Partida

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Episodio 3 – Partida

partida

Transcripción

“En aquel tiempo yo tenía 20 años y estaba loco.

Había perdido un país, pero había ganado un sueño

 y si tenía ese sueño, lo demás no importaba.

Y trabajar, rezar y estudiar en la madrugada

 junto a los perros románticos.

 El sueño vivía en el vacío, en mi espíritu.

Una habitación de madera en penumbras.

En uno de los pulmones del trópico.

 Y a veces me volvía dentro de mí

 y visitaba el sueño estatua eternizada en pensamientos líquidos.

 Un gusano blanco retorciéndose en el amor. Un amor desbocado.

 Un sueño dentro de otro sueño.

Y la pesadilla me decía Crecerás.

Dejarás atrás las imágenes del dolor

 y el laberinto y olvidarás.

Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.

Estoy aquí dije con los perros románticos

Y aquí me voy a quedar”

Roberto Bolaño. Los perros románticos.

Este es el tercer episodio de En el camino podcast y hoy voy a hablar de partir, de la partida, un tema que puede ser un poco un poco inútil en estos días. En estos días de confinamiento y cuarentena de encierro. Pero puede servir para ideas, para inspiración, para planificar. Pensé bien este tema y cada partida, si viene un algo en una historia en sí, una historia totalmente independiente, creo que está bien separarlo. Y lo hice así. Lo separo en tres partidas la partida o el partir adolescente. Esa partida más romántica, una segunda, la partida de contracultura, una partida más de revolución, más de estar al margen de todo. Y la tercera y no menos valientes. La partida madura. Una partida que no es que tenga más cabeza, sino que hay más cosas que uno puede perder. Entonces hay que hacer una planificación mayor, un trazado mayor a al porvenir del futuro. Partí con el gran escritor chileno, prosista y también poeta, Roberto Bolaño, porque en este poema ahí está esa palabra clave que uno descubre en la adolescencia y en el inicio de la adultez, que es la palabra sueño, una palabra que siempre nos tiene que acompañar y que siempre tenemos que atesorar. Y en este poema, esta magníficamente descrito “en aquel tiempo yo tenía veinte años, ya estaba loco, había perdido un país, pero había ganado un sueño”. O sea, el sueño lo sostiene todo. El sueño en el sueño es todo. Te hace sentir esa sensación de querer comerse el mundo, de querer, de descubrirlo todo. Y si no, no deja claro de qué sueño está hablando. Uno puede sentirse vinculado a este, este sueño que habla Bolaño. Y si nos metemos más en su obra, sobre todo en Detectives salvajes, en ese gran libro, esa gran novela, tal vez la gran novela chilena. Podemos ver que él está hablando no de un sueño de convertirse escritor o poeta, sino el sueño de vivir la vida poética y la vida poética es muy distinto a ser escritor.

La vida poética que describe aquí Bolaño junto a sus amigos, Los perros románticos, que tenía en México, pese a que él chileno, vivió, tuvo su adolescencia en México. Aquí describe esa vida como un momento en que pasaba muchas cosas, en que él está descubriendo todo, descubría la sexualidad, descubría la vida en la bohemia, en el DF descubría cosas malas también, un poco al margen de crimen. Bueno, junto a las decisiones de familia, al partir a España, donde finalmente se radica. Pero en donde también no para de vivir esta vida poética. Que lo lleva a hacer a practicar un montón de oficios como trabajar como artesano, trabajar como guarda parque, como comerciante en tiendas, como temporero, trabajando la uva en vendimia en Francia.

Entonces siempre teniendo esta vida tan alocada, con tanto movimiento. Entonces el sueño del que hablaba. Volviendo a los perros románticos, no era ser escritor o bueno, eso era algo aparte. Si no, era tener este tipo de vida.

Esta partida de Bolaño, de esa partida adolescente, es de esas partidas romántica que están llenas de fuego, llenas de deseo y me recuerda un poco también al gran autor si vamos a hablar de adolescentes, al gran autor Rimbaud, al poeta francés, uno que vinculando con Bolaño el mismo decía y el que se mete en Rimbaud se quema porque es el poeta adolescente, es él el soñador, el que quiere hacer todo, el que se quiere comer el mundo.

Ese es Rimbaud en un joven de 16, 17, 18, 19 años hasta los 20. Que bueno, luego reniega la poesía y parte a parte hacer otras actividades. Entonces este poema que me lo recuerda, Ma boheme, es más bien uno que describe una arrancada hacia Paris, hacia la gran ciudad donde todo podía pasar. Y en este camino, en estas arrancadas, el describe esa sensación de estar corriendo al lado de las líneas del tren y sentir una especie de éxtasis que lo que lo embargaba por ir a por, por la aventura, por la propia aventura y en las noches, porque estas eran arrancadas que duraban más de un día.

El se acostaba en medio del campo solo mirando las estrellas y sentía una elevación. Sentía la grandiosidad de la adolescencia. Porque eso es Rimbaud, la grandiosidad de la adolescencia. Por eso ha sobrevivido. Cuánto? 150 años. Entonces Lean a Rimbaud lean a Bolaño. Pero tengan cuidado. Se lo dice un soñador más viejo. Y por qué lo he experimentado.

Cuando uno se despierta de esta sensación, de esta borrachera de éxtasis, de borrachera de la vida, uno se encuentra con la resaca, que es la realidad y que es la que golpea más fuerte.

Entonces, para ciertas sensibilidades puede ser súper de depresor, muy dañino encontrarse con esta realidad tan fuerte donde por lo general ningún sueño se cumple.

Pero ojo, no estoy boicoteando esta partida, que para mí es la más pura lejos y la que más respeto es la que más respeto, porque es la que tiene menos razón. Es puro instinto, puro fuego. Y si uno sale parado de esta donde uno va a sufrir en el trayecto.

Pero si uno sale parado y complete, entero, uno va a aprender muchísimo en esa partida. Uno va a aprender prácticamente toda la educación sentimental que uno va a necesitar o gran parte en la vida. Entonces, bueno, a tener cuidado, pero bueno, haciendo un vínculo con algo que yo vi viviendo en Francia, aquí en París, en mis momentos más difíciles, vivía en un hostal donde venían a parar todos estos.

Estas almas soñadoras. Nos encontramos ahí todos los que la estábamos peleando, los que todavía no encontramos. Bueno, los que tenían o tenían trabajo y no tenían casa, o los que no tenían trabajo ni casa. Y bueno, ahí nos encontrábamos. Y ahí conocí harta gente interesante. Uno de ellos, un muchacho de New York afroamericano, que había venido a París con el sueño de trabajar en la moda, quería que meterse en este mundo o ser diseñador.

Y se había pagado su pasaje ya estaba aquí en París y estaba convencido que lo iba a lograr. Me recuerdo que me mostraba diseños de zapatillas de dibujos que tenía y ese era su plan, mostrar sus dibujos, y que alguien o que algún Head manager, algún director dijera Wok!

Aquí está el nuevo, no sé, el nuevo Armani o el nuevo no sé, la nueva Coco Chanel o algo así. Eso era más o menos lo que yo proyectaba, lo que estaba imaginando en su visita acá en París.

Pero él no tenía mayor plan, no hablaba francés, no tenía contactos, no tenía estudios. Entonces no tenía nada lo que sostenía este proyecto. Le preguntaba bueno, cómo te fue después, cuando me encontraba después del trabajo. Cómo te fue? Bueno, no me atendieron y en la mañana cuando desayunábamos juntos y bueno, qué vas a hacer hoy? No voy a ir acá y algunas veces ni siquiera al final ni siquiera salía.

Es triste ver a alguien cuando se le rompen los sueños y al final terminó durmiendo en la calle. Este muchacho, este chico y yo no tenía como ayudarlo. No tenía plata ni para mí.

Con suerte vivía en el hostal, pero lo acompañé un poco. Bueno, con compañía y finalmente terminó volviéndose a Estados Unidos. Me imagino que sus familiares le enviaron plata, le compraron un pasaje y se volvió. Pero fue triste ver ese espectáculo que por muchas ganas, mucho, mucho fuego, mucha garra. Si no estás preparado, te vas a encontrar con la realidad. Te vas a encontrar la realidad con la realidad. Como se la encontró este muchacho, este chico de. Diecinueve, veinte años.

Entonces ahí está el lado negativo de estas partidas más de guata más del estómago esa partida más romántica adolescente.

Porque hay otra partida que un poco similar, pero que va a estar más preparado, a pasarla mal. Y esta es la partida de la contracultura, ¿Qué es la contracultural? Ese movimiento social cultural, que es todo lo que está contra a lo establecido, a lo valores que profesa la sociedad.

Speaker: Puede ser, por ejemplo el hipismo. Pero antes de eso fue la generación beat. Y bueno, imagino de quién creen que voy a hablar. Sí, de Jack Kerouac.

“No había ninguna parte donde ir excepto a todas partes. Así que sigue andando bajo las estrellas”

Kerouac es la carretera. Es el partir, el moverse. No importa donde vayas. Lo importante es ir. Hay que conceptualizar que era un estadounidense, un autor estadounidense que vivió los inicios de su adultez en la época posguerra por Segunda Guerra Mundial, en la que hubo un boom económico y en la que se profesó tanto. Está esta cultura de que trabajo igual dinero y dinero, igual bienestar. Él no lo vivía así, no lo sentía así, al igual que sus camaradas de este movimiento Beat. En su obra está lleno de referencias a personajes que están al margen de la sociedad, muchas veces reunidos en la carretera y también en bares de mala muerte donde se escucha el Jazz. Aquí un fragmento de Los héroes de Kerouac.

 “La única gente que me interesa es la que está loca. La gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse con ganas de todo al mismo tiempo. La gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas”

Toda esta filosofía caló muy hondo, en Estados Unidos de años 50 y después de los 60, lo que gatilló en el movimiento hippie. Y en palabras y en términos que aún podemos escuchar, como el de hípster también en muchas películas.

Esto inspiró, por ejemplo, películas como Easy Rider,  esa película del año 69 en la que vemos a Peter Fonda y Dennis Hopper cruzando Estados Unidos en sus Harley, en su Harley Davidson, atravesando por paisaje prístinos y viviendo en comunidades, encontrándose con un Jack Nicholson, saliendo también de la contracultura, siendo abogado. Es una película de culto, en realidad, con un final tan bien que no lo voy a spoilear, pero un final de esos que se recuerdan. Y otra película también que la que podríamos ver, esa contracultura fuerte de vivir al margen, en una película más actual. Es claramente Into the wild, con otros matices. Un poco más a la Thoreau que fue lo que mencioné en el primer capítulo, pero siempre con esta contracultura de huir, de alejarse de la Sociedad. Eso sí, llevándolo aún más al extremo, de huir de la ciudad, también de irse a los bosques, de ir a aislarse y a encontrarse con algo más fundamental, algo más básico. Pero dos películas totalmente recomendables y que hablan de buscar otros caminos de vías que salen de lo normal.

Y hablando de esto, y vinculando estas ideas con personajes reales que conocí, por ejemplo, lo que hablaba de este muchacho afroamericano de New York que me tocó ver en el hostal aquí en París, en esta misma época me encuentro con un personaje que coincide totalmente con esta, con esta partida más de contracultura, que era un uruguayo que estaba viajando en bici y se quedó en este mismo hostal donde mencioné al muchacho afroamericano.

En esta época coincidió el uruguayo. El estaba en la suya, estaba haciendo un viaje en bici que le habrá durado un par de años, en la que recorrió toda Europa un poco el Medio Oriente, parte del Medio Oriente y bueno, yo curioso, le preguntaba y bueno, y cómo lo hace para trabajar, no?

Bueno, eh, tengo pasaporte europeo o estaba trabajando en hostales en Porto. Tal como quiero Kerouac que trabajaba como ferroviario para luego mandarse a la ruta, como hacen tantos.

Y bueno, yo diciéndole ¿No te sientes mal, no te enfermas? ¿Como lo haces vives en carpa, me imagino?  Sí, vivo en carpa, cuando estoy solo estoy con mi bici, yo estoy fuerte, estoy pedaleando y tengo la defensa alta. El problema es cuando me mezclo con la gente y ahí me contagio.

Totalmente profético. El uruguayo es que estos personajes, por lo general más adultos que el adolescente, al menos a primera vista, están perdidos, han caído en la desmesura y que no saben dónde van. Pero es todo lo contrario, saben muy bien lo que están haciendo, sabe muy bien lo que quieren y manejan, los recursos que tienen de manera soberana manejan los idiomas, el inglés, el portugués, él lo habla perfecto, su bicicleta tenía clarísimo cómo funcionaba, si se pinchaba o no. Ahí me explicaba un poco cómo cambiaba las llantas en diferentes circunstancias y cómo racionaba la comida.

Siempre iba con mínimo dos paquetes de arroz y si tenía que comer eso por x tiempo lo hacía. No le importaba porque sabía que era, era parte de.

Entonces, en ese sentido, este tipo de viajeros son nada frágiles. Son, son una roca, son sólidos y tienen muchísimo sentido común. Y si uno tiene la suerte de hablar con ellos y que se abran un poco y que te abran el corazón, te van a inspirar, porque son ese tipo de abuelo sensato, el páter familia que te muestra el camino y te dice cómo. Entonces son personajes maravillosos, muy solitarios también, pero que sobretodo saben lo que están haciendo.

Ahí estoy dando un ejemplo un poco. La diferencia de la partida adolescente es así representada por el joven, por el muchacho afroamericano de New York sin un plan y el otro más de contracultura, de vivir al margen, pero teniendo clara las armas.

Y que, si me voy a mojar en la carpa o si voy a comer arroz por un mes es parte de. Entonces, hay distintas aspiraciones, hay distintos anhelos, no hay tantos sueños.

En la contracultura simplemente están esas ganas de huir y de no estar en lo normal. Una tercera y última partida sería la partida más madura. La partida con los objetivos claros, con planificación, con más tiempo. Es una partida en la que generalmente hay más cosas en la que uno puede perder. Yo no lo relaciono que sea una partida burguesa o una partida menos romántica, porque sí puede tener un gran romanticismo.

Uno que tiene no tiene nada, o por lo menos material o no tiene grandes amistades o familia. Para una persona así puede ser muy fácil partir y tener una vida nómade en todas partes, partiendo todo el tiempo. Es súper fácil. En cambio, a uno que puede tener un buen trabajo puede tener una pareja, puede tener toda su familia en el mismo lugar. Partir si es sinónimo para mí, de valentía, si es sinónimo de atreverse y de aventura de una gran aventura.

Entonces, para eso y para poder al final ejecutar ese plan, se necesita un trazado importante de objetivos.

Y esto me recuerda al viaje de un amigo que tenía un muy buen trabajo en Chile y con su polola novia se bueno, decidieron partir y él renunció a su trabajo y también y viajaron. El vendió su auto. Decidieron viajar por casi un año de manera indefinida, pero con un plan claro en el que después de todo este viaje, después de después de todo este descubrimiento, después de la aventura, el viajar un poco vida nómade, se iban a asentar en un país para reiniciar su vida como pareja en un segundo país. Al final lo iniciaron en Bélgica, pero fue todo bien, bien trazado y fue bien planificado y con mucha valentía, con mucha cabeza también. Y ha dado resultados. Lo he visto.

Tal vez, como siempre, hay problemas en el camino, en encontrar trabajo en lo tuyo. Pero con el tiempo las cosas se dan y sobretodo si sales con un poco con tu financiero, te puedes dar ese lujo de no caer en trabajar en cualquier cosa, si es que realmente te gusta lo que haces.

Y vinculando esta partida más madura con el arte. Podría mencionar al pintor francés Paul Gauguin, que fue uno, que ya maduro, ya mayor decide alejarse de la artificialidad de París de ese impulso un poco burgués y se va. Primero busca inspiración en Bretaña, en esa zona más verde, que es el jardín de la de Francia y para después irse hasta la Polinesia Francesa en Tahití, donde encontraría otros colores, otra paleta de colores y otros paisajes, encontraría otro tipo de caras, encontraría el mar, encontraría el mar turquesa, encontraría rostros morenos, rostros exóticos que lo cautivarían y sobre todo, también saldría del ruido y los estímulos burgueses y de la no productividad que encontraba en París.

Encontraba que ya estaba estancado. Entonces necesitaba salir y ya como pintor maduro lo podía hacer. Tenía los recursos y para él fue súper productivo. Fue una época súper productiva en su carrera artística como pintor. Entonces, bueno, ahí está el ejemplo de Gauguin, una partida más madura, una partida con objetivos de carrera profesional. Pero hay otra partida que incluso es más, más válida para mí, que es la partida de encontrar un porvenir mejor para ti o para tu familia. La gente que me contacta en mi cuenta de Instagram y en el blog por la reconversión profesional.

Muchos me preguntan hoy cómo es la vida en Francia, cómo es vivir allá. Y yo les cuento y algunos se desaniman y me dicen bueno, tengo un hijo y con mi marido estamos buscando un futuro más auspicioso para nosotros, lo que es súper válido, súper válido.

Y el mayor miedo es el tiempo, que es muy tarde. Si el tiempo puede ser un enemigo, pero solo si lo dejas, no puedes dejar que pensamientos como, “es que yo ya eche raíces acá”. No, eso no, eso no existe. Uno puede enraizar esas raíces en otro lugar. El ser humano es completamente adaptable y no puedes decir no, es que tengo todo por perder. No, al contrario, tienes todo para ganar.

Así que vuelvo a Thoreau,

“Cuando un hombre ha obtenido calor y buen alimento, existe otra alternativa. Aparte, de obtener cosas superfluas, la de arriesgarse en la vida”.

Cada historia es distinta. Eso de que no es el mejor momento para partir, es siempre ahora. Bueno, eso en parte es verdad, porque nunca sabemos el mañana, nunca sabemos el porvenir, pero por probabilidades sabemos que mañana vamos a estar acá y yo no sé que es lo que quieren. No sé si quiere ir a Japón y necesita equis plata para aprender japonés allá para una visa de estudiante. No sé si quieres hacer un viaje por el mundo por un año, así que no, no puedo decirte, no me puedo meter en tu bolsillo, no me puedo meter en tus sueños y eso es súper personal. Lo que sí es que con un buen plan, la probabilidad que las cosas funcionen es más alta, pero si no el partir más adolescentes, seguir ese estímulo tan básico, fundamental que es seguir la aventura es súper válido y yo lo aconsejaría al menos una vez en la vida, seguirlo, ya que es la mejor escuela emocional que uno puede tener en la vida.

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