Identidades

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El pasado y el presente se marchitan

Y los he llenado y vaciado a los dos

Y prosigo llenando lo que me espera en el futuro

Y ahora ustedes, los que me han escuchado

levántense ¿Que tienen que decirme?

Mirenme a la cara, mientras respiro por última vez en las sombras de la tarde

(Hablen sinceramente, nadie les escucha y solo dispongo de un minuto)

¿Qué tienen que decirme?

¿Que me contradigo?

Muy bien, me contradigo Y ¿que?

Yo soy inmenso…

y contengo multitudes

Walt Whitman – Song of Myself / Canto de mi mismo

 

Hola a todas y todos. Empiezo a despedir esta segunda temporada de En el Camino, donde la consigna ha sido conocerse a sí mismo. Hoy terminaré de hablar de identidad.

 

Espero que disfruten el programa.

 

Empezaba con el viejo de la barba blanca, el querido Walt Whitman, a quien le dediqué un episodio entero a él y su poema del camino abierto.

 

Es que esta parte final de su extensísimo poema del Canto de mi mismo expresa de manera brillante las posibilidades de cambio y evolución en el individuo. 

 

¿Que me contradigo?

Muy bien, me contradigo. Y ¿qué?

Yo soy inmenso… y contengo multitudes.

 

Sin tomar en cuenta ese Yo potente, casi narcisista que algunos le acusan a Whitman. Estos versos son una celebración del cambio y el movimiento. Whitman con el genio del artista nos describe verdades a través de la intuición. 

El pasado y el presente se llenan y vacían a la vez. Y el vacío del futuro espera ser llenado, así, como una planta que se marchitará, pero también florecerá. 

 

¿Cómo marchitara y como florecerá?

 

Ese es el meollo de todo ¿Qué persona de las multitudes que  contiene se manifestará?

 

¿Qué persona asume tu identidad? Y no hablo de un transtorno de personalidad, a la Psychosis o Dr. Jekyll y Mr. Hyde, no es como que hago un switch, y boom, me convierto en otra persona . No, esto es más fino. Es la voluntad y sobretodo sinceridad de permitir que las habitaciones más oscuras de tu sangre se manifiesten. Es escuchar a ese yo que te habla en las horas más silenciosas de la noche, y que te susurra lo que quiere devenir.

 

¿Que esa versión o ese yo se contradice contigo? Muy bien, contradigamonos como dice Whitman. Contradigamonos como hizo Vargas Llosa conviritiendose del socialismo al liberalismo. La vida es eso, un constante devenir. Si la gente puede cambiar de orientación sexual, de identidad sexual, de todo, pero siempre hay alguna escencia que resta, que es tu identidad.

 

Mejor dejo a Francella que lo explica mucho mejor en el Secreto de tus ojos.

 

09 segundo – 36 segundo  …lo que no se puede cambiar

36 segundo – 1:09 francella habla de sí mismo

2:08 segundo – 2:35 …la pasión

 

Que brillante pelicula la de Campanella.   

 

Emerson, contemporaneo a Whitman, en su ensayo Self Reliance o Independencia, ya decía lo mismo sobre contradecirse y lo peligroso de la consistencia. 

 

“Una consistencia alocada es el duende de las mentes pequeñas.”

 

Tenemos decrecho a cambiar de opinión, y no por eso ser menos serios. Mi intuición de ayer no significa que ésta deba vencer a mi conclusión de mañana. Las ideas maduran por si solas, y cuajan cuando deben cuajar. Además, una militancia recalcitrante siempre me ha causado esceptiscismo. Es que la rigidez de la consistencia es la raiz del conformismo, ese que te impide progresar, o cambiar, es esa consistencia que te hace esclavo de tu pasado.

 

Piensa en que Platon y Nietzsche en sus ultimas obras se pelearon con lo primero que escribieron. Si titanes de la filosofía como estos dos, han podido cambiar de opinión, como va ser vedado para ti mismo. 

 

“Habla lo que piensas hoy, y mañana haz lo mismo, aunque contradigas toda lo que dijiste hoy. “Ah, entonces seré incomprendido”

Pitagoras fue incomprendido, y Socrates, y Jesus, y Lutero, y Copernico y Galileo y Newton, y todo espiritu puro y sabio. Ser grande es ser incomprendido”

 

Decía Emerson. La genuinidad del ser es lo que debemos atesorar, no la consistencia. La sensibilidad ante estimulos que llevan nuestra identidad a otros espacios, es ahí donde nuestro mundo se agranda, y también donde cambiamos.

 

Y una última de Emerson.

 

“La envidia es ignorancia, la imitación es suicidio”

Aquel que se desvela observando las virtudes del otro al punto de la envidia es porque es ignorante de su propia valía. Y es quien se suicida al no adentrarse en los laberintos internos y prefiere la imitación de lo externo, cuando la única genialidad está en el interior.

 

Y si hablamos de alguien que a través de su vida o carrera artística personificó en totalidad este: Yo soy inmenso…y contengo multitudes.

 

Es David Bowie. Adelantado en todo. Hacia punk antes que existiera, hacia new wave antes de que llegara, hizo glam rock antes que todos y hasta  pisó la luna en Space Oddity primero que Neil armstrong. El camaleón Bowie siempre se le veía cómodo en los distintos personajes que creaba, constantemente cambiando en el éxito inclusive, porque esto último, el éxito comercial era solo un efecto de su finísima sensibilidad de identificar las multitudes que contenía y no solo eso, llevarlas en escena. Era su auto expresión la base de esa maciza obra que es David Bowie.

 

Mucha de la gente que tal vez no le gusta Bowie o que lo veía como un bicho raro, repudiaba esa imagen ambigua, que el camaleón tan bien construía y que consternaba a cierto público. Hay que ser justo pero, y agregar que Bowie sabía jugar con esa atención y ruido que transformaba en un beneficio. Alguna vez éste declaró ser gay , solo para crear conmoción. Cuando en realidad, y viendo documentales y testimonios de gente cercana, Bowie ni siquiera era bisexual. Ojo, no digo esto con sesgo moral, sino como solo una constatación de la ambigüedad del gran David. Una ambigüedad que creaba tensión, atraía y le daba prensa. Todo apoyado por un contenido que se sostenía solo, con teatralidad, androginia, ciencia ficción, y colores.

 

Contenemos multitudes. Lo que mostramos en sociedad es solo una pequeña parte de nuestra personalidad, es lo que el psiquiatra Carl Jung llamaba  persona, una especie de máscara social que proyectamos para con los otros.  La que nos permite crear impresiones acomodadizas en los demás, y que nos permiten esconder lo que no queremos que emerja.

 

Entonces, si somos multitudes, pero mostramos en sociedad, en lo público sólo una pequeña versión de la totalidad de la personalidad ¿En qué espacio todas estas multitudes pueden manifestarse?

 

Ese es un problema. La división del trabajo,  la reducción de lo público, de lo cual hablaba en el último episodio de Hannah Arendt, nos ha terminado por disminuir las ofertas de identidades. El espacio público donde nos encontrábamos al vecino metalero, o a la señora exiliada, o a la familia de inmigrantes, ha ido desapareciendo, esto por la comercialización inclusive de la comunicación. Ese espacio donde aprendíamos del otro, simplemente porque lo encontrabamos, nos disminuye las ofertas de sentido de la vida.

 

Si, porque es en ese espacio junto con la familia, y la ficción que es televisión y redes sociales, que obtenemos nuestra oferta de identidades. Quiero ser futbolista como el vecino, quiero ser músico como el vecino, pero si en vez de eso, solo tengo a mi familia y la ficción de las redes sociales, es mucho más complejo establecer una oferta de sentido que nos interpele.

 

En mi caso, y por eso he hablado tanto de viajes en la primera temporada, y ahora de conocerse a sí mismo en la segunda. Porque estan ligadas, y porque los viajes y vivir en otra parte, y conocer trayectorias vitales distintas a las mías, son las que me enriquecen y demuestran que si se puede vivir de cierta forma. Si se puede vivir como dueño de un hostal en Rio de Janeiro vestido de pirata sin utilizar camiseta alguna, como Felipe, si se puede ser viñatero de vinos orgánicos y ser escritor al mismo tiempo, como Christophe, y sí se puede mochilear por Europa como mujer, haciendo voluntariados y aprendiedo permacultura, como Caro. 

 

Claro, tal vez no necesitas vivir en otro país, y puedes comprender todo esto, que yo  necesité comprobar con mis propios ojos, desde tu casa, sin salir hacia lo desconocido, por supuesto que es posible. Es que no es el viaje en sí lo que te agrandara tus posibilidades, sino la pluralidad. Es la pluralidad que nos enseñan los viajeros, lo que nos plantea mirar la vida de otra forma, es la pluralidad la nos da más herramientas y posibilidades para crear nuestra vida e identidad. 

 

El sentido va totalmente ligado a la identidad y viceversa. Es lo que empuja al uno y al otro, es en ese vaivén donde debemos saber bien posicionarnos.  Sobre todo hoy.  Es que la comercialización inclusive de la comunicación, debido a la división de labores de Adam Smith, la cual ha aumentado la productividad y creado riqueza, pero que también ha disminuido la oferta de sentido de la vida, al hacer caer millones de personas en lo que es el hombre engranaje.

 

A ver, ¿Que vida ustedes creen que tenía más sentido para estos dos individuos? ¿La del trabajador que debe hacer una única labor, casi automatizada? o ¿La de un cazador antes de la agricultura?

 

Hago estas preguntas, porque si bien económicamente han sido respondidas, y hemos tomado un camino. Las consecuencias filosóficas y de sentido de la vida han quedado sólo para la sociología. Tampoco estoy llamando a volver a cazar mastodontes, y comer en fogatas bajo la luz de la luna. No. Sino que intento ser consciente de que esa pérdida del sentido de la vida es una epidemia.

 

Esta semana leí en The New Yorker, un artículo de Andrew Salomon, que la tasa de suicidios infantiles va en alza. Donde los casos de minorías étnicas y sexuales lideran el listado en Estados Unidos.

 

Al habernos despojado cada vez más de la religión, y de la intención de ser seres integrales, hemos disminuido el sentido, y las ofertas de identidades. Esta represión ha hecho brotar los derechos de identidades más diversas.

 

Es extraño, porque gracias a la globalización, y el intercambio comercial de bienes y servicios de un lado a otro, se temía llegar a un modelo de homogeneidad universal. Y por un momento fue así: Todos querian ser occidentales de primer mundo; comer McDonald, tomar Starbucks, vestir un jeans, utilizar zapatillas nike,  ver basketball americano,  fútbol inglés, y ver series de Hollywood. Pero con la globalización, y esta uniformización de las identidades, nos hemos volcado hacia nosotros mismo. Viendo que afuera y en lo público hay poca oferta de sentido e identidades, es a través del ensimismamiento que  hemos intentado llenar ese hueco, que  hoy se manifiesta en un brote de identidades y también  independencias de naciones.

 

Si piensas que la política de identidades es solo un adolescente esgrimiendo su particularidad, te quedas muy corto del alcance de esto. En la Unión Soviética, por ejemplo, se habló siempre que la gran debacle unificadora fue la económica; y su insostenibilidad, pero tanto decidora, fue la debacle cultural.

 

Y la inviabilidad de cohesión en un proyecto que agrupaba países tan disímiles, con lenguas diversas, y sobre todo, a través de la imposición de una identidad, la de la Unión Soviética, que termina por romperse.

 

Ahora, no porque el fascismo, y el comunismo se hayan derrumbado, significa que han quedado como exclusivas ganadoras las democracias liberales. 

 

¿Qué le decimos a todos esos países que han hecho su difícil transición a la democracia? ¿Qué le decimos a todos ellos? Que alejándose de identidades, tal vez, más autoritarias y más genuinas para ellos,  se han acercado a los estándares democráticos necesarios para unirse a la fiesta del consumo.

 

¿Qué le vamos a decir a todos ellos, cuando tengamos que restringir esos estilos de vida con jet privados, con huellas de carbono enorme, con turismo y lujos? ¿ Qué le vamos a decir a los más de 2 mil millones de chinos e indios, que se quieren unir a la fiesta del consumo occidental ?  ¿Vamos a tener que dejarlos esperando afuera de la discoteca?

 

Disculpa viejito, llegaron muy tarde, los océanos se acidifican, tenemos sequía, inundaciones, calentamiento global, y para colmo, no tenemos sentido de la vida y la gente cada vez se suicida más joven. No podemos dejarte entrar, los millonarios estan más interesados en mirar hacia las estrellas, que en solucionar esta cagada.

 

¿Creen que esos miles de millones se van a quedar  tranquilos y se van a devolver a sus casas? ¿O van a intentar de meterse a la fiesta del consumo como fuera? Después de todo se lo merecen. Es parte de su libertad, sino, estaríamos rompiendo todas las promesas de la democracia liberal en la  que mi esfuerzo tiene que ser recompensado.

 

Es super delicado. No tengo idea como vamos a acabar la fiesta del consumo, que beneficia a todos menos al planeta. Como vamos a negarles ese lugar a todos lo que están en la fila, y que buscan ingresar al cielo prometido en tierra de todo ciudadano occidental. Esto, sin haber creado un nuevo sentido.

 

Ese es el problema en mayor escala que le veo a la pérdida de oferta de sentido y crisis de las identidades.  Tal vez, este brote de identidades más minoritarias será a la larga una ayuda. Los que hoy se rien de estas minorías, nos veremos beneficiados del resultado de la batalla cultura donde mayorías con minorías e identidades se enfrentan y buscan ser reconocidos.

 

Estamos todo el tiempo construyendo identidad. En ser antivacunas, en ser feminista, en ser provida, en ser pro elección, en votar derechas, en votar izquierdas, en hacer un Podcast jaja. 

 

En el episodio anterior hablaba de los méritos para esgrimir la identidad de tal grupo. Evocando que porque alguien no podría acceder a una identidad, por ejemplo la mapuche, siendo genuinamente inmerso en esta cultura, al punto de hacerla propia ¿Hay algo malo en ello? No.

 

Pero no confundir identidad con nacionalidad por ejemplo. ¿Tiene más méritos para acceder a la identidad de italiano, un latinoamericano que portador del pasaporte de este país, gracias a un tatarabuelo de esta nacionalidad que hizo los trámites de naturalización antes de ir al cajón y que así pudo ceder este pasaporte a sus descendientes?  ¿Pese a que estos no hablan ni el idioma, ni nunca han pisado el territorio? ¿ Tiene más mérito esta persona para ser italiano, que un joven africano que ha vivido toda su vida en Italia, pero qué porque sus padres son extranjeros, él no posee la nacionalidad italiana? Pese a que este último habla el idioma, siente la cultura, y se estremece genuinamente con las costumbres del pueblo.

 

Para mi ésta última persona tiene muchos más méritos. Aunque bajo la ley, más el primero por un tema Ius solis contra ius sanguinis, o derecho de suelo contra derecho de sangre. 

Pero la verdadera pregunta es ¿Dónde trazamos la línea en que es o que  no es? Esa línea, es la que siempre debemos estar cuestionando, porque el contexto y los valores cambiantes lo requieren. Lo que es legal puede que no sea justo, y por ahí se cuela la ilegitimidad.

 

Ilegitimidad y malestar , forman parte del fenómeno de la irrupción de las políticas de las identidades. Malestares que hoy parecieran saldados, pero cuando por ejemplo, solo apenas en los años 80, a los homosexuales se les asociaba la enfermedad del sida, el gay cáncer como se lo llamaba y eran absolutamente discriminados, estamos hablando de reconocimientos legítimos lo esgrimidos por este grupo. Y como ellos hay miles, desde etnia, hasta el feminismo.

 

Y asi como la pulsion de un tiempo va constantemente manifestandose a traves de cambios, politicas de identidades. Nosotros, individuos somos un constante devenir, y no voy a repetir todo lo de los dos episodios anteriores, pero si entendemos bien este concepto, y cuando digo eso, me refiero no solo con la razón, sino con todo tu ser, creo que estamos ante una de las filosofías más hermosas para afrontar la vida. La inacabable búsqueda y transformación y aprendizaje.

 

Y me despido con mi querido Bob Dylan

 

Life isn’t about finding yourself.

Life is about creating yourself.

La vida no es sobre encontrarse a uno mismo.

La vida es sobre crearse a uno mismo.

 

Hasta la vuelta! Chau.

 

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