Episodio 44 – Nietzsche – De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida

Nietzsche – De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida

utilidad de la historia

Nietzsche – De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida

“Es posible vivir, y aun vivir feliz, casi sin recordar, como lo muestra el animal; pero es totalmente imposible vivir sin olvidar”

Revisamos la segunda consideración intempestiva de Nietzsche ¿ Por qué algunos pueblos hacen las paces con su historia? ¿Por qué otros veneran más sus tradiciones? ¿Por qué otros están más abierto al cambio?

Por la historia. Nietzsche explica tres historias, la monumental, la anticuaria y la crítica.

En cual una persona o pueblo se ubica, determina su fuerza y actividad creativa.  La historia debe estar en función de la fuerza suprema, esa es la vida. Nunca al revés.

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Transcripción: Nietzsche- De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida

She had a history, but she had no past

Ella tenía una historia, pero no tenía pasado

Nick Cave – Jubilee street

 

Hola caminantes, soy Nico, y esto es en el Camino podcast. 

 

Y antes de entrar de lleno en la historia y en Nietzsche. Les quiero recordar y a los que no lo saben, que a partir de Enero nos vamos a juntar en línea a conversar sobre libros que nos hablen de libertad. Si, he lanzado mi club de lectura: Libres. Y como me gusta jugar a la contra, desafiaremos lo establecido, y veremos otras libertades, fuera y dentro del canon. Es que la libertad es uno de los grandes motores humanos, uno que modifica y transforma el deseo. Y desde ahí, todo es posible, yo sin libertad no viviría en Paris por ejemplo.

 

¿Y que trinchera de libertad mayor que la literatura? La literatura es libertad, libertad de ser otro, libertad de viajar en el tiempo, libertad de imaginar.

 

Empezaremos con Orwell, y su primera novela Sin blanca en París y Londres, seguiremos con la premio nobel bielorrusa Svetlana Alexievich y La guerra no tiene rostro de mujer. Hablaremos de la libertad de vagabundos, de mujeres que van a la guerra, de baronesas ganaderas en Kenia, entre otros.

 

Están todos cordialmente invitados a conversar de literatura, y como es mes de navidad. He sacado un cupón de descuento para la inscripción. Libres30, por el cual podrán acceder con 30% de descuento al Club hasta el 25 de diciembre. Las condiciones y detalles están en enelcaminopodcast.com/clubdelectura o pueden contactar por mensaje directo en instagram a la cuenta @enelcaminopod . Empezamos en enero, y les confieso que me gustaría ver inscribirse nombres que siguen el Podcast desde sus inicios. Solo diciendo, ah. 

 

Dicho esto. Hoy hablaré sobre la historia y el libro, De la utilidad y los inconvenientes  de la historia para  la vida de Nietzsche. Espero que disfruten el programa.

 

Y empezaba con el músico y poeta Nick Cave y su canción Jubilee street, para marcar la diferencia entre historia y pasado. 

 

En la canción Nick Cave cuenta la historia de una prostituta que tiene problemas, y luego los “rusos”, así, entre comillas, la hacen desaparecer. Ella tenía una historia, pero no tenía un pasado.  Una historia todos la tenemos, pero el pasado, como parte de la memoria, no neceesariamente.

La memoria, a diferencia de la historia, no se ocupa de decir lo que ocurrió sino lo que recordamos. La historia, entonces, es más amplia como veremos.

Y aquí ya empiezo, porque inicialmente iba a hacer  solo un gran capítulo de historia y memoria, pero este libro de De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida de Nietzsche, tiene tanto material, que he decidido sacar un episodio exclusivo del texto, además el viejo Nietzsche se merecía tener un capítulo exclusivo en el Podcast.

 

Y parto con el marco del texto. De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida un escrito del joven Nietzsche, aún académico universitario en Suiza. 

Este libro es su segunda consideración intempestiva, siendo Las intempestivas una serie de cuatro ensayos breves, de un poco más de cien páginas cada uno.

 

Las intempestivas, son textos enteramente belicosos, en palabras del propio autor en Ecce Homo, su especie de autobiografía. Es que Nietzsche, tanto como expatriado alemán en Suiza, como doctor en filología -o sea, quien estudia los textos antiguos y el lenguaje- es un nostalgico de los antiguos griegos, y está alienado en su tiempo. Y no solo alienado, sino que molesto. Nietzsche tiene claro que antes de poder afirmar la vida y mirar el horizonte, primero debe deshacerse de todo malestar, de todo lo bueno y lo malo, pero de manera definitiva.

 

No es un capricho de Nietzsche, ni la clásica dinámica del joven de rechazar lo establecido, sino que quiere sacudirse y pelearse con los cánceres de su tiempo, para solo luego avanzar: 

 “cinco años más abandonaré casi toda polémica y me dedicaré a un buen trabajo”
“Al menos por una vez quiero decir todo lo que nos oprime; a lo mejor tras esta confesión general me sentiré más libre”

 

Escupir la rabia y el malestar – pero de manera definitiva- es vital para solo luego, poder encontrar el camino propio. La libertad viene después.

 

¿Entonces contra quien se las agarra Nietzsche en este “belicoso texto”?

 

“Por lo demás, detesto todo lo que no hace más que instruirme sin aumentar mi actividad o vivificar inmediatamente”

Decía Goethe

 

Así cita  Nietzsche a Goetthem de quien se nutre para este libro. Hay que considerar la época de publicación, en plena mitad del siglo XIX, con las ciencias duras establecidas como verdades absolutas por ya más de 200 años. Solo la  la llegada de Einstein algunas decadas más tarde, como vimos en los episodios de la trilogía del tiempo, revolucionaría este universo de adoración a la ciencia.

 

La verdad es que Nietzsche siempre despreció a los ratones de biblioteca, y el saber por saber, para él era una hipertrofia. El filósofo alemán veía con malos ojos la extremada división de labores de Adam Smith, pero no por la alienación Marxista, sino por la hipertrofia del ser. Nietzsche cita a Goethe para decirnos, cuidado con solo cultivar las virtudes, porque así, se cultivan también nuestras faltas, y una virtud hipertrófica puede acarrear la caída de un pueblo tanto como un vicio hipertrófico. 

 

Necesitamos la historia para vivir y aprender de ella, para actuar, no para apartarnos cómodamente de la vida y de la acción. Queremos servir a la historia sólo en la medida en que ella sirve a la vida. No al revés.

 

No basta con el mero saber, sino que la verdadera cuestión es: ¿qué hacer? Solo el anciano fatigado vive de puros recuerdos. ¡No tengan respeto ante la historia, sino que lo que deben tener es el coraje de hacer historia!

 

Para Nietzsche, la prioridad y la fuerza mayor es la vida misma. El conocimiento y la historia deben estar en función de ella, y no al contrario.

 

Nietzsche crítico de su época ve que el individuo ha perdido su instinto, y ya no confía en él, perdiendo sus fuerza, volcándose hacia el interior, o sea hacia el cúmulo de cosas heterogéneas que ha aprendido, y que no lo empuja hacia aventuras.

 

El filósofo alemán, nota que ya nadie se expone como persona, sino como una profesión, provisto de formación, eruditos, etc. Somos solo apariencias. La historia los ha alentado a no ser sinceros. El individuo se ha retraído en el interior, ya que en el exterior estamos casi todos uniformados. Nietzsche cree que la educación ideal no debería ser grupal, sino, que individual. Tocar los intereses genuinos del alumno y alumna, para desde ahí inspirar a seres vigorosos y de acción. 

 

Nietzsche aquí saca a Leopardi, al poeta y filósofo italiano, para explicar la felicidad y la paz de los animales en comparación al ser humano gris.

 

Un día el ser humano le pregunta al animal: “¿Por qué no me hablas de tu felicidad  en vez de limitarte a mirarme” Y el animal quisiera responder y decir “Eso pasa porque siempre olvido justo lo que quería decir” pero ya olvidó también esa respuesta y se calló: el ser humano se quedó asombrado.

Sigue Nietzsche.

 

“Me acuerdo y envidio al animal que enseguida se olvida y ve cada instante morir de veras, volver a hundirse en la niebla y la noche y extinguirse para siempre. Vive así el animal en forma ahistórica.”

 

Mejor dejemoslo condensado: “Es posible vivir, y aun vivir feliz, casi sin recordar, como lo muestra el animal; pero es totalmente imposible vivir sin olvidar

 

Es decir, hay que establecer un límite, donde lo pasado tiene que ser olvidado, para evitar que se convierta en sepulturero de lo presente. No sé ustedes, pero esta frase es tremenda. Es posible vivir feliz casi sin recordar, pero es totalmente imposible vivir sin olvidar. Esa es la vida ahistórica, el sentir ahistórico.

 

El vivir de forma ahistórica te permite tenderte en el parque, olvidando el pasado, inmerso en el instante. Como dice Nietzsche:

quien no sabe estar de pie, ahí en un punto, cual diosa de la victoria, sin vértigo ni miedo, nunca sabrá lo que es la felicidad “

 

Para lograr esa absorción del presente, Nietzsche habla de una fuerza plástica, que consiste en la habilidad de un individuo, pueblo o cultura, para transformar y modificar lo pasado y extraño, así como cicatrizar heridas, y hacer las paces con lo perdido. Nietzsche nota, sin embargo, que hay personas que casi no tienen desarrollado esta habilidad, y que a partir de un solo dolor, de una injusticia, se desangran irreversiblemente. Por el contrario, hay quienes pueden soportar los infiernos más terribles y alcanzar a posteriori un pasable bienestar. Creo que todos conocemos ambos tipos de personas.

 

Por el contrario, cuando más fuertes son las raíces de la naturaleza íntima de un ser humano, tanta mayor cantidad de pasado se apropia. Y la naturaleza más fuerte se caracterizaría por un sentido histórico que no tiene límites, a partir de los cuales pudiera tener un efecto absorbente y perjudicial; atraería y asmilaria todo lo pasado, tanto propio como ajeno, transformándolo, por decirlo así, en su propia sangre.

 

El problema que ve Nietzsche no es el sentido histórico en sí, sino el sentido histórico estéril que hace perder ese sentimiento de extrañeza y de no sorprenderse en exceso de nada. Es que el que conoce bien  la historia  sabe que todo es vago y efímero, en toda otra época se hizo diferente, eso lleva a la melancolía y pérdida de las fuerzas creadoras. 

 

El saber histórico aturde la necesidad de vivir su época. Mata a los héroes en cuestión. Es lo que lleva a los jóvenes artistas a los museos y exposiciones, y no, al taller del maestro trabajando. Hay que filosofar con los pies, como dice Nietzsche, vivir la filosofía, no solo estudiarla.

 

Con la formación actual histórica, el ser moderno es fustigado y minimizado a través de todos los siglos, algo que no les pasó ni a griegos ni romanos. Es un veneno que paraliza,”para que emprender” lo que sea”, si ya fue hecho. Es demasiado tarde para hacer algo mejor. Esto los convierte en seres pasivos.

 

O sea, para resumirlo, un sentido ahistórico te permite olvidar y situarte en el instante, mientras que un sentido histórico pronunciado te hace apropiarte de toda la historia, y gozar y sufrir con ella. Pero un ser con exclusivamente un sentido ahistórico es un animal, alguien que no tiene memoria, y que no tiene ni conciencia ni puede aprender de su pasado. Sin embargo, en esa matriz ahistórica, injusta, en que no se tiene un balance de la vida, es donde surgen los arrebatos creadores que hacen girar la rueda de la vida. Esa inconsciencia es propia del artista que se olvida de sí mismo. O imaginense en los primeros momentos de enamoramiento, que más ahistórico que aquello ¡La vida es solo ilusión! O del hombre de acción, o un poeta o quien sea que emprende algo, cuando se han escrito billones de versos y se han montado billones de empresas que hacen lo mismo ¿Por qué uno más? Si supiéramos la estadística precisa del éxito del éxito de todos los poetas, empresas, etc, ex-ante, muchos abortarían la misión. Pero eso es irrelevante para quien está bajo ese manto mágico creador.  Porque desde ahí todo es posible.

 

Pero si ese antídoto que es lo ahistórico, nos permite olvidar, Nietzsche propone un segundo antídoto contra la historia hipertrófica, que es lo suprahistórico.

 

Sirve la historia si se logra una visión clara y completa de ella; y son los propios grandes seres de nuestra humanidad quienes la han influenciado a través de la intensidad de su conciencia a un proceso histórico.

 

Los Seres humanos históricos: tienen la mirada fija en el pasado que los empuja hacia el futuro, que los alienta a continuar luchando con la vida y enciende en ellos la esperanza de que lo bueno todavía vendrá, de que la felicidad está detrás de las montañas que se aprestan a escalar. Estos seres humanos históricos creen que el sentido de la existencia se revelará cada vez más claramente en el curso de un proceso, por ello solo miran hacia atrás para llegar a través de la consideración del proceso hasta ahora operado a la comprensión del presente y aprender a desear con más vehemencia el futuro”

 

Pareciera que estos seres pudieran estar hipertrofiados por tanta historia, porque si, la conocen bien. Pero la diferencia, con los colegas de Nietzsche, es que estos seres no viven a servicio de la verdad o de la historia, sino, que únicamente de la vida. Ellos necesitan la historia para seguir adelante, confiados  en el proceso histórico, en que mañana tiene que ser mejor. 

 

La historia al servicio de la vida, no al revés.  El clivaje que Nietzsche propone es vida contra sabiduría, y Nietzsche nos llama a tomar el carril de la vida.

“Nuestra ignorancia tendrá más futuro que su sabiduría”

 

Pero, independiente de la visión ahistórica, o histórica, que tenga o no un individuo o un pueblo. Nietzsche ve tres tipos de historia: la monumental, la anticuaria y la crítica.

 

La historia monumental solo pertenece al individuo activo y poderoso, aquel que sostiene una magna lucha, y que necesita modelos, maestros, confortadores que no puede encontrar entre compañeros, ni el presente. 

 

La historia monumental es aquella que se interesa en lo eterno, en los grandes momentos de la humanidad,  y es que solo tienen ojos para una cadena de eventos, en las que ya quisieran inscribirse. Esa es la historia que protegen y exigen, la perduración de lo grande. Estos seres que empujan la historia monumental se mueven en marcos morales más allá del bien y el mal.

 

Y como piensan, que alguna vez lo grande fue posible, en consecuencia, replicando y siendo fiel a ese pasado monumental, este se puede volver a alcanzar. Sin embargo, en el teatro de la vida, nada es igual. Ni el tiempo, ni los actores, el escenario siempre es distinto. Por lo que querer inscribirse en esta historia monumental no es posible.

 

Además, al dar énfasis solo a contados eventos históricos,  perjudica al propio pasado, donde grandes partes de este es olvidado.

 

Como reacción a esta historia monumental tenemos la historia anticuaria. Es aquella historia que pertenece a los que preservan y veneran. Los que no quieren que surja lo grande, ellos dicen: “No se pierdan, lo grande ya ocurrió. Está ahí”

 

Pero Nietzsche dice que eso es una excusa, porque tanto lo grande antiguo, como lo grande que podría surgir, a ellos les interesa poco. La historia anticuaria es el disfraz bajo el cual su odio a los poderosos y grandes de su tiempo pretenden hacerse pasar por la admiración de los poderosos y grandes de tiempos pasados. Independiente de su motivo, pareciera que su lema fuera “Dejen que los muertos entierren a los vivos”

 

Son quienes se inclinan por lo acostumbrado, y las tradiciones. Lo que pasa es que la propia historia de su ciudad, por ejemplo, se convierte en la suya propia. Ellos y ellas comprenden su centro histórico, la puerta del concejo municipal, la fiesta del santo del pueblo, etc. Han creado su identidad a través del reflejo de su terruño.

 

Quizás la época más gloriosa de este tipo de historia anticuaria, fue el período del Renacimiento italiano, haciendo revivir el genio itálico a través de sus artistas. Sin esta nostalgia de lo antiguo, de venerar las tradiciones, no nace la Pietá ni la Capilla Sixtina de Miguel Angel, por ejemplo.

 

Pero este es el caso cuando se busca grandeza, hoy la historia anticuaria cala hondo en gente que simplemente defiende sus tradiciones, y ve con peligro, como todo lo nuevo quiere imponerse. Algo nuevo, que está alejado de todo lo que vieron y vivieron.

 

Pero el peligro de posicionarse como época en la cúlmine de la pirámide, es que no hay nada más que hacer. Se daña a la juventud a través de formación histórica, cuando hay que luchar por el futuro. Se le quita el horizonte infinito al joven, y se lo encierra en un corredor condenado a secarse y atrofiarse.

 

Tal vez no soy genio, pero al menos no me impidas inspirarme, deja que esta inspiración guíe mi timón, necesito estímulos distintos, necesito horizontes infinitos y nuevas orillas. ¡Lo necesito!

 

Nietzsche, piensa que no está mal anclar a la porción de la población menos favorecida al terruño, desde ahí construyen sentido, y sin estos símbolos históricos, rápidamente perderían sus fuerzas vitales, por ejemplo, vagando en búsqueda de mejores posibilidades materiales.

 

El sentido anticuario de un ser humano, de un vecindario, de todo un pueblo, siempre se caracteriza por un campo visual limitadísimo; es muy poco lo que percibe, y este poco lo ve demasiado cercano y demasiado aislado. Por consiguiente considera todo igualmente importante, es decir, atribuye a todo lo individual una importancia excesiva. 

 

“Ay, en este arbol mis abuelitos se conocieron.” “Aquí, se construyó la primera casa del pueblo”, etc.

 

La historia anticuaria, por ser un pilar de identidades, le hace la guerra a lo nuevo, simplemente porque no venera ni quiere modificar lo actual, y menos por algo, que nunca está a la altura de lo viejo y venerado.

 

El problema es que esta historia sirve a la vida pasada, de tal forma que mina la continuidad vital y, precisamente, la vida superior. Esto es cuando el sentido histórico ya no conserva, sino que momifica. La historia anticuaria degenera ya en el instante en que deja de animar e infundir entusiasmo al presente.

 

Y como la historia debe estar al servicio a la vida, y no al revés, el peligro es asfixiar a los otros modos de considerar el pasado, como la historia monumental. Pues solo ella, la historia anticuada, es capaz de preservar la vida, no de generarla, ya que siempre subestima lo que deviene.

 

La historia anticuada dice: Parece un sacrilegio reemplazar la antigüedad por una novedad.

 

Como vemos, hay una acción y reacción eterna entre la historia monumental y anticuaria. Dinámica en la que seguimos atados, con reacciones a lo establecido por un grupo de minorías de LGTB por ejemplo, y el contragolpe actual- de patrioteros y veneradores del pasado que reaccionan contra esta reacción.

 

Entre medio de este choque tenemos la historia crítica, la cual es la predilecta para Nietzsche. Primero que todo, está al servicio de la vida, y no de la historia misma. Es preciso para poder vivir, tener fuerza y no solo tenerla, sino que emplearla de tanto en tanto, para quebrar y disolver el pasado. Todo pasado merece ser condenado, pues en las cosas humanas siempre han primado la violencia y la debilidad humana.  “Todo lo que nace merece sucumbir”.

 

Nietzsche, tiene claro el peligro de esa historia crítica. 

“ Estos son siempre individuos y épocas peligrosos, expuestos a peligros. Pues siendo como somos, los resultados de generaciones anteriores, somos también los resultados de sus yerros, pasiones y extravíos e incluso de sus crímenes; no es posible desligarse del todo de esta cadena.”

 

Nietzsche es consciente del riesgo de esas segundas naturalezas de querer desprenderse del pasado, como si a posteriori se quisieran dar un pasado de proveniencia, distinto al que vivieron. Una tentativa siempre peligrosa, porque es muy difícil dar con un límite saludable en la negación de lo pasado y porque para Nietzsche, las segundas naturalezas, o sea las innovadoras son menos fuertes que las primeras, las conservadoras. Como explicamos previamente, por el  componente  identitario de las naturalezas veneradoras del pasado. Son rocas inamovibles.

 

Pero hay un consuelo para los que suscriben a la historia crítica: es que alguna vez, lo establecido, lo que se ha querido derrocar, estuvo en su posición, alguna vez, lo hoy conservado, fue la novedad, la fuerza vigorosa e innovadora que derrocó algún pasado.

 

La persona que sienta la historia crítica, debe buscar la vida creadora, y nada más. Debe  estar con sus fuerzas en el futuro. Pero muchas veces eso no ocurre por afanes de justicia. Según Nietzsche, el anhelo justiciero de justicia, basado en lo objetivo y la verdad: es tramposo. 

 

Primero que todo, la búsqueda de lo objetivo y verdad, para Nietzsche quien escribió “no existen verdades, solo interpretaciones”, es errado. Pero también, el anhelo justiciero esconde muchas veces odio. Para Nietzsche, las peores calamidades humanas se han dado por el impulso de la justicia, sin la fuerza del juicio. Es que pocos tienen la fuerza de poder ser justos, y nunca el fanatico puede ser juez. El juez debe estar sobre lo que ha de ser juzgado, ni aliados, ni simpatizantes, ni enemigos, ni nada. Escasísima gente puede ser juez. 

 

Solo desde lo vivificante y activo se descubre lo importante y relevante de la historia. Lo igual se conoce por lo igual. Solo desde la fuerza suprema del presente se está legitimado para interpretar lo pasado. Escribe historia solo el individuo experto y superior,  no el justiciero sin fuerza de ser juez.

 

Para Nietzsche la historia debe tomarse como un símbolo creador. Hay que olvidarse de la justicia ¡ Y como si también a cada época le incumbiese ser justa con todo lo pasado! Es imposible, esteril y pretencioso ajusticiar el pasado total.

 

La justicia histórica en su plenitud socava lo vivo, es destructora. Y el ser humano solo crea si está inspirado, envuelto en la ilusión del amor.  A todo aquel que se vea obligado a renunciar sus fuerzas: está condenado a secarse, a volverse insincero.

 

Y observando nuestra epoca, qué duda cabe que en el cine estamos en una época anticuaria, con multiples refritos de batman, hombre arañan en los últimos 15 años, por ejemplo. Hay una urgencia de buscar en el pasado. Pero también ese foco está en la historia crítica actual, en querer ajusticiar el pasado, ingresando personajes de minorías raciales, sexuales, a historias ajenas a ellos. Están en su derecho. Pero Nietzsche, les diría, ¿Y donde está su instinto vigoroso y creador ? ¿Por qué mejor no se crean sus propias historias, sus propias tramas, sus propios héroes? ¿Por qué tanto esmero en ajusticiar lo imposible ? Entiendo la idea de deconstrucción, de dar el mensaje a los niños de hoy que la sirenita y los elfos también pueden ser afro. Pero  es contraproducente, e innecesaria está fijación de modificar el pasado. Mejor creemos el futuro, creemos héroes queer, heroínas indígenas, contemos problemas de minorías, otros puntos de vista. No versiones deslavadas de lo contado y recontado. El futuro va a ser más grande, exhubeerante y vigoroso que el declive de lo viejo.

 

Esa es la justicia más grande. Y si en verdad vas a ajusticiar, no lo hagas contra un evento en particular, sino sopesa toda la historia, el pasado, presente y sobre todo mirando el futuro.

 

Entonces ¿Hasta que punto olvidar, hasta que punto recordar?

 

No soy nadie para decirle a un pueblo o familia que debería hacer. Pero me parece que Nietzsche da en el clavo, el historiador israelí Harari, también es de la misma idea con el conflicto de Palestina -Israel y lo mismo tenemos en mi país Chile con la dictadura militar. 

 

Hay cosas que debemos olvidar, no por cobardía, sino para poder seguir adelante. Pero, ojo, esto es una decisión país. Ni mía, ni tuya, sino de todos. 

 

Alemania y Japón, han sabido interpretar su derrota en la segunda guerra, no solo como un punto vergonzoso en su historia , sino como un punto más en la cadena de eventos de su pueblo y nación. Resulta obvio decir que  Alemania y Japón son potencias económicas, culturales y tecnológicas a nivel mundial. Salvo por motivos etarios de sus poblaciones cada vez más ancianas, no me atrevería decir que ninguno de esos países está en decadencia. Han seleccionado que olvidar y que recordar. Son países y pueblos fuertes, y no han sacrificado sus tradiciones, solo han decidido olvidar en su memoria, pero nunca en la historia.

 

Hay que marcar con fuego que la vida es la potencia superior, el conocimiento y la historia deben trabajar para ella. Y un signo de recuperación de esto, será que ninguna moneda corriente, ni ideología, les servirá a la juventud para definir su esencia. 

 

Para empezar, conócete a ti mismo. Los griegos se inspiraron en oriente con el oráculo de Delfos, pero luego lo moldearon a su manera. Aprendieron gradualmente a organizar el caos, reflexionando sobre sus genuinas necesidades , y desechando las aparentes. Así se rescataron a sí mismos. La tarea es organizar el caos de cada uno, y detectar las auténticas necesidades, afuera lo nimio.  Sólo ahí podrá existir la verdadera formación, que es un asunto de uno, solo después de haber matado lo débil en uno mismo.

 

Y ya me empiezo a despedir y los dejo invitado al próximo episodio complementario, en que hablaré sobre la memoria.

 

La historia y el devenir son conceptos que  no abandonaron a Nietzsche, y casi diez años después, en la Gaya Ciencia, sublimaría todo este ensayo, el sentido histórico, imaginando a ese ser suprahistorico en un aforismo, que se apropiaría del pasado, pero con vitalidad y amor fati o amor al destino. Ese ser aún no nace, pero lo estamos creando todos.

 

Hasta la vuelta, chau!  

 

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