Carl Jung y el renacer: cómo transformarse después del caos

A veces, la vida nos obliga a dejar atrás una versión de nosotros mismos. No porque queramos cambiar, sino porque algo interior ya no puede seguir viviendo igual.

En este episodio exploramos el arquetipo del renacer en Carl Jung: la transformación psicológica, los sueños, el caos, los sacrificios y las crisis que preceden a una nueva identidad. Hablamos de la individuación, del descenso simbólico a la cueva y de esa extraña sensación de que existe “otro” dentro de nosotros esperando despertar.

Desde Nietzsche hasta Jung, pasando por rituales, conciertos, visiones, mitos y experiencias personales, recorremos las distintas formas en que el ser humano atraviesa procesos de muerte y renovación interior.

Porque quizás renacer no consiste en convertirse en alguien nuevo.
Tal vez consista en recordar quiénes éramos antes del miedo.

¿Qué es el renacer según Carl Jung?

En este episodio exploramos el arquetipo del renacer en la obra de Carl Jung: una de las experiencias más profundas y universales del ser humano.

¿Qué significa realmente transformarse?

¿Es posible cambiar sin empezar de cero?

¿Y por qué todo verdadero renacer implica dejar morir una parte de nosotros?

A través de la psicología analítica de Jung, los mitos antiguos y experiencias contemporáneas, veremos cómo el renacer no es un evento extraordinario… sino un proceso natural que ocurre cuando algo en nuestro interior ya no puede seguir siendo lo mismo.

Hablamos del “amigo del alma”, esa segunda personalidad que Jung descubre en sí mismo.

Del caos, del sacrificio, del descenso… y de cómo atravesar ese proceso sin perderse.

Un episodio sobre transformación, sentido y el coraje de soltar.

Este episodio forma parte de una exploración más amplia sobre conciencia, misterio y transformación. Una serie donde profundizo en Jung, los símbolos, los sueños y las experiencias que abren preguntas más hondas sobre lo humano.

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Carl Jung, el arquetipo del renacer y la transformación interior

Has de querer quemarte en tu propia llama: ¡cómo ibas a renovarte si no te has convertido en cenizas!

Nietzsche – Así habló Zaratustra

Hay un momento en la vida en que ya no puedes seguir siendo quien eras. No porque quieras cambiar… sino porque algo dentro de ti ya no lo soporta.

Hoy hablar de transformaciones y del arquetipo del renacer de Carl Jung, espero que disfrutes el programa.

La renovación y el verdadero significado del renacer

Jung distingue varios tipos de renacer… pero a nosotros nos interesan solo dos: la renovación y el vivido en transformación. 

  • La Renovación: es el renacer dentro de la duración de la vida individual. Es la renovación psicológica, no tiene porqué ser un cambio de la esencia, pero sí renovar partes de la personalidad, a través de una transformación total, fortalecimiento de un razgo o perfeccionamiento.
    mientras que 
  • La Participación en el proceso de transformación: Se trata de asistir o participar a un rito de transformación. Son los que decía en el inicio que es la transformación colectiva.


La renovación y la participación en el proceso de transformación. Ese es el renacer al que él se refiere,, y deja fuera resurrecciones o transmigraciones de almas, Jung se protege con esta división evitando alimentar ese miedo que es  que lo tildaran de místico.

 

Siempre que alguien quiere ser creador destruye
Nietzsche – Así habló Zaratustra

 

Los rituales colectivos y las experiencias de transformación

La psicología del renacer, si bien es imperceptible por los sentidos, es innegablemente real. El renacer es una aseveración que se encuentra entre las originarias de la humanidad, basadas en lo que Jung llama arquetipos, que son las manifestaciones del inconsciente colectivo, esa fuente arcaica psicologica que le pertenece a todos los seres humanos. De manera que no hay que extrañarse si en los pueblos más diversos se encuentran afirmaciones idénticas en cuanto al renacer.

Empecemos con lo que ha clasificado transformaciones colectivas al final del podcast/video visitaremos la renovación.

En lo esencial Jung, distingue las transformaciones colectivas en dos grupos de vivencias: la de la trascendencia de la vida y la de la transformación.

En la experiencia de la trascendencia de la vida, que es la primera experiencia del tipo del renacer psicológico. Aquí Jung se refiere a las ceremonias sagradas. Lo decisivo en estos eventos, que bien podemos llamar ritualísticos, en el cual el espectador o participante, resulta influenciado, impresionado, consagrado o tocado por la gracia.
El proceso de transformación lo absorbe, lo agrega, pero este no tiene lugar dentro, sino fuera de él. Por eso es colectivo.

Empecemos por los mitos, Osiris fue un dios egipcio asociado a la fertilidad, la agricultura y el ciclo de la vida. Fue asesinado y desmembrado por su hermano Seth, pero resucitado gracias a Isis, su hermana y esposa. Pero lo interesante es que el no vuelve, sino que desciende a otro plano de existencia, al del inframundo.
Es que la transformación auténtica implica que una parte de uno muere definitivamente. El que renace ya no puede volver a ser el mismo.

También tenemos los sacrificios rituales, que tenemos en todas las culturas, el cual no es una repetición del hecho histórico sino el suceso primero y único, eterno. Freud lo explica muy bien en su libro Tótem y Tabú.

Pero la verdad es que no hay que ir tan lejos, un concierto puede ser un evento transformador, o bien una manifestación.
Voy a citar a Rainn Wilson, el actor que interpreta al gran Dwight de The Office.

“Pienso que lo más cercano que he estado a Dios, fue en un concierto de Radiohead. Canción tras canción del in Rainbows empezaba a sonar y mi cara se derretía, me sentí uno con el mundo, y sentí amor, agitación, alegría,  me había transformado. Y pensé esta es la mayor experiencia religiosa de mi vida”


Ni Jung lo podría haber dicho mejor. Ese es el poder de la obra de arte, de la representación artística, y específicamente la música, que es tal vez la forma más poderosa. Uno puede experimentar una gran efusión e intensidad de emociones en la intimidad, incluso la descarga de sentimientos vetados en sociedad como la rabia o la agridulce alegria y tristeza a través del llanto
Pero esa escucha es introspectiva y  absorta en uno mismo.

Sin embargo, estar en una liturgia como un concierto, ver a la gente emocionada, cantar los mismos himnos, porque ya dejan de ser canciones y sentir esa complicidad con tus pares, en un espacio abarrotado en un cielo oscuro o estrellado, es de las cosas más hermosas y transformadoras de la vida. Ahí es donde más sentido a nivel colectivo tiene la vida. Y si, es transformador, porque se siente como un acto fuera del tiempo y el mundo. Es un momento de eternidad, lo que lo hace sagrado, un momento que crea sentido.

Utilizo un concierto como ejemplo de liturgia transformadora, pero puede ser una protesta política, o ir al estadio a ver a tu equipo en un evento importante y decisivo. Todos son válidos. 

Las experiencias visionarias y los sueños transformadores

Otra experiencia de trascendencia en la vida, dice Jung, son las vivencias inmediatas.

Vivencias inmediatas: Esta transformación es a través de la vivencia extática o visionaria. No es necesario ni el rito ni lo colectivo para permear en el ser. Un ejemplo clásico de este género es la visión del mediodía de la cual habla Nietzsche en el Zaratustra, al darse cuenta que depsués de 10 años de aislamiento, es momento para bajar de las montañas a compartir con la gente. 

El gran mediodía es cuando el hombre está en medio de su trayectoria entre el hombre y el animal y celebra su camino hacia la tarde como la más alta esperanza: pues es el camino hacia una nueva mañana.

Bueno, no es casualidad que el sol sea deidad en todo el mundo. Es quien da la vida y nos saluda y da una nueva oportunidad mañana a mañana. Neurociencistas mencionan que no hay nada mejor para el ser humano al comenzar el día que abrazar a tus seres amados -o tan solo mirarlos si no los quieres molestar – y observar un nuevo amanecer. Es una nueva posibilidad.

En estas vivencias Jung menciona que pueden haber visiones o sueños trascendentales, como me ocurrió con mi abuela que se me despidió en mis sueños en la noche de su muerte. Son experiencias místicas, epifanías, revelaciones. Mucha gente pasa de largo estas transformaciones.

La pérdida del alma y la disminución de la personalidad

Pero pasemos a un segundo tipo de categoría, que son las transformaciones subjetivas. Jung hace la precisión que no se trata de psicopatologías de desorden o transtorno de personalidad.

El primero es la Disminución de la personalidad. El ser primitivo llamaba a esto “pérdida del alma”, es que según su idea el alma se puede marchar como se le escapa a uno un perro en el parque, pero a diferencia del hombre primitivo dice Jung, el ser moderno tiene fuerza de voluntad. Lo simil sería cuando se ha perdido las ganas y no se tiene valor, por ejemplo, para meterse en la jornada diaria, en el quehacer cotidiano. Se siente uno como si fuera de plomo, porque nada quiere moverse. El origen es la falta de sentido.

 

El mejor ejemplo visual que encuentro es William Wallace en la película Corazón valiente,  cuando se da cuenta que su aliado y futuro rey de Escocia, Robert the Bruce, lo había traicionado en pleno campo de batalla y se queda paralizado, desplomado sin energía vital ante tal traición. Este bajón o disminución de la personalidad puede ser por un shock, como en el caso de Wallace, pero también por cansancio físico o psíquico, a enfermedades corporales, que debilita al conjunto de la personalidad,  reduciendo así la confianza en sí mismo y la iniciativa propia. Estrechando así los horizontes vitales. Finalmente, y esto si es peligroso, puede surgir una personalidad negativa, irónica, envidiosa, siempre a la defensiva que es una falsificación de la personalidad originaria.

La verdadera transformación no viene desde afuera

Pero si tenemos la disminución de la personalidad, también tenemos la Transformación como acrecentamiento.
Jung es muy cauto, menciona que es normal que sobre todo en la primera mitad de la vida, la gente cambie. Esto suele suceder por un crecimiento desde afuera, de nuevas experiencias y contenidos que son asimilados y apilados como un juego de tetris. Así puede haber un notable aumento de personalidad. Pero ese supuesto cambio, viene solo desde afuera. Pero Jung dice:

Cuando más se aplica esta receta y cuanto más se piensa que el crecimiento viene de fuera, tanto mayor es el empobrecimiento interior.

Jung dice que el verdadero crecimiento no ocurre simplemente por acumular experiencias, viajes, lecturas o logros.
Uno puede llenar la vida de cosas nuevas… y aun así seguir siendo interiormente pequeño.

Para él, solo hay una verdadera transformación cuando algo se amplía dentro de nosotros. Es decir: cuando desarrollamos la capacidad interior para sostener una vida más grande. Porque no basta con vivir muchas cosas.

Hay personas que viajan por el mundo entero… pero siguen encerradas en sí mismas.
Y otras que, después de una crisis, de una pérdida o incluso de un instante de lucidez, se vuelven más profundas, más amplias, más vivas.

La fuerza de voluntad, la determinación o el sentido, no llegan solamente desde afuera. Tienen que encontrar algo dentro de nosotros capaz de recibirlos.

Y eso me pasó a mí.

Durante mucho tiempo pensé que la transformación estaba principalmente en el exterior: viajar, moverme, cambiar de lugar, buscar experiencias intensas. Y claro, todo eso transforma… pero solo hasta cierto punto…he escrito sobre esto en Substack.

Porque llega un momento en la vida en que el verdadero cambio ya no consiste en agregar más cosas, sino en volverse capaz de contener algo mayor dentro de uno mismo. Jung describe ese momento de una forma preciosa.
Dice que llega un punto en que “de lo pequeño sale lo grande”.

Como si dentro de nosotros existiera una personalidad más amplia, más profunda, que hubiese estado esperando silenciosamente durante años. 

Y de pronto aparece: es el amigo del alma.

No como algo completamente nuevo…sino como algo que siempre habíamos sido, pero todavía no podíamos ver.

Es una experiencia extraña. Porque uno sigue siendo el mismo… pero al mismo tiempo siente que hay “otro” dentro de sí.

Un yo más pequeño, de época, lleno de miedo, hábitos y limitaciones. Y otro más grande, más libre, más verdadero y viejo.

El amigo del alma y la personalidad profunda según Jung

Carl Jung desde muy joven se dió cuenta que lo habitaban dos personas.

No se trata de una metáfora ni de una idea filosófica. Es una experiencia directa. En su autobiografía, Jung describe cómo empieza a percibir en sí mismo la presencia de otra personalidad, más antigua, más silenciosa, más cercana a la naturaleza y a lo eterno.

No es el “yo social”, el que va a la escuela, el que responde a las expectativas. Es otra cosa. Algo que estaba ahí desde antes.

“En el fondo, siempre supe que había dos en mí. Uno era el hijo de mis padres… el que vivía en el mundo.

Pero el otro… el otro era viejo. Escéptico, desconfiado, distante de los hombres…y, sin embargo, profundamente cercano a la naturaleza,a la noche, a los sueños…

y a eso que —no sé cómo decirlo mejor— Dios obraba directamente en él.


Jung llama a estas dos dimensiones personalidad No. 1 y personalidad No. 2.

  • La No. 1 es el yo adaptado: social, racional, histórico.
  • La No. 2 es el yo profundo: atemporal, intuitivo, conectado con lo simbólico y lo sagrado.

Y lo importante no es solo que existan ambas.

Lo decisivo es que Jung entiende que:

no puede eliminar esa segunda personalidad
tiene que aprender a convivir con ella, escucharla, e integrarla

De hecho, lo dice explícitamente:

“Traté de extinguir la personalidad numero 2 pero no pude”

El renacer, en Jung, no es convertirse en alguien nuevo. Es reconocer que ya hay alguien en ti… que te precede.

Ese “otro” no es un enemigo. Es un amigo del alma. Pero un amigo exigente. Uno que te obliga a dejar de vivir solo desde la superficie.

Hay que tener ese diálogo con tu número 2 como decía jung, aunque jung que reconoce que no es un ejercicio espiritual para todos, dado por el escepticismo moderno.

Y además, ¿qué pasaría si el amigo del alma como lo llama jung aparecería boicoteando tus mayores deseos? Si castigase tus deseos, si criticará a tu pareja, a tus amigos, tu vida por ejemplo. Es tener en la casa una presencia poderosa e implacable pero aliada. Quien está cerca de él está cerca del fuego.

Ese amigo se aparece en sueños, se aparece como figuras religiosas a los creyentes, o como algún gurú visible o invisible. O lo más cercano, en el caso del ser moderno, a lo cual suscribo y me ha pasado, a través de figuras de algún líder social o personal. En tal caso, el coloquio es muy unilateral.

 

A Fellini el director italiano, que escribía y dibujaba sus sueños, se le aparecía Picasso, quien era el único que hablaba, Fellini solo escuchaba.

En resumidas cuentas, es cuando mis dos yo, el pequeño y el grande se abrazan, hallo consuelo al saber que el grande crece. Jung  resume así esta integración:

“Es mi transformación, pero no una transformación personal sino la de un mortal en un inmortal que está dentro de mí y que se libera de la envoltura mortal que yo soy y que ahora se despierta a su propia vida, se monta en la barca del sol y tal vez me lleve con el”

Carl Jung Obras completas Volumen 9/1

¿Pero cómo escucharlo e integrarlo ?


Los procesos naturales de transformación se anuncian sobre todo en los sueños. Aquí aparece otro ser, quien está en nosotros, la futura personalidad más amplia y más grande que ya conocíamos como el amigo interior, el amigo del alma. Es la representación de la relación con ese amigo interior del alma en que la naturaleza quisiera transformarnos, en ese otro que también somos y que nunca podemos alcanzar totalmente.

Los procesos de transformación pretenden acercar a ambos, a ese ser eterno que habita en nosotros, con nuestro ser de época, que mencionaba Jung, que somos nosotros con nuestras cargas, problemas, deseos y frustraciones. La conciencia resiste a aquello, porque a nadie le gusta que te manden en tu propia casa. Pero a ese intruso, enemigo, hay que darle las llaves, confiar en él.

Jung dice que no hay que ser esquizofrénico ni un enfermero mental para oír su voz. Es sencillo y natural. Uno puede, por ejemplo, plantearse una pregunta a la que él da una respuesta. El proceso mental continua como en una conversación normal. Se le puede llamar serie de asociaciones, soliloquio o meditación.

Un futbolista chileno de los años 70’ ya lo había adelantado: No tengo porque estar de acuerdo con lo que pienso. Dijo Carlos Humberto Caszely, frase con la que se hicieron festín periodistas y la cultura pop chilena, pero Jung le habría dado la razón al ex 9 de la alicaída roja y colo colo. Es que se refería a la voz interior.

 

Menos críptico es el gran Julio Córtazar en una entrevista del gran entrevistador español Joaquín Soler, quien le pregunta si es solitario Cortázar agudo y sensible le dice, que sí, que a pesar suyo, puede estar en grandes reuniones colectivos rodeado de gente que estima y aprecia, pero que llegado el momento una voz le dice que hacés acá, por qué no te vas a escuchar un disco sólo tranquilo en tu casa? Esa voz, dice Cortázar, es una especie de Mr. Hyde, refiriéndose a novela Dr Jekyll y Mr Hyde, este último quien es el malo de la historia, pero a quien Cortázar le endosa la responsabilidad en su soledad y  su obra literaria. Cortázar lo escuchaba.


¡Como si nunca te has sacudido de algún pensamiento escalofriante o antimoral en tu fuelle interno! ¡Que hipocrita que somos ! Como si todo lo psíquico nos perteneciera exclusivamente a nosotros, al yo consciente.

Tampoco es la voz de Dios o una voz sagrada como hacen la gente con problemas mentales, pero a nadie se le ocurre pensar en una cosa intermedia digna de ser tenida en cuenta. Del conflicto de ambos puede salir verdad y sentido, pero solo si el yo está dispuesto a hacerle justicia al otro y concederle personalidad. 

Y tal vez ahí está la clave,

 

“Y quien quiera nacer, debe primero destruir un mundo.”

 

Porque no se trata solo de escuchar esa voz…sino de estar dispuesto a dejar caer lo que ya no somos.

El descenso a la cueva y la muerte simbólica

Y termino con la transformación natural. Hay procesos naturales de transformación que nos sobrevienen, lo queramos o no y lo sepamos o no.

Jung da pista a través de símbolos de transformación, por ejemplo los mandalas, que son símbolos de lugares de nacimiento, que son flores de lotos en los que surge el buda.

 

Todas estas son manifestaciones del arquetipo del renacer. Pero también hay otros dos criterios para la transformación individual, la norma y la duración.

Se puede llegar al renacimiento a través de seguir las normas a rajatabla, lo que para Jung es la mejor opción para el ser normal o el hombre inferior como dice. No sorprende por lo mismo que estrellas porno, o asesinos se rediman a través de la religión ortodoxa y un gran sentido del deber. Insertándose en un marco normativo exacto y claro, todo su actuar está normado.

La transformación se puede llevar a cabo a través de seguir las reglas o inventar las tuyas, tus propios valores. Para Jung solo las grandes personalidades pueden inventar las suyas propias.


Eres una fuerza nueva y una ley nueva ? ¿Un primer movimiento ? una rueda que se mueve por sí misma ? puedes obligar hasta las estrellas que giren en torno de ti ?

 

Decía Nietzsche, quien creía que para llegar a ese grado de autonomía e independencia había que pasar por un calvario de duda, aislamiento y sacrificio. Se debe ir a la cueva, que es un símbolo del arquetipo del renacimiento nos dice Jung, donde pasamos temporadas en la oscuridad y aprendemos a ver sin los ojos y la conciencia, integrando las sombras en un proceso de transformación inconsciente.

 

Y este descenso… Jung lo vivió de verdad. Durante años fue el discípulo más cercano de Freud. Había admiración, complicidad, incluso una amistad profunda.

Pero algo en Jung no terminaba de encajar. Sentía que la visión de Freud —reducir la vida psíquica a lo sexual— era demasiado estrecha.
Que había algo más profundo… más antiguo… que no estaba siendo visto.

Y entonces llega la ruptura.

Jung decide seguir su propio camino. Y con eso… lo pierde todo. Su lugar en el mundo académico, sus alianzas, sus certezas. Queda aislado, incomprendido, incluso ridiculizado de místico.
Pero lo más difícil no fue eso. Fue lo que vino después.

Jung se retira hacia sí mismo. Comienza a descender a su propio inconsciente. Tiene visiones. Sueños intensos. Dialoga con figuras interiores.

Durante años no sabe si está al borde de la locura… o en el inicio de algo completamente nuevo. (Leer lento)

Ese fue su paso por la cueva. Su muerte simbólica.

Y también… su renacer. Años después diría algo clave:

“Los años en que seguí mis imágenes internas fueron los más importantes de mi vida… todo lo esencial se decidió entonces.”

El sacrificio necesario para renacer

Pero para las personas normales, quienes, no somos ni superhombres, ni estrellas porno ni asesinos seriales lo importante es reconocer el abismo.

 

Esto se logra al llegar al abismo del infierno personal. En ese momento hay que apaciguar a los dioses, a través de un sacrificio, un rasgo que encontramos en todos los mitos universales. Renuncia a tu vida disfuncional, tienes que eliminar una o unas formas de vivir que antes sí podían funcionar, y te traían alegría y disfrute, pero que ahora nos causan sufrimiento.

Cada vez que trataba de expresar mis deseos más íntimos, no encontraba más que desprecio y burlas; pero cuando me entregaba a las viles pasiones, los demás me elogiaban y alentaban.
Tolstoi – Confesión

El enorme Tolstoi nos da un signo claro de cuando tu círculo ya no es virtuoso, y es mejor dejarlo. Ese acto es un sacrificio. Un sacrificio es dejar una relación, un trabajo sin futuro o abandonar un hábito adictivo. Es necesario cambiar la piel. La muerte de parte del viejo yo, trae consigo por lo general una mayor conciencia de uno mismo. Una mayor amplitud de las posibilidades y horizontes más amplios y revitalizantes

¿El peligro?.

Es que el sacrificio traerá el desorden, caos. Aquí acecha el peligro, ya que a rey muerto rey puesto, es lo mismo con un nuevo orden, el renacer. Este exceso de caos, puede traer un caos psicológico.

La diferencia entre un renacimiento y un desastre psicologico, es simplemente el resultado, ambos van a pasar por una muerte de identidad, por una nueva forma psicológica. El gran criterio va a ser entonces, como te la llevas con el caos, con el otro, con lo desconocido. Tenemos entonces que explorar el caos desde antes, convertirnos en exploradores del caos. Es una parte natural del proceso, nunca podremos saber hasta donde llegan las antiguas cadenas de la tradición, si no damos un paseo al caos de vez en cuando por la noche.

Una vez ya lanzados, hay dos habilidades que pueden ayudar a volcar la balanza a tu favor, la relajación y reestructuración.

Es normal que en esta etapa asomen los dragones de la angustia y desesperación, estás solo, aprendiendo a conocerte y reconstruirte. A tu entorno no le gustan los cambios, ya te tienen encasillados, sólo unos pocos afectos entenderán, pero por lo general es un proceso individual. La infinitud de posibilidades entonces puede abrumar, y eso es normal y completamente positivo de abarcar.
Por eso actividades deportivas, meditación, terrenos en los que nos sintamos cómodos ayudan a traer una calma, y si vemos resultados en estos, tanto mejor, ya que sentimos que esa base te fortalece más y más, haciéndonos perder el miedo a los bordes, a sentirnos capaces y preparados psicológicamente para ir a lo desconocido.

¿Entonces damos el salto o nos quedamos con el enfoque gradualista ? Esto es personal. 

Pero si ya estás en el infierno personal, y eso solo lo sabes tú y nadie más, es muy probable que más temprano que tarde ese desastre o derrumbe psicológico llegue de todas formas, y un sacrificio involuntario seguramente terminarás pagando. Te terminarán echando del trabajo, o tu pareja o amigos te dejarán, y eso es peor, porque a la larga trae rencor y resentimiento. Todos hemos visto como niños o personas alegres se marchitan con el tiempo en personas grises, envidiosas y odiosas.

Tomar las riendas de la responsabilidad sobre este descenso puede evitar un descenso aún más peligroso.

Los dejo invitados a suscribirse en substack,  donde he profundizado sobre este tema pero con índoles más personales, para quien les interese el enlace está en la descripción.

Y así, como decía Nietzsche…Llega a ser quien eres.

Hasta la vuelta.

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