Porqué las historias son vitales

Monólogos
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Porqué las historias son vitales
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“No estoy seguro de que yo exista, en realidad. Soy todos los autores que he

leído, toda la gente que he conocido, todas las mujeres que he amado.

Todas las ciudades que he visitado, todos mis antepasados”

Jorge Luis Borges

Transcripción

Hola amigos del Camino, es bueno estar de vuelta acá. Primero que todo, gracias a los seguidores. Primero que todo, mxuchos saludos a la gente de Christchurch, de Asnieres sur Seine, de Chatillon, Auckland, San José CA todos polos de seguidores de En el Camino.

En estos cuatro meses de pausa le he cambiado la imagen al programa con la ilustración de mi hermana, lo que sumado a la música de mi hermano, resulta en un programa 100% familiar. Utilizando todos los recursos como verán, nobles y buenos recursos por lo demás.

 

También, he creado yo mismo el sitio de enelcaminopodcast.com el cual será el canal oficial del programa y donde tendrán acceso a todo el historial y novedades de En el Camino. Además, de un espacio de Donaciones o Patron , que es donde pasó la gorra. Los dejo a todos invitados.

Bueno, entremos a esta segunda temporada.  En la primera temporada ataqué principalmente el tema del viaje. Y si pudiera resumir en una frase la clave, luego de escuchar a todos los invitados de la primera temporada.  “Es el de conocerse a sí mismo” Como si fuera tan fácil!

Mi primer objetivo en esta segunda temporada es escarbar en las raíces del perfil del viajero. Esa voluntad de salir del rebaño, de ser independiente, y el encontrarse a sí mismo en el camino. El objetivo es a través de historias, conocernos más.

 

Mis experiencias con historias

 

Y lo que busco es seguir contando historias. Quiero contar más historias, es todo lo que pretendo.

“Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mi un pajarito me contó que estamos hechos de historias”

Eduardo Galeano

 

Recuerdo que cuando trabajaba en Santiago. Tenía esta pequeña nota en un papel mugroso en la esquina de mi escritorio, era mi único accesorio de oficina. Ni fotos, ni diplomas, ni nada.

Este papel representaba un símbolo de resiliencia, una especie de “Dale, la vida hoy no tiene mucho sentido, pero recuerda, estás a una historia de inspiración, a una historia de encontrar un sentido a todo este absurdo, a una historia de cambiarlo todo”.

Nosotros somos historias, una red de antiguas historias, metahistorias todas entrelazadas. Actualmente, hay más oferta de historias que nunca antes. Libros, pinturas, series, comics, cortometrajes, películas, documentales, etc. Y ni hablar de canales para acceder a estos, la tele, cine, radio, museos, youtube, redes sociales, etc.

Creo que se subestima actualmente el valor de las historias actualmente. Es a través de historias que accedemos a los grandes temas morales de nuestro tiempo, con Black Mirror, la serie británica,   nos enteramos del lado oscuro de los avances tecnológicos. Fue a través del documental recién salido, The Social Dilemma, que se posicionó el problema de las redes sociales y la manipulación a través de algoritmos. Y fue con el documental de Di Caprio, Before the flood que gran parte de la población asimilo la seriedad del calentamiento global, y podría seguir y seguir.

La gente no se entera de los problemas en los papers de doctorados, ese mundo es demasiado reducido. Un mundo al que respeto, y un mundo al que voy a entrevistar en esta temporada. Ni mucho menos a través de políticos, que ya no poseen legitimidad de nada.

¿Entonces que nos queda?  Solo nos quedan las historias, las nobles historias.

 

Y con esta introducción. Les voy a presentar a un par de contadores de historias que me estremecieron y cambiaron cuando tenía entre 10 a 13 años.

Conté en la primera temporada que con la excusa del mundial de fútbol el 2014 en Brasil que salí de Chile, buen momento para ser fanático del fútbol en Sudamérica. Pero hoy me gusta menos el fútbol. Y no es porque este lejos, o seamos más malos. Es porque me faltan las historias, me falta una persona, me falta Eduardo Bonvallet, que para los no chilenos, era un comunicador.

A él lo descubrí escuchando radio con mi abuelo cuando tenia 10 años más o menos, y su discurso me cambio para siempre. Entretenido, y profundo. Te llevaba desde lo particular, como el fútbol, hasta lo general, a lo universal.

“Yo quiero ser campeón del mundo” también decía, en un país que los únicos campeones del mundo son basureados, como es el caso de los poetas. Como no lo iban a tratar de loco.

Al escucharlo tan joven, de alguna forma, estoy casi seguro que configuro en mi inconsciente los pilares de grandes esperanzas en mi vida, y el sentido de lucha y del sacrificio. Sin Bonvallet el futbol para mi tiene menos sentido.

 

Otro gran contador de cuentos para mi fue Alfredo Lewin. También otro comunicador, pero de música y literatura, sobretodo música.

Tuve la suerte de nacer en una casa donde habían discos de Pink Floyd, de The Beatles, Queen, Silvio Rodriguez hasta Beethoven.

Pero fue en la radio donde comencé a descubrir YO música. Recuerdo haber escuchado por primera vez “Rock y Guitarras” del gran Alfredo Lewin. El tipo era el emisor de este mítico programa de rock radial de fines de los 90’ en Chile. Alfredo lo conocía todo. Las bandas, las corrientes, las grabaciones, las giras, los nuevos discos, los escándalos, el tras bambalina, divergencias entre miembros, etc. Y todo cautivadoramente articulado y con un cariño entrañable por el rock. El tipo podía contar una historia.

 

Recuerdo por muchas noches apagar las luces y escuchar en mi cama Rock y Guitarras, sobre lo nuevo de Bad Religion, Metallica, Deftones y mil bandas que no conocía. Lewin era el hombre con todas las llaves, y por una o dos hora en Rock y Guitarras me transportaba por distintos recovecos de mi joven consciencia.

Recuerdo en particular, un programa donde a propósito de la salida del último disco de Angra, una banda de metal brasilero, Lewin puso Carolina IV, una canción demás de 10 minutos en plena radio! Pero antes de tocar la música explico la letra. La canción contaba la empresa de un grupo de conquistadores hacia el nuevo mundo, pero con un funesto desenlace de naufragio. Todo con esto con guitarras de serrucho que apelaban la tormenta, tambores tribales que llamaban la aventura. Me hizo pensar por primera vez: “hasta en empresas como estas tuvo que haber gente que lo intentó y no pudo” “Y que más encima pagaron con su vida”. Entraba en el terreno de las historias que no se cuentan, no por censurables, sino por no ser dignas. Por no cumplir los estándares de la victoria y gloria. Sin embargo, en ese fracaso sentía que estaba lo esencial, lo épico. Como si yo mismo hubiera naufragado y muerto con la tripulación. Entendía muy joven, que más que el resultado es el camino.

Lewin siempre me hizo sentir que no sabía nada, que había todo un Universo por conocer. Pero sobre todo, inculco el amor y la obsesión de querer saber más. Primero en la música, y luego en la literatura.

En mi caso, desde mi primera juventud siempre tuve curiosidad del valor de lo antiguo, de los clásicos. Siempre he sentido ese deber de ir hacia ellos con el anhelo de encontrar respuestas a los misterios. ¿Como es que en este mundo desechable algo sobre vive tanto tiempo?

Con los libros tuve la suerte de tener una mamá que nos obligaba después de cada almuerzo leer 10 páginas de algo. Lo cual en el largo plazo ha sido valiosísimo. Así nace una larga relación con la lectura, la cual sin embargo quedo relegada por muchos años al mundo de las sombras, gracias o por culpadel cine, la música y el ocio, mucho ocio.

 

En esa misma época de la primera juventud me puse en campaña a ver películas aclamadas, o galardonadas por losOscar. Esa era mi referencia, vi el ciudadano Kane con 15 años y no lo entendí, vi Patton ganadora del oscar de los 70, y no me gustó. Por otro lado, tropecé The Dead Poets Society, o la Sociedad de los Poetas muertos. otro lado vi The Deer Hunter o Franco tirador en Hispanoamérica o El cazador en España, ambas malas traducciones. Y me voló la cabeza. El descubrimiento de la ruleta rusa me parecía delirante, como el ser humano podía llegar a esos confines para rellenar la mediocridad existencial. La locura y demencia se me presentaba lúcida, como una posibilidad.

 

Todas estas obras, y también las historias que contaban Bonvallet y Lewin. Parecía que algo se me revelaba de mi mismo, que esas historias formaban ya parte de mi, y solo habían tocado la tecla correcta. La tecla correcta para despertar algo en mi información genética, revelando algo de mi pasado. No hay que olvidar que somos criaturas históricas, y eso se manifiesta no solo en lo físico, sino en la consciencia y en el inconsciente. No creo ser el único en sentir la recepción de información de lugares desconocidos, y decirme “¿Pero como? ¿Y esto? ¿como lo sé? ¿De donde vino?”

 

También, entendí que no necesariamente películas con buenas críticas eran hechas para mi. Hasta el día de hoy para buscar libros también ocupo el mismo método de sostenerme en una referencia o crítica. Pero más que revistas o blogs, son los propios autores mis referentes. Son ellos los que me abren portales, porque un libro es un portal. El nuevo testamento abre un camino, El Quijote abre un camino, La Divina comedia abre otro, Homero te abre un camino, Las mil y una noches abre otro.

 

Tradición Oral

 

Y aquí aprovecho de haber mencionado Las Mil y una noches para vincularlo con la tradición oral, ya que este libro no tiene autor, es una creación de la tradición oral del oriente. Es decir de los viejos sabios, o bardos, que narraban historias en las ciudades. Una de las más antiguas profesiones en la humanidad.

En el siglo XV en Alejandría después de muchísimo tiempo se agrupan una serie de fábulas. Se dice que el conjunto de estas fabulas procede, en sus inicios, de India, luego estas viajan a Persia, y tras su paso por Asia menor, se arabizan y se escriben en esta lengua. Ese es el libro de las mil y una noches. Un libro de cuentos, donde se encuentran las aventuras de Aladino, y Simbad el marino entre otros. El libro infinito, que nunca termina de narrarse, y que tiene más de quince ediciones con distintas noches.

Ya para la época de Alejandro Magno, este se percató de ver en las calles del Cairo hombres de la noche que salían a merodear y narrar historias.

Y si retrocedemos unos cinco siglos antes, encontramos en Grecia a Homero, no al de los Simpsons, sino al autor de las épicas Iliada y Odisea. La Iliada, que seguro a todos les suena de nombre, pero que también fue llevada al cine con el nombre de Troya, esa película donde Brad Pitt personifica al semidios Aquiles en esa épica aventura de la guerra de Troya. Y la continuación es la Odisea, el regreso de Ulises, también presente en la guerra de Troya, un regreso que dura 10 años, con aventuras con sirenas, cíclopes, naufragios y ninfas entre otros.

Épica proviene del griego epos, que significa palabra, por consiguiente épica es lo que se narra con la palabra. Todo lo digno y relevante de ser contado.

Un bardo o aedo, es quien recorría los pueblos y se instalaba en las ágoras o plazas y con una cítara, cumplía el cometido de contar historias y/o mitologías del pasado, a cambio de una hogaza de pan, aceitunas o vino tinto. Sus historias eran basadas en este caso de Troya, pero también de lo divino.

Hablar de Homero es de mitos. Se piensa que vivió durante el S.IX A.C, pero lo que si se sabía es que era ciego. Lo cual no es de extrañar, ya que esta discapacidad era vista como sinónimo poseer un gran mundo interior, ideal para su oficio. Estos narradores poseían el calificativo de divinos o de inspirados por los Dioses, porque se consideraban tocados por las divinidades, y por eso su discurso era poco menos que palabra divina. Y cada visita de estos contadores de historia era un gran evento en las ágoras o plazas. Por eso recae en ellos el peso de pasar la tradición y eternizar las peripecias y aventuras de los héroes pretéritos.

Actualmente esta tradición oral está en peligro. En Sudamérica, siguen vivas en los pueblos originarios. Pareciera que hubiese otro halo alrededor de estas comunidades, donde el respeto por los mayores es casi sagrado. Es verdad, también el tiempo pareciera que no se moviera en estas culturas, y que toda innovación es imposible. Por eso no hay casi progreso material. Las tradiciones son tan firmes y enraizadas que la flexibilidad es imposible. Sin embargo, creo que nos equivocamos al reducir lo viejo como lo desechable. Vamos corriendo como locos sin saber lo que hemos dejado atrás. Y solo pagamos el precio por este olvido años después.

Recuerdo en una vendimia cerca de Nimes en el sur de Francia, éramos, yo otra chilena, los jefes suizos, y un par de franceses más, alrededor de 20 marroquíes. Y con un sol lacerante, estas mujeres de diferentes edades, algunas con velos, otra no, algunas marroquíes, otras primera generación francesa, cantaban por largas horas canciones en árabe. No entendía ninguna palabra, pero las melodías y la música apaciguaban el esfuerzo físico y era transportado a este mundo árabe, a un mundo femenino que sentía de una manera lejana propio.

Un mundo más básico donde los hombres eran los cazadores, y las mujeres descubrieron la agricultura, lo que las hacía propietarias de los cultivos. El inicio de un truncado matriarcado.

¿Pero como? Tal vez solo era conmovido por lo irreal del momento.

Carl Jung, el psicólogo y psiquiatra suizo, protegido de Freud,  hasta que divergieron en ideas, me diría otra cosa. El hablaba del anima y el animus, como El alma. Siendo esto una personificación femenina en el inconsciente del hombre, el anima. Y una personificación masculina en las mujeres, el animus. Es una especie de manifestación de la carga genética sexual minoritaria en uno, y que queda en el inconsciente. Y esta anima, se expresa mayormente en los sueños y fantasías. Siendo un puente o ventana que conduce a imágenes del inconsciente colectivo. A imágenes ancestrales que son comunes a todos seres humanos.

El impulso que sentí entremedio de todas esas mujeres árabes cantando en el viñedo, respondía a ese anima que habla Jung, una manifestación femenina que ya formaba parte de mi.

Intentar comprender el mundo de los sueños y sus símbolos es precisamente algo que nos puede ayudar a conocernos mejor. Y ni que decir de las historias en general.

Por esto es vital la labor de cada uno adueñarse de ese patrimonio cultural y ancestral que nos pertenecen a todos. En mi caso las historias me continúan ayudando a conocerme. Iniciar leer a Jung ha sido revelador, darme cuentaque soy parte de algo más grande, y atemporal es una receta contra el sin sentido de la vida.

 

“Cuanto más incierto me siento de mi mismo, es cuando más ha crecido en mi

un sentimiento de parentesco con todas las cosas”

Carl Jung

 

Por eso hay que saber elegir las historias. Pero con tanta oferta de series, plataformas, uno se pierde. Tampoco pretendo que solo vayan disparados a los clásicos, y que desprecien todo lo nuevo. Sin embargo, en vez de verse la 7ma Spider man o Batman, tengan la curiosidad de desempolvar un clásico en la casa de tus papás o de quien sea. Y si después de diez páginas no tienes ganas de seguir, para. No te sientas con la responsabilidad que te guste, no todos los libros o historias son para ti. Lo único que sé, es que si una historia ha sobrevivido más de 3.000 años, es porque en ella hay elementos que tienen raíces tan profundas, que no importa la evolución, las guerras ni el progreso humano. Esa historia gracias a sus arquetipos va revelar más cosas de ti que el noveno Iron Man.

Además, con relación al aprendizaje somos unos privilegiados por la tecnología alcanzada. Por primera vez en la humanidad, la palabra tiene un alcance y una duración como la lectura. Esto gracias a los audiolibros, y a los Podcast. Es realmente una revolución, como la imprenta. Cualquier persona que quiera aprender, reflexionar, o informarse de algo lo puede hacer en camino al trabajo, haciendo deporte o cocinando. En estos últimos meses he comenzado a acercarme a la filosofía, y a la psicología. Todo esto en mis trayectos al trabajo. La parte de la población que sepa utilizar estas herramientas, no solo va conocerse mejor, sino que va ganar habilidades. Es una oportunidad enorme de hacer algo valioso en el tiempo libre.

 

Porque, si bien últimamente me he tomado más en serio el objetivo de dejar de ser un puto analfabeto. Tengo claro que leer por placer siempre ha sido un interés de las minorías. No digo elite, ni intelectuales, sino minoría. No podemos pretender que la gente se aprenda el idioma alemán para leer a Schopenhauer como Borges. Pero por eso Borges fue Borges. Y me despido con Jorge Luis, y un extracto de una entrevista suya.

 

“No estoy seguro de que yo exista, en realidad. Soy todos los autores que he

leído, toda la gente que he conocido, todas las mujeres que he amado. Todas

las ciudades que he visitado, todos mis antepasados”

 

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