Las puertas de la percepción: conciencia y realidad en Huxley


Las puertas de la percepción de Aldous Huxley es un ensayo clave sobre la conciencia, donde el autor explora cómo el cerebro filtra la realidad y qué ocurre cuando ese filtro se altera. Este episodio forma parte de una exploración sobre conciencia, misterio y transformación en En el Camino.

¿Qué es “Las puertas de la percepción” de Aldous Huxley?

“Las Puertas de la Percepción: Cuando Aldous Huxley Vio el Infinito”

Hoy quiero llevarte de la mano a través de una de las experiencias más reveladoras que he encontrado en la literatura: “Las Puertas de la Percepción” de Aldous Huxley. Este no es solo un libro sobre drogas o visiones psicodélicas – es un viaje filosófico que cuestiona los mismos cimientos de cómo percibimos la realidad.

Cuando leí por primera vez cómo Huxley describía su experiencia con la mescalina, sentí que alguien finalmente ponía en palabras algo que siempre intuí: que el mundo es mucho más de lo que nuestros sentidos nos muestran. En este episodio, quiero compartir contigo:

  • Mi fascinación por la idea del cerebro como “filtro reductor” – ¿por qué solo vemos una fracción de la realidad?
  • Las conexiones que descubrí entre Huxley y místicos como William Blake (de quien tomó el título del libro)
  • Cómo esta lectura cambió mi manera de ver el arte, especialmente cuando Huxley describe contemplar un simple jarrón como si contuviera todo el universo

Me sorprendió encontrar tanta sabiduría en un texto tan breve. Huxley no solo narra su viaje psicodélico, sino que:

  1. Cuestiona nuestro materialismo moderno
  2. Propone que el arte y la espiritualidad son ventanas a lo infinito
  3. Predijo (en 1954!) muchos debates actuales sobre sustancias y conciencia

¿Has tenido alguna experiencia que te hiciera cuestionar los límites de tu percepción? A mí, leer este libro me dejó mirando el mundo con otros ojos, literalmente.

Este episodio forma parte de una exploración y serie de episodios de podcast, más amplia sobre percepción y conciencia, donde distintas voces, desde Jung hasta la tecnología moderna, apuntan al mismo problema: no vemos la realidad tal como es.

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las puertas de la percepción

Aldous Huxley – Las puertas de la percepción Explicado

Huxley creía que nuestro cerebro se había entrenado durante toda la evolución para descartar todas las percepciones que no nos ayudaban directamente en nuestra lucha cotidiana  por la existencia. Hemos ganado seguridad, pero en el proceso hemos sacrificado nuestro asombro.

El cerebro como filtro: ver menos para sobrevivir

Huxley abuelo, Thomas Henry Huxley, fue un ferviente seguidor de Darwin, conocido cómo el “bulldog de darwin”, por la defensa de su teoría de la evolución, fue un biólogo y filósofo que acuñó fama por su trabajo intelectual en el siglo XIX victoriano británico.
Bajo esa sombra y capital cultura, llegó Aldous al mundo. Esta influencia de la ciencia y netamente, de la biología, se nota en su obra, para los que hayan leído el “Mundo feliz”, su obra más conocida, del año 1932. Tal vez la obra de narrativa distópica más certera y clarividente del siglo pasado, más aún que 1984 de Orwell, o cualquier otra.

 

El objetivo de Huxley como novelista era llegar técnicamente a la perfecta fusión de la novela y el ensayo. Y eso se nota.

Las puertas de la percepción: un experimento con la conciencia

Pero hoy vamos a hablar de la “Puerta de la percepción”, un libro tardío en su obra, en 1954, ya en su época en California. Este es un ensayo experimental, sobre su experiencia con la mescalina y el LSD, drogas que “deberían ser explotadas por sus supernaturales experiencias visionarias”. Dijo
“No hay ni trabajo, ni monotonía, solo un perpetuo presente, creado por un continuo y cambiante apocalipsis” Diría Huxley-

Este fue un libro que tuvo un tremendo éxito e influencia en la contracultura de los años venideros. The Doors, la banda de Jim Morrison, de los 60’, es nombrada así como un guiño a la obra de Huxley, “The doors of perception”. También se encuentra el libro en la caratula del disco de The Beatles, Sargent Pepper.

William Blake y la idea de lo infinito

Si las puertas de la percepción fueran purificadas, todo aparecería para el ser humano, como realmente es, infinito”
William Blake

 

Con ese epígrafe empieza Huxley este ensayo de 60 páginas. Verso que también he utilizado, cómo epígrafe para algunos podcast, de jung y del paso del tiempo.

 

Huxley empieza el libro sobre lo que ha escuchado del peyote que “Administrado en adecuadas dosis, cambia la calidad de la conciencia más profundamente y que también es menos tóxica que cualquier otra sustancia de las farmacéuticas.”

Huxley, habla de esa raíz común sobre la veneración de estas culturas arcaicas al acto de consumir peyote en california. Como William Burroughs u otros escritores contemporáneos, en la misma época, se volcaron a estas drogas de manera experimental.


Es que siempre ha existido esa sospecha, y aquí suscribo con Huxley, de que por la comodidad y progreso que hemos logrado, hemos perdido otros aspectos de la vida. Y el hombre arcaico, con todos sus defectos y limitaciones, pareciera con su serenidad mostrarnos lo hemos ido descartando.

 

“Vivimos juntos, actuamos y reaccionamos a cada uno y una, pero siempre en toda circunstancia, estamos a solas. Los martires van mano a mano a la arena, pero son crucificados solos. Abrazados, los amantes desesperadamente intentan fusionar sus extasis en una sola autotrasendencia, en vano. Por su naturaleza cada espíritu encarnado está condenado a sufrir y gozar en soledad. Sensaciones, sentimientos, conocimientos, pulsiones, todo esto es privado, y excepto a través de símbolos, son incomunicables. Podemos acumular información sobre experiencias, pero nunca de la experiencia en sí misma. Desde la familia a la nación, todo grupo humano es una sociedad de universos aislados.”

 

Como ven el misterio de la percepción, el velo de la realidad, los filtros que son nuestros sentidos, y de todo lo que se pierde en el lenguaje y en la experiencia, es lo que le interesa a Huxley, es ese su motivo para experimentar con la mescalina.

El viaje: cuando la realidad pierde su forma

En ciertos casos la comunicación entre universos es incompleta o incluso no existente. La mente es su propio lugar, y los lugares inhabitados por el insano y el excepcionalmente dotado son tan diferente de los lugares donde el hombre y la mujer ordinaria viven…Hay demasiado poco para entender al otro. Las palabras fallan completamente en iluminar. Las cosas y eventos a los cuales los símbolos se refieren, pertenecen mutuamente a los reinos exclusivos de la experiencia.”

 

Huxley continua:
Por ejemplo, como puede el sano comprender lo que se siente sentirse loco? o entender el mundo de un visionario, como el mencionado Blake, o el mencionado Swedenborg en el episodio de Sincronicidad, o a Bach”

 

Al final estamos hablando del gran problema, todavía no solucionado, de la conciencia. De experimentar una modificación de ella, ya sea mediante hipnosis, o por meditaciones sistemáticas, o por la ingesta de drogas.

 

Huxley, empieza a narrar su viaje, pero primero se introduce como alguién que se autopercibe como un pobre visualizador. Las palabras, incluso, las preñadas palabras de los poetas le resbalan. Hay gente que es más visual, otra más sensorial, en fin, sigamos a Huxley sin prejuicios.

 

Huxley consume mescalina, en su casa, luego va a la ciudad, pero siempre acompañado por un guía. Media hora después de ingerida la droga se dio cuenta de un lento baile de luces doradas. Pero no vio caras o formas de hombres o de animales. Tampoco vió nada extraño, tipo metamorfosis de estructuras. Es que el mundo de la mescalina, que le había abierto la puerta a Huxley, no era de visiones. El gran cambio estaba en el reino de los hechos objetivos. Lo que había pasado para su universo subjetivo era relativamente no importante.

 

Ni agradable ni desagradable. Solo era.

 

Se acercó a un jardín y empezó a ver unas flores y comprendió el error de Platón, de separar el ser, con lo que uno deviene. De lo que somos con lo que nos convertimos. Veía todo con una transitoriedad que era sin embargo vida eterna, un perpetuo fallecer, que era al mismo tiempo puro ser, un manojo de tiempo, unas partículas en las cual, por algún innombrado y sin embargo autoevidente paradoja, tenía que ser vista la fuente divina de la existencia.
Aquí Huxley empieza a hablar de rosas, de lirios, jazmines y de colores, luego de libros, al entrar en una tienda,  de color rojo rubí y azules tipo lapizlazulim tan profundamente llenos de sentido.

¿Y en términos espaciales? Nada se había modificado de manera importante. Parecía irrelevante, la relación de espacios había dejado de importar, y su mente percibía el mundo en otros términos espaciales. Lugar y distancia, cesaban de tener interés. Su mente percibía en términos de intensidad de existencia, profundidad de significado y relaciones dentro de patrones..Todos los libros brillaban con una luz parecida a la gloria. Por supuesto, que la categoría de las tres dimensiones había sido abolida. Por supuesto que todavía el espacio estaba, pero había perdido su predominancia. La mente era primariamente preocupada no con medidas ni localizaciones, sino con ser y sentido.
¿El tiempo? Completamente indiferente.
Por supuesto podría haber mirado a mi reloj, pero mi reloj estaba en otro universo” Decía Aldous.

El colapso del tiempo y el espacio

Einstein le habría dado la razón. Si les interesa el tema del tiempo, tengo una trilogía de podcast, que pueden revisar, que les dejo colgados acá arriba.

Huxley así se ponía a revisar sus muebles, su jardín, nada era visto desde una óptica utilitaria, sino desde su vista estética, como un director de cine, grabando formas y su relación con el espacio. Estuvo minutos o siglos, dice él, no solo observando las patas de bambú de su silla, sino que siendo ellas.

 

Aquí Huxley vuelve con la función del cerebro y el sistema nervioso, que es eliminar y no reproducir la realidad. Si fuera de lo contrario, la vida sería insoportable, como dice Nietzsche, que la vida sería imposible sin olvidar, sin modificarla. No, somos demasiado frágiles para todavía despertarnos del todo.

 

Lo que sale del otro lado de la experiencia, luego de los filtros biológicos de nuestra evolución como especie, son meras muletas, gafas miopes que nos permiten sobrevivir en esta época en este planeta.

 

Huxley vuelve al lenguaje. Cada individuo en este contexto, es beneficiario y víctima de la tradición lingüística dentro de la cual ha nacido. Beneficiario porque le da acceso a las experiencias de desconocidos que nos han antecedido, pero víctima, porque nos reduce los fenómenos con su imprecisión, de lo que se es consciente.

El lenguaje como límite de la experiencia

Pero hay otro tipo de gente, quienes poseen esta válvula de la realidad, con menos filtros. Es como cuando decía en el episodio de Labatut, la piedra de la locura, y citaba a Philip K Dick: “Si este mundo te parece terrible, deberías ver algunos de los otros”
Hay personas que tienen más acceso, y que erraticamente tienen contacto con lo imperceptible para la mayoría, en visiones, sueños, etc.

Qué ocurre cuando cambia la percepción

Resumiendo, Huxley sustrae las siguientes ideas:
1. La habilidad para recordar y pensar es nula.

  1. Las impresiones visuales son intensificadas y el ojo recupera algo de la percepción inocente de la infancia. El interés en el espacio es reducido y en tiempo, es casi zero.
  2. Aunque el intelecto continua sin defectos, y la percepción es drásticamente aumentada, la voluntad sufre un cambio para peor. Ninguna tarea parece importante.

 

Para algunos esto gatilla un mundo visionario de belleza. Para otros puede haber percepciones extra sensoriales. Para otros, nuevamente es revelada la gloria, infinita, llena de sentido de la existencia.

Los colores y sombras se hacen más variados y vastos, para los que en situaciones más extraordinarias, la persona sería ciega.

 

En este estado Huxley empieza a contemplar arte, Van Gogh le parece nada extraordinario, Botticelli y su Venus y Marte, tampoco, pero las arrugas de su pantalón, le parecen un laberinto lleno de texturas y formas, complejísimo. Lo mismo le ocurre con unas persianas, que cree que representan y contienen todo el sentido del mundo.

Para Huxley, lo que el resto de los mortales percibe con mescalina -dentro de los que se incluye- el artista, tiene acceso a ello en su cotidiano. Para ambos las persianas son un jeroglífico que subyace con un misterio insondable del ser.

 

Arte, visión y acceso a lo real

No hay meras cosas, ni categorías arbitrarias, patéticas, imbéciles  y utilitarias. Todo está cargado de ser.


Ok, todo bonito, trascendente y significativo con los objetos. Pero ¿Y las relaciones humanas? Toda esa grandeza extraordinaria no deja espacio para lo mundano, para hablar, para pequeñeces como nuestros problemas. Huxley dice que era simultáneamente, un “no individuo” percibiendo y siendo ese “no individuo” de todas las cosas alrededor suyas. No es que haya un desprecio para los demás, sino que se convierten enormemente irrelevantes.

El problema humano: lo trascendente vs lo cotidiano

Estaba deliberadamente evitando las miradas de las personas de la sala. Una de ellas era mi esposa, el otro una persona que respeto y me agrada mucho, pero ambos pertenecían al mundo, del cual por un instante, la mescalina me había liberado – el mundo de los seres, del tiempo, de la moral, y juicios, y consideraciones utilitarias, el mundo -y era este aspecto humano el que más quería olvidar- de la asertividad, arrogancia, de las sobre valoradas palabras y nociones de reverencia.

 

Nuevamente mirando a Cezanne, con su puntillismo y su impresión de la naturaleza, le parecía payasesco “quien carajo te crees” decía riéndose, no a cezanne, sino a toda la humanidad.

En cambio, se veía atraído a las pinturas de Vermeer, un pintor flamenco, del siglo XVII, nunca una sonrisa de sus retratos, ni un despliegue de autoconciencia, ni una mirada envidiosa al hijo de otra mujer, ni amor, ni odio, ni trabajo. En el acto, en el oficio, imbuimos al cuerpo con el ser, que impide manifestar lo divino y esencial, que es el “no individuo”, que decía antes. Para Huxley, la válvula de la realidad de Vermeer había sido purificada en parte. El esencial “no individuo” podría ser percibido muy claramente en cosas y en criaturas vivas en el aquí, en el ahora inconsciente del bien y el mal. En humanos, esto es solo visible cuando están en reposo, con sus mentes despreocupadas y sus cuerpos inmóviles.

¿Pero como este estado de “no ser” podía reconciliarse con sus pares humanos o con lo cotidiano? Huxley dice que es incompatible. A pesar de todo este estado de contemplación, uno es propenso a sentir en un sentido todo lo supremo, y en otro sentido, que algo está mal. No hay forma de contemplación, incluso en la más quietista, sin una valoración ética. Y la mitad al menos de nuestra moral es negativa, la que nos tiene alejados de la maldad.

La verdad, es que como dice Pascal, toda la maldad sería enormemente reducida si los seres pudieran aprender a sentarse quietos en su habitación. Solo una vez aprendiendo esto, que se percibe con la mescalina, el ser debería tener derecho a deambular.

 

Cuando todo lo que percibimos es sagrado e infinito, que motivo hay para la arrogancia, para la persecución de poder o deprimentes formas de placer. Los contempladores no son propensos a asesinar, a apostar, a emborracharse ni a ser intolerantes, ni mucho menos hacer guerras.

El contemplador construye puentes, observa en detalle, y esto ya es fuera de los efectos de la mescalina. Ese estado o esa quietud es algo de lo que nos podríamos beneficiar como especie.

La habilidad de ser visionario, es verdad, es otra cosa. Ser un William Blake, no es para todos. Pero una cosa es poder tener visiones, deja vu, sueños premonitorios, como hemos visto que hasta a personas normales sin talento, como a mí mismo, me ha ocurrido, como les narré en este episodio de los sueños de Jung. Pero otra cosa muy distinta es poder transmitir esa belleza peculiar y ajena a nuestro mundo de manera significativa como Blake con versos o grabados.

 

Ver con los ojos cerrados es más bello y trascendente que con los ojos abiertos. Y cualquiera que ha tenido un sueños decidor, lo sabe. El mundo externo es ese del cual somos esclavos todos los días, el cual nos ejerce una rutina. En cambio el mundo interno que visitamos en nuestros sueños y meditaciones con sus extrañezas y ausencia de monotonía, es de tal fascinación que no podemos repetir el mismo mundo en dos sueños seguidos. Es lo divino. Huxley dice que los taoístas , al igual que el budismo zen, creen en contemplar más allá de las visiones el vacío y a través del vacío a las mil cosas de la realidad objetiva.

 

Huxley vuelve con una historia de su amado Blake, que cuando este vio un sketch de Rubens, a pesar de su desprecio por el arte naturalista, exclamó eufórico “esto no es un dibujo, esto es inspiración!”

 

Otra cosa que ve positiva de este estado es la disolución del ego,que es llevado por fuerzas que ni él comprende, y que se preocupa por el futuro, incluso de manera enfermiza.

 

Pero si hay un riesgo, se dio cuenta Huxley, embargado de amor por todo observando una huerta con sus ciclos, vegetales, y verduras, el pasto, la sombra, la luz,  con la vida y muerte presente, y este riesgo no era la inacción, sino que era el riesgo de la esquizofrenia, por la profunda contemplación.

Enfrentado luego a una silla se sintió mirado como en juicio final, al borde del pánico. Ahí se dió cuenta que estaba yendo demasiado lejos. Demasiado, incluso si la belleza y la significación profunda también aumentaba. El miedo, miraba en retrospectiva, era la abrumadora desintegración de una realidad más grande que la mente, acostumbrada a vivir en mundo confortable de símbolos y lenguajes…le ocurrió lo que la literatura religiosa llama el Misterium tremendum. Este miedo es debido a la incompatibilidad entre el hombre egotista y la puridad divina, entre el hombre irritado y la infinitud de Dios. 

El riesgo: locura, ego y desintegración

El problema de la esquizofrenia consiste en su inhabilidad de reconocer la línea entre los dos mundos: la realidad interna y externa. El esquizofrénico es como una persona siempre bajo la influencia de mescalina, y por lo tanto imposibilitado de cerrar la experiencia de la realidad externa, la cual no es suficientemente sagrada para vivirla. Huxley comprendió ese peligro de sumergirse demasiado en ese mundo que podía conducir a la locura.

Es elemental el cable a tierra nuevamente, como decía Jung, cuando inicio a experimentar con sus visiones.

 

“Que haya una voz que te tranquilice, de día e incluso mientras duermes, de que a pesar de todo el terror, todo el desconcierto y la confusión, la realidad última permanece inquebrantablemente misma y es de la misma sustancia que la luz interior incluso de la mente más cruelmente atormentada.” Es verdad, vivimos y sentimos cosas aisladas, pero estamos todos conectados a esa misma sustancia misteriosa, a esa misma sombra y luz.

 

La humanidad en su totalidad parece difícil que prescinda de los paraísos artificiales. La mayoría de los hombres y mujeres, llevan vidas en el peor caso dolorosas, en el mejor, monótonas, pobres y limitadas al deseo de escapar, al anhelo de trascender aunque sea por unos pocos momentos, ese ha sido uno de los principales apetitos del alma”

 

Desde los inicios, nuestras especies han buscado en estos “químicos intoxicantes”, como llama Huxley, en los narcóticos, en los vegetales sedativos, alucinógenos en bayas o raíces. saciar ese apetito. Es el pan espiritual, como lo llama Kandinsky,  El apetito del alma, nos empuja a modificar nuestra conciencia. Actualmente, la mayoría de estos agentes, no pueden ser consumidos sin una prescripción de profesionales de la salud. Es así, que quedamos confinados a dedicarle gran parte de nuestro tiempo y energía a tomar y fumar, incluso más que la educación, dice Huxley.

El deseo de trascender: religión, arte o química

Pero el cáncer a los pulmones, los accidentes de tráfico, y los millones de alcohólicos miserables y creadores de miseria, son tremenda evidencia de que este apetito del alma.

Huxley no apela a prohibir el alcohol, pero sí ofrecer nuevas puertas. Es que la necesidad de tomar “vacaciones químicas” del intolerable egoísmo y repulsivo entorno se mantendrá. Huxley dice que se necesita una droga que pueda aliviar nuestro sufrimiento sin dañar en el largo plazo su beneficio en el corto. Con la mescalina, no hay adicción, ni resaca, ni disturbios a terceros.

El anhelo de trascender de la consciencia de uno mismo, es un apetito del alma. Cuando, por cualquier razón, hombres y mujeres, fallan en trascender por la veneración a algo, o por el trabajo con sentido y experiencias espirituales, estarán propensos a restaurar esto con un sustituto químico.

Idealmente para Huxley, cada uno debería intentar de encontrar esta autotrascendencia en alguna forma de religión o en el oficio con sentido. Pero esto es difícil.

 

La religión mayoritaria en occidente, ha desproveído, en el imaginario, de su poder divino. La gente va a misa, toma parte del rito, escucha los sermones, repite las plegarias, pero su sed espiritual, continua insaciable. Así, decepcionados, se vuelcan a la botella. ¿Dónde está Dios o lo espiritual para esa gente? El objeto de veneración para el hambriento de sentido, se va a la botella ¿Y como no? Si ésta, es la más cercana a proveer una experiencia religiosa, en la euforia, y desinhibición de un tercer vaso. Yo por años me sentí así, viviendo a la espera del fin de semana.

Huxley compara a estos hambrientos de sentido con los consumidores de peyote en pueblos nativos de EE.UU. Ellos no balbucean, ni se ponen violentos,. Cita a un doctor que los ha estudiado, Dr. Soltkin, que indica que el pejotista habitual es más pacifico, diligente y pacífico.

Huxley ya en las últimas páginas, consciente de lo pro drogas que puede sonar su discurso, escribe que lo único que sugiere es una gracia gratuita, no necesariamente para la salvación, pero potencialmente para ayudar. Tener ventanas, o mejor dicho puertas en nuestro camino para sacudirnos de la percepción ordinaria, y ser guiados por una miseras pero imperecederas horas a un mundo exterior e interior, alejado de la obsesión de sobrevivir, o de las nociones y palabras, sino capturado directa e incondicionalmente por la mente en su totalidad, que nos es vedada en el cotidiano.


Hablamos demasiado. Deberíamos hablar menos y dibujar más. Personalmente debería renunciar a hablar en general, y como la naturaleza organica, comunicar todo lo que tengo que decir en dibujos”
Goethe


En un mundo donde la educación es predominante verbal, la gente más educada encuentra imposible de tomar atención seriamente a nada que no sean palabras y nociones.
Pero hay humanidades que no son verbales, dice Huxley. Las artes de ser consciente de hechos de nuestra existencia, son completamente ignorados. Como lo que hablábamos antes con el misterium tremendum.

 

Pasa que los verbalistas son sospechosos de lo no verbal, los racionalistas temen a eso determinado, al hecho o evento no racional, fuera de la causa efecto, pero empírico, como explica por ejemplo la sincronicidad de Jung. Pero esto no se puede clasificar con las ciencias sociales tradicionales, no es religión, no es neurología, no es gimnasia, ni educación cívica, ni siquiera experimentos psiquiátricos completamente aceptados. Sin embargo, ahí están, y lo ignoramos.

 

“Los ángeles tienen la vanidad de hablar de sí mismos como los únicos sabios” Blake

Eso le sucede a los seres exclusivamente racionales, los pobres, no entienden que hay más puertas.

 

ojo, el razonamiento sistemático no es algo de lo que podemos prescindir como especie, o individuos. Pero tampoco podemos prescindir, si queremos continuar sanos, de la percepción directa de lo no sistemático, de lo que sale de la causa y efecto y de la “razón”.

Ser enlightened, iluminado o de mente abierta, dice Huxley, es estar al tanto siempre, de la totalidad de la realidad de su inmanente otredad -de estar al tanto, y así y todo, permanecer en la condición de sobrevivir como animal preformateado por el ADN, para pensar y sentir como un ser humano.
Nuestro objetivo es descubrir que siempre hemos estado donde deberíamos estar. Que estamos alineados y en paz con nuestra vida interna y externa. Pero, en ese camino de paz, a cada ángel, siguiendo el léxico de Blake,e le será permitido un “premio” o muletilla, a ayudar con estos viajes químicos a abrir puertas en la muralla a mundos de la experiencia trascendental. Si esto trae una breve pero eterna iluminación, tanto mejor. En cualquier caso, así el Ángel, arrogante de Blake, podría perder algo de su confianza insolente e ingenua sobre la razón.

Volver distinto: el precio de ver más

El ser que entra a través de la puerta en la muralla nunca será el mismo al ser que salió de esa puerta. Será más sabio, pero menos arrogante, feliz, pero menos presumido, más humilde en reconocer la ignorancia, pero mejor equipado para aprender la relación de palabras y cosas, de la razón por el inconmensurable misterio, el cual intenta siempre en vano, de comprender”

 

Hasta la vuelta, chau!

 

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