Posibilidades – Kierkegaard

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Posibilidades - Kierkegaard
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Posibilidades – Kierkegaard

Mis alas ?

Dos pétalos podridos

mi razón?

copitas de vino agrio

mi vida?

vacío bien pensado

mi cuerpo ?

un tajo en la silla

mi vaivén ?

un gong infantil

mi rostro ? 

un cero disimulado

mis ojos ?

ah! trozos de infinito

Alejandra Pizarnik – Yo soy

Ay Alejandra…que manera de transmitir tristeza, y angustia. Es que eso es lo que hace la gran poesía : Desde lo particular del otro, uno se puede ver reflejado.

Sus alas, su razón, su vida, su cuerpo, su vaivén y su rostro son objetos de autodesprecio. Una autoconciencia de sus defectos, o en su caso de una autoexigencia demasiado severa que le causa angustia o incluso depresión. Alejandra se consideraba fea al lado de su bella hermana,  todo en ella no es suficiente, y pareciera ser defectuoso, salvo sus ojos. Que son aquellas herramienta con la que descubre la otredad

mis ojos ?

ah! trozos de infinito

El infinito. Eso es lo que lo salva, las posibilidades aunque remotas de cambiarlo todo.

Emito este episodio en periódo de angustias. La angustia como decía en el primer episodio es un miedo presente a un futuro latente, es una amenaza, que nos produce un estado de agitación, un miedo a que pase algo que nos paraliza.

Y en cierta medida en los últimos dos años, primero a causa  del COVID, y ahora, con la invasión rusa de Putin a Ucrania estamos en algún  modo paralizados. En los periodos de confinamiento era despertarse y estar desocupado, es más, gracias a esa angustia cree el Podcast. 

Pero volvamos a lo general. Es la nada lo que engendra la angustia. Mejor dejo al bueno de Soren Kierkegaard en su libro El Concepto de la Angustia que lo explique:

La angustia no es concreta. La angustia es la realidad de la libertad en cuanto posibilidad frente a la posibilidad. Esta es la razón porque el bruto no posee angustia.

Realidad y posibilidad, voy a volver mucho sobre estos dos temas que el filósofo danes machaca sin cesar en su texto. Para Kierkegaard el bruto es el ser que no posee espiritualidad. El que de alguna forma es inocente e ignorante de sus posibilidades, aquel que vive sumergido tanto en el momento que no puede ver más allá. El que de alguna forma no se conecta nunca con sus anhelos más profundos y con lo que lo hace vibrar. Para este individuo, el instante lo es todo, y la realidad es el tope de lo terrible, ya que no se puede imaginar un escenario de quedarse corto con sus deseos, simplemente porque los ha bloqueado. Sigue el vaivén de la inmediatez, cosa que  siempre es más fácil en la vida, sin entender que la recompensa también es proporcionada. Por lo mismo no conoce mayormente la angustia, pero no por eso es un ser pleno.

Ojo, Kierkegaard no se refiere a aquellos que ya encontraron esa actividad que los enciende tocando la guitarra, o que diseñando un retrato, o que jugando al fútbol encuentran el sentido en la vida. Si este es tu caso, afortunada o afortunada amiga y amigo ya te has acercado a lo que amas, y por lo mismo quién eres se te ha revelado, al menos en ese momento. Porque la identidad del ser siempre es un devenir.

Kierkegaard en una correspondencia con su futura esposa ya nos daba un indicio de estas grandes esperanzas existenciales:

Lo que me importa es entender el propio sentido y definición de mi ser, ver lo que Dios quiere de mí, lo que debo hacer. Es preciso encontrar una verdad, y la verdad es para mí hallar la idea por que este dispuesto a vivir y morir

En esta definición podría nacer el existencialismo. Hallar una verdad, y la verdad para mi es hallar la idea porque esté dispuesto a vivir y morir. Es interesante que siendo Kierkegaard cristiano y viviendo en el siglo XIX no nos habla de una verdad dogmática ni maximalista a seguir, sino todo lo contrario, una subjetiva que le de sentido solo a él. Ser sincero conmigo mismo.

El problema de tomarse allá existencialista esta búsqueda de la verdad por la que estar dispuesto a vivir y morir es la frustración. Hay tantas cosas maravillosas en este mundo. Hay tantas cosas por descubrir, y conocer. Siento que los días son tan cortos, y sé tan poco sobre la vida, y cada vez que sé un poco más, me doy cuenta que sé menos. Esa es la sabiduría socrática que Kierkegaard tanto admiraba “el solo sé, que nada sé”.

Pero me desvío. El porqué angustia tomarse en serio esa búsqueda existencial  es porque podemos elegir, porque hay libertad. 

La posibilidad de libertad consiste en que se puede. Entre estas dos categorías, realidad y posibilidad, emerge una intermedia: la angustia. La angustia es una libertad trabada, donde la libertad no es libre en sí misma, sino que está trabada, aunque no trabada por la necesidad, más por si misma.

Ahh la preciada libertad le hace tanto daño al ser más sensible o espiritual como diría Kierkegaard Es quien está educado en las posibilidades a diferencia del bruto, y su tormento y sufrimiento son infinitos, ya que son infinitas las posibilidades y los escenarios que se le proyecta al afirmar la libertad. Este es el individuo que se imagina fracasando en toda empresa, que se imagina engañado por su pareja, que piensa que toda despedida es definitiva, entre otras. No es que sea negativo, sino que está educado en la posibilidad y prevé situaciones, por lo que su angustia, como categoría intermedia entre realidad y posibilidad es muy grande. Suena terrible y para nada seductor acercarse a esa forma de ser haciendo vívidas sus posibilidades, ya que quien las vive a fondo comprenderá que estas superan a la realidad.

Sé  lo que estás pensando. Para que carajo me voy a ahogar en un vaso de agua, para que me voy a hacer más difícil la vida con lo complicada y sufrida que ya es. Kierkegaard diría que seguramente no has encontrado esa verdad para que vivir y morir. El que verdaderamente está en una empresa deliberadamente con sentido imaginará estas posibilidades negativas y se angustiara mucho. Pero si este ser es lo suficientemente honesto consigo mismo y se atreve a mirar a los ojos a estas posibilidades aceptándolas tal cual son, aprenderá a domar a la angustia, y no solo eso, tendrá en ella una aliada. Haciéndose  más fuerte cubriendo todos los flancos que las posibilidades les acechan.

 Al final del día somos seres que nos proyectamos, necesitamos hacerlo, nos es inevitable y es lo que nos diferencia del resto del reino animal ¿Y qué es vivir en el presente de todas maneras?

El presente no representa ninguna línea divisoria, no posee ningún punto de apoyo. Cuando lo saboreamos este ya  se escurrió. Es solo un punto más en la sucesión infinita del tiempo. En cambio sí hay futuro o proyectos, y también como decía Heidegger, que claramente tomó este concepto de la angustia para su obra maestra Ser y tiempo, también hay un pasado o una historia. De hecho somos la interpretación de esa historicidad, somos seres con historicidad, seres con una trayectoria vital, la cual  nos va definiendo y cubriendo con una especie de estela de vivencias creando una y otra vez nuestra identidad.

Como decía Whitman en su poema del canto del camino abierto:

Así y todo voy con mis deliciosas cargas

Los llevo, hombres y mujeres, los llevo conmigo a donde sea que vaya

Lo juro que es imposible para mi deshacerme de ellos,

Estoy maravillado con ellos, y ellos estarán maravillados en agradecimiento

Ahora Kierkegaard hace la diferencia del presente con el instante. Ese instante en que todo hace sentido, al que  generalmente el ser más sensible tiene acceso. Ese instante no es presente, sino que es una abstracción del tiempo, es lo que él llama lo eterno. Es la plenitud. Esta eternidad todo lo contiene, el pasado y el futuro, es casi atemporal. Y para los físicos podría ser incluso un concepto bastante cercano a la teoría de relatividad de Einstein, ojo, no sé casi nada de física, pero hago el comentario para darle valor a la filosofía que junto con la ciencia intentan dar respuestas al misterio del Universo.

Entonces recapitulando. Lo posible corresponde por completo al futuro. Lo posible es para la libertad lo futuro, y lo futuro es para el tiempo lo posible. Libertad y posibilidad están completamente ligados.

Es por eso que la angustia se proyecta hacia el futuro. Si algo parecido nos acosa con respecto al pasado, es que algo la impide ser pasada. Pues si realmente fuese pasada, entonces no podría angustiarme, sino solo arrepentirme.

A ver, para que se entienda. Cuando nos reviven esos fantasmas y recordamos  alguna humillación vivida, y sentimos una  especie de angustia, es porque aquella angustia no está enterrada aún, sino que tememos que algo o alguién la reviva. Tememos al bromista o al testigo de ese momento fatal que reaviva el fuego de la humillación. Es una amenaza latente del futuro. Es distinto a arrepentirse que solo tiene que ver con el pasado.

Pero todo esto lo vive el ser espiritual de Kierkegaard. Ahora hablemos un poco de su contracara, el bruto o el ser no espiritual que no tiene angustia.

En el hombre sin espiritualidad no hay ninguna angustia; es un hombre demasiado satisfecho y falto de espíritu como para poder angustiarse. Sin embargo la angustia está al acecho.

Lo visualizo como a Don Ramón con el señor barriga del chavo del 8, serie popular en toda latinoamérica, inclusive en Brasil, donde es llamada o chaves do 8 jajaja. Disculpen, me da risa. Don Ramón, eternamente atrasado en pagar su alquiler, no es que viva angustiado imaginando las posibilidades de que él y la chilindrina, su hija para los bichos raros que no conocen el Chavo, se queden sin hogar, y visualice a su hija sin educación y quien sabe haciendo que en el futuro. No. Don Ramón para Kierkegaard está claro que nunca se metió en la escuela de la posibilidad o sino no podría dormir y tendría pesadillas y se vería impulsado a cambiar su destino y el de su hija. En cambio vive en la inmediatez y en la vagancia y solo la angustia le acecha cuando el señor barriga aparece para cobrar los meses atrasados, a lo que él replicará con inventiva y picaresca o plena charlatanería.  Y de fracasar, bueno, es culpa del destino, nunca de él. Tal vez el porqué este arquetipo del charlatán en latinoamérica sea tan popular explique el secreto del éxito del Chavo, el personaje es más real que yo y tu, y nos recuerda a más de algún conocido o amigo.
En resumen, Don Ramón no conoce ni tiene culpa.

En cambio el ser sensible y que entienda el peso de la libertad entenderá la culpa. Al volcarse hacia sí mismo comprenderá sus posibilidades y el alcance de su libertad.

La libertad lo que teme es hacerse culpable(posibilidad). De ahí que la libertad, una vez puesta la culpa, retorne en seguida como arrepentimiento.

La relación de la libertad con la culpa es la angustia, ya que la libertad y la culpa son todavía una posibilidad.

La culpa es una representación concreta y en relación de la posibilidad con la libertad se va tornando cada vez más posible.

La angustia desaparece cuando llega la culpa. La angustia siempre está al acecho; como cuando vamos a ser controlados por un autoridad, ya sea policial, o escolar,  o cuando vamos conduciendo muy rápido, o cuando te quedan residuos de marihuana en la mochila, o cuando vieron que miré hacia al compañero de banco al lado. El control nos angustia.

Este individuo no teme ser visto como culpable, sino serlo. Totalmente contrario al bruto de Kierkegaard, que teme ser visto como culpable, poco importa si lo es o no. Este primer ser más sensible y espiritual tiene que vérselas siempre con la libertad crudamente, y esta posibilidad proyecta la culpa. 

Tal vez el ejemplo más virtuoso de este concepto de culpa lo da Dostoievski, otro existencialista pero en novelas, con su clásico Crimen y Castigo. En esta novela Dostoievski narra la historia de Raskolnikov un estudiante que decide exprofeso cometer un crimen ajusticiando y librando a la comunidad de una usurera. Sin embargo, tras cometer el crimen Raskolnikov ni en su peor pesadilla habría imaginado el tormento psicológico que le vendría. Y créanme que no les hago nada de spoiler de esta enorme novela del gigante ruso, ya que el gran Fiodor Dostoivski no le interesa el crimen al que le da un poco más de 100 páginas, lo que le interesa es el castigo, es la culpa, el tormento y la angustia de quien ha cometido el crimen.

Como decía el querido Sabato sobre Crimen y Castigo “cuando la leí por primera vez pensé que era una novela policial, cuando la leí por segunda vez pensé que era una novela psicológica, y cuando la leí por tercera vez pensé que era una novela sobre la vida y la muerte”

El remordimiento no puede abolir el pecado, lo único que puede es entristecerse por él. El pecado avanza en el sentido de su consecuencia y los remordimientos le siguen paso a paso, pero siempre con un instante de demora infranqueable. Ahí la angustia alcanza su cima más alta. Los remordimientos han perdido la razón y la angustia se concentra en los remordimientos.

Para este sujeto la consecuencia del pecado es una pena aflictiva y por su parte, la perdición viene a ser la consecuencia del pecado. Raramente se encontrará tal estado de alma en las naturalezas del todo corrompidas, pues, por lo general, solamente se da en las naturalezas más profundas.

La angustia encuentra su cima más alta entre el remordimiento y la consecuencia de lo que llama pecado Kierkegaard. Ese momento en que las cagamos y empiezan a llegar las consecuencias y la razón se va al tacho. El momento en que somos conscientes de nuestro acto. Háganse un favor y lean a Dostoievski, sé que sus libros asustan por su extensión, pero se leen solos y te cambian para siempre.

Kierkegaard también habla de lo demoníaco, que es el ser que está en el mal o pecado, o lo que no te deja dormir en términos subjetivos, y se angustia por el bien. Por ejemplo,un criminal empedernido no quiere confesarse reo por nada del mundo; en esto estriba precisamente lo demoníaco, en que no quiera comunicarse con el bien a través de los sufrimientos del castigo.

Esta tensión interna provoca una parálisis, un ensimismamiento y tormento. 

Lo que el ensimismamiento oculta en su clausura puede ser tan espantoso que no se atreva a manifestarlo a nadie, ni siquiera a sí mismo. Es como si tuviera la impresión de que manifestarlo equivalía a cometer un nuevo pecado o ser tentado otra vez. Para que ocurra este fenómeno es preciso que en el individuo se de una mezcla de pureza e impureza, mezcla que poquísimas veces se da.

Por ejemplo, el caso de un ser que durante una borrachera hizo algo que luego recuerda oscuramente, aunque sabe muy bien que se trataba de una salvajada tan grande que casi le resulta imposible reconocerse a sí mismo. No querer entrar en el recuerdo demoníaco es lo demoníaco

Este ejemplo de la borrachera para mi es clave, tantas mañanas levantándome lleno de angustia con recuerdos borrosos y con miedo de que algo o alguien reviva esos momentos demoníacos donde uno ni siquiera se reconoce. Podemos intentar huir de la situación en cuestión, pero esos instantes ya han marcado nuestra psiquis. 

La angustia es tan fuerte en algunos momentos, que queda marcada en nuestro inconsciente y se nos aparece en todas partes. Un ejemplo lo da Freud en su Interpretación de los sueños cuando se pone a explicar los sueños más recurrentes y detalla el sueño de rememorar un examen clave, tipo un examen de grado, o una tesis. El sueño está cargado de angustia y por lo general se falla el examen en la ensoñación.

Es por eso que para Kierkegaard debemos buscar hacia dentro, hacia la interioridad. Y si no la tienes, se construye con la reflexión y comprender el contenido de nuestra conciencia, y el contenido más concreto de la conciencia es el entendimiento de ti mismo, es la conciencia del individuo mismo.

¿No has comprobado acaso que él(YO) está simultáneamente en trance de devenir? ¿Cómo iba a ser entonces un objeto acabado de la contemplación? Por lo tanto, esta conciencia del yo es un acto, y este acto es a su vez la interioridad.

Cuando la interioridad no responde a esta conciencia tendremos lo demoníaco, que es la falta de interioridad que se manifiesta como angustia.

Volvemos a la posibilidad, nuestra identidad no es algo definitivo, siempre está deviniendo, porque siempre está volcado hacia el futuro y anclado en la historicidad. Somos posibilidades, por eso cuesta tanto comprender el laberinto interno y ser consciente de nuestra particularidad, ya que esta siempre va cambiando.

Para Kierkegaard la educación de la posibilidad es lo vital porque significa interioridad y seriedad, que no es no reír, sino la determinación de lo eterno en el ser, que es la búsqueda de esos instantes de plenitud. Pero se teme a lo eterno y se le destruye con una vida volcada en la inmediatez.

Según Kierkegaard la soledad y la nada son la mejor educación de posibilidad, incluso más que vivir momentos estelares de la humanidad.

Kierkegaard 307 (Héroes vs páramos)

Tal vez un momento de conciencia de finitud y de conciencia de lo eterno nos lo da Dostoievski, en el Idiota, cuando describe el momento autobiografico cuando es al pelotón de fusilamiento.

Dostoievski – Idiota PÁGINA 118-119 (Según contaba, esos cinco minutos le parecieron…)

Dostoievski es finalmente salvado a último momento. Pero por sus escritos se comprende que era realmente alguien educado en la angustia, ya que entendía las posibilidades y sobre todo era consciente de su finitud. Para eso se necesita ser honesto consigo mismo.

Y me inicio a despedir con un último extracto de Kierkegaard y su obra del concepto de la angustia.

Todos han de aprender a angustiarse. En que no lo haga, de una u otra manera se busca su propia ruina: o porque nunca estuvo angustiado, por haberse hundido del todo en la angustia. Por el contrario, quien haya aprendido a angustiarse de la debida forma ha alcanzado el saber supremo. Tanto más perfecto será el ser cuanto mayor sea la profundidad de su angustia.

Tal vez como decía Heidegger el mejor consejo para entender la angustia y las posibilidades es visitar más a menudo cementerios.

Hasta la vuelta chau!

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