Vagabundeo – Jack London

Monólogos
Monólogos
Vagabundeo - Jack London
/

Vagabundeo – Jack London

jack london

“Se olvidaron del mundo y de sus costumbres,
y el mundo se olvido de ellos”
Jack London

 

Transcripción

Navegar es necesario, vivir no es necesario

Pompeu, General Romano

Hola a todas y todos. Inicio con esta frase marítima atribuida al General Romano; Pompeu, del primer siglo AC, donde supuestamente en plena tormenta éste arengaria a su tripulación en alta mar ordenando que sus naves partieran hacia Roma con la carga de trigo de Sicilia y Cerdeña. Navegar aquí tiene un indole imperativo, de acatar.

Esta frase la vi por primera vez escrita en algún muro en Portugal, Navegar e preciso del poeta portuga, Fernando Pessoa. Portugal, pueblo navegador, que tiene más portugueses fuera de su territorio soberano, que en el propio Portugal. Aquí la connotación sigue teniendo la connotación de deber, pero un deber más íntimo, el deber de la conquista, de la aventura, del romance.

Y precisamente hablando de aventura, de romance, del espíritu indomable de lo salvaje es que presento al protagonista de este segundo capítulo de vagabundeo, a mi queridisimo escritor de finales del siglo XIX y principios del XX; Jack London. También contrabandista de almejas, minero de carbón, tripulante de buques de caza de foca, obrero de fábrica,  entre muchos otros. 

Le dedico a él este episodio porque en el episodio anterior hablé de Jack Kerouac, alguien a quien le causó una tremenda impresión los escritos de London, sobre todo su Diario de Viajes, llamado El Camino. En estos textos London narra una serie de cuentos, o historias en su época de 16 a 17 años en la década de los 90’ en EE.UU durante su vida como vagabundo.

Hay varias historias notablisimas, pero empecemos por como Jack London decide convertirse en hobo o vagabundo.

“Me convertí en un vagabundo, bueno, por la vida que estaba dentro de mí, del espíritu viajero en mi sangre que no me dejaba tranquilo. La sociología, fue un mero accidente, vino después de la misma forma que una piel mojada sucede a una zambullida. Fui a el camino, porque no lo podía mantener lejos de mi, porque no tenía la plata para el billete de tren en mi bolsillo, porque estaba tan convencido que no podía trabajar toda mi vida el mismo oficio, porque, bueno, simplemente era más fácil hacerlo que no hacerlo”

Jack London, Road Kids and Gay Cats

Aquí ya percibimos dos cosas, la escritura simple y vivida de London, y su entrega honesta a sus instintos. En este cuento o episodio de su diario de viajes, previo a convertirse en un Hobo, London era ya conocido en Oakland como el príncipe de los piratas de almejas, como un duro, un matón, un joven problemático.

Entre estas aventuras, cuenta como luego de recuperar un bote confiscado de su amigo, Whiskey Bob, jaja que nombres. Se dirigen desde Oakland a Sacramento. Ahí en la bahía bañándose con sus amigos, perciben a otro grupo de jóvenes de alrededor 15 a 16 años como ellos, pero que hablaban distinto. Rápidamente la tripulación de Jack, inicia a intercambiar con estos niños, y queda magnetizado con ellos. Era un grupo de Road Kids, cómo se hacían llamar. Y escuchándolos, con cada palabra, Jack,  sentía el llamado del camino.

“Cuando estaba en Alabama”  empezaba diciendo uno ya sentados en el muelle “Hablando de trenes, espera hasta que llegues a Pensylvaniam cuatro vías, ninguna cisterna, tomas agua en el camino” decía otro “El Pacifico norte es un mal camino ahora” respondía otro tomando sol en el mismo muelle.


“Y yo continuaba yaciendo en la arena y escuchaba. Estos vagabundos hacen ver mi piratería de almejas como 30 centavos. Un nuevo mundo estaba llamándome en cada palabra que era hablada – un mundo de barras, y puertos, guardias, chozas, vagones, inspectores, y escapes. Y todo se deletreaba A VEN TU RA.
Muy bien, yo abordaría este mundo. Me alinee junto a esos niños del camino. Era tan fuerte como cualquiera de ellos, tan rápido, tan audaz, y mi cerebro era tan bueno como el de ellos”

 Y así inician los años de vagabundeo Londoniano. Me parece bellísima la claridad con la que Jack London describe el descubrimiento de esa tribu que inconscientemente él anhelaba encontrar. Como viñamarino, entiendo bien la felicidad que da el mar en compañía de amigos en las que el verano se extiende hasta el infinito en una promesa de libertad. ¡Eso es lujo! Amigos, y el mar.

Pero a diferencia de Kerouac, Jack London, tal vez por las circunstancias de un mundo más antiguo, básico y sobre todo precario, él si se vio en casos de delitos, menores, pero delitos al fin. Como cuando le roba un bonet a un señor chino, lo que era un símbolo de su bautismo y membresía al grupo. O cuando le robaban a los borrachos, quienes eran sus presas favoritas. Estos niños podrían parecer adorables individualmente, fuertes e independientes, pero en grupo era una manada de lobos que podían despedazar a la bestia más violenta. 

También, en este cuento hablan de la fauna de vagabundos, en las que destacan los gay cats, o gatos felices. Hay que recordar que la palabra gay, solo hasta bien entrado el siglo XX inicia a tener una connotación de homosexualidad. Estos gay cats eran novatos del camino, casi siempre hombres adultos. Y en la cúspide de la pirámide se encontraban los profesh, quienes eran la aristocracia del camino. Los señores y maestros, el hombre agresivo y violento, el noble primordial , la bestia rubia como decía el viejo Nietzsche.

“Esa magnífica bestia rubia codiciosa de botín y de victoria; de cuando en cuando necesita desahogarse, el animal tiene que salir de nuevo afuera, tiene que retornar a la selva: la aristocracia romana, árabe, germánica, japonesa, los héroes homéricos, los vikingos escandinavos – todos ellos coinciden en tal imperiosa necesidad… Pericles destacaba con elogios la despreocupación de los atenienses, su indiferencia y su desprecio de la seguridad, del cuerpo, de la vida, del bienestar, su horrible jovialidad y el profundo placer que sienten en destruir, en todas las voluptuosidades del triunfo y la crueldad” 

Nietzsche – La Genealogía de la moral

 

Disculpen, no podía evitarlo, pero en el mismo cuento Jack London, mencionaba a la bestia rubia. Hay que recordar que estamos a finales del siglo XIX en Estados Unidos, un país con poco más de 100 años de vida, y que sobretodo en su costa oeste, de donde es oriundo Jack London, hacía alusión a ese mundo sin reglas, al lejano oeste, donde las leyes no alcanzaban su circunscripción. Esa bestia rubia o profesh era el animal dominante, nunca domesticado, siempre solitario, o solo visto con pares. Despreciador de todo lo no aristocrático, claramente en términos Nietzschianos, y Londonianos de vagabundeo. 

Y aquí hay algo recurrente, la aparición de este arquetipo al que Nietzsche llama la bestia rubia. El que hoy es considerado un bárbaro, pero solo luego de la transmutación de valores que se ha dado en los últimos siglos, en la que lo bueno de hoy, antes era malo, pero en fin, no voy a filosofar e irme por la tangente Nietzschiana.

El temor a este personaje pujante de libertad y poder, obliga a la aplicación de leyes sumamente exageradas de aquella época. Siempre en su Diario de viajes, en el capítulo Pinched Jack London es parado por un policía en Niagara Falls, que lo termina arrestando por vagrancy, o sea por vagancia. Solo por ir caminando en un barrio residencial donde él no vivía. En la corte, le es dado un mes de prisión, sin nisiquiera tener derecho a voz. 


De la forma que se le mire era un mundo más rudo, más injusto, donde el más fuerte abusa del más débil, en toda esfera. Hay que añadir, que en esa época, London, pasaba largo tiempo golpeando puertas en distintas casas pidiendo limosnas. Ahí es donde a través de la improvisación, la adaptación de su discurso a la persona que lo recibía, él iniciaría a desarrollar su capacidad de contar historias. Una habilidad determinante entre el éxito o fracaso de un vagabundo. El saber contar una historia.

Es interesante su percepción de que en la mayoría de las casas más grandes casi siempre era rechazado, mientras que en las pequeñas y humildes chozas, la suerte cambiaba -nunca abandonan al hambriento- como él decía . Es algo que hasta el día de hoy se puede notar, por ejemplo, al hacer dedo o pedir un aventón, o incluso haciendo couchsurfing. Hay un cierto tipo de gente, que no son los que tienen más, quienes están dispuestos a ofrecer una mano.

Pero volviendo a esta habilidad de contar historias, aquí un extracto del capítulo Pictures donde embauca a un par de señoras.

Me apropie de todas las aventuras de los otros vagabundos que conocía. En realidad, y si esas señoritas hubieran sido menos confiadas e ingenuas, ellas podrían haberme enredado hermosamente en la cronología de mi historia. Bueno, bueno, y qué tanto? Era un intercambio justo. Por sus varias tazas de café, huevos revueltos y tostadas, yo les daba un valor completo. Derechamente les daba entretenimiento. Mi sentada en su mesa era su aventura, y la aventura está más allá de cualquier precio, de todas formas”

Para los que piensen que estoy haciendo apología al vagabundeo criminal o embaucador no es así. Solo pongo en escena las luces y sombras de este enorme personaje que fue Jack London, de su astucia y anhelo de vivir. En este mismo capítulo, y en el mismo día, Jack London, es invitado por un grupo de gitanos esperando el tren a comer con ellos. Y ahí es donde ve que en esta comunidad patriarcal, un hombre, el líder aparentemente azota violentamente primero a un niño, y luego a la madre de uno de ellos con un látigo. London queda totalmente violentado por el escenario, y al intentar hacer algo es detenido por los otros gitanos.

“El máximo rasgo distintivo entre el ser humano y los otros animales, es que el ser humano es el único animal que maltrata a las hembras de su tipo. Es algo que ningún lobo, ni cobardemente un coyote ha sido culpable. Es algo que ni siquiera el perro, degenerado por la domesticación haría. Los perros aún retienen el instinto salvaje en esta materia, mientras que el hombre ha perdido la mayoría de sus instintos salvajes, al menos, la mayoría de los buenos”

Esa es la agudeza social que desarrolla Jack London viajando. El conocer realidades, y desconstruirlas. La violencia contra los propios pares femenino, es una distinción humana, y algo que  nunca la bestia rubia de Nietzsche haría.

Pero volviendo a la capacidad de contar historias. Tal vez mi capítulo favorito, y me gustaría pensar que el de Jack Kerouac también, es el Hoboes That Pass in the Night. O Vagabundos que pasan en la noche. En el que London ya consolidado como esa criatura poderosa que viaja sola, se encuentra en un invierno terrible yendo hacia el Este colándose en trenes de carga, donde es una y otra vez perseguido, golpeado, echado por los bulls o guardianes de estos trenes. En este viaje que dura semanas, como algunas veces ocurre en rutas de largo aliento, se encuentra múltiples veces con pares de ruta.

Y en una noche terrible de tormenta invernal, Jack London logra colarse a un tren de carga, y pese a que al poco tiempo es pillado por un Guardia, este no tiene la frialdad para echarlo, pero tampoco para dejarlo cómodo en un vagón. En vez, le indica de ir hacia un cargadero a unos metros de distancia, dudando si la información es verdadera o no, finalmente London decide hacer caso, de todas formas era eso o ser expulsado. Encuentra este vagón, lo trepa y entra en él. El guardia no lo había engañado, efectivamente ahí no lo iban a echar, pero ya habían exactamente 84 vagabundos atiborrados dandose calor en esa fría noche invernal. Luego de pisar un par de rabiosos vagabundos, finalmente uno toma a Jack y lo lanza, cayendo sobre otro aun más fuerte y virulento, quien lo vuelve a lanzar, y así continua, London siendo apaleado de un lado a otro, hasta caer inconsciente en un espacio vacío donde puede yacer quieto. Había sido iniciado en esta muchedumbre belicosa y jovial. Al despertar, todo el resto del día, él y 84 vagabundos eran transportados en ese cargadero atravesando la tormenta de nieve.
Y se había decidido que para sobrellevar el viaje y por entretenimiento cada vagabundo contaría una historia. Se había estipulado que cada historia debía ser buena, y que además, tuviera que ser una historia nunca antes escuchada. El castigo por faltar a estas reglas era pasar por la máquina trituradora como era conocido el método con el que fue lanzado de lado a lado y bautizado en el cargadero Jack London.

Cito al bueno de Jack:

“Nadie fracaso, y quiero decir aquí mismo que nunca en mi vida asistí a una narración de historias tan maravillosas. Aquí éramos 84 hombres de todos los orígenes del mundo – y conmigo hacíamos 85; y cada uno de ellos contó una obra maestra. Tenía que ser así, ya que era eso, una obra maestra o la máquina trituradora”

No sé a ustedes, pero este pasaje me transmite una calidez muy íntima. La desesperación de alguien muriendo de frío y encontrar esta banda de narradores vagabundos, es surrealista. Sacado de otro planeta, de un buen planeta al menos. Es la camaradería en su estado más noble, desconocidos contando historias. Viviendo.

Este capítulo continua y el grupo de vagabundos en una parada del tren envía un telegrama, jaja qué siglo XIX, un mensaje a las autoridades del pueblo de la siguiente parada, diciendo que iban a llegar 85 vagabundos a medio día y que sería una buena idea tenerles almuerzo. Podían alimentarlos o enviarlos a prisión. En este último escenario tendrían que alimentarlos de todas formas. Al final, las autoridades decidieron sabiamente darles esta única comida , lo cual les salia mas a cuenta.

La verdad es que este diario de viajes es muy de época, y si bien Jack London solo vivió un par de años como vagabundo, estos marcaron a fuego su vida, en rasgos tan nítidos como un miedo a la policía para siempre. Incluso estudiando Sociología años después, en Berkley, cada vez que la policía iniciaba chequeos y registros él no podía evitar huir corriendo de la perdición que simbolizaba la policía, pese a que ya largos años habían pasado desde que había dejado de vagabundear.

Me he alargado bastante con este hermoso Diario de Viajes, el cual se los recomiendo vivamente a todos los que estén interesados en este tema de viajes, y vagabundeo. Personalmente, Jack London es muy querible, y es de esos escritores que te abren puertas, y que te inculcan la sed de la lectura, ya que es muy entretenido, las aventuras, la dinámica y la acción son el eje de su escritura, en mundos más primitivos y despiadados.

Por eso tal vez los héroes Londonianos siempre tienen que fortalecerse a palos en mundos con nuevas reglas para poder llegar a sobrevivir. Tal es el caso en tripulaciones de ballenas en Lobo de Mar, donde un náufrago burgués es rescatado por un buque ballenero comandado por un terrible y cruel capitán, o también en la búsqueda del oro en Alaska, en Cuando los Dioses rien.

Pero si me tengo que quedar con un solo libro de Jack London, con una sola transformación, con un solo héroe. Ese libro es La llamada de lo salvaje, y su héroe el mestizo, mitad San Bernardo, mitad Collie, Buck. Si, estoy hablando de un perro.

La llamada de lo salvaje fue para mi  la primera vez que fui absorbido por un libro, fuera de biografias, en mi adultez  . Recuerdo haber estado leyendo este pequeño libro en el tren que conecta París al aeropuerto Charles de Gaulle, iba encontrarme con alguien que me iba a entregar una maleta…mmm jajaja eso no suena bien, parece historia de narcos, me descubrieron… vendo drogas acá en París.
Bueno, como fuese, no sabía que para tomar ese tren, que tiene el mismo acceso al metro, había que pagar  una tarifa especial. Entonces, en el trayecto aparece un controlador, yo tranquilo leyendo, hipnotizado por la historia, hasta que me controlan y me hacen entender que mi ticket de metro no es válido, y que debía pagar 30 euros. Me sentí violentado, y ultrajado por pagar algo que nunca entendí que se tenía que pagar. Y sobre todo porque esos 30 euros en ese momentos recién llegado a París, sin trabajo, me dolían. Pero ya venía de varios meses en el sur de Francia, donde yo mismo ya había iniciado mi transformación. Había puesto a prueba mi voluntad en la soledad del campo francés, y también mi resistencia física con horarios duros y el rigor del trabajar con las manos. Reclamé un par de segundos, pagué, y me volví a sumergir en la transformación de Buck…en nuestra transformación.  Eso era lo único que importaba, Buck me hacía sentir fuerte, ni la burocracia, ni la mala señalética iban a desmoralizarme. Tenía una historia, y eso era suficiente.

Pero me estoy adelantando. Buck es un perro quien en su plácido pasar en California es raptado y luego vendido en contrabando a Alaska, donde llega a ser explotado como animal de carga arrastrando trineos. Y me detengo acá para no seguir arruinandoles la trama, pero se pueden imaginar el profundo cambio de animal domesticado, viviendo en seguridad, a la bestia explotada. Es un retroceso, una vuelta a lo básico, un despertar animal, vital. Es esencialmente darwiniano, un libro muy muy profundo, con símbolos entendibles para todo el mundo.

Muchas veces me digo, y si cayera un meteorito, o bien  ocurriera un evento extraordinario que destruyera el orden establecido. Y todo nuestro progreso desapareciera de un segundo, a otro, y así el ser humano especializado con ello. 

Con qué tipo de vida nos encontraríamos?

 

Bueno,  El llamado de lo salvaje es cuando el orden es destruido y la vida se resume en adaptación, o muerte. Les voy a dejar algunos extractos que ponen mucho más en valor la historia, que mi divagar.

Como por ejemplo cuando Buck escucha por primera vez a sus antepasados, los lobos.

 

“En las noches entonaban un canto nocturno, una balada mágica y extraña a la que Buck se sentía encantado.
Prolongados, gemidos y aullidos que profesaban el lamento de vivir. La expresión del dolorido trabajo de la existencia. Era una tonada antigua , tan antigua como la misma especie. Una de las primeras baladas de un mundo más joven, en aquellos tiempos que las canciones eran de tristeza y eran impregnadas por el dolor de incontables generaciones. Y esta queja conmovía a Buck. Y cuando gemía y sollozaba lo hacía con el dolor de estar vivo. Que era el dolor ancestral de sus antepasados en libertad”

…Que era el dolor ancestral de sus antepasados en libertad. Este pasaje aparte de ser bellísimo, representa un punto de inflexión de la identidad de Buck, el escuchar esos aullidos y conectarse con sus raíces por primera vez, y descubrir el alivio de la complicidad en el dolor. En medio de sufrimiento y lucha, London lanza fragmentos tiernisimos y conmovedores como este.

Pero en este vaivén de sufrimiento y transformación, Buck comienza a asimilar su transformación y a sentir el llamado de lo salvaje, como en el siguiente fragmento:

 

“Hay un éxtasis que señala la cúspide de la vida y por encima del cual esta no puede elevarse. Y lo paradójico es que este éxtasis se produce cuando uno está más vivo y se olvida absolutamente que lo esta.
Este éxtasis, este olvido de la existencia se produce en el artista, atrapandolo y sacandolo en una pasion. Se produce en el soldado ebrio de guerra en un campo desolado luchando sin cuartel”

Aquí ya estamos en el punto cuando Buck empieza a dominar su nuevo escenario, y a entender y comprender las leyes. Claro, deben ocurrir varios episodios, dos o tres decisivos, que permiten la triunfal transformación de Buck. Para que esté acomodado perro de chalet se sintiera así:

Era más viejo que los días que había vivido y los alientos que había respirado. En él se entrelazaban el pasado y el presente y la eternidad palpitaba en su ser con un ritmo irresistible ante el que se doblegaba como uno se somete a las olas y las mareas”
“Era un animal carnívoro que vivía exclusivamente a base de carne, se encontraba en el cenit de su vida y derrochaba fuerza y energía”

“La vida fluía en él como un hermosísimo torrente.Gozoso y exuberante. Y parecía como querer escaparse de su cuerpo arrebatado de pasión y desparramarse generosamente por el mundo”

Y me detengo para no seguir arruinando esta joya pulida que es este libro. Ni siquiera hable de la relación que tiene con un amo, John Thornton, que es …de las más nobles y conmovedoras que he leído o visto.

Paradójicamente, Jack London luego de una vida de lucha, miseria, vagabundeo y pobreza finalmente logra un merecido reconocimiento literario, que le traería fama y fortuna. Sin embargo, el bueno de Jack, parecería que no podía sostener una vida de animal domesticado, y termina muriendo a la corta edad de 40 años, bajo extrañas circunstancias en su mansión en California. 

Hay animales que no pueden ser domesticados, y que entienden que lo único importante es el camino, el moverse, el deambular y el escuchar aullidos de lobos bajo la pálida luz de la luna.

Me despido, con un último extracto de Jack London en su Diario de Viajes – El Camino. Hasta la vuelta, chau!

“Tal vez el más grande encanto de la vida de vagabundo es la ausencia de monotonía. En la tierra de vagabundos la cara de la vida es proteica, puede cambiar de formas – una siempre cambiante fantasmagoría, donde lo imposible pasa y lo inesperado sale de repente de los arbustos en cada vuelta del camino. El vagabundo nunca sabe qué es lo que va pasar en el próximo momento; así, el vive solo en el tiempo presente. Él ha aprendido la inutilidad del esfuerzo por un objetivo, y conoce el disfrute del dejarse llevar con las extravagancias del cambio”

Jack London – The Road – Pictures

 

 

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *