Vagabundeo – Roberto Bolaño

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Vagabundeo - Roberto Bolaño
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Vagabundeo – Roberto Bolaño


Nada me ataba a Barcelona, solo tenía que coger el tren y marcharme.
Dicho y hecho: metí en la mochila los libros y la ropa y me marché con viento fresco.
Todo lo que no cupo lo regalé. A la altura de Mataró comencé a olvidar todos los rostros…
Pero, claro, eso es un decir, nada se olvida…

 

Transcripción

Hola a todas y todos. Espero que anden bien, yo vengo llegando de una semanita de vacaciones necesaria, hace mucho tiempo no salía de casa por tanto tiempo. La pandemia ha sido todo trabajo y responsabilidades, y la verdad es que hacía mucha falta salir y satisfacer el estímulo vital de ver cosas distintas, sentir nuevos aromas, y sabores. Estimular la imaginación, y cargarse con la solar la vitamina D que tanto hace falta acá en las zonas más alejadas del Ecuador.

 

En fin, debo admitir que durante esta serie de Vagabundeo me he sentido un poco hipócrita. Mis años de viajes, de mochileo, y de busca vida han quedado en el pasado, y si bien, ni Jack Kerouac ni Jack London, prolongaron este estilo de vida durante toda su vida. Estos dos, los protagonistas de los episodios de la serie vagabundeo, me es imposible no tener ese sabor agridulce de compartir algo que tal vez ya no es más parte de mi vida.

 

Pero tal vez aquí viene bien citar a Hemingway en su París era una Fiesta:
“Cuando éramos pobres, pero tan felices”

 

Por eso quiero terminar esta trilogía con mi escritor más cercano, mi compatriota Roberto Bolaño. Como los tres escritores de esta serie, su obra se mezcla constantemente con su vida. Hay autobiografías, y alter egos por todas partes. Los tres tienen en común de haber tenido vidas desmesuradas, de haber salido de la caja, de haber sido valientes, y de no haber superado los 50 años de edad.

 

¡Pero qué importa!, en este mundo donde la biotecnología nos promete rejuvenecimiento de tejidos, la juventud eterna, incluso la inmortalidad…¿Vale la pena intercambiar cantidad de vida, por calidad de esta?

Tal vez sí, soy hipócrita, hablo desde la adultez, y no desde la vejez, pero dame 50 años bien vividos, con emociones fuertes, aventuras, y vértigo en vez de la mesura y una vida sin riesgos. Al final este es el mensaje más grande de esta serie de vagabundeo.

 

Mejor cito a Mario Santiago, el amigo entrañable de Bolaño, a quien le dedica el epígrafe de su novela La Pista de Hielo.

 

Si he de vivir, que sea sin timón y en el delirio

 

Esa es la apuesta. De hacer la vida una obra de arte. Ese es el mensaje de para mi su mejor libro Los Detectives Salvajes , hay gente que dice que es 2666, la cual sin lugar a dudas es enorme, en todo sentido, en su extensión y en su ambición. Pero no puedo evitarlo, así como les comentaba en el episodio anterior que La llamada de lo salvaje de Jack London es un libro que me cambió la vida. Con Los detectives salvajes fue lo mismo.

 

Pero vamos por orden. Empezaba citando en este episodio a Bolaño en ese fragmento de La Pista de Hielo, ya que me transmite en solo unas líneas lo noble del movimiento.
Nada me ataba a Barcelona, metí en la mochila los libros y la ropa y me marché con viento fresco. Todo lo que no cupo lo regalé, a la altura de Mataró empecé a olvidar todos los rostros, pero claro, eso es un decir, nada se olvida.

 

Pero como no adorarlo, si con tres párrafos, describe magistralmente el salto al vacío, todo el proceso que puede durar años de preparar un viaje a ya estar en la ruta y darse cuenta que todo el pasado está detrás, sólo para darse cuenta que el pasado nunca es pasado, y que cargamos con esa mochila, con esos rostros para siempre. Nada se olvida…y todo lo que no cupo lo regalé …es empezar de cero…

 

Todos deberíamos viajar al menos una vez en la vida así, más a base de instintos. Tantos nos ahogamos en la orilla, tantos barcos naufragando en el muelle. Equivoquemonos muchachos. Después de todo, ¿qué es el ser humano ? Sino posibilidades, eso es lo que me despierta leer a Bolaño.

 

Y cómo no iba a cambiarme la vida leer Los detectives Salvajes, un libro para los académicos con citas de autores y esta normalización de que la verdadera literatura habla sobre más literatura. Y más encima lo hace elegantemente sin pretensiones ni pomposidad, cada citación es un engranaje y tiene intención, no es pavoneo por demostrar lecturas, bibliografía y conocimiento. Eso me encanta de Bolaño, se nota que no es académico en el sentido más clásico en que se debe mostrar la sabiduría, la investigación. Nada de esa masturbación académica.

 

Mientras que por otro lado, el mundo Bolaño también tiene esa dimensión criminal de vándalo. Se nota que Bolaño tiene calle, que le tocó meterse al fango y vivir en lo precario. Su literatura sólo en los últimos años le dio réditos, por lo que le tocó ganarse la vida realizando otras actividades como guardabosque, tal como Kerouac, así como temporero, vendedor de bisutería. Además de tener marcada una vida en Chile, México, el cual lo marcaría a fuego, y España. En resumen es uno que satisface los paladares más finos, y rústicos.

 

Escuché a un periodista español en una conferencia de Bolaño diciendo “Y como no me iba a volar la cabeza Los Detectives Salvajes” si lo leí en Tijuana viviendo como rata, solo. Mi argumento es el mismo, como no me iba a volar la cabeza Los detectives Salvajes si lo leí en París viviendo como nómada sin estabilidad alguna, luego de haber vivido un año como temporero, oficio que también realizó Bolaño, y que tiene varios capítulos en la segunda parte del libro.

 

Hay que explicar que Los detectives Salvajes, son tres partes, la primera ocurre en Ciudad de México, donde su protagonista García Madero descubre la poesía, la sexualidad, y también el crimen, entre medio de una banda de jóvenes aspirantes a poetas, quienes crearon un movimiento el infrarrealismo. La segunda parte, para mi la mejor, es un seguimiento de todos esos detectives salvajes, a quienes encontramos en gran parte de la primera parte, que no son más que jóvenes y personas buscando la vida poética. Esta segunda parte dura 20 años, y consiste en múltiples monólogos de personajes tan disímiles como poetas, nazis, académicos, criminales, ninfomanas, temporeros, arquitectos chiflados, y prostitutas en México, España, Francia, Israel, Austria, Inglaterra, Africa  que van tejiendo una gran historia. Pareciera que Bolaño nos quisiera decir aquí que no hay un gran héroe Homérico, ni un superhombre Nietzschiano, sino un ejército de parias idealistas que van siendo derrotados y olvidados uno a uno por el implacable paso del tiempo, no son ni siquiera una fuerza colectiva; sino la evidencia de su derrota irrelevante en esta búsqueda. No hay un sentido, no hay una suma, solo hay una agregación de partes que se montan sin jamás fundirse del todo. Algunos dejan de aparecer, otros irrumpen, y así. Es la vida.

 

Y la tercera parte es la secuela del violento desenlace de la primera pero en el desierto del Norte Mexicano.

 

El resultado de este libro ha sido un amor por la literatura que nunca creí posible tener. Un amor puro hacia los autores, hacia los poetas, y a la vida poética. Porque eso es lo que son los detectives salvajes, unos buscadores de la vida poética, que no es lo mismo que ser poeta No, es como decía al inicio, es hacer de la vida una obra maestra, hacer que tu vida tenga significado, y valor, y belleza, y cantos, y bailes, y peligro, y éxtasis. Pero no todo es belleza, el precio de esta búsqueda y este camino es terrible, es sufrimiento, burla, aislamiento y el olvido, sobretodo olvido. En eso Bolaño es total, no vende humo, ni es utópico, es real. Se sienten muy verosímiles todas las historias que narra, y particularmente los monólogos, la capacidad de poder describir los sufrimientos de una mujer golpeada, o la tensión criminal de un enfrentamiento a cuchillos, la despedida de dos amigos del alma en una línea de tren o el detalle carnal y fogoso de relaciones homosexuales, y no digo lo último como algo peyorativo, sino como algo alejado al escritor, es ese Universo y su totalidad el que cautiva.

 

Estoy seguro que sin Los Detectives Salvajes, no habría creado este Podcast. Esta obra logró darme un espejo, darle una voz a mi yo idealistico, que bloquee por tanto tiempo. Con los detectives salvajes empecé a leer en serio y hasta escribir más en serio, a realizar el ejercicio de expresar mis anhelos, sueños y temores aunque sea en un papel o delante de un micrófono. Después de todo, para el ser humano más introvertido, que siempre está en las sombras de los extrovertidos, y en el silencio proyectados por estos. Es muy difícil expresar nuestras inquietudes y obsesiones. Somos invadidos por temas terrenales y banales que no nos despiertan mayor interés y debemos consolarnos con nuestra propia compañía.


Es por eso que no sorprende que un rasgo para nada atípico entre los escritores, o artistas en general, es que sean introvertidos. Siempre están mirando el mundo de costado, observando y recopilando sensaciones y moldeando mundos. Después de todo , estos mundos necesitan ser creados, y nosotros los introvertidos necesitamos vaciarnos y seguir.

 

Otro rasgo importante de la obra de Bolaño es el inmigrante sudamericano en Europa. A diferencia de los escritores del boom literario sudamericano, de los años 60’ donde varios son; o exiliados, o consolidados, no hay una gran presencia del sudamericano pasando miserias y viviendo con lo mínimo en Europa. Bolaño nos muestra a ese sudamericano, muchas veces criminal, muchas veces lastre. Y si bien juega un poco con el tema del exilio, el no es propiamente un exiliado.

 

Es más, en uno de sus cuentos autobiográficos narra su viaje de México a Chile en bus justo antes del golpe de Estado de Pinochet. En ese enorme y extenso viaje, ocurre el golpe, y al llegar a Chile, Bolaño tenía la intención de alinearse en alguna resistencia y luchar contra la dictadura. Rápidamente se da cuenta que ahí no había nada, la poca resistencia era más boca que nada. Y después de ser detenido por militares, y pasar dos o tres noches en la cárcel es liberado al ser reconocido por un ex compañero de liceo, quien era militar. A sus 23 años Roberto Bolaño rompería con Chile por  más de 20 años, y vuelve a México para al poco tiempo comenzar la segunda mitad de su vida en Cataluña.

 

Pero no por eso dejaría de ser chileno; como a tantos compatriotas o sudamericanos que nos movemos en el extranjero en grupos donde somos el único de nuestra nacionalidad, nuestra identidad pasa a ser nuestro país. Somos Chile, somos el chileno, el peruano, el argentino, el mexicano. En Brasil unos cariocas siempre me invitaban a fumar macoña con ellos porque era Valdivia, un jugador de fútbol. O ahora que pude estar en Canarias, un vagabundo al saber mi nacionalidad inició a cantar canciones de Victor Jara, y hablar de Violeta Parra y se despidió llamándome Chile, es lo normal. Siempre son el deporte y la cultura que te abren puertas, o mejor dicho la pasión.

 

Si bien Bolaño es chileno, sería injusto no decir que su educación sentimental y el inicio del poeta sería en México, donde forma parte de los ya mencionados infrarrealistas, un grupo literario más punk, que aparecía en conferencias académicas boicoteandolas o funandolas como se dice en Chile. Es ahí, en su juventud donde encuentra su tribu y se enamora de la literatura, decidiendo convertirse en poeta. Empresa que continuaría persiguiendo en Europa. París era la gran urbe artística para los sudamericanos del boom literario, ese de Córtazar, Vargas Llosa, y García Márque entre otros. 

 

“Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará vayas donde vayas, todo el resto de tu vida”

Ernest Hemingway

 

Todos esos escritores emigraban a ese París inmiscuido por el romance de los años 20’ y estos seguramente por belle epoque, y así cada generación mirando con nostalgia el pasado. Bueno, el que explica mejor que nadie eso es Woody Allen, con su Midnight in Paris. Y la nostalgia de rememorar y pisar las huellas de los héroes pretéritos.

 

Y si bien puedo dar fe que todavía hay mucho movimiento artístico de latinos en París. Todo esta tradición se rompería y de a poco pasaría a ser Barcelona ese gran polo artístico, que atraería a todos los aspirantes a artistas a graduarse como las grandes voces de su generación. 


Bolaño a diferencia de Kerouac e incluso de London no habla del vagabundeo. No porque lo desprecie, sino porque es una elección de vida, es solo una consecuencia. Es lo normal. No se lamenta, no tiene contradicciones porque asume que está persiguiendo algo a que le debe dedicar su vida. Además es un joven sudamericano en los años 70’ en Europa, es su destino.

 

Como buen sudamericano, no le tenía miedo a la pobreza escribiría también en Los Detectives Salvajes. O en su corta novela Amuleto, donde la protagonista uruguaya, Auxilio Lacouture, nos regala esta reflexión.

 

“Pero yo no le hago asco a la pobreza. En latinoamérica, salvo tal vez los chilenos, nadie se avergüenza de ser pobre”

 

Son precisamente este tipo de líneas las que te despiertan una admiración profunda por su pluma. Es esa sagacidad que solo se puede desarrollar en el extranjero al ver reflejadas sus diferencias e identidad ante lo desconocido y diferente. Continuo con algunos de estos ejemplos en sus dos cortas novelas sobre la dictadura chilena.

 

“Los jóvenes bebían como jóvenes y como triunfadores, y además aguantaban la bebida como chilenos”

Nocturno de Chile. Aquí hablando de algo que nos enorgullece a los chilenos y a todo pueblo latinoamericano.Y de lo que puedo dar fe.

Sigamos.

“En este país de bárbaros, dijo, ese camino no es de rosas. En este país de dueños de fundo, dijo, la literatura es una rareza y carece de mérito el saber leer”

Nocturno de Chile. Del mismo libro, esta vez algo negativo de lo cual solo los críticos y menos prácticos seres sudamericanos nos avergüenza de nuestra procedencia. La poca cultura y sofisticacion de nuestra elite.


Sigamos.

 

“Parecía un tipo duro, como solo pueden serlo – y sólo pasados los cuarenta – algunos latinoamericanos. Una dureza tan diferente a la de los europeos o norteamericanos. Una dureza triste e irremediable”

Estrella distante. Esa tristeza irremediable es un rasgo típico de esa generación de sudamericanos acostumbrados a las calamidades, y que han hecho de esto una coraza, un activo y su motor de batalla.

Y hablando de tristezas en  su Opus Magna, la grandiosa 2666, uno de sus personajes en plena segunda guerra mundial añoraba lo siguiente:

 

“En ocasiones se sentía tan bien, dormitando sobre su laja húmeda que no se hubiera reincorporado al batallón nunca más. Y en más de una ocasión lo pensó en serio, desertar vivir como un vagabundo en Normandía, encontrar una cueva, comer de la caridad de los campesinos o de pequeños hurtos que iría realizando y que nadie denunciaria. Tendría ojos de nictálope, pensó. Con el tiempo mis ropas quedarían reducidas quedando a unos cuantos harapos y finalmente viviría desnundo. Nunca mas regresaria a Alemania. Un dia moriria ahogado y radiante de felicidad”

 

Un dia moriria ahogado y radiante de felicidad, para bajar finalmente el telón del horror de la guerra y la vida. Es el fin, el hermoso fin como diría Jim Morrison.


Pero 2666 es demasiado maciza, demasiado total y ameritaría otro episodio mucho más literario para abordarla. Pero algo que tienen en común 2666 con Los detectives Salvajes, es el desierto. Bolaño tiene una fijación con el desierto en el norte mexicano como símbolo de la búsqueda.  Y el desierto es al final la nada.

 

“Voy a viajar, voy a perderme en territorios desconocidos, a ver que encuentro, a ver que pasa. Pero previamente voy a renunciar a todo”

En esta afirmación de buscar lo nuevo y perderse en ello siempre he encontrado una paradoja, si el viajero se pierde de manera definitiva, no hay forma de conocer lo qué que llo vislumbró en su travesía. No hay trazos de sus huellas.

“Para viajar de verdad, los viajeros no deben tener nada que perder”

 

También escribía esto en su libro de cuentos Llamadas telefónicas. Toda carga, posesión o identidad contamina la experiencia, traiciona la búsqueda introspectiva. El sujeto se construye en el viaje para transformarse en otro. Es necesario viajar, perderse en el camino, para volverse a encontrar o para encontrar la novedad: Algo que tal vez siempre ha estado ahí durmiendo, es decir una nueva lectura de la realidad, algo a lo cual poderse aferrar y poder sopesar la mediocridad existencial.

La búsqueda de lo nuevo, es decir el viaje en sí, es una búsqueda de la identidad, de encontrar esa diferencia que permite el reconocimiento propio en lo otro, en lo externo. En Bolaño, los viajes son la iniciación de los escritores, es el proceso vital en el que primero tienen que buscar lo nuevo para luego, y solo luego poder escribir, convertirse transgrediendo sus propios valores y límites. Y cuando digo escritor… es para Bolaño, pero esto es aplicable para todos, y para todos los oficios. Porque para Bolaño el oficio del escritor se corresponde con transitar senderos peligrosos, abismales, de los que casi nunca se sale bien librado. Pero sin embargo se hace, ya que lo que embruja es el vértigo, el vivir peligrosamente.

 

Y terminando de redondear lo del viaje, su destino es el mismo que prefirió la generación beat en su momento: el viaje descubriendo nuestro continente: América, antes que Europa. Tal como otro latinoamericano, contemporáneo de los beat y también con gran influencia cultural en las generaciones posteriores: El Che Guevara, que salió a recorrer América pero no se encontró así mismo en el arte como el grupo de poetas, sino en la política

 

Espero que tú también tengas el privilegio de poder salir a viajar y te descubras en el arte, en la política, en el deporte, o lo que sea, pero que sea sobre todo algo que te encienda e ilumine el corazón.

 

Al final Bolaño nos responde la pregunta :

 

¿Cuál es el lugar del artista, hombre o mujer, en la sociedad de hoy? Bolaño parece responder: el artista es definitivamente un paria en el mundo contemporáneo, ha sido expulsado de la sociedad de la gente considerada “decente” por la mayoría. El artista latinoamericano no tiene apoyo, no tiene becas Guggenheim, ni mecenas locales con buen gusto ! Ja! Eso es para el primer mundo. Es por eso que debe salir a vagabundear, y ese vagabundeo al final es su  activo, su pulsión y sensibilidad ante la vida. Su salvación y perdición.

 

Y así me voy despidiendo, no sin antes leer un par de versitos del Bolano poeta.

 

En el camino de los perros mi alma encontró

a mi corazón. Destrozado, pero vivo,

sucio, mal vestido y lleno de amor.

 

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