Vagabundeo – Kerouac

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Vagabundeo – Kerouac

“No hay sentimiento en el mundo como lavarse
la cara con agua fría en una mañana de montaña”

Jack Kerouac – Los vagabundos del Dharma

Transcripción

“¿Cuál es tu camino? el camino sagrado, el camino de la locura, el camino del arco iris, el camino del pez. Cualquier camino. En cualquier parte está el camino, para todos y de todas las formas”


Hola a todos y todas, soy Nico Vergara, y esto es en el camino Podcast. Luego de una seguidillas de episodios  sobre como afrontar el futuro, volvemos ya más de lleno a responder la pregunta de cómo conocerse mejor.

 

Pero antes solo quiero precisar que pasar por estos últimos tres episodios fue para recalcar lo vital que es conocerse hoy. Actualmente tenemos competencia en algoritmos y potenciales escenarios futuros perturbadores en caso de no entenderlo.

 

“Yo era un vagabundo pero solo de un tipo, como pueden ver, porque sabía que algún día mi esfuerzo literario sería premiado con protección social. No era un vagabundo real sin ninguna esperanza, salvo por esas secretas y eternas esperanzas que llegan durmiendo en vagones de tren vacíos llevándote de Salinas Valley en el ardiente sol de enero lleno de dorada eternidad hacia San José donde vagabundos viejos con miradas malvadas y hoscos te ofrecen algo para comer y beber también”

 

Jack Kerouac de su diario de viajes  Viajero Solitario y el capitulo la desaparición del vagabundo americano.

 

Este Podcast se llama en el camino, en parte por la aventura y el impulso de moverse, del cambio que te transforma. Y en parte, por el robo de ese concepto a Jack Kerouac, y su novela On the Road, en el camino.

 

Y luego de la mencionada trilogía de episodios experimentales, vuelvo a lo básico. A ese riel y tronco más grueso de este Podcast que es el movimiento, el viaje, el salir, la transformación.  La verdad es que la mayoría, inicia y termina de leer a Kerouac con “En el camino”. Una novela casi obligatoria si estás en tus veinte y tantos años. Yo tuve la suerte de leerla tal vez un poco maduro,  con 27 años justo antes de partir de Chile. Esa fue mi inspiración: Escuchar música brasilera, y leer autores como Kerouac o Hemingway que hablaban justamente de viajar. Es que siempre me he sentido más atraído por los símbolos, que por los hechos y la evidencia puramente científica.  Y en vez de disminuir el riesgo de mi viaje creando un itinerario a meses plazo, y organizando una lista detallada de lugares que visitar, prefería meter más brasas en mi ímpetu y estimular mi imaginación y salir disparado hacia la aventura. Estoy convencido que debe ser así, sobretodo si eres joven, y necesitas aprender con la sabiduría del error. Es parte esencial de vivir.

 

Además, para mi viajar es entrar al terreno de lo desconocido, entrar a la habitación  semioscura donde me espera alguna sorpresa, alguna enseñanza. Ya bastante ayuda tenemos con la tecnología que nos ha reducido infinidad de riesgos. Ubicación, transporte, hospedaje, tours y un largo etcétera. ¿Cuál es el riesgo, entonces? Sino es hacer como esa gente que va acampar llevándose todas las comodidades de su casa. No tiene sentido.

 

Tal vez la culpa de mi desprecio por la actual forma de viajar, la cual ¡ojo! yo igual práctico, la tengan esos viejos viajeros que realmente daban un salto al vacío, antes de sumergirse en la aventura. Viajes fundamentales, donde el destino casi era lo de menos, pero el camino, el viaje y el cambio lo eran todo. Viajeros con vidas desmesuradas.

 

Dentro de esos viajeros está Jack Kerouac.

 

Empezaba este episodio citando a Kerouac y el libro viajero solitario por qué, específicamente en ese cuento de la desaparición de los vagabundos en América, él toca un tema que para él es fundamental. Los vagabundos. 

 

Y cuando me refiero a vagabundos, me refiero a la idea del caminante libre, nunca criminal , que sin embargo, logra sobrevivir y sobre todo vivir con su ingenio y sentido común.

 

El corazón de Kerouac está con ellos, toda la miseria y rudeza del mundo está condensada en sus miradas duras y desconfiadas. Kerouac se sentía muy cercano por qué se siente parte de esa gran familia de derrotados aventureros. Estamos hablando de los años 40’, 50’, donde era normal aventarse en vagones del tren en el Oeste de Estados Unidos y viajar de esta forma. Ahí Kerouac conoció a muchos de ellos, y que él retrató como anti héroes libres. Personajes siempre con una sabiduría a compartir, como cuando en una estación un viejo vagabundo le enseña que parándose 3 minutos de cabeza diario logró superar una artritis en la espalda. Un consejo que Kerouac siguió y le dio resultados.

 

La fijación Kerouaquiana con los vagabundos es muy similar a cuando el poeta Andaluz, García Lorca dice que lo más aristocrático de su querida Andalucía son los gitanos. García Lorca como todo poeta no explica sus versos, pero yo lo interpreto como una admiración a la libertad. En el fondo, como Kerouac, él admira a los marginados, mejor dicho, a los que se atreven a ser marginados. Son esos personajes que rechazan la escuela, el almuerzo del domingo con la familia, ir a la Universidad,  buscar un trabajo, la hipoteca, y  formar familia. No. Ellos son hijos de la contracultura, y hacen lo que les canta, y lo que les va. Siguen su propio y tormentoso camino, y es esa valentía y fidelidad a su moral, lo que García Lorca y Kerouac admiran  de sus gitanos y vagabundos.

 

Mejor dejo a la pluma de Jack en este siguiente extracto de su libro “Los Vagabundos de Dharma” , donde un camionero le da un aventón en su camión :

 

“¿Dónde aprendiste a hacer todas estas cosas divertidas? “se rió. “Y tu sabes que digo divertidas pero hay algo tan malditamente sensible en ello. Aquí estoy yo matándome conduciendo esta máquina de aquí para allá desde Ohio a Los Ángeles, y hago más dinero de lo que tu has hecho en toda tu vida como vagabundo, pero tu eres el que disfruta la vida y no solo eso, sino que lo haces sin trabajar o sin mucha plata. Ahora dime, quien es el listo, tu o yo?

 

El camionero había quedado maravillado ante el estilo de vida de Kerouac. Entendió que sabía vivir.

 

Kerouac, en el cuento de “La desaparición de los vagabundos americanos” apunta que estas mismas “ratas con mochila”, como los indican en esos años, comenzaban a desaparecer y a ser mal vistos y perseguidos. Fueron ellos quienes fundaron California. Lo cual no es lejano a la verdad, ya que fue la fiebre del oro lo que atrajo a aventureros a tentar su suerte al entonces lejano oeste. Pero los tiempos cambian, y estos mismos buscavidas con mochilas, hoy, o mejor dicho en esos años 50, iniciaban a ser despreciados y expulsados de bosques y lugares públicos donde antiguamente podían instalarse y tener una noche solitaria y apacible  bajo las estrellas.

 

Ojo, que toda esta forma de vivir es muy muy distinto al hippismo, el cual Kerouac observaría en sus últimos años de vida antes de morir trágicamente por una hemorragia interna debido a una cirrosis. El bueno de Kerouac, pagó su factura de alcoholismo con el precio mayor. Sin embargo, Kerouac veía a los hippies como una banda de hipócritas, que organizaban fondos propios para su vida de parásitos. Kerouac, aparte de escritor, tuvo varios trabajos, la mayoría para salir del paso, donde destaco el de guardabosques y de ferroviario. Así que no se equivoquen, no estoy haciendo una oda al vaguismo, sino al vagabundeo.

 

Otro aspecto del Universo Kerouac, es su evolución al pasar el tiempo. Al ser un escritor muy autobiográfico, vemos su irrupción con  “En el Camino” , esa novela ambientada a fines de los años 40’ y en sus veinte y tantos años. Ahí lo importante es solo ir, moverse por la necesidad de la aventura con esa desmesura adolescente y juvenil que solo se tiene en esa edad.

 

“No había ningún lugar adonde ir, excepto a todas partes. Así que sigue conduciendo bajo las estrellas”


En cambio en  “En los vagabundos del Dharma”  ambientada a finales de los 50’ Kerouac ya está en su treintena con una búsqueda más introspectiva y significativa, con una clara aproximación al budismo y a la naturaleza. En ambos libros Jack vive en las sombras de dos amigos y figuras que lo obsesionan. En “En el camino” es Dean, inspirado en Neil Cassady, un mujeriego , as del volante y vividor. Quien además fue quien lo motivó a escribir más en serio luego de quedar maravillado por el estilo de sus cartas.  Un estilo que bautizó como escritura espontánea, debido a la forma en primera persona, rápida, disparatada y confesional.

 

“Hay un azul de atardecer en el cielo y allá abajo en el mundo californiano. San Francisco brilla delante nuestro. Y nuestra radio toca rhytm and blues mientras pasamos por antros de un lado a otro en silencio absoluto, ambos mirando adelante con grandes y privados pensamientos ahora tan vastos que no podemos comunicarlos más, y si intentaramos tomaría un millón de años y un millón de libros.”

 

Si bien durante su período de viajes en su juventud fue cuando más estuvieron unidos, Kerouac siempre se preocupaba de su querido amigo, a quien siempre incitó a que iniciara a escribir en serio. Y a quien anunció como el más grande escritor que el mundo hubiera conocido. Pero Neil no tenía la disciplina, ni tampoco el interés, como describe Jack en su más triste novela que es Big Sur:

 

“Además, puedo percibir ojeandolo que convertirse en un escritor no tiene ningún interés para él, porque la vida es tan sagrada para el que no hay necesidad de no hacer nada más que vivirla. Escribir es solo una ocurrencia tardía o un raspado de la superficie de todas formas.  ¡Ah Pero si pudiera!”

 

Si “En el Camino”  Neil Cassady fue su gran compañero de aventuras. Y la carretera y bares el escenario de sus aventuras.

 

“En los vagabundos del Dharma” en cambio, Jack se obsesiona con el joven, energético, amante de la naturaleza y budista zen Japhy Ryder, inspirado en el poeta Gary Snyder. Jack ya entrado en su treintena habia entrado a una etapa como él mismo dice de neutralidad y  al ver a Gary rememoro esa etapa de juventud dorada.

 

“Era muy devoto en esos días y practicaba caridad y mi religión casi a la perfección. Desde entonces me he convertido en un hipócrita con respecto a mi discurso y ahora estoy un poco más cansado y soy más cínico. Porque he crecido viejo y  neutral…pero entonces, yo realmente creía en la realidad de la caridad  y bondad y humildad y el entusiasmo y una tranquilidad neutral y sabiduría y el éxtasis, y creía que era un monje budista en ropa moderna vagando por el mundo”

 

Fue Gary quien lo empujó e inspiró a seguir una vida más sana y con sentido. Con Gary el éxtasis es en senderos, subiendo montañas, en la meditación. Jack incluso promete dejar de beber alcohol y comenzar una nueva vida. Bueno, ya sabemos el resultado.

 

Jack lo admiraba profundamente.

 

“Este pobre chico casi diez años menor que yo, me hace ver como un tonto, habiendo olvidando todos los ideales y alegrias que conocía antes en mis últimos años de borracheras y desilusión. Que le importa si no tiene plata, el no necesita dinero, todo lo que necesita es una mochila con esas bolsas de comida colgando de ella y un par de zapatos. Y así él parte y disfruta los privilegios de un millonario en lugares como este”

 

Y de él profundizó su relación con la naturaleza .

 

“ Había algo inexpresivamente roto en mi corazón como si hubiera vivido antes y caminando este sendero, bajo similares circunstancias con un compañero pero tal vez en un viaje más importante. Sentí, echado por el costado del sendero recordandolo todo. Los bosques hacen eso, siempre parecen familiares, anhelada perdida, como la cara de un anhelado y muerto pariente, como un viejo sueño, como la pieza de una olvidada canción a la deriva a través del agua. Sobre todo doradas eternidades de una infancia del pasado o pasado del hombre y todo lo viviente y muerto y un corazón roto hace un millón de años y las nubes que pasan en lo alto parecen declararlo (por su propia solitaria familiaridad) a este sentimiento. Extasis”

 

Y más naturaleza.

 

“Mientras subíamos en altitud nos cansabamos más y más, y ahora como dos montañistas paramos de hablar y estábamos contentos, de hecho Gary mencionó eso dándose vuelta luego de media hora de silencio “ Así es como me gusta, cuando ya no hay necesidad de hablar, como si fuéramos animales comunicados por telepatía silente”

 

O de los lujos simples.

 

“No hay sentimiento en el mundo como lavarse la cara con agua fría en una mañana de montaña”

 

O sobre la caridad.

 

“Había otro aspecto que me asombraba de Gary: su tremendo y tierno sentido de la caridad. Siempre estaba dando cosas, siempre practicando lo que los budistas llaman el Paramita de Dana, la perfección de la caridad.
“Jack no te das cuenta del privilegio que es dar regalos a otros” Decía. La forma en que lo hacía era encantadora, no había nada brilloso o navidesco sobre eso, sin embargo casi triste, y algunos de sus regalos eran viejas y aporreadas cosas pero tenían el encanto del uso y la tristeza de regalarlos”

 

O hasta el rito del té.

 

“el primer sorbo es alegría, el segundo es goce, el tercero es serenidad, el cuarto es locura y el quinto es éxtasis”

 

La verdad es que pareciera que Kerouac no puede nunca ser el personaje principal de su vida, siempre está observando el fulgor vital de sus ídolos de costado. Pero para mi es precisamente cuando está viajando solo, cuando su escritura sincera y confesional despliega su máxima profundidad. Y cuando el precio de elegir esa vida de desmesura y aventuras lo golpea con toda la fuerza y tristeza de la soledad y la nostalgia.

 

Por ejemplo en el siguiente fragmento de su diario de viajes -Viajero Solitario. En el capítulo de “Ferrocarril de tierra”  escribía lo siguiente:

 

“Ves todo el pequeño rancho, casas estilo Californiana y por la tarde la gente dando sorbos en sus salas de estar abiertas a la dulzura, a las estrellas a la esperanza que los niños pequeños deben ver cuando yacen en sus pequeñas camas a la hora de dormir y alzando sus cabezas ven una estrella palpitar para ellos sobre la tierra de la línea del tren, y la línea del tren los llama. Y ellos piensan… esta noche las estrellas saldrán, ellas vienen, ellas se van, ellas limpian, ellas evangelizan. Oh yo, debo venir de un lugar donde dejan a los niños llorar. Oh yo, desearía ser un niño en California cuando el sol se ha casi puesto y el tren lo choca y puedo ver a través de los árboles de secoya o los árboles de higo mi palpitante luz de esperanza brillando solo para mi y haciendo leche en permanentes laderas, en horribles fábricas y cementerios Kafkianos o no, ratas del matadero del sur o no, o no. Desearía ser un niño pequeño en una cuna en un pequeño rancho, dulce hogar con mis padres sorbiendo té en  los salones con sus fotos apuntando a las pequeños patios traseros de sillas y cercas, el tipo de rancho lleno de cercas cafés, y las estrellas encima, y el seco, puro y dorado aroma nocturno…”

 

La tristeza del viajero. Esa que quien en constante movimiento y falta de amor evoca a la sagrada infancia.

 

O también como cuando viajando a dedo dormía entre matorrales escondidos, hacía su ejercicio de pararse de cabeza en “Los vagabundos del Dharma”

 

“Mi cabeza y nariz estaban mal así que me paré de cabeza por cinco minutos. Me reí” Qué pensaría si la gente me viera?” Pero no era gracioso, me sentí en vez triste, de hecho muy triste, como la noche anterior en ese horrible cerco alambrado en los campos neblinosos de Los Angeles, cuando de hecho lloré un poco. Después de todo, un hombre sin hogar tiene razones para llorar, todo en el mundo está apuntado contra él”

 

¿Que agregar? “Un hombre sin hogar tiene razones para llorar” , cualquiera que haya vagabundeando por meses o años sabe que eso es verdad. Los viajes de verdad no son como en Instagram, y muchas veces toca llorar lágrimas de soledad y ausencia. Y aún más patético lo hace sentir ni siquiera tener una cama o habitación propia donde poder desahogarse en privacidad. Es por eso que estos personajes lloran en la ducha, por lo que me han contado.

 

Me da mucha pena y emoción repasar parte de su obra. Y terminando estas imágenes y momentos desoladores, me quedo con el final de la novela de “Big Sur” donde Jack se aísla en esta región entre el bosque y el mar, y se instala en la noche a pie del océano a escuchar como le habla el mar, su brisa y sus olas rompiendose. El resultado de esto es un poema, pero más que el texto, para mi el verdadero poema es la imagen de Jack huyendo del ruido y vicios de la ciudad a refugiarse y conectarse con la naturaleza. Como diciendo, ok, tuve ya suficiente de ustedes humanidad, retorno a la verdad, al mar. Hay una ternura y desesperación que siento tan cercano, que me conmueve profundamente.

 

Y empiezo a terminar este episodio Kerouaquiano, uno que le debía al Podcast, y me debía a mi mismo. Kerouac condensa la totalidad de los claros y oscuros del viaje y la aventura. El éxtasis y el vicio, la libertad y la tristeza, los bares y los bosques, la rebeldía y la meditación, y un largo etcétera.

 

A los que les interese este tema, les recomiendo Nomadland; una pelicula que salio el ano pasado y que retrata justamente la vida nomade, pero de la gente de la tercera edad. Una vision aguda y reveladora de este estilo de vida en gente mayor, que decide vivir en Vans por necesidad economica y por una conviccion de vida. Una pelicula muy tierna, con una fotografia que dan ganas de ir a lo salvaje.

 

Y si aún no has captado los símbolos y te preguntas ¿Y que tienen que ver los vagabundos con que tu puedas aprenderte a conocer mejor?

 

Todo. Tiene que ver con seguir tu propia moral, y aprender a palos en el camino de que es lo que estás hecho. Y sobre todo con vivir más a ras de piso, más cercano a lo esencial. No es una apología a ser vagabundo, sino al deambular y buscar , buscar y seguir buscándote. Es una búsqueda sagrada, la única que vale la pena. Tal vez, al final es esa búsqueda el sentido de la vida.

 

Y además, como se preguntaba el querido y profundo Dostoievski en Apuntes desde el subsuelo 

 

¿Cuál de los dos cosas es mejor, la felicidad barata o el sufrimiento exaltado? ¿A ver, cual? ¿Cual?

 

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