Benjamin Labatut y Después de la luz: locura y transformación
Después de la luz de Benjamín Labatut es un libro extraño, intenso y profundamente personal. Un viaje por alquimia, ciencia, sueños y transformación interior.
En este episodio exploro sus cuatro etapas —Nigredo, Albedo, Citrinitas y Rubedo— como un descenso al misterio y una búsqueda de sentido.
Porque a veces la verdad no se entiende: se atraviesa.
¿Qué revela Después de la luz sobre la conciencia, la alquimia y la transformación interior?
En este episodio de En el Camino Podcast, exploramos Después de la luz, el libro más personal y oculto de Benjamín Labatut. Un viaje alquímico dividido en cuatro etapas —Nigredo, Albedo, Citrinitas y Rubedo— donde la ciencia se disuelve en misticismo, y la locura se transforma en revelación. Hablamos del vacío, del límite de la razón y del poder de reinventarse en medio de la oscuridad.
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Si este episodio te resuena, no es casualidad. Hay libros que no solo se leen: nos transforman.
En la serie sobre conciencia, misterio y transformación profundizo en este cruce entre psicología, ciencia y experiencia interior.
Tal vez este sea un buen lugar para seguir.
Benjamín Labatut y Después de la luz: ciencia, misticismo y descenso al misterio
Después de la luz: el libro más íntimo y oculto de Benjamín Labatut
“Mis opiniones e ideas se desvalorizaron, dejé de creer en cosas que había tomado por sagradas durante toda mi vida. Tuve que pasar cada vez más tiempo solo, ya que las personas transmitían tanta información sobre sí mismas a cada instante que me sentía completamente sobrepasado. En la calle pegaba la vista al suelo para no mirar a nadie. Al trabajo llegaba con audífonos y no me los sacaba ni para ir al baño. Apenas salía de la oficina subía los cerros que rodean Santiago y no bajaba hasta después de la puesta de sol, tratando de evitar a los montañistas que corrían a la cima sin detenerse en el camino. Cuando el frío del invierno no me dejaba meditar, empecé a hacer una serie de pequeños experimentos. Aprendí a escribir con mi mano izquierda, torpe como la de un niño. Si salía a comer pedía el plato que menos me gustaba. En todas las discusiones adoptaba el punto de vista contrario al mío. Cambié las rutas que seguía para ir a la oficina, la forma en que me vestía, la pornografía con que me masturbaba. Convencí a mi mujer de cargar sigilos de magia cabalista durante el sexo, aunque a esas alturas apenas podía mover su panza de ocho meses. Compré binoculares, lupas y lentes con cada vez mayor aumento, obsesionado por ver las cosas más de cerca, como si pudiera encontrar, en medio de la minucia de la vida cotidiana, un nuevo lenguaje para entender el mundo.”
Después de la luz, Benjamín Labatut.
Hola caminantes y buscadores de sentido. Soy Nico y esto es En el camino Podcast. Hoy voy a comentar Después de la luz, de Labatut, el libro más personal de su obra, y el cual no ha vuelto a publicar, aparentemente, por motivos personales.
Este es un libro bisagra en su obra, es que luego de Después de la luz, el cual mismo alguna vez confesó ser un insectario de ideas, vendría Un Verdor terrible, el 2019, el cual le traería un éxito mundial y le cambiaría la vida. Pero el germen invisible de esta nueva vida, la del Labatut escritor reconocido, está acá. Entramos en su proceso vital, un soliloquio con el universo, y un diálogo con mensajes de lo inefable, y su búsqueda hacia una nueva conciencia, de una nueva voz a través de nuevos estímulos, de adentrarse en la alquimia, en el vacío, en las matemáticas, en los sueños y en el vacío, que es la nada creadora.
El libro está dividido en cuatro partes. Nigredo, Albedo, Citrinitas y el Rubedo. Nigredo en la alquimia representa el primer estado de la gran obra: la putrefacción, la descomposición del ego, la muerte de lo que creíamos ser. Luego, la segunda parte Albedo que es la blancura interior: el alma se limpia del residuo de la muerte. Es el despertar a un nuevo sentido. Luego viene citrinitas, que es el dorado: la inteligencia despierta. El sol interior ilumina la materia, y finalmente la última parte del libro: El Rubedo que es es el rojo de la vida: la fusión de la materia y el alma. El oro interior. En todo momento la alquimia, la vida, las leyes del universo atraviesan su vida personal. Si ya es complicado explicar el estilo de Maniac, o Verdor terrible de labatut, una mezcla de ensayo novelado. Aquí pareciera que entramos en su libreta de apuntes, lo más cercano a un diario de ideas, repleta de datos o ideas inconexas, pero detrás de todo esta erudición, hay -no se equivoquen- una esfuerzo, una obsesión clara: Su afán por desvelar el velo del misterio. Ese velo que proyecta su sombra desde las partículas elementales hasta el cosmos, y por cierto, y sobre todo en Benjamín Labatut.
Mejor dejemos al escritor. Espero que disfruten el programa.
En la visión jungiana, la alquimia no se entiende como una práctica para transformar metales en oro, sino como un lenguaje simbólico del proceso de individuación: el camino interior mediante el cual una persona integra las partes inconscientes de sí misma para llegar a una totalidad.
Para Jung, los antiguos alquimistas proyectaban sus transformaciones internas sobre la materia. Cuando hablaban de “purificar el plomo para obtener oro”, en realidad estaban describiendo un proceso psíquico: transformar lo burdo (el ego inconsciente, las sombras, los impulsos) en algo luminoso (la conciencia integrada, el Sí-mismo).
En este sentido, la alquimia es una metáfora del viaje interior, donde cada etapa (nigredo, albedo, rubedo) refleja crisis, purificaciones y síntesis del alma. Es la psicología del alma en imágenes, el arte de convertir la experiencia interior en conciencia viva. Ese es el viaje de Labatut a través de este texto.
Nigredo: la caída, la putrefacción y la muerte del ego
En la alquimia, Nigredo representa el primer estado de la Gran Obra: la putrefacción. El plomo interior, la descomposición del ego, el descenso al inconsciente. Es que todo proceso de transformación comienza con la muerte de lo que creíamos ser.
Esta sección es el relato de su disolución mental y espiritual. El autor se hunde literalmente en la oscuridad —como el buzo atrapado por la narcosis de nitrógeno.
El descenso: oscuridad, vacío y ruptura interior
“La narcosis de nitrógeno, también conocida como el rapto de la profundidad, genera alteraciones en el sistema nervioso y en la percepción de los buzos que nadan demasiado hondo. Un instinto irrefrenable por ir más abajo, alejarse de la superficie, abrazar la oscuridad del útero marino. Uno solo debe patalear unos cuantos metros, luego el mar te succiona, caes sin esfuerzo, de cabeza, bajo la presión del agua circundante, con la euforia del nitrógeno disuelto en tus tejidos acelerando la transmisión nerviosa.”
Estamos irrevocablemente atraídos por la oscuridad, por el descenso, por un nuevo sistema del mundo que solo se logrará en el vértigo de perder la razón. Esta es la tónica del libro, el cual pasa de una confesión brutal, como con ese aislamiento que buscaba Labatut en el inicio del video, a data filosófica o científica cautivante.
“Hay estrellas cuya luz jamás podremos ver. A medida que el espacio se expande de forma exponencial y todo se aleja de todo, la esfera del universo observable nos permite conocer solo una fracción de lo que existe. Este proceso se está acelerando. Poco a poco, el cielo se vaciará, la distancia se volverá inabarcable. En cien mil millones de años, viviremos completamente aislados, encerrados en nuestra galaxia. Luego las estrellas se apagarán, los agujeros negros se evaporarán, los núcleos atómicos van a decaer. Las partículas elementales viajarán de un lugar a otro sin interactuar,en un cosmos que no parará nunca de crecer. Dominado por la energía oscura, el universo habrá alcanzado su máxima entropía, la muerte térmica.”
En esta etapa de su vida Labatut finalmente empieza a escribir en serio, la mujer que ama espera una hija, evento que lo impregna de una valentía que no conocía, la cual lo empuja a la experimentación, hacia buscar una nueva voz, a encontrarse, pero ojo, Labatut sabe muy bien lo que hace.
Su mente se abre a un vacío que no destruye, sino que fecunda: el Sunyata budista, el vacío preñado de todas las formas.
“Los budistas lo llaman sunyata, la vacuidad preñada de la que brotan todos los fenómenos. Libre de características, condiciones, del ser, la existencia, el tiempo y sus categorías, sunyata es la falta de esencia del universo, un punto medio entre la nada y el ser que permite el surgimiento de la realidad
como fenómeno interdependiente. La física moderna ha encontrado propiedades similares en su intento por alcanzar el corazón de las cosas: en medio del vacío perfecto surgen de forma espontánea partículas de materia y antimateria que roban energía del futuro para luego aniquilarse
mutuamente. El tejido mismo del espacio-tiempo se vuelve inestable en la escala más pequeña, se agita creando pequeñas burbujas, como si luego de siglos de avances científicos Occidente hubiera alcanzado la misma conclusión que un monje descalzo a los pies del Himalaya: la forma es vacío, el vacío es forma.”
En esta etapa de Nigredo, solitaria, hay una gran melancolía, es el enfrentamiento con nuestra sombra. Es la putrefacción, el esqueleto, y la descomposición. Labatut sabía de esto, sabía el precio que tenía que pagar. Ya no estaba solo, no le quedaba otra.
“El último saber oscuro es patisankha- nana, la contemplación reflexiva. El meditador volverá a revivir todos los tormentos de las etapas anteriores. Su cuerpo se vuelve pesado como una piedra, tieso como un madero, su conciencia atrapada en un ciclo de dolor, ansia, asco, pánico, náusea, irritación, cansancio y apatía. Solo quien es capaz de tolerar este calvario sentirá el comienzo de un cambio hondo y sutil. Sin tristeza ni alegría, sin rechazo ni apego, germina en su mente la ecuanimidad libre de esfuerzo, semilla de la verdadera liberación.”
Aquí nace la idea que recorre todo el libro: la verdad sólo aparece cuando la razón colapsa. Pero como Labatut, le gusta hablar de lo místico desde la ciencia, no se queda solo con la alquimia y el budismo, va a la lógica, a la matemática a comprobar lo mismo, aquí nos encontramos con alguien a quien le dedicaría un libro completo en los años venideros: John Von Neumann, con Maniac.
“De forma casi inaudible, en el último día de la Conferencia de Königsberg, Kurt Gödel murmuró su Teorema de la Incompletitud. Nadie le prestó la más mínima atención. Sus comentarios ni siquiera fueron incluidos en laedición de Erkenntnis, una revista dedicada al positivismo lógico que recogió las conclusiones de la conferencia. Con solo veinticuatro años, patológicamente tímido, retraído, posiblemente paranoide, Gödel había sepultado para siempre la esperanza de que la matemática fuera completa y consistente. Había probado que existía un límite absoluto a lo que podíamos saber de la realidad utilizando sistemas formales lógicos, acabando con la máxima aspiración del proyecto científico de Occidente. El único que entendió las consecuencias de lo que acababa de escuchar fue John Von Neuman, quien se acercó al joven checo sin poder creer lo que había oído. Gödel había probado que en cualquier sistema lógico siempre habría proposiciones que no podrían ser negadas ni probadas. Meses después, Gödel recibió una carta de Von Neuman: el húngaro había ampliado sus postulados y demostrado que las matemáticas no solo eran incompletas sino además inconsistentes, es decir, ciertas proposiciones se podían probar como verdaderas y como falsas, lo que da origen a todo tipo de paradojas y contradicciones. Gödel le dijo que eso ya lo había descubierto y publicado bajo el nombre del Segundo Teorema de Incompletitud. Juntos, ambos teoremas socavaban la máxima aspiración de la ciencia moderna: hallar un conjunto de axiomas desde los cuales se pudiera deducir todos los fenómenos posibles. Desde entonces sabemos que siempre habrá verdades que exceden los límites del pensamiento. Armados solo con la razón, la verdad última estará siempre más allá de nuestro alcance.”
Hemos dado más de 3.000 años de vueltas de progreso, técnica, bien estar, para llegar a la misma conclusión que los místicos: La razón tiene límites en su pensamiento, en sus fronteras, es irracional, contradictoria.
El resurgimiento del desorden y el sinsentido parece estar a punto de arrebatarle el timón al hombre moderno, justo en el momento en que pensaba haber obtenido un control con el que ha soñado desde que tiritaba de miedo en las cavernas.
“Labatut muestra que la modernidad científica ha vuelto, sin saberlo, al mismo punto que el misticismo: descubrir que el vacío no es nada, sino el origen.”
“El cerebro no tolera el vacío: al quedar desprovisto de estímulos externos producto de una enfermedad, accidente o degeneración, la mente, siempre sedienta de realidad, puede generar sus propias experiencias. El sordo oirá música, el ciego tendrá visiones, quien ha perdido el olfato sentirá extraños perfumes y la boca se llenará de sabor ahí donde la lengua se ha secado. La pierna del amputado continúa picando, la mano del soldado aprieta el mango de la espada. De igual manera, el hombre que busca librarse de las amarras que lo atan al sentido solo forjará una nueva imagen del mundo a la cual encadenarse.”
¿Que está cambiando en ti?
Albedo: la purificación y el exceso de luz
“Albedo es la blancura interior: el alma se limpia del residuo de la muerte. Es el despertar a un nuevo sentido.”
Concepto:
En la alquimia, Albedo es el estado de purificación. Después del caos negro, llega la claridad. No es todavía oro: es el blanco de la conciencia que empieza a reflejar la luz.
En Labatut:
El autor emerge de la sombra. Pero la luz que encuentra no es consuelo, sino exceso de información. Aquí entran las visiones, las voces, la sobrecarga, los genios que rozan el límite. Por ejemplo, la visión de Philip K Dick, el escritor de ciencia ficción, del cual hizo un ensayo La piedra de la locura, libro del que hice un video-podcast también.
Philip K. Dick, visiones y la mente tocada por lo divino
02/03/74. “Abre la puerta y ve a una mujer con un collar en forma de pez alrededor del cuello. Un rayo de luz neón le atraviesa el cerebro. Le dice que el Imperio nunca se acabó. Le dice que su hijo sufre una enfermedad mortal no diagnosticada. Mira a su alrededor y ve los jardines de sus vecinos superpuestos sobre la tierra y el polvo de Galilea. Soldados romanos persiguen a los fieles de dios. Philip K. Dick llamó VALIS a la voz que lo invadió (acrónimo de Vasto Sistema de Inteligencia Viva), una tormenta de información que no dejaría de rugir en su cabeza hasta el día de su muerte y que inspiró sus libros más radicales y extraños. ¿Han sentido la ola de caos que se nos viene encima desde el futuro? Una sobrecarga de información, una frecuencia que se transmite de cerebro en cerebro, alterando nuestro mundo sin dejar rastro. Yo la oigo fuerte y clara, ya no puedo escuchar otra cosa. Dice que no hay equilibrio en la naturaleza. Dice que el alma del mundo está enferma.”
Es la mente tocada por lo divino, pero incapaz de sostenerlo sin fracturarse. Philip K Dick, murió convencido que el mundo era una simulación, una cruel broma hecha por el gran diseñador ¿Y no sentimos acaso con la inteligencia artificial, por ejemplo, que la replicación de la vida no es exclusivamente algo orgánico? ¿Que los alienigenas no eran cabezones sino hechos de bits? Philip K. Dick sospechaba que el universo era gobernado por un dios enloquecido, y que parte de su locura era la creación continua de mundos falsos ¿No hay acaso la posibilidad real de mundos paralelos? Sufrimos porque nuestro universo no se puede comprender, sus leyes estarán siempre más allá de nuestro alcance ya que ha sido creado por una mente enferma. Solo quienes abandonan el sentido compartido pueden atisbar el orden caótico que lo subyace.
Ayuno, fiebre y revelación: el origen visionario de Labatut
Pero estas visiones también le ocurrieron a Labatut, quien desde muy joven, empezaba a experimentar con ayunos. Antiguamente, se iba a la monotonía del desierto en ayuno a buscar visiones, algo parecido le ocurrió a un pequeño Benjamín de 12 años.
“Al cuarto día de ayuno el cuerpo te duele por completo aunque ya no sientes el hambre que te ha venido mordiendo como un perro. Comienzas a experimentar los efectos para los cuales el ayuno ha sido utilizado durante milenios: alucinaciones visuales y sonoras, arranques de emoción, una concentración sobrehumana. Como dormir requiere más energía de la que dispones, te pasas la noche en vela, sintiendo cómo vibra tu cuerpo y la tierra.El resto de mi familia hacía asados y se burlaba de mí, pero no se tomaron mi fervor en serio hasta que me encontraron mojado de pies a cabeza, balbuceando incoherencias. Ocurrió el año en que cumplí doce años. Mis padres habían arrendado una cabaña en el sur de Chile, al costado de un río en que se bañaban golondrinas de pecho tornasol. El frío era tan inclemente que solo nos dejaban pasar un par de horas afuera, envueltos en toda la ropa que nos cabía encima. Yo aprovechaba ese tiempo para adentrarme en el bosque. Me sentaba sobre la tierra húmeda y rezaba con devoción. Repetí esa rutina todos los días, a pesar de los gritos de mi madre y sus amenazas de pulmonía al verme regresar tiritando. El último día de las vacaciones, cuando solo me dedicaba a mirar el vuelo de un abejorro hinchado de néctar, sentí, con todo el cuerpo, la presencia de algo enorme, envolvente, inequívoco. No tengo más recuerdos de ese día. Mis padres me encontraron al anochecer, delirando de fiebre. Decía que había visto a Dios escondido tras los árboles.”
Esa visión, esa luz que enceguece, ese enfrentamiento con lo divino, también se puede encontrar afuera del mundo, del planeta. Por ejemplo, cuando se mira la tierra desde el espacio.
“El efecto perspectiva es la euforia trascendental y el sentimiento de conexión universal que experimentan los astronautas al ver el mundo completo de una sola vez. Es capaz de alterar su conciencia de forma profunda y permanente. El sol brilla en la oscuridad total del vacío, nuestro planeta flota como el frágil huevo de un anfibio, protegido solo por la delgada cáscara de nuestra atmósfera. No todos han podido tolerarlo: un año después de haber regresado de su viaje a la Estación Espacial Internacional como tripulante de la nave Discovery, la astronauta norteamericana Lisa Nowak manejó de un lado al otro de los Estados Unidos, desde su hogar en Houston hasta el aeropuerto de Orlando, usando los mismos pañales que había utilizado bajo su traje espacial, para no tener que detenerse en el camino. En su auto llevaba guantes de látex, una peluca de pelo negro, un rifle a postones, spray de pimienta, una gabardina color canela, un martillo de perforación de dos libras, tubos de goma, bolsas de basura, guantes negros, zapatillas para correr, un paraguas, su computador, quinientos dólares y un cuchillo plegable marca Gerber de veinte centímetros de largo, todo lo cual utilizó para tratar de secuestrar a la mujer por la que creía que su amante la había abandonado. Su intento fue un fracaso. Lisa Nowak fue arrestada. En el juicio se declaró temporalmente demente.”
Pero si hay alguién importante en la vida de Benjamín Labatut, ese es Samir Nasal, su mentor quien le enseñó y mostró el camino de la escritura.Como vas a considerate un escritor, si nunca has escrito una elegía, le dijó alguna vez. Este escritor nunca publicó una sola página, pero más allá del oficio de escribir, le regaló otro misterio, una posibilidad. La de cambiar.
“El año anterior a mi crisis había estado intentando terminar una novela sobre el hombre que me enseñó a escribir. Cuando murió me enteré de que no era la persona que había creído. Fui su último alumno y sabía poco sobre su vida: se había casado, separado y tenía dos hijos que vivían en Estados Unidos. Había escrito desde niño, pero nunca publicó uno solo de sus poemas, que quedaron apilados en una caja cuando su enfisema pulmonar terminó de matarlo. Fue profesor en la Universidad de Chile, trabajó en dos buenas librerías en Santiago y dictaba talleres literarios para ganar dinero extra, pero siempre vivió en la pobreza. Incapaz de superar el duelo o de escribir sin su guía, entrevisté a todos los que lo habían conocido. Las tías que lo criaron cuando su madre se suicidó, las sobrinas que lo llamaban «papá», un sinfín de viejos amantes, poetas borrachos y un ejército de jóvenes escritores y escritoras sin ningún talento a quienes, sin embargo, dedicó su vida y quiso como si fueran sus propios hijos. Todos me hablaron de una persona diferente. Me di cuenta de que el viejo había inventado una biografía y una personalidad para cada uno de nosotros y que nadie sabía cuál era la verdadera. En parte por imitarlo y en parte para superar el bloqueo creativo que me paralizaba, me obsesioné con la idea de despertar una segunda voz en mi cabeza, una conciencia distinta a la mía que pudiera escribir los libros que yo siempre había soñado.”
El saber se convierte en fiebre, en chispa (scintilla) que quema. El conocimiento siempre es aislamiento, dolor. El Albedo de Labatut no es paz: es sobreexposición. La mente iluminada corre el riesgo de quemarse. Cada genio en el libro encarna esa tensión: tocar la claridad absoluta y perder el equilibrio humano. Eso era lo que buscaba Labatut, incluso con magia.
“Elegí la más extraña y la proyecté en una estatua de madera del Aku-Aku, el dios descarnado de Isla de Pascua, que había traído a casa en uno de mis viajes, y alrededor de la cual construí mi primer rito de magia. Con las herramientas de grabado de mi mujer, perforé sus orejas alargadas, tallé la punta de su pene, que colgaba monstruoso y lacio desde los huesos de suscaderas y barnicé una a una sus costillas. Decoré sus pupilas dilatadas y cubrí su calavera, dientes y espalda con símbolos y encantaciones. Luego de un mes de preparación dibujé el círculo en el suelo, dispuse los cuatro elementos en los puntos cardinales y encendí la vela. La temperatura de mi habitación cayó de golpe, mis brazos se volvieron tan pesados que no podía levantarlos. La sonrisa burlona del ídolo se hizo cada vez más grande, un zancudo voló demasiado cerca de la llama y cayó encendido a sus pies. El olor de sus alas chamuscadas perduró durante horas, a pesar de que abrí todas las ventanas para ventilar antes de que mi mujer regresara del trabajo.”
¿Que está cambiando en ti?
Citrinitas: cuando la ciencia roza la mística
“Citrinitas es el dorado: cuando la inteligencia despierta. El sol interior ilumina la materia.”
Este es el Tercer estadio de la Gran Obra: el amanecer del oro. Después del blanco lunar, aparece la luz solar.
Representa la integración de la mente y el alma, el saber como experiencia vivida.
En esta parte, el pensamiento científico alcanza su madurez simbólica. Labatut conecta ciencia y misticismo con nombres concretos: Pauli y Jung, Newton, Kepler. El conocimiento se convierte en visión.
Las leyes del cosmos se revelan como música, como correspondencia entre lo exterior y lo interior. Pero todo descubrimiento viene con su precio: aislamiento, locura, muerte. Estamos en la manifestación de lo extraordinario, de lo que desafía -lo que llamamos pobremente, como causa y efecto:
Jung, Pauli y el punto donde mente y materia se tocan
“Wolfgang Pauli conoció a Carl Jung luego del suicidio de su madre. Entre 1927 y 1932, la joven estrella de la física, de quien Einstein había dicho que era el único que entendía su trabajo, vivió un periodo de intenso sufrimiento. Borracho, pendenciero y fuera de control, Pauli llegó donde Jung en busca de ayuda. Aunque nunca fue su paciente, le envió más de mil sueños al psicoanalista y entre ambos desarrollaron una amistad basada en su interés común: encontrar el nexo que une la mente y la materia. Fruto de este trabajo, Jung desarrolló su concepto de sincronía, una conexión no causal entre los eventos mentales y físicos a través del sentido. Pauli predijo la existencia de los neutrinos décadas antes de que fueran descubiertos y ganó el premio Nobel gracias a su Principio de Exclusión, el cual explica el hecho de que dos objetos no pueden ocupar el mismo espacio y está en la base de todas las reacciones químicas. Aunque era conocido como el azote de Dios, por la ferocidad de los ataques que lanzaba contra las ideas científicas que consideraba poco rigurosas, él mismo fue perseguido durante toda su vida por un fenómeno sobrenatural. Empezaba a sentir una enorme concentración de energía dentro de él, la cual crecía y crecía hasta que delicados instrumentos científicos dejaban de funcionar y objetos cotidianos estallaban en llamas en su presencia. Sus colegas lo bautizaron el Efecto Pauli, y llegó a ser tan potente que uno de sus amigos cercanos le prohibió que entrara en su laboratorio.”
Manifestaciones, energías y singularidades. Cuando el modelo se resquiebra. En la unión de mente y materia.
“Los ciegos pueden usar su corteza visual para oír. Henry Miller, el escritor casi completamente sordo, recuperaba su audición al volar en avión. No solo podía distinguir todo lo que decían los demás pasajeros, sino que comenzaba a escuchar una música grandiosa, etérea y sublime, cuando el avión superaba los treinta mil pies de altura.”
Pero no será acaso, que no existe un solo modelo o sistema, o mejor dicho con el lenguaje pobre del ser humano, realidad? En la que burdamente, inscrustamos el mundo en él? Hay solo un mundo? ¿Quien lo dijo? ¿Que pasa en los sueños? ¿Que es eso? ¿No habrán acaso universos paralelos?
“Su hijo lo encontró inmóvil en la cama, de costado, vestido de traje y corbata como todos los días de su vida. El niño trató de sacudirlo, pero en los últimos años su papá se había vuelto mórbidamente obeso y ahora el rigor mortis había congelado su cuerpo. Fue la única vez que tuvo contacto físico con su padre. Antes de morir producto del alcohol y los cigarrillos, Hugh Everett III postuló una de las ideas más hermosas de la física. Mundos paralelos, la creación de múltiples universos ramificándose a cada momento, fue la forma en que Everett interpretó el extraño comportamiento de las partículas elementales, que parecen tomar todos los caminos y ocupar todos los estados posibles al mismo tiempo. La novedad de Everett fue decir que esas posibilidades eran todas reales, y que no habitamos un mundo, sino muchos. Fue ridiculizado, sus ideas olvidadas durante décadas.
Trabajó para el Pentágono, eligió los objetivos de los misiles nucleares de Estados Unidos y ayudó a crear la doctrina de destrucción mutua asegurada, conocida por la sigla MAD. Se obsesionó con métodos para predecir el futuro. Murió poco después de que sus ideas resurgieran gracias a una
nueva generación de físicos, sin ver el efecto que los múltiples-mundos tendrían en la ficción, cultura y ciencia de finales del siglo XX. Su hija Elizabeth trató de quitarse la vida ocho veces y lo logró en 1996. Su nota suicida dice que va a encontrarse con su padre en un mundo paralelo”
Citrinitas en resumidas cuentas es el amanecer que ciega. Cuando ciencia y espíritu se funden. Labatut nos dice que el pensamiento puede volverse visión. Cuando la ciencia toca su límite, roza la mística. En ese punto, la mente ya no razona: contempla.
Y tu ¿Que está cambiando en ti?
Rubedo: cuerpo, muerte y reconciliación con la vida
“Rubedo es el rojo de la vida: la fusión de la materia y el alma. El oro interior.”
Esta es la etapa final de la alquimia. Cuando la obra está completada: el espíritu se encarna en la materia. Es el fuego que une lo que estaba separado.
El regreso al cuerpo: evolución, memoria y materia viva
“La piel de gallina, el hueso de la cola, las muelas del juicio, el Tubérculo de Darwin, el órgano de Jacobson. Cinco vestigios de un ser distinto al que hoy somos. Ya no nos erizamos como un gato enfurecido, ni atrapamos aire para protegernos del viento glacial como las aves, pero nuestra piel
recuerda sus viejas plumas y se tensa cuando el miedo, la belleza o el placer nos sobrecogen. Los demás vestigios los cargamos como fósiles en distintas partes de nuestro cuerpo: las vértebras fusionadas de nuestra cola arcaica escondidos al final de nuestra columna vertebral; cuatro dientes que ya no caben en nuestra boca; un nódulo en la hélix de nuestras orejas descrito por Darwin y que se preserva en solo el diez por ciento de la humanidad; y las ruinas de un órgano ubicado entre nuestra boca y nariz con que podríamos oler feromonas y cazar en la oscuridad como las serpientes.”
Rubedo es el regreso al cuerpo, pero transformado. Labatut sale del abismo con una mirada nueva: la muerte como motor de la vida. Esa muerte está en todas partes.
“Darwin fue el primero en imaginarlo: LUCA (Last Universal Common Ancestor) es el último ancestro universal, el organismo del que descienden todas las formas de vida. Padre y madre de lo vivo, LUCA habría existido hace tres mil quinientos millones de años, como la base del tronco del que se desprenden los tres reinos biológicos Archaea, Bacteria y Eucarya. Sin embargo, hay quienes postulan que LUCA no sería el comienzo. Antes de las células más primitivas que conocemos, habría existido el Progenote.Este ser rudimentario no había desarrollado una relación directa entre su código genético y sus características físicas. Mientras que nuestro ADN fija de forma prácticamente invariable el resultado final, el del Progenote era ambiguo y equívoco. Una misma instrucción podía generar dos seres completamente diferentes, con resultados impredecibles. En el origen de lo vivo, se esconde un ser variable, mutante y aleatorio.”
El regreso al origen, la unidad biológica. Habla del cuerpo que se renueva, de las células que mueren para sostenernos, del ADN compartido, de la continuidad de lo vivo. Aquí la ciencia se vuelve mística pura: la muerte creadora, la inmortalidad como ciclo. El tono final es de reconciliación, no de certeza. Después de la luz… hay vida otra vez.
“En las aguas del mar Mediterráneo y en las costas de Japón vive una especie de medusa que ha logrado una de las formas de la inmortalidad. Luego de alcanzar la maduración sexual, puede revertir sus procesos biológicos para regresar a la etapa infantil, una forma de vida colonial en la que ya no vive como un individuo libre y flotante sino como una colonia de pólipos adheridos al fondo del océano. En principio este proceso puede continuar indefinidamente, convirtiéndolo en uno de los pocos seres que puede evadir la muerte.”
La muerte es la escultura de la vida, Labatut busca en su erudición y obsesión ejemplos que escapan a la muerte. En la maravillosa e increíble naturaleza, encuentra este ejemplo de la continuación ¿Ha llegado el momento de dejar de pensar como gotas y sumergirnos en la totalidad del océano? Eso es pareciera lo que nos quiere decir esta nueva sombra de replicación de vida, que es la Inteligencia Artificial ¿Nos terminaremos de unir con ella?
Y termino con el horror de la reintegración la totalidad al inconsciente, narrado por una vivencia que le ocurrió al propio Labatut, en los sueños
El sueño lúcido, el demonio y el horror de la conciencia
“El insomne no duerme por miedo a despertar. Cuando recién me recuperaba, cuando mi hija caía al gatear y su risa llenaba el vacío, cuando mi cabeza se había recompuesto de la desintegración y volvía a sentirme parte de las cosas, tuve mi primer sueño lúcido. Lo había buscado toda mi vida, para recuperar aunque fuera por un instante la intensidad de mis sueños de niño, tan vívidos y extraños que estaba convencido de habitar dos mundos diferentes. Desperté dentro de una cueva decorada como un palacio, junto a mi mujer. En la distancia una veintena de personas cenaban en una mesa de banquete, los hombres vestidos de frac, las mujeres con pelucas, aros y faldas enormes. Al comienzo fue igual que cualquier sueño normal, luego sentí el cambio, el clic de la conciencia como un golpe de corriente, pero en vez de despertar o volver a caer en el ensueño, todo adquirió la firmeza y claridad de la vida diurna. Eufórico, me palpé el cuerpo, pellizqué mi piel y miré mis manos, temeroso de que la ilusión se acabara en un instante. Estoy completamente despierto, le dije a mi mujer, que seguía de pie al lado mío, tan real como si fuera de carne y hueso. Disfrútalo, me respondió, y yo me dediqué a imaginar objetos que aparecían con solo pensarlos, salté hasta alcanzar el techo, asombrado por los cuadros que tapizaban las paredes rocosas, pintados con colores que no eran de este planeta. Iba a intentar volar cuando me rodearon. Eran tres veces más altos que un ser humano, sus ojos brillaban con inteligencia y maldad al medio de rasgos que cambiaban continuamente. El más grande se dobló hacia adelante y acercó su nariz afilada a dos centímetros de la mía. TÚ NO PERTENECES AQUÍ, gruñó mostrando sus dientes. El resto del sueño fue una pesadilla. Me humillaron y torturaron durante una eternidad. Los hombres me arrancaron la piel y la usaron como un títere, me cambiaron el sexo y vistieron como niña. Las mujeres me pusieron pañales y se peleaban a mordiscos para ver quién me limpiaba el culo. Cuando el último de ellos se había aburrido y todos discutían para ver qué hacer conmigo, el líder los calló, me levantó del pelo y les dijo: vamos a ver a la Jefa. Me arrastraron por una larga escalera hasta llegar frente a un trono cuyo respaldo se perdía en las alturas. Un gran demonio cubierto de pechos, pelo negro en llamas y ojos crueles me estudió como si fuera un insecto. «¿Qué es lo que quieres?», preguntó, y yo supe que todos mis deseos estaban a su alcance yque cualquier cosa que eligiera me traicionaría. «Mi mujer», murmuré finalmente, «solo quiero ver a mi mujer». La diosa sonrió y apuntó a una puerta abierta al otro lado de la cual yo imaginé a mi mujer profanada y envilecida, sujeta a los peores horrores imaginables, cuyo umbral traspasé tiritando para entrar en la noche de mi propio departamento, con el piso de parquet manchado y los cactus y plantas que riego todos los días. Avancé hacia la habitación de mi hija, siguiendo la única luz encendida, completamente anulado por el horror. Mi mujer la arrullaba y apenas me vio corrió a abrazarme. El alivio que sentí fue tan hondo que me dañó más que todo lo que había vivido en manos de los demonios. Desperté mojado de pies a cabeza, y tuve que pasar diez minutos frente a la ventana abierta del living, sin polera en pleno invierno, tratando que el frío me convenciera de que había vuelto al mundo real y que mi casa, mi niña que se quejaba en su cuna, mi mujer durmiendo en la cama, no eran un nuevo juego del demonio, una forma de darme esperanza antes de quebrarme por completo.”
Después de la luz: una alquimia moderna del alma
¿Que puedo agregar después de esta confesión monumental de valentía y talento de poner en palabras lo imposible? Gente, tenemos que disfrutar a Benjamín Labatut.
El Rubedo de Labatut es la aceptación. El fuego no destruye, transmuta. La vida continúa en la materia, en la célula, en la memoria. Lo humano se funde con lo universal.”
¿Te resuena? ¿Y Tú que está cambiando en ti?
“Después de la luz” no es un tratado ni un ensayo: es una alquimia moderna. Una experiencia que transforma la ciencia en misticismo, y la locura en revelación.
Labatut no busca explicar el mundo, sino disolverse en él. Porque la verdad, al final, no se entiende: se encarna.
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Hasta la vuelta, chau!
