El aula ha muerto

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El aula ha muerto

el aula ha muerto

 

 “La madurez del hombre consiste en recuperar la seriedad con que jugaba cuando era niño”

Nietzsche, Más allá del bien y el mal

 

Hola a todas, y todos. Hoy voy hablar sobre ser autodidacta y formular e intentar de responder la pregunta ¿ El aula ha muerto?

Espero que disfruten el programa.

 

Empezaba con el querido Nietzsche, y su aforismo de más allá del bien y el mal, porque esa seriedad infantil con la que se juega cuando niño. Cargada de curiosidad, inocencia, dedicación y sentido lúdico es lo que empezamos a perder una vez que crecemos. Como niños somos todo inconsciente, instintos. No existe el Yo, con su angustiante carga, ni reputación, ni responsabilidades, ni el ego, ni voluntad, ni nada. No hay una línea divisoria entre el mundo interior y el exterior. Somos parte de todo. Y así afrontamos la vida, con libertad.

 

Recuerdo por horas sumergirme cuando niño a jugar con juguetes, haciendo colosales guerras, con efectos especiales claro ja, entre soldados de plástico que terminaban con amputaciones, más por mordidas que por bombazos. Además, de partidos de futbol entre figuritas de acción, cazafantasmas, caballeros del zoodiaco, lo que fuese servía como goleador o arquero persiguiendo una canica. Ahh, podía pasar tardes enteras. Todo era juego, todo era creatividad. Estaba erotizado con mi mundo interior y mis intereses. 

 

Luego en el colegio uno empieza a tener conciencia del Yo. A entender que no todos los niños son iguales, y algo aún más feo, que no todos tienen los mismos recursos. Como yo que era envidioso de mi amigo Pepe, porque tenía Atari, y mejores juguetes, jaa. La otredad es la que nos empieza a hacer conscientes de nuestra particularidad, de nuestra individualidad.

 

Me desvío. No es nostalgia lo que busco evocar. Simplemente el paso del niño quien es todo inconsciente y erotizado por su mundo interior, hasta el joven consciente que inicia a ser dominado por la cultura de su época. Esa cultura patriarcal casi siempre está proyectada en el padre. La figura espiritual que traspasa las costumbres y nos enseña lo que es bueno y malo. Lo que es permitido y lo que no lo es. Y esta normalización a la que llamamos educación es institucionalizada en esos recintos que llaman liceos, escuelas, colegios, o como quieran llamarlos.

 

Es donde pasamos a ser alumnos, que en griengo significa, el sin luz. Donde nos forman supuestamente. O sea como diría el filosofo argentino Dario ShtainShraiber llegamos como individuos sin luz y sin forma. Díficil pensar en un cambio más terrible que el de ese niño que es todo juego, toda creatividad, a ese ente que debe ser disciplinado. Ahora seguro estás pensando “Hipocrita, nada más irritante que un niño llorando y haciendo berrinches en un espacio cerrado” Y tienen razón, yo también frunzo el ceño ante esa situación. Pero muchas veces ni sabemos porque el niño llora, y muchas veces veo que la mamá o papá no hace nada más que empeorar la situación con violencia.

Nada más feo que ver un niño maltratado por sus propios padres.

 

En fin. Es en el aula, en el colegio donde somos disciplinados. Donde conocemos el orden.  Michel Foucault, en su libro Vigilar y Castigar, en el cual hace un repaso por la historia de los prisioneros en Europa. Describe cómo se pasa del castigo ejemplar que se conocía hasta finales del siglo XVIII con torturas en la plaza, guillotinas, y gente descuartizada, como por ejemplo a la William Wallace en la película Corazón valiente. Al método de encarcelamiento que tenemos hasta el día de hoy.

 

El antiguo método tenía la ventaja de propagar terror y marcar un precedente ante la población y alertar a los inquisdidores de lo que les podría pasar en caso de…. Además este método daba circo al pueblo, siendo un evento que congregaba. Sin embargo, dejaba en descubierto al ejecutor, no me refiero al verdugo. Sino al rey, o la figura de poder. Esta actitud despótica, con el peligro de traer insurrecciones escorregidas por el método menos macabro, pero más eficiente que es el del encarcelamiento. Que busca el control.

 

Te estarás preguntando “qué carajo tiene que ver William Wallace con la educación”. Espera, espera. Porque esta teoría del control a los prisioneros que explica Foucault, tiene tres pilares, que se pueden aplicar a todo, incluida la educación que tenemos hoy.


Primero: La Vigilancia: Que son los inspectores, las fechas de entrega, la reunión de apoderados. Todos métodos que incluso incentivan en lo innatural de delatar al compañero que copia. Como vemos en la brillante película de Perfume de mujer donde un glorioso Al Pacino protege y salva a un estudiante de ser expulsado por no delatar a unos copiones. El discurso en la escena final es tremendo, se los recomiendo.

Segundo: La Normalización: Ser un buen compañero, hablar en un cierto código, tener una etiqueta de vestimenta, y presentación. Ser políticamente correcto. Es normalizar el pelo corto, el uso de un lenguaje. Más encima en la adolescencia donde estamos ávidos de diferenciarnos… somos estandarizados. Como si eso no tuviera consecuencias.
Tercero: El Examen:  Estas son las famosas pruebas, tests, las tareas, los trabajos en grupo. El ser ubicados por responder bien o mal una pregunta.

 

Espero que la larga analogía se haya comprendido.  Ahora tu, si, el mismo amigo escéptico te estarás preguntando pero si al final el orden es bueno! Es necesario. Si, pero todo orden impuesto es violento. Y tiene consecuencias.

 

Y la consecuencia en este aula del orden es la deserotización del saber. No estoy en contra de una malla curricular, pero si lo que tengo claro es que esta deserorización del saber es grave. Lo que se transforma en obligatorio nos causa rechazo. Una cosa es obligar a tu hijo a comerse las lentejas, pero otra muy distinta es obligar a un niño a aprender. Esto para el espíritu más libre es terrible. Y si le sumas a que si los profesores no son bien remunerados lo que conlleva a que por utilitarismo, personas con vocación docente emigren a otras carreras, y que la docencia sea poblada de educadores desmotivados.

 

Estuve en dos colegios, una Universidad, y nunca tuve un puto mentor. Ni uno. Ningún profesor me despertó ir más allá del aula a profundizar contenidos. Ninguno. Y creo que debo ser parte de la mayoría. Que distinto es cuando un educador hace la diferencia y transmite el amor por algo. Mi pareja decidió estudiar filosofía gracias a un profesor que a los 16 a 17 años se encontró por suerte en su camino. Recordar que filosofía significa amor por el saber en griego. Este profe era uno de esos personajes atípicos, extravagantes  que casi ni respetan la malla curricular, pero que le dedican el grueso de sus contenidos a lo que aman. Y como decía Balzac en Eugenie Grandet.

“L’amour exite l’amour/ El amor excita al amor”

 

Y eso es una regla para la vida. Uno lo siente, y es envuelto en ese misterio que es el saber y es interpelado , a eso es lo que Dario Shtain Shraiber con la erotización del saber. Obviamente el mensaje es casi siempre ignorado e incluso despreciado. Qué hace este loco hablando con estos códigos, en un aula, por favor! Esto es serio, y no faltan los compañeros más sistematizados y más ovejas que se inician a reír. Pero no importa, porque si a tan solo un alumno le llega ese mensaje. Es suficiente. Eso sí, el problema de salirse de la caja, es que es peligroso, como fue el caso de este profesor, que a causa de su rebeldía fue despedido.

 

Su historia me hizo de inmediato pensar en Mr Keatings, interpretado por Robin Williams, en la hermosa película de La Sociedad de los Poetas Muertos, que revisamos en el episodio 19 de Independencia. Keatings se sube arriba de la mesa, le habla a pinturas, lleva la clase a canchas de fútbol, al patio. Es auténtico e irrepetible. No está haciendo su trabajo, sino realizando su vocación. Y por eso es castigado y despedido.

 

Otro aspecto que deserotiza el saber son los exámenes. O notas. Es desde aquí que nos empiezan a inculcar esa cultura de la competencia en perjuicio de la colaboración. Empezamos a compararnos con los demás, y no con nosotros mismos. ¿Quién es el mejor de la clase? ¿Quién se sacó un 7 o un 10? Somos posicionados por un test, por contestar bien o mal una pregunta. Pero ¿Y el goce? ¿Dónde queda? El goce está en ganarle al otro. No en el saboreo de ser transformado por una nueva información o forma de ver la vida. Y el que por extraño motivo se excita con algún contenido, dado el orden del aula, es ridiculizado, un extravagante, un nerd, un imbécil que quiere aprender en aras de aprender. 

 

Todo este conjunto de factores, y sumados a la normalización de una forma de ser, vestirse y hablar. Provoca una represión bestial de la individualidad.

 

Así somos formados y con esta huella vital tomamos la fundamental decisión de elegir una carrera técnica o profesional. Llegamos con esta formación  que nos ha normalizado, institucionalizado y reprimido nuestro inconsciente, creatividad y originalidad a enfrentar esta tremenda decision que es a que dedicarle la vida. Difícil imaginar una cosa más aterradora. Es enfrentarse al dragón con un palo de escoba, no sabemos ni cómo abordar el desafío. Pensamos que sí, pero no. Nos guían supuestos docentes expertos en vocación laboral y nuestros padres que velan por nuestro interés. Pero al final estamos solos.

 

Y así nos enfrentamos, si tenemos suerte, al estudio de algo que esperamos nos de una recompensa laboral. O sea el utilitarismo, así nos movemos una gran mayoría, y los que no, en serio… los aplaudo de pie por su claridad y valentía. Lo que llamamos utilitarismo es ese progreso, que no es más que el progreso económico que rige la sociedad. Pero ese general repercute en nuestro particular, en nuestras grandes decisiones de vida como ¿Qué estudiar? ¿Estudiamos lo que amamos o lo que nos sirve? Y así tomamos ese camino del utilitarismo que a la larga implosiona, siempre. Positivamente o no. Y que decanta en actividades nobles como hacer yoga, o  senderismo, u otras menos nobles como en la adicción a la pornografía, a los videojuegos, a ver la serie favorita 4 veces, y al refugio en el alcohol y drogas. Ojo, que no me río de estas actividades, aunque un poco sí, porque en el fondo me estoy riendo de mí mismo al haber sido culpable de casi todas… estoy hablando de las menos nobles jaja.

 

Bueno, reconozco que esta primera mitad del episodio fue pesimista. O me gustaría pensar realista. Pero aquí viene la parte positiva, y disculpen que abuse de lo particular.

 

Actualmente vivo en Francia, y tengo una visa de trabajo por 4 años, que ha sido todo un desafío y un proceso. Y normalmente en un par de años podría aplicar a la residencia e incluso a la ciudadanía francesa.

 

Al estar tan cerca de este hito que me daría finalmente una libertad como ciudadano en el país que vivo, me he inhabilitado de estudiar. Es que para estudiar necesito otra visa, una visa de estudiante. La cual es más restrictiva en cuanto a las horas de trabajo, y pienso tal vez podría jugarme en contra al momento de postular a una residencia o ciudadanía por no estar en tiempo completo trabajando.

 

La consecuencia de esta decisión es que he dejado de lado pensamientos de estudios tipo master o especializaciones que siempre vienen con esa carga utilitarista de aperturas al mercado laboral. Por primera vez desde que dejé Chile hace más de 8 años no pienso en estudios como una vía de movilidad social. Y no sé si ha sido coincidencia, o se ha acentuado con abrir el Podcast, pero ha brotado en mí y hace algunos años ya, un amor por el saber que nunca antes había experimentado.. Al trabajar en una tienda de vinos y solo, tengo mucho tiempo disponible en mis horarios de trabajo. Por lo que leo en el trabajo, lo que a MI me interesa. 

 

Bloquee la utilidad de la educación, y brotó la filosofía en el sentido griego, del amor por el saber, pero no el de la malla curricular o el de los papers, sino el saber que me excita. Claro, el Podcast me exige prepararme y crear buen contenido, que lo haga o no es otra cosa. Además, hoy me siento suficientemente cómodo en la lengua francesa como para estar leyendo un libro en español o inglés y pasar a atender a un cliente en francés fluidamente. Mi cerebro se ha acostumbrado.

 

Lo que empezó con novelitas de viaje, se ha expandido a filosofía, psicología análitica o de sueños, y últimamente en un curso para iniciarme en Neurobiología y entender cómo funciona el cerebro en la plataforma de Coursera. Estoy completamente erotizado por saber, espero el lunes para ir a trabajar, pero sobre todo para seguir con mi plan de lecturas. Con ser autodidacta. ¿Es esto útil o no? Me chupa un huevo, porque me hace feliz, y tengo un sentido en mi vida, una razón que se vincula con mi pasión que es crear contenido en este espacio el cual es un oasis. 

 

Disculpen, pero realmente estoy excitado, estoy enviagrado de ganas de saber más que ayer. Y 

Siempre le podemos robar tiempo a la máquina. Quería compartirles mi hallazgo. Elimine el utilitarismo económico, y brotó el amor. Un amor que nunca experimente en el aula ¿ Está el aula muerto o no? Yo creo que la que conocemos hoy, si. Mientras siga habiendo profesores desmotivados, mientras nos siga moviendo el utilitarismo, y mientras solo las Universidades tengan el monopolio de los contenidos, y los fondos de investigación, si. No, no pienso poner en el mismo nivel a un Post Doctorado que le ha dedicado 20 años o toda su vida a un tema, a alguien que vió un video de Youtube de 10 minutos. La revolución digital da espacio para charlantes, tal vez yo mismo soy un charlatan, un impostor bajo los ojos de la academia. Pero la Academia no calienta a nadie, se leen entre ellos, como perros que se buscan olfateando el culo. Es elitista, si el olerse el culo es elitista, ja.
La revolución digital ha horizontalizado el acceso a los contenidos. Están en todas partes. Y así como me reía del Youtuber charlatán, también hay algunos muy buenos. Es más, hay docentes que utilizan las plataformas para distribuir sus clases, como Jordan Peterson, Darío ShtainShraiber, dos capos en sus temas o incluso la Universidad de Stanford que tiene cursos maravillosos en Youtube. Tal vez ese sea el futuro, que los grandes maestros bajen del olimpo de la Academia, algunos ya lo han empezado a hacer.. La educación tiene que cambiar, la Academia tal vez ignore esto, pero en el momento que alguien con un canal de Twitch como Ibai quien es invitado a la bienvenida de Messi al PSG , y los grandes canales de tv y periodistas no. Es que hay un cambio de paradigmas.

 

Al final como dice Dario ShtainShraiber tal vez lo que sea ser un docente no sea nada más que alguien que transmita el transformarse.

 

Una película que es muy inspiracional con respecto a ser autodidacta es El indomable Will Hunting de Gus Van Sant, donde tenemos nuevamente a Robin Williams y al genio que es Will, interpretado por Matt Damon. En la peli hay una escena en un bar de Harvard donde Will se pone a discutir con un bravucón que alardeaba de lecturas para impresionar chicas. Ahi Will que sabia mas que todos lo pone en ridículo al desenmascarar al arrogante diciéndole que “que qué se sentía botar 100 mil dólares en una educación que podría costarle gratis en una biblioteca pública”, a lo que el bravucón responde “si, es verdad, pero al menos tendré un título y tu trabajaras friendo papas fritas”. Obviamente es un caso en un millón la inteligencia del indomable Will Hunting, que de hecho está basado en hechos reales en la vida de un matemático. Pero me quedo con la frase utilitarista del ricachón arrogante de Harvard que le dice yo tendré un título y estaré bien, y tu no; y freiras papas fritas. El mismo se da cuenta que Will lo supera en sapiencia, pero no importa, porque quien tiene el boleto al bien estar es él y no Will.

 

Pero… ¿sigue siendo el título universitario el boleto del bienestar?  Ya mencioné la opinión de Darío Shtain Schraiber quien no está de acuerdo, a quien lo podemos posicionar como alguien más de izquierdas; seguidor de la filosofía de la deconstrucción. Pero Jordan Peterson, un psicólogo super influyente en Canadá y Estados Unidos en el mundo de derechas también coincide. Los empleadores se empiezan a dar cuenta que el recién egresado no sabe nada, entonces entre formar a alguien que tenga un título universitario, con expectativas de renta más altas, y un no egresado, e igual de neófito, pero con expectativas de renta menores es preferible formar al que viene menos contaminado. Y cuando digo contaminados, es porque estamos en una época en que todo está cambiando cada vez con mayor velocidad. Lo que era útil ayer, no lo es mañana. El programa que aprendiste a utilizar ya fue reemplazado; o lo será pronto. Es más, hasta tu profesión cambiará, tu trabajo lo hará, es más, seguramente será reemplazado por una máquina. La única certeza es el cambio, es la adaptabilidad. ¿No es esto una oportunidad para liberarnos de la utilidad? 

 

Quiero terminar este episodio con un artículo del New Yorker, de Margaret Talbot que se llama Starting Fresh o comenzar de cero. En este artículo la autora cuestiona esa tesis de que estudiar y educarse es solo para los jóvenes. Hace una analogía con la excitación con la que uno va a una fiesta a los 18 o 20 años  y tal vez conocer a la o las persona que van a cambiar tu vida, esa exctacion es la misma con la se encara la educación a esa edad. O mejor dicho las expectativas son excesivas en comparación a las comidas o fiestas a las que va alguien de 50 años. Sin embargo ¿Por qué dejar de aprender? ¿Por qué dejar de ir a esas comidas? ¿Por qué seguir esa carrera de la especialización y la excelencia ? Por qué al final preferimos eso a  la integralidad. Llega un punto en la vida, en que nos preguntamos si vale la pena todo este tiempo dedicado al trabajo. Excluyo nuevamente a  los que aman y están obsesionados con lo que hacen. Pero así y todo, siempre es liberador para el ego embarcarnos en actividades que sabemos de antemano que nunca seremos los mejores.  ¿Es esto una pérdida de tiempo?

 

Según Talbot, la autora del artículo, no. Es más, cita estudios de neurocientistas de la Universidad Pública de Riverside que indican que alguien que se embarque en aprender más de una nueva actividad. Por ejemplo Japonés, Guitarra, y surf, no solo va a obviamente adquirir proficiencia en estas áreas, sino que mejora su funcionamiento cognitivo en general. Incluyendo memoria de trabajo y episódica. No me voy a meter en neurociencia, por qué soy neófito, pero según la autora pareciera que es mejor sumergirse en varias actividades.

 

Obvio, hay límites etarios. Hay un problema real de enseñarle nuevos trucos a un perro viejo. Pero la verdad es que depende del truco. Hay trabajos tipo de controlador de tráfico aéreo, que son ejercidos en las torres de control en el aeropuerto en que retiran hasta al más genio a los 65 años. Pero distinto es el caso de un profesor de castellano. Este puede ejercer esa actividad hasta su muerte.

 

Es un mito que todo apogeo cognitivo se llega en la veintena. El profesor de psicología de Boston College Joshua Hartshorne, y la profesora de psiquiatría de la escuela médica de Harvard, Laura Hartshorne publicaron un paper el 2015 detallando las particulares habilidades cognitivas y sus subidas y bajadas a lo largo de la vida. Por ejemplo: El apogeo de la velocidad de procesamiento de información es entre 17 a 19 años. La memoria de corto plazo de nombres  alrededor de 22 años, la memoria facial de corto plazo, a alrededor de 30 años, el vocabulario es a los 50 años, y en algunos estudios a los 65. Mientras que el entendimiento social, que incluye la habilidad de reconocer e interpretar las emociones de otras personas, es alrededor de los 40 años y luego se mantiene. “No solo no hay una edad en la que los humanos desempeñan su apogeo en todas las actividades cognitivas” Sino que “Tal vez no hay una edad en la cual los seres humanos están en el apogeo de sus actividades cognitivas”. O sea no existe la edad donde uno es más capaz.

 

Esto nos libera de la sed de éxito inmediata. Esa que nos dice que Einstein creó su teoría de la relatividad a los 26 años, o que los Beatles antes de los 30 años ya habían creado toda su obra, y ni que hablar de los influencers hoy. La sociedad nos moldea con esas narrativas. Pero nadie nos dice que Borges publicó a los 50 años el Aleph y que en un paper de la prestigiosa revista Science citado en el mismo artículo del New Yorker antes mencionado, no se encuentra una correlación entre la edad de un científico y su gran aporte en su materia, esto quiere decir que puede ser con igual probabilidades en el inicio o fin de su carrera . Al final no todos los frutos maduran al mismo tiempo, es más,  el mismo concepto de maduración cognitiva es engañoso.

 

Saber esto es liberador, esperanzador. Lo único que nos queda es la erotización de nuestra educación y ese camino es personal. Ahí está tu identidad ! En lo que te excita ! No lo abandones. No puede ser que terminado el liceo o la Universidad no vuelvas a entusiasmarte más con saber. 

 

Y me despido con una cita que leí en Facebook, jaaa! Es que hay joyas en todas partes, eso si no habia derechos de autor. John Taylor Gatto – Dumbing us down/ Bajandonos el nivel.
 

“Lo que sea que es la educación, debería hacerte un individuo único, no un conformista, debería proveerte con un espíritu original para enfrentar los grandes desafíos, debería permitirte encontrar valores que serán tu mapa de ruta a través de tu vida, debería hacerte espiritualmente rico, una persona que ama lo que sea que está haciendo, y donde sea que esté, y con quien sea que esté, debería enseñarte lo más importante: cómo vivir y cómo morir”

 

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