Sincronicidad de Jung: qué es y como se manifiesta
La sincronicidad de Jung intenta explicar esos momentos en que una coincidencia parece tener sentido, aunque no exista una relación causal visible. En este episodio exploro el ensayo Sincronicidad como principio de conexiones acausales y sus vínculos con los sueños, los arquetipos y la física moderna.
Qué es la sincronicidad de Jung ?
La Sincronicidad es cuando la causa y efecto desaparecen. De coincidencias entre la psiquis y el mundo físico, entre lo micro de la mente y lo macro del exterior. Especificamente voy a hablar del ensayo Sincronicidad como principio de conexiones acausales de Carl Jung.
¿Pueden dos eventos estar conectados sin causalidad? ¿Puede un sueño o vision comunicar un evento en la video exterior? ¿Puede una persona con muerte cerebral tener consciencia?
Sobre esta increíble teoría de Carl Jung es este episodio. Sobre misterio, espiritualidad, y anomalías de la vida.
Sincronicidad de Jung: qué es y cómo conecta mente, mundo y coincidencias
Soy Nico y gracias por acompañarme en este nuevo tramo del camino. Hoy vengo a hablar de la teoría más fascinante y misteriosa del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung: La sincronicidad.
Voy a hablar de casos en que la causa y efecto desaparecen. De coincidencias entre la psiquis y el mundo físico, entre lo micro de la mente y lo macro del exterior. Especificamente voy a hablar del ensayo Sincronicidad como principio de conexiones acausales.
Espero que disfruten el programa.
El escarabajo de oro: el caso más famoso de la sincronicidad
Carl Jung, psiquiatra, estaba tratando a una paciente, de esas positivistas y escépticas a todo lo que se encuentra fuera del campo de la ciencia. Su magnífica educación y su condición de “sabelotodo” le impedía hacer progresos a Jung sobre sus problemas psicológicos, que él no desclasifica. Jung chocaba y chocaba con su racionalidad en las terapias, lo que le impedía avanzar, por lo que se limitaba a la esperanza de que le pasara algo inesperado e irracional a su paciente, que pudiera abrir una ventanilla a ese reducto del inconsciente.
“Un día estaba sentado de espaldas a la ventana escuchando su discurso: Esa noche ella había tenido un sueño impresionante en el que alguien le regalaba un escarabajo de oro(una joya muy valiosa). Que si piensan es muy parecido a pelota alada del quidditch de Harry Potter.
Mientras me contaba el sueño, oí cómo algo golpeaba suavemente la ventana que tenía a mi espalda. Me volví a la ventana y vi que era un insecto bastante grande que chocaba desde fuera contra el cristal intentando meterse en la habitación oscura, lo cual me pareció extraño. Abrí enseguida la ventana y cacé el insecto al vuelo. Era un escarabeido, una Cetonia aurata o cetonia común, cuyo color verde dorado es lo más parecido a un escarabajo de oro. Le enseñé el coléoptero a mi paciente y le dije :”Aquí está su escarabajo”. Este suceso abrió la brecha deseada en su racionalismo, con lo que se rompió el hielo de su resistencia intelectual. A partir de entonces, el tratamiento pudo ser continuado con éxito.
Jung en su ensayo ”Sobre Sincronicidad” utiliza este ejemplo y varios otros, para explicar que nuestra famosa regla de oro, de la causa y efecto, hasta donde la conocemos, en algunos casos, se desmorona. ¿Por qué tanta coincidencia? Porque soñamos, como explico en el capítulo Carl Jung – influencias, con parientes queridos cuando mueren. ¿Por qué hay sueños que parece que nos comunican eventos que ocurrirán desde el futuro? Como le ocurre al propio Jung, con una seguidilla de sueños, de inundaciones de sangre, que premonizan la primera guerra mundial.
O a sí mismo, cuando el filósofo sueco, Swedenborg tiene una visión sobre un gran incendio en Estocolmo, cosa que efectivamente ocurre y está documentada.
Las tres categorías de la sincronicidad según Jung
Para Jung y su teoría de la sincronicidad. Todos estos fenómenos se pueden clasificar en tres categorías, y aquí tomen atención, pero si se pierden, ya volveremos a ello.
1era categoría: Coincidencia de un estado psíquico del individuo con un acontecimiento exterior simultáneo y objetivo que corresponde al estado o contenido psíquico(cómo, por ejemplo, el escarabajo), sin que entre el estado psíquico y el acontecimiento exterior se vislumbre ninguna relación causal. En este caso el individuo es el paciente de Jung y el evento exterior, la llegada del escarabajo dorado a la sala del paciente. Todo esto de manera simultánea.
2da categoría: Coincidencia de un estado psíquico con el correspondiente (más o menos simultáneo) acontecimiento exterior, el cual sin embargo tiene lugar fuera del campo perceptivo del observador, es decir, es distante en el espacio, y solo puede ser verificado con posterioridad (como, por ejemplo, el incendio de Estocolmo de Swedenborg). Si bien la visión es casi simultánea con el evento, esto es solo comprobable a posteriori, ya que el individuo no se encuentra en el lugar.
3era categoría del fenómeno de Sincronicidad: Cuando hay coincidencia de un estado psíquico con el correspondiente acontecimiento aún no existente, futuro, es decir, premonitorio, distante en el tiempo, que asimismo sólo puede ser verificado con posterioridad. Por ejemplo: Los sueños de Jung de la primera guerra mundial.
En los segundos y terceros fenómenos, la coincidencia es posterior, y todavía no existen en el campo perceptivo del observador, sino que están en otro bloque de espacio-temporal.
Antes de seguir, sé que esto puede sonar a futurología barata. Es como en mi país, cuando un “intelectual” de derecha experto en fake news, dijo que el dólar iba a superar los $1.000, y esto se cumplió luego de varios años después de su pronóstico. O peor aún, cuando algunos astrólogos salen a final de año dando sus predicciones para el año que viene. Eventualmente, por lo vago y seguras de las predicciones, algunas se cumplen.
Sincronicidad y casualidad: qué diferencia a una coincidencia significativa
“La casualidad es el modo en que nos imaginamos el puente entre dos acontecimientos consecutivos. Tipo Messi entra al área en velocidad con la pelota dominada va a ser gol.
La sincronicidad, en cambio, designa el paralelismo temporal y de sentido entre aquellos acontecimientos psíquicos y psicofísicos que nuestro conocimiento actual no ha sabido reducir a un principio común”
La física moderna y el tiempo relativo en la teoría de Jung
Y aquí quiero parar. Porque el espacio tiempo es un bloque, y si algo capital se descubrió el siglo XX es que el tiempo es relativo. El espacio tiempo, funciona como un bloque, el cual es modificado por la materia. Hay que imaginarse el campo gravitatorio, o el bloque de espacio tiempo, como un colchón nuevo, liso, pero que se va a curvar o ahuecar si le depositamos una bola de bolos. En ese punto más ahuecado, donde se va a sentir más el peso del bolo, o mejor dicho, el jale de la fuerza de gravedad, el tiempo pasará más rápido. Esto explica porque el tiempo transcurre más lento en la montaña que en la costa, por ejemplo. Ya que la masa afecta la curvatura del espacio-tiempo, y esta jala más fuerte en la tierra para los que están más cerca de ese eje, o sea los costeños, que a los que están más cerca del espacio, los serranos. Lo mismo ocurre cuando hay mayor velocidad. En fin, esto lo explico mucho más detalladamente en el episodio El presente no existe.
En resumen, lo que hay que entender es que el tiempo es relativo. Y esto es clave, porque le da un sustento físico a esta teoría, o al menos no descarta con evidencia científica la sincronicidad, en el cual un evento percibido por un observador, como Swedenborg, puede ser representado, sin vinculación causal, por un acontecimiento externo, como un incendio en Estocolmo. Esto para Jung abre la puerta a que la psiquis o como quieran llamarla, no es localizable en el espacio-tiempo, o incluso, que el propio espacio es psíquicamente relativo. Lo sé es desconcertante, es muy loco.
Pero ¿Por qué en la noche sueño con cosas y personas de mi infancia? Cuando en mi consciencia han dejado de ser relevantes. Es como si se moviera en otro espacio tiempo.
Jung y Wolfgang Pauli: psicología, física y conexiones acausales
¿Por qué menciono esto? ¿Para presumir? No, o tal vez un poco. Sino, porque Jung llega a esta teoría de la sincronicidad con Wolfgang Pauli. Físico austriaco, ganador del premio nobel de física, pendenciero, arrogante y brillante, el más brillante de esa camada de oro de físicos de Europa occidental de inicios del siglo XX . Amigo de Heisenberg, también otro premio nobel de física, es Pauli, quien lo recomienda en la Universidad de Gotingen, y quien luego se pone a ayudar a poner en fórmulas matemáticas del descubrimiento de Heisenberg de la teoría de la incertidumbre, que cambiaría el orden de la humanidad para siempre. Cuando le piden ayuda a Pauli, por lo complicado de los cálculos de las matrices, el bueno de Wolfgang, responde así:
“En efecto, es un cálculo demasiado difícil……para ustedes” Pauli completa el cálculo con endiablados tecnicismos en pocas semanas.
Ese era Pauli, que en su estadía en Suiza, y por sus problemas con el alcohol y peleas en los bares, empieza a visitar a Jung como paciente. Es en esas circunstancias que nace esta colaboración.
Físicos como Heisenberg desmoronaron nuestras creencias, de causa y efecto, en que si conociéramos todas las variables podríamos predecir el resto de los acontecimientos del Universo, eso creía Einstein, en el determinismo. Pero hasta ahora, la teoría de la incertidumbre de Heisenberg, y la física cuántica, ambos frutos de la escuela de Copenhague de Niels Bohr, a la cual suscribía Pauli, han demostrado que el mundo, al menos en lo más micro, en las partículas elementales, las más pequeñas del Universo, no responden a esto, sino que a la incertidumbre. Nada es 100% predecible.
Este es el contexto físico que permite que aparezcan estos casos que nos maravillan. Pareciera que somos locos, o chiflados, cuando mencionas uno de estos casos en que un pariente muerto se te ha aparecido en sueños, o que has tenido un sueño premonitorio. Es que un testigo no es suficiente para instalar una teoría. No se puede ni probar, ni negar.
¿Pero si seguimos a Jung y hay eventos que salen de la causalidad? ¿Se puede hablar de conexiones acausales? o sea sin causa. Jung aquí se sirve del ejemplo de la “duplicidad de los casos”, que incluso puede ser triplicidad o más. En estos casos, no hay ni la más remota probabilidad de una conexión causal de sucesos coincidentes.
Jung menciona a un escritor antiguo que recopilaba casos de objetos perdidos que luego, independiente de lo inverosimil, terminaban por encontrar a su dueño.
Cuando la acumulación o serie de eventos supera lo fortuito, se podría hablar de acausalidad. Esto podría darse con números, no sé, pero se me viene a la mente, en la serie Lost, el personaje de Hurley, que tenía un fijación y obsesión con una serie de números con la que había ganado la lotería y luego eran una clave en la isla. En fin, esto se da.
El experimento Rhine y la percepción extrasensorial
Jung para salir de estos casos aislados, busca en un experimento, llamado RHINE. Inventado por? Si, adivinaron por Mister Rhine jaja, en la década de 1930, por este cientifico en la Universidad de Duke (EE.UU.), en que realiza un experimento para estudiar si las personas pueden “adivinar” o predecir cosas más allá del azar, lo que se conoce como “percepción extrasensorial” (ESP, por sus siglas en inglés).
¿Cómo funcionaba el experimento?
Rhine usó cartas llamadas Zener Cards, que tienen cinco símbolos simples:
- Un círculo.
- Una cruz.
- Tres líneas onduladas.
- Un cuadrado.
- Una estrella.
El experimento era simple:
- Persona A, digamos Antonio, miraba las cartas (o las seleccionaba al azar) sin mostrárselas a persona B, digamos Bernardita..
- Bernardita intenta adivinar qué símbolo había en la carta.
- Se anotaban los aciertos y se comparaban con lo que se esperaría simplemente por azar.
¿Qué descubrió Rhine?
- Si alguien adivinara al azar, acertaría el 20% de las veces (1 de cada 5). Es meras probabilidades.
- Pero algunas personas parecían tener un número mucho mayor de aciertos, como si “supieran” o “sintieran” cuál era la carta, sin ninguna explicación lógica.
Jung estaba fascinado con estos resultados que salían de lo normal, porque sugerían que hay conexiones entre las mentes humanas o entre una persona y el universo que van más allá de la causalidad tradicional (causa-efecto). Hay que precisar que estos eran experimentos en que se hacían series de 800 tandas. O sea se intentaba adivinar 800 veces seguidas las cartas, siempre con la misma persona.
En el experimento, se arrojó un promedio de 6,5 aciertos por cada 25 cartas. O sea, 1,5 veces mayor que el 20%. Esto no tiene nada de especial, es parte de la dispersión.
El experimento se modifica, se amplía en relación a la distancia y el tiempo. Se hacen ensayos ampliando la distancia espacial entre el experimentador, entre Antonio que saca las cartas, y el S.E, Bernardita, hasta 350 kilómetros. Aquí el promedio de los ensayos también caen en una variable normal. El resultado no varía.
Hasta aquí nada interesante.
Pero una experiencia continua en estos experimentos es que, tras el primer ensayo, el número de aciertos empieza a descender, lo que es lógico ya sea por la concentración o la fatiga, con lo que la capacidad de acierto disminuye. Pero si por alguna razón externa o interna se despierta el interés del S.E, de Bernardita, el número de aciertos vuelve a aumentar. Esto es lo que le interesa a Jung, esa percepción extra sensorial. El interés provoca que aumenten los aciertos. Está demás decir que para que el muestreo sea válido, hubo miles de Bernarditas en este experimento, que arrojó este resultado.
Es irrelevante estar de manera simultánea adivinando mientras se tiran las cartas o estar mirándolas en la misma mesa. Pero lo que sí pesa en el resultado es como si mirando hacia adentro, o hacia la psiquis observándose a sí misma, en la imaginación, es decir en las ocurrencias en las que se manifiesta la estructura de lo inconsciente, a través de arquetipos que actúan que configuran los procesos anímicos inconscientes. Estos arquetipos tienen una carga específica, es decir, se desarrollan efectos numinosos o espirituales, o mágicos, que se manifiestan como afectos.
- Según Jung, la sincronicidad es cuando dos eventos coinciden de manera significativa, aunque no haya una relación causa-efecto entre ellos. Una especie de simultaneidad.
- En este caso, el experimento Rhine podría ser un ejemplo: ¿Por qué algunas personas “adivinan” tantas veces? Jung creía que esto no era casualidad, sino una señal de que existe un principio más profundo que conecta nuestra mente con el mundo.
¿Es esto prueba de la Sincronicidad?
No exactamente. El experimento ha sido cuestionado porque no siempre se puede repetir con los mismos resultados. Pero Jung no buscaba “probar” científicamente la sincronicidad, sino mostrar que nuestra experiencia del mundo incluye conexiones significativas que no siempre tienen una causa visible.
Es como cuando estás pensando en un amigo al que no ves hace años, y justo te llama en ese momento. ¿Casualidad? ¿O hay algo más que conecta tus pensamientos con su acción?
El experimento Rhine es una forma de explorar científicamente esa idea: que podría haber “algo más” que conecta mentes y eventos, aunque no podamos explicarlo con las leyes tradicionales.
Tenemos aquí la aparición de estos pájaros funebres, arquetipos de la muerte.
Tanto en este caso, como en el del escarabajo. Los cambios de actitud esenciales suponen renovaciones psíquicas que, casi por regla general, van acompañadas de símbolos de renacimiento en los sueños y en las fantasías.
Estos casos de coincidencias de sentido, parecen apoyarse en una base arquetípica.
La experiencia psicológica tropieza continuamente con tales casos, en los que la aparición de paralelismos simbólicos no puede explicarse sin la hipótesis de lo inconsciente colectivo. Estos casos de coincidencia de sentido -como mencionaba en el caso del experimento RHINE- parecen apoyarse en una base arquetípica. Es cuando hay interés hay mayor manifestación. O sea, se deduce que el factor emocional desempeña un papel significativo.
La sincronicidad supone la simultaneidad de determinado estado psíquico con uno o varios sucesos externos cuyo sentido parece paralelo al estado subjetivo momentáneo o viceversa.
Sigamos con algunos ejemplos relacionados con la muerte, casos que también vimos en el episodio influencias, si es que quieren ahonar. Es como si el inconsciente comunicara o presintiera algo con esto.
El sueño no se produjo en el momento de la catástrofe real, sino mientras le llegaba el periodico con la noticia.
Ambos sueños corresponden a la segunda y tercera categoría de la sincronicidad. No son simultáneos al evento trágico.
En fin, así podría seguir.
Es evidente que estos estados no son vividos como si el suceso objetivo ya hubiera ocurrido. El “conocimiento” o la “presencia” de imagenes inconscientes, no tiene ninguna base reconocible ni relaciones causales reconocibles con determinados contenidos. ¿Como puede por ejemplo, un suceso alejado en el espacio o incluso en el tiempo provocar la aparición de una imagen psíquica correspondiente, si ni siquiera es imaginable el necesario proceso de transmisión energética? Entonces, estamos obligados a pensar que el inconsciente sabe o presiente algo que nuestra conciencia desconoce.
En todo caso parece haber un conocimiento existente a priori, y no explicable causalmente. O sea, y en orden. Primero una imagen inconsciente accede directamente o indirectamente (simbolizada o insinuada como con los pájaros) a la consciencia como sueño, ocurrencia o presentimiento. Segundo, con este contenido coincide una situación objetiva, vivenciada.
Astrología, relaciones y el experimento de Jung con parejas
Pasemos a otro experimento que hace Jung como el de RHINE, con muestreos estadísticos que intentan probar estas anomalías no en casos aislados, sino en grandes grupos.
¿De qué se trataba el experimento?
Jung quería investigar si las relaciones entre las personas (en este caso, entre esposos) tenían algún vínculo con la astrología.
En astrología, se cree que la posición de los planetas en el momento de nuestro nacimiento influye en quiénes somos y en nuestras relaciones. Jung pensó: “¿Y si la astrología pudiera ayudarnos a entender por qué algunas parejas están conectadas de una manera especial?”
Y ya sé que aquí están frunciendo el ceño algunos, y antes que dejen el episodio, siganme, que Jung no es astrologo, sino que utiliza este experimento para ver relaciones.
¿Qué hizo Jung?
- El estudio de las cartas natales:
Jung recopiló las cartas astrológicas de 483 parejas casadas. Una carta natal muestra la posición de los planetas en el momento exacto del nacimiento de una persona. - La hipótesis:
Según la astrología, ciertas posiciones de los planetas (especialmente Sol, Luna y Ascendente) son más compatibles entre sí. Jung quiso ver si estas “afinidades” astrológicas eran más frecuentes en las parejas reales que lo que ocurriría por puro azar. En total, podían haber 50 conjunciones, 50 probabilidades de tipos de parejas de posiciones de planetas. - El análisis:
Jung examinó si había patrones astrológicos comunes entre las parejas, como que el Sol de una persona estuviera en armonía con la Luna de la otra, o que los Ascendentes fueran compatibles.
¿Qué encontró?
Jung observó que había más coincidencias significativas en las cartas natales de las parejas de las que se esperarían simplemente por casualidad.
- Por ejemplo, notó que en muchas parejas, el Sol de una persona estaba relacionado con la Luna de la otra (un aspecto considerado importante en astrología para la armonía emocional). De hecho, era por lejos la conjunción más encontrada de la prueba, más de dos veces y media que las otras conjunciones como Venus y Marte, por ejemplo.
¿ Cual es la Relación con la Sincronicidad?
Jung no creía que las estrellas “causen” los matrimonios o las relaciones, como podría sugerir una visión astrológica tradicionall. Más bien, para él, los patrones astrológicos eran una manifestación de la sincronicidad: O sea:
- Dos cosas conectadas por significado (como la relación entre dos personas) podrían reflejarse simbólicamente en las posiciones de los planetas en el momento de su nacimiento.
- No es una cuestión de “causa y efecto”, sino de conexiones significativas entre lo interno (psicológico) y lo externo (astrológico). Volvemos a los estados psiquicos con lo macro, en este caso lo astrológico, posicones de planetas.
¿Es esto prueba de la Sincronicidad?
No necesariamente. La astrología no es una ciencia en el sentido tradicional, y los resultados de Jung no fueron concluyentes. Sin embargo, para Jung, lo importante no era “probar” la astrología, sino explorar cómo las conexiones significativas, como las relaciones humanas, podrían estar reflejadas en el universo.
Un Ejemplo para Entenderlo
Imagina que conoces a alguien y, desde el principio, sienten una conexión especial, como si estuvieran “hechos el uno para el otro”. Jung sugeriría que esa conexión no solo es psicológica, sino que podría estar simbolizada en el cosmos, como si el universo participara en el encuentro de esas dos personas.
Volvemos al inconsciente colectivo.
Los métodos mánticos o de adivinación deben esencialmente su eficacia a la misma relación con la emocionalidad: a base de entrar en contacto con una predisposición inconsciente, provocar interés, curiosidad, expectativa, esperanza y temor y, con ello, la correspondiente preponderancia de lo inconsciente. Y las potencias, los gatilladores de lo inconsciente son los arquetipos. Que son manifestaciones del inconsciente colectivo. Como pasaba con el caso del escarabajo y el los pajaros negros.
Inconsciente colectivo, arquetipos y conocimiento absoluto
Y este inconsciente colectivo no podemos localizarlo en uno u otro individuo en su totalidad, lo encontramos en todas partes. De lo que parece suceder e lo inconsciente colectivo manifestado en un individuo aislado, a través de arquetipos, nunca se puede decir con seguridad si sucederá también en otros individuos o en otras situaciones. Aquí volvemos a la visión de Swedenborg del incendio en Estocolmo.
Pareciera que algunos individuos tienen un umbral más bajo de conciencia que les permite ceder al “conocimiento absoluto”. De ahí vienen las visiones, las imágenes en los sueños. Fellini decía mondestamente, que su psiquiatra le decía que era uno de ellos, lo que le permitía acceder a esas imagenes. David Lynch, seguramente era otro de ellos. Y ese conocimiento se encuentra en un continuum espacio-tiemporal en el que el espacio ya no es espacio y el tiempo ya no es tiempo. Esto no es inventar nada, sino estirar la teoría de la relatividad en el ámbito de la psiquis.
No es nada nuevo tampoco. En el Taoísmo, dice Jung, en la antigua China, ya se creía en que el principio Universal se encuentra también en la parte más pequeña, por eso concuerda con la totalidad. Pues el hombre como microcosmos, contiene las imágenes de la naturaleza, es decir, que siendo de las partes más pequeñas de la creación, contiene a su vez la totalidad. Lo micro y lo macro son lo mismo.
Y la idea de que el microcosmo, o sea nosotros, o posiblemente otros animales o criaturas, o cosas, que contienen las imágenes de toda criatura, representa lo inconsciente colectivo. Es ese espíritu que todo lo penetra, es decir, que da forma a todo, según Agrippa de Nettesheim, un filósofo ocultista alemán, que cita Jung.
Esta correspondencia por así decirlo, entre lo exterior con lo interior, entre lo psíquico y físico, tenía espacio hasta inicios del siglo XIX, cuando los principios de causalidad, las reglas de la mecánica de la física newtoniana, infalibles, que permitieron erigir la sociedad moderna, construir las máquinas de vapor, erigir edificios, fabricar aviones demostraban ser infalibles, pero eso cambia, cuando se descubre que esas reglas no se cumplen en el mundo micro. Jung y Pauli retoman esa tradición del mundo “mágico”, que había sido abandonada, vuelve a abrir ese altillo empolvado por los avances de la ciencia positivista y determinista de siglos y siglos que se había tomado toda nuestra casa.
Es esa la sincronicidad. Y no es que el cocodrilo que atrapa a un hombre mientras se está bañando en un río sea enviado por un brujo. Por supuesto, que en una etapa primitiva, esto sí parecía el caso, como una causalidad mágica.
Pero lo que fascina al menos a mi de la sincronicidad, es que presupone un sentido a priori en relación con la consciencia humana que parece existir fuera del hombre ¿Y después de todo hemos podido responder donde comienza la consciencia?
Jung, solo dice que ese factor de sentido absoluto, ese inconsciente colectivo, se insinúa en los sueños.
Hemos de renunciar por completo a la vida de una psiquis exclusivamente vinculada a un cerebro vivo y deberíamos fijarnos en el comportamiento “con sentido” o “inteligente” de los seres vivos inferiores que no tienen cerebro ¿Por qué ellos no tienen consciencia?¿Y nosotros sí? ¿Es válida esta pregunta?
El “saber absoluto”, es decir, el conocimiento no transmitido por ningún órgano sensorial, o sea ni por la vista, ni por el oído, por ejemplo, que caracterizará el fenómeno sincronístico de la existencia de un sentido absoluto.
Sincronicidad, experiencias cercanas a la muerte y conciencia
Mejor volvamos con los ejemplos. En contra de toda expectativa, una lesión cerebral grave, que llegue incluso a la muerte cerebral, no siempre tiene como consecuencia una falta de consciencia. Y esto si, lo dice Jung, en los años 50’, pero también es observable y lo dicen psiquiatras el 2025 como Christophe Fauré.
Que menciona casos de personas con muerte cerebral absoluta, que a pocos minutos de fallecer, increíblemente, y en contra de toda ciencia de la causa y efecto, se despiertan y pueden tener unas últimas palabras, por lo general muy serenas, y tranquilas. Solo para luego morir en tranquilidad.
Jung menciona que en estos estados de cercanía a la muerte, el lesionado, por lo general, cree sentirse elevarse en el aire en la postura en la que estaba en el momento de la lesión. Quien estaba de pie, se eleva de pie, quien estaba tumbado, se eleva tumbado, y quien estaba sentado, se eleva sentado, y así. La sensación de gravedad desaparece, y siempre durante este estado de levitación, el estado de ánimo es casi siempre eufórico “entusiasmo, solemne, bello, dichoso, relajado, feliz, lleno de expectación, excitado” Son las expresiones que recopila Jung de pacientes y de estudios, y que luego el psiquiatra francés Fauré, confirma 70 años después con la tecnología de hoy. Y no es que sea un caso aislado, sino que hay miles de testimonios, que ya forman bases de datos sobre personas cercanas a una inminente muerte.
Algo parecido ocurre con los desmayos profundos provocados por otras causas. Jung nos da un ejemplo de su propia experiencia médica, de una paciente suya. Que luego de un parto extremo de treinta horas, con desgarros y anestesias incluídas, al ser preguntada por la enfermera de “ Si deseaba alguna cosa antes de su cena”
Ella intenta responder, pero puede.
“Tenía la sensación de que me hundía a través de la cama hacia un vacío sin fondo”
Aún le dio tiempo para notar cómo la enfermera corría hacia su cama y le cogía la mano para tomarle el pulso. Y que por el modo en cómo se movía la enfermera, parecía que ella no tenía pulso. Todo lo observaba sin miedo, casi con risa. Eso fue lo último que recordaría antes de que pasara un tiempo indeterminado.
Lo siguiente era que ella, sin sentir su cuerpo ni la posición del mismo, miraba hacia abajo desde un punto del techo de la habitación y dándose cuenta de todo lo que pasaba en la habitación: se vio a sí misma tumbada en la cama, blanca como la tiza y con los ojos cerrados. Y con el médico nervioso moviéndose de un lado a otro. Sus familiares entraron por la puerta y se asustaron. Ella pensaba que era una tontería tanta preocupación, que pronto se recuperaría.
Pero a todo esto, sabía que a espalda suya, había un paisaje precioso, similar a un parque de un colorido muy vivo, donde destacaba una ladera en una pradera de un verde esmeralda con una hierba muy corta que daba acceso al fondo a una verja por la que se podía entrar en el parque. Era primavera y la hierba estaba cuajada de flores como nunca había visto. El paisaje estaba bañado por los rayos de sol y todos los colores tenían un brillo indescriptible. La ladera estaba flanqueada a ambos lados por unos árboles de color verde oscuro. Le daba la sensación de que la pradera era un claro en medio de una selva virgen jamás hollada pisada por el hombre.
“Yo sabía que aquí estaba la entrada al otro mundo y que, si me daba la vuelta para mirarlo directamente, me sentiría tentada a atravesar la verja y salir de la vida”
Ella en realidad no logró ver este paisaje, pero sabía que estaba ahí. Sentía que nada le impediría cruzar la verja. Pero al mismo tiempo sabía que iba a recuperar su cuerpo y no iba a morir. Por eso el nerviosismo del médico y la preocupación de su familia parecian estúpidos y superfluos.
Lo siguiente que pasó es que se despertó del desmayo en la cama y vio a la enfermera inclinada sobre ella.
Al cabo de unas quince horas recuperó la fuerza, y le reclamo que el médico era un histérico e incompetente. A lo que la enfermera le dijo que su comentario no tenía sentido, que ella había estado inconsciente todo ese tiempo. Y que por lo tanto no había podido enterarse de nada. Pero cuando ésta le contó con lujos y detalles cómo había reaccionado el médico, la enfermera se vio obligada a reconocer que la paciente había percibido los hechos tal y como sucedieron. Pese a haber padecido un genuino colapso cardiaco con un síncope, causado por una anemia cerebral, como indican todas las máquinas y signos externos.
El ejemplo anterior, más los casos generales que mencionaba de levitación, en casos cercanos a la muerte, nos infieren un cambio de la localización de la consciencia, de una especie de separación del cuerpo, de la corteza cerebral o del cerebro, donde se presupone que se asienta el fenómeno de la consciencia.
Es decir se tratan de acontecimientos que no guardan ninguna relación causal con los procesos orgánicos. Y cuando las percepciones sensoriales -que si existen en estos casos con estas levitaciones y observaciones desde arriba- son por sí mismas imposibles estamos ante eventos de sincronicidad.
¿De donde viene la consciencia? ¿Cuándo aparece? ¿Son los animales conscientes?
Aún no lo sabemos. Cuando hablamos de sincronicidad no estamos tratando de un punto de vista filosófico, sino de un concepto empírico, observable, que postula un principio necesario para el conocimiento.
La sincronicidad como cuarta dimensión del conocimiento
Jung postula que así como existe el Espacio, tiempo y la causalidad, que es la clásica tríada imagen física del mundo, se tendría que ampliar a una tétrada, o sea cuatro coordenadas. Jung apoya este punto, ya que con el descubrimiento de Einstein de la relatividad, entra el tiempo como cuarta dimensión en la física moderna, lo que tiene consecuencias en el postulado de un espacio-temporal continuo, como el flujo del río. No. Esta nueva imagen del mundo de una irrepresentabilidad es desconcertante.
Este postulado es apoyado por los postulados de la física moderna y por los de la psicología, remata Jung.
El descubrimiento de la discontinuidad en las partículas elementales, conceptos que toco en más detalle en El episodio “El Paso del tiempo”, ha terminado con la hegemonía universal de la causalidad. Vivimos en un mundo de incertidumbre, de probabilidades, no de certezas. Y la sincronicidad no es más enigmática o misteriosa que las discontinuidades de la física. Y naturalmente hay que evitar interpretar todo acontecimiento de causa desconocida como acausal.
Nos queda mucho por progresar. Pero cuanto más se acumulan y mayor y más exacta es la correspondencia entre lo psíquico y lo físico, más desciende su probabilidad y más aumenta su carácter impensable, es decir, que entonces no pueden ser simples causalidades.
Esa falta de explicación, no se debe a que la causa sea desconocida, sino que con nuestros medios intelectuales de hoy, no son pensables, no es comprobable. Por estas razones, es necesario introducir junto al espacio, el tiempo y la causalidad, una otra categoría que no solo concibe los fenómenos de sincronicidad como una clase especial de sucesos naturales, sino que también conciba lo contingente, por un lado, como algo universal y existente desde siempre, y como la suma de numerosos actos de creacion individuales en el tiempo
Pero si la consciencia, psiquis, alma, o como quieras llamarlo, pudiera estar o al menos en parte, afuera del cerebro, afuera de las conexiones cerebrales? Pudiera despertar o replicarse en otros animales? o incluso en máquinas?
Algo de eso veremos en el próximo capítulo .
No olviden suscribirse que me ayudan un montón para seguir creando contenido. Y compartan el contenido.
Hasta la vuelta, chau!
También puedes seguir explorando
Conciencia, misterio y transformación
Si quieres profundizar en otros episodios sobre Jung, arquetipos, vida interior y los vínculos entre psique y símbolo.
Memoria e identidad
Porque la sincronicidad también abre una pregunta mayor sobre conciencia, percepción y la forma en que interpretamos nuestra experiencia.

Excelente información Gracias
Hola Yusmary, me alegro que te sirva. Es un conocimiento que te cambia la forma de ver la vida. Saludos !