche nos dice que abracemos el riesgo y que vivamos peligrosamente, que no seamos como la mayoría que vive una existencia mediocre. Ya, ya sé lo que estás pensando. Vas a decir ok, bueno, vivo con riesgo, pero voy a sufrir, la voy a pasar mal. Y Nietzsche te va a decir ¡De eso se trata! de auto superarse, de llegar a ser tu mejor versión. Y para eso utiliza una clásica metáfora que la de la montaña, que para subir una montaña vas a tener que por horas esforzarte muscularmente, se te van a congelar las manos, los pies. En algunos momentos te va a costar respirar, te va a faltar el oxígeno, pero al llegar a la cima de la montaña vas a tener la vista más hermosa y bella del mundo. Y eso es súper gratificante, saber que tu resistencia y tu esfuerzo al final pagaron. Eso es crecer.

Al final el dolor es una certeza en esta vida, pero sufrir es una elección. Sufrir no lo es. No podemos dejar que el miedo al fracaso nos estropee, o si no, nunca vamos a ver esas vistas. De todas formas, Nietzsche casi que tenía una relación un poco patológica con esto del sufrimiento. Aquí les leo:

Aquellos hombres que en definitiva me interesan, son a los que les deseo sufrimiento, abandono, enfermedad, malos tratos, desprecio. Yo deseo, además, que no desconozcan el profundo desprecio de sí mismos, el martirio de la desconfianza de sí mismos, la miseria del vencido. No tengo compasión de ellos porque les deseo lo que revela el valor de un hombre que aguanten con firmeza.

Para él, todo lo que traía sufrimiento te iba a hacer crecer, te iba a hacer mejor en el fondo. Pero yo no te deseo eso.

El problema es cuando nos conectamos con esa voluntad de poder, desde ese súper hombre como lo llamaba él. Es que cuando le abrimos el corazón un poquito, nos damos cuenta que sus estándares son tan altos, que nos abruman, y por eso es mejor cerrarle la puerta inmediato y no dejarlo entrar, porque nos hace mal.

Porque para lograr llegar a esos objetivos, tenemos que subir diez montañas, diez Everest. Y nos da miedo, porque entre más alta la meta, mejor preparados tenemos que estar para lograrlo. Pero sólo en la toma de riesgos va a haber crecimiento, en el salir del confort, en el vivir peligrosamente. Sólo los valientes disfrutan la vista. Pero aterricemos esto un poco del Everest aquí, a lo terrenal, a la tierra árida del mar, a Santiago, a Puerto Varas.

Porque tienes todo el derecho de decirme ok, me gusta esta filosofía de Nietzsche, pero aparentemente, les habla a todos los que la tienen clara, todos los que saben qué es lo que quieren, y es súper válido. Pero yo no sé si quiero subir el Everest, no sé si quiero subir el Aconcagua, no sé si quiero. No tengo idea de nada, que yo creo que al final es el caso de la mayoría de las personas. Entonces, ¿Cómo empezar? Y Nietzsche te va a decir:

Deja que tu alma te responda qué es lo que realmente has amado hasta ahora, que ha elevado tu espíritu y le ha dado un significado a la vida hasta ahora.

En el fondo, te está diciendo ¿Qué es lo que te apasiona? ¿Qué es lo que te gusta? ¿Qué es lo que te ha gustado hasta ahora en este momento de tu vida? Y si somos sinceros, cada uno va a tener una respuesta. Por ejemplo, yo vuelvo al caso de cuando partí de Chile y estaba cesante y dije ok, no quiero que esto sea un viaje circular, quiero crecer, quiero ser mejor ¿Qué hago? Me inventé un viaje de fútbol, pero al final me doy cuenta ahora, mirando en perspectiva seis, siete años después, que realmente lo que quería, era un viaje de historias, de cuentos, que eso es realmente lo que me apasiona.

Lo vuelvo a repetir, como siempre, el primer paso es el más difícil. Pero, no tengamos miedo, no tengamos miedo de mirarnos al espejo y dejar que se alter ego, nos hable y nos diga qué es lo que quiere. En el fondo, la respuesta siempre ha estado en el fondo de tu corazón. Sólo hay que meterle brasas a ese fuego y no tener miedo. Equivoquémonos, intentémoslo arriesguémonos y no nos dejemos engañar por ese last man, que decía Nietzsche, que es esa persona que nunca sale de la zona de confort y que aparentemente es feliz, pero esa es una felicidad súper superficial, una felicidad súper frágil. La vista que está viendo él es el techo de su casa, pero nunca la montaña.

El ser humano tiene más carácter cuando persigue su temperamento, sus instintos.

Espero haber podido haber explicado un poco una parte ínfima de la filosofía de Nietzsche que puede a priori sonar como todo sufrimiento, todo dolor. Pero es súper positiva porque siempre hay un espacio para el crecimiento, para ser mejor.

Y si al final tienes un porqué para vivir, podrás casi siempre soportar el cómo.

Libros

Aquí es donde revelo mi naipe de ideas e inspiración para este episodio. Si te interesó algún autor o libro mencionado, puedes averiguar más aquí.

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