Inmigrante

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Episodio 4 – Inmigrante

 

inmigrante

Transcripción

 

“Se olvidaron del mundo y de sus costumbres. Al igual que el mundo se olvidó de ellos”

Jack London, la quimera del oro.

 

Inmigrantes. En el episodio anterior hablé de la partida, del partir, entonces me parecía lógico seguir el camino de esta partida y este desplazamiento hasta el elegir un lugar. Salvo que decidas la vida nómade, vas a tener que parar y asentarte en algún lugar. Así nace el inmigrante como episodio, el cual divido en tres categorías no necesariamente excluyentes entre sí.

 

El inmigrante nostálgico, alienado y adaptado. Antes de atacar el tema ya en detalle, lo que pensaba era bueno. Qué dice la Real Academia Española de El Inmigrante? Y sobre todo en comparación del expatriado, que es un concepto que se ha popularizado tanto en este mundo más globalizado. Les leo lo que dice la RAE.

 

1.Dicho de una persona que llega a un país extranjero para radicarse en él.

2.Dicho de una persona que se instala en un lugar distinto donde vivía dentro del propio país, en busca de mejores medios de vida.

 

En busca de mejores medios de vida. Y el expatriado:

  1. Dícese de quien abandona la patria.

 

O sea, está bastante claro que el expatriado se desliga totalmente de la parte de mejores medios de vida. Pero ahí viene mi duda. ¿Qué son los medios de vida? Porque, ¿Son sólo monetarios? ¿Son sólo un tema de plata? Yo no creo.

Medios de vida puede ser la educación. Por ejemplo, tengo una amiga que estudió moda aquí en París. Por poder adquisitivo uno tendería a catalogarla en expatriada, por la definición yo la posiciono como inmigrante.

 

O mi caso, bueno es que si bien es más claro, más fácil, porque en un principio, cuando llegué acá, estaba trabajando con una gran urgencia por la parte monetaria. Luego me quedé porque el trabajo que hago, que es ser cavista, que es básicamente uno que vende en una tienda vinos y alcoholes, es un trabajo que aquí es bien valorado, pero que en Chile simplemente sería un vendedor de la botica. Entonces tiene, otra connotación, otro valor.

 

Y eso mismo se puede dar en muchos casos. Entonces quería hacer este alcance para abrazar un poco ese concepto del inmigrante que nos representa y nos agrupa tantísimas personas. Más de los que creemos. Porque más encima, cuando uno hace, al menos en Francia, los trámites de visa, uno se encuentra en la fila con todo tipo de gente, con todos los inmigrantes, los africanos, los árabes, los sudamericanos. Entonces ahí uno se da cuenta de que te meten en el saco con todos, salvo a los refugiados, que son otra historia y los súper ricos, que eso no lo he visto nunca. No sé qué harán. No sé si enviarán otra persona. No sé cómo harán sus trámites. Pero, por ejemplo, jugadores de fútbol, Neymar me imagino que nunca han hecho una fila para este tipo de trámites. Entonces no hay fila para expatriado o para inmigrante. Hay que olvidarse de esa diferencia.

 

Bueno, eliminando ya la connotación negativa peyorativa del inmigrante. Quería explicar como diferencié estas tres categorías del nostálgico, el alienado y el adoptado. Para hacer esto definí otras tres variables: Que son la vida social que ahí meto, la familia, las amistades y la vida de pareja. Una segunda variable es la cultura, donde meto el idioma, la religión y todo lo que afecta ese choque cultural. La comida, por ejemplo. Y una última variable que elegí es el trabajo que va, obviamente la cantidad, del sueldo y también la calidad. Qué tan realizados estamos con nuestro actual trabajo y con la perspectiva laboral que nos puede ofrecer este lugar donde estamos.

 

Dicho todo esto, iniciamos con el inmigrante nostálgico.

 

“Cada vez iré sintiendo menos. Y recordando más. Pero qué es el recuerdo, sino el idioma de los sentimientos. Un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso.”

Julio Cortázar, Rayuela.

 

Empiezo con Cortázar y su gran novela Rayuela, que aparte de ser una tremenda obra, ya sea por estructura, por la gran historia de amor que hay. Acumula muchos temas, no podría decir que Cortázar es un autor nostálgico, no reducirlo a algo muy chico. Pero estaba pensando como puedo hablar de la nostalgia, un autor que represente esto. Y se me vino a la mente Rayuela, que es básicamente una novela que está la podríamos dividir en dos partes, que ocurre en París y ocurre en Buenos Aires, y en la que el personaje principal o uno de ellos se embarga de una nostalgia de París viviendo en París por la ausencia que la gran palabra es la nostalgia, la ausencia de lo que te falta en algún momento. Y bueno, ya cuando llegamos a esta segunda parte, ya en Buenos Aires, donde la nostalgia es tal, tan fuerte que lo inmoviliza de seguir con su vida, de realmente avanzar, empieza a imaginar cosas, se empieza a fantasear.

 

Me hace daño solo con su ausencia”

 

De todas formas es una novela fantástica y créanme que no les he spoileado nada, porque es una novela que se puede leer de dos formas. De la forma normal, de manera cronológica, entre comillas. Capítulo uno, dos, tres, hasta el último. Y otra que sugiere el autor que te da un mapa literario a seguir. Y es muy interesante porque es realmente innovador. Así que, eso, la recomiendo tantísimo. Y para finalizar con Cortázar.

 

“Cuando uno se deja corromper por esas ausencias que llamamos recuerdos”

 

Este rasgo de nostalgia lo vivimos mucho los sudamericanos aquí en Europa y yo creo que en todas partes. Y se exacerbera cuando nos reunimos, cuando se encuentran, nos encontramos con las comunidades de chilenos, argentinos, etcétera y nos recordamos la de la patria, del Chile. Esa complicidad que uno tiene al escuchar las mismas palabras, el mismo ritmo, la misma melodía en el lenguaje. Hace que brote dentro del corazón de uno esa nostalgia que tantas veces tenemos guardada. Y lo que no está mal no está mal en lo absoluto. Porque para mí, yo no me siento nostálgico de Chile, sí de mi familia, amigos y la comida como cualquier persona normal, creo. Algunas veces sí me hace falta, pero dentro de un ámbito que puedo manejar.

 

El problema es cuando esto te sobrepasa y te inmoviliza y te llegan los fantasmas. Y tal vez me tengo que devolver o no, y uno se empieza a cuestionar cosas y al final no está ni acá ni allá, no está en ninguna parte. Por lo general, el inmigrante nostálgico va a sentirse así por una ausencia de algo fundamental. Lo que hablaba de la variable social los amigos, la familia, una polola, novia que te puede estar esperando entonces.

 

Por eso siempre tener mucho cuidado con lo que uno deja atrás, porque los fantasmas van a llegar y te van a empujar hacia atrás, hacia lo que dejaste, hacia ese. Esa ausencia que te va embriagar.

 

Otro ejemplo de viajero o inmigrante nostálgico lo encontramos en el pintor Marc Chagall del siglo XX, que vivió casi cien años, un pintor judío ruso, bielorruso, bueno, de la Unión Soviética, que tuvo una vida bastante de judío del siglo XX. Le tocó vivir la revolución rusa de principio del siglo XX, le tocaron las dos guerras mundiales. Entonces tuvo que emigrar a Francia, después a Estados Unidos para finalmente volver a Francia. Y nunca fue profeta en su tierra, como tantos inmigrantes. Y esa espinita lo has hecho durante toda su vida y por eso su obra está plagado de referencias a su pueblo natal, de casas, de calles, de personas. Y en uno de esos cuadros, sí, judío errante, con su barba, con su traje a maltraer, su sombrero y su palo a lo chavo del ocho, con el trapo, llevando sus cosas y con alguna característica un poco fantásticas, surreales, siendo el mucho más grande que los otros personajes de la pintura o trepando un edificio. Entonces te trasmite cosas muy fuertes, pero siempre observando, siempre como secundario pero principal. Entonces una nostalgia un poco fantástica la que transmite Chagall, que muy es muy bonita. Se mezclan entre memoria y fantasía, porque el fue parte del movimiento surrealista que busca trascender a lo real a partir de un impulso síquico de lo imaginario y lo irracional.

 

Así que ojo, yo el único momento que creo que fui nostálgico fue estando en Ecuador, porque tenía una frustración muy grande que no estaba haciendo nada con mi vida profesional por culpa mía claramente, pero me sentía un poco atrapado. Entonces, atención, los más familiares y todos los que les gusta estar presente en todas esas fechas importantes, ya que los va a bajonear harto. Así que piénsenlo, piénsenlo antes de tomar una decisión tan grande como emigrar.

 

Bueno, pasemos al segundo inmigrante, el inmigrante alienado.

 

“Oh engañador primer mundo

 me hace bajar la guardia, pero nunca la frente

Mi corazón ingenuo

es bocadillo para tus atractivos y fríos rostros.

Oh, revelador primer mundo

Descubrí mi identidad latinoamericana en tus calles!

Soy hijo del Pacífico.

Mis horizontes son los más profundos.

Soy sangre de los Andes.

Mis barreras son las más grandes.

Soy voz de cenizas y ecos de ruinas.

Mi árbol genealógico está roto.

Soy golpe de estado, revoluciones y carteles

Soy estigma, mi pasaporte es Inútil.

Soy lucha y resistencia

Oh triste primer mundo

confundes generosidad con debilidad

Tus euros no pueden comprar sonrisas

 Soy carnaval y vida de piedras

Soy convite y desapego.

Yo vengo del fin del mundo

Soy indio y conquistador caminando de la mano

Lo intento, pero es imposible

Soy latinoamericano”

 

Escribí este poema en un momento de tristeza, de alienación. Pero mi alienación, no sabría cómo identificarla, porque básicamente es el hecho de vivir en una ciudad. Obviamente, París me encanta, tiene un montón de cosas para ofrecer, pero a veces veo mucha miseria en la gente. Hay alguna gente que es mala, que se levanta sólo para cagarte. Hay muchos mendigos, entonces uno de a poco se va acostumbrando a esta miseria y eso me termina frustrando, aunque algunas veces hace falta sólo darse un paseo en el Sena o en el centro y se pasa.

 

Tengo claro que tengo fortuna en vivir en esta ciudad, pero como les contaba en el primer episodio, me he hecho más solitario. Al final creo que no importa qué ciudad sea, te termina aplastando un poco el espíritu. Pero por ahora, disfrutar esta gran ciudad con toda su diversidad. Y eso nos hace hablar del choque cultural. Si bien Francia es parte de los países latinos. Es claramente el menos latino de los latinos. Ya en París estamos en una latitud que es la misma que el sur de Alemania. Estamos más al norte que en muchos países de Europa del Este. Entonces hay menos sol y eso se nota. La gente tiende a ser un poco más fría, a diferencia del sur de Francia, en la que me sentí súper, me sentí con un ambiente más latino, más cordial, más convivial, que me venía muy bien. El choque cultural fue menos allá en algunos meses, viviendo en varias partes.

 

Hice amistades francesas, acá no he hecho amistades francesas. Mis amistades son gente latina e italianos por mi novia. Pero si no, me ha costado, porque cada uno está en su mundo. Una ciudad tan grande. Se forman guetos, se forman los italianos, los chinos, los vietnamitas, también los españoles, los latinos. En fin, hay comunidades para todos. Al final eso sucede en las ciudades grandes que uno se tiende a refugiar con su comunidad y eso llega a ser un poco frustrante, porque al final uno no se termina de adaptar. Yo en el sur de Francia hablaba sólo francés. Aquí hablo francés en el trabajo, en la casa español e italiano y en lo social español y francés, aunque me falta dominar el idioma. Podría hacer cursos, lo sé, pero prefiero estar haciendo un podcast, por ejemplo. Entonces, son un montón de cosas que hacen que uno esté más alienado o menos alienado, o más adaptado o menos adaptado. Pero nostálgico muy poco. Al final, Francia es un país occidental como Chile. Y las diferencias sociales y culturales son positivas. La diversidad racial y cultural te hace más tolerante. Viene el trabajo. Por ahora estoy, estoy bien. Y con respecto a la vida social, si bien no tengo tantos amigos como en Chile y nunca los voy a tener. Con el tiempo me acostumbré a tener dos o tres amigos al que puedan ser confidentes y que les pueda compartir un poco mi alma. Y para mí eso suficiente. No necesito tener 15 amigos, ni tener un cumpleaños de mono. No lo necesito. Tal vez lo necesitaba hace diez años, pero ya no.

 

Y dentro de todas esas variables que les hablo, sociales, culturales, uno se termina identificando como sudamericano en Europa, que es algo fuerte, algo que conlleva mucha garra. Aprendí a abrazar mi lado mestizo. Aprendí a abrazar la generosidad que tenemos de compartir las cosas con gente que uno no conoce. Entonces eso me ha ayudado a crear una fortaleza que me permite sobrellevar todo, que esa fuerza que siento, ese fuego de ser chileno, de venir de fin del mundo, me permite ganarle a todo. Porque al final, al estar alienado, yo me digo soy diferente. Pero es algo positivo. La diversidad es parte súper importante de este nuevo siglo y por eso cada inmigrante que dentro de su oficio trae un poquito de su tierra a su trabajo como cocinero, como artesano, como músico, como un cavista, vendedor de vinos que sabe del vino chileno, también ese tipo de inmigrante a través de su diferencia, puede prosperar con más facilidad.

 

Entonces no digo que las otras carreras más tradicionales no lo puedan. Obvio que sí, pero más que encajar es sobresalir. Ahí está el valor tuyo como inmigrante en tu diversidad como viajero. Más que todo, uno ya se acostumbra a estar alienado. Y si volviera a Chile mañana lo sentiría igual. Sentiría que algunas cosas no las entiendo, pero es parte. Es parte de moverse y lo acepto. Bueno, demos vuelta la página y pasemos al inmigrante adaptado.

 

“Vivía entonces en París y mi gran descubrimiento era que en París por fin podía yo ser joven mente aquí en Nueva York. A los 20 años había sido completamente viejo. Esto es inexplicable, pero allí no había alegría ni bohemia.”

Henry Miller, Trópico de Cáncer.

 

Bueno, empecé con Henry Miller, con esta novela clásica del siglo XX en que básicamente él habla de su vida en París como un New Yorquino en la que se siente súper cómodo, como este párrafo lo menciono. Se sentía más joven, se sentía que había agarrado una vitalidad que no encontraba en Nueva York, donde el frenesí de esa ciudad le reducía el espíritu. En cambio, acá tenía tiempo para caminar. Se sentía como en casa, se había adaptado y se sentía muy cómodo. Y eso nos sucede a muchos. Si bien hablaba del ejemplo grande del inmigrante alienado, yo por mi parte me siento súper cómodo viviendo afuera. Y sobretodo por el anonimato que te permite hacer un montón de cosas, es como un segundo renacer. No es que uno va a cambiar 100 por ciento en otro lugar, yo no creo en eso, pero sí uno puede aventurarse a que la ciudad te lleve y que su energía te defina. Ahora, la gran pregunta ¿Cómo llegar a ser un inmigrante adaptado?

 

Yo también me lo hago porque claro, por tramos sí me siento súper cómodo en esta ciudad. Me ofrece actividades, un buen pasar y anonimato también. Y no es que sea famoso, sino que viniendo de una ciudad un poco chica. Recuerdo que si me emborrachaba me daba una vergüenza tremenda. Y esto aquí no, no lo tengo. Pero volviendo a la pregunta, yo veo a un amigo acá que vive hace casi diez años y lo veo totalmente adaptado. Un amigo chileno que estudió aquí. Y no es que haya vendido Patria tampoco. Él sigue viviendo de una manera súper latina, súper chilena, va a fiestas de cumbia, se mete a bailar allá, llegando a ser un poco monotemático con su vida nocturna. Tiene amigos franceses, tiene amigos de distintas comunidades y se le ve súper cómodo. No le he escuchado quejarse ni una sola vez. También tiene un grupo de música, entonces tiene muy claro lo que la ciudad le puede ofrecer y en ese sentido está consolidado como ciudadano francés.

 

Quería dar este ejemplo porque me parece interesante que no es necesario olvidarse de las raíces y de todo lo que uno dejó atrás para adaptarse. No, yo creo que sí se pueden congeniar las dos cosas. Y ahí está el gran desafío. Aunque claro, lo que hablaba desde un principio que si la variable, por ejemplo trabajo no te acompaña, la vas a pasar mal. Entonces, al final es un equilibrio difícil de lograr. Yo pienso algunas veces como proyectando mi vida acá. Si me quedara en Francia, yo creo que se me sería más fácil, más dulce la vida si me fuera al sur de Francia. Creo que ahí sí me podría, adaptar, acostumbrar realmente y abrazar la cultura francesa con toda mi energía.

 

Un poco, bueno, por la gente que es más cálida, hay menos inmigrante. Entonces uno se ve casi forzado a mezclarse con ellos, con los franceses y también por el tema del clima. Aquí llueve mucho en París, allá en el sur no llueve tanto y hay más espacio. Hace falta un poco de verde, hace falta un patio, hace falta, hace falta ese tipo de cosas. Pero bueno, luego pienso y me quejo. Me quejo porque puedo, me lamento porque sí, ya que como bonus de estos tres inmigrantes tengo que mencionar a los refugiados y los de asilo político, y los clandestinos también.

 

Todos ellos son gente mucho más sufrida. Lo de venir clandestino acá, no sé. No, no lo recomiendo. Toda la gente que he sabido que ha venido sin papeles la termina pasando mal. Y se termina devolviendo al final, no digo que no lo puedan hacer, eso es cosa de cada uno, pero hay que tener una tolerancia a la frustración enorme. Y se me viene a la cabeza una historia de un hondureño que una vez conocí en estas fiestas al aire libre al lado del Sena, aquí en París, con vista a Notre Dame. Ahí pone música y se arman unas fiestas populares súper buenas. Hay unos anfiteatros con gente de todas partes y de distinto estrato social. Y me encontré con este hondureño joven 19 20 años.  Y Honduras, un país donde la criminalidad debe ser de las más altas del mundo. Y él había venido acá. Un pasaje sólo de ida. Se estaba quedando en una casa okupa. Él había postulado a un asilo político, el cual no se lo dieron, porque para que te lo den, tienes que demostrar que tu vida está en peligro en tu país de origen. Y si bien el tal vez no lo podía demostrar con una amenaza, en realidad por estadística, su vida sí estaba en peligro.

 

Al vivir en un país como Honduras, que si bien no está en guerra civil, si está totalmente manchado por el tema del narcotráfico y las maras. Entonces ya sea si eres un inmigrante nostálgico, adaptado o alienado, tienes suerte.

 

Así que no hay que quejarse tanto, ya que al final siempre hay uno que lo está pasando peor.

Libros

Aquí es donde revelo mi naipe de ideas e inspiración para este episodio. Si te interesó algún autor o libro, puedes averiguar más aquí.

 

 

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