Benjamín Labatut: La piedra de la Locura

¿Vivimos en una simulación? ¿Es la locura una respuesta a nuestro tiempo?

En este episodio analizo “La piedra de la locura” de Benjamín Labatut, un ensayo que retrata la crisis de una era donde lo viejo se desmorona y lo nuevo aún no termina de nacer. Desde la inteligencia artificial hasta líderes disruptivos como Trump o Milei, exploro cómo la ciencia, la filosofía y la literatura desnudan los “síntomas mórbidos” de un mundo en caos.

la piedra de la locura

  • La paradoja de la IA: ¿Es una herramienta, un oráculo moderno o algo más? Reflexiono sobre cómo está redefiniendo el amor, el trabajo y hasta quién nos gobierna.
  • Philip K. Dick y los mundos paralelos: Conecto sus visiones con el cosmicismo de Lovecraft y la teoría del bloque temporal de Einstein, que ya exploré en mi episodio “El presente no existe”.
  • Gödel y los límites de la razón: ¿Por qué la lógica nunca podrá explicarlo todo? Un tema que me obsesiona y que he estudiado para compartirlo contigo.
  • El Bosco y la metáfora de la locura: Analizaré su cuadro La extracción de la piedra de la locurabajo la lupa de Foucault, preguntándome: ¿quiénes son los verdaderos dementes en nuestra sociedad?
  • Teorías conspirativas y posverdad: Cómo la desconfianza en instituciones alimenta delirios colectivos, algo que he visto crecer en redes y que me inquieta profundamente.

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Benjamín Labatut y ‘La piedra de la locura’ Explicado

La crisis consiste precisamente en que lo viejo está muriendo y lo nuevo ni puede nacer: durante este interregno surgen los más variados síntomas mórbidos.


Hola gente del camino del sentido. Soy Nico y esto es En el Camino Podcast. Luego de una trilogía de episodios futuristas, donde he hablado de capitalismo y ciencia ficción, historia de las comunicaciones de la edad de piedra hasta la IA y el momento en que la IA demostró ser más inteligente que el ser humano, quería pasar a hablar de locura. Es que¿Qué más loco que nuestro tiempo? Pero una locura desde un punto de vista de quemarse con el fuego prometeíco, de la posibilidad de crear Frankestein y tecnologías que se nos escapan de las manos. Es por eso que voy a hablar del corto, pero poderoso ensayo de Benjamín Labatut, ‘La piedra de la locura’.

Espero que disfruten el programa.

 

La crisis consiste precisamente en que lo viejo está muriendo y lo nuevo ni puede nacer: durante este interregno surgen los más variados síntomas mórbidos.

 

Y empezaba con esta frase, porque creo que todos sentimos que estamos entrando en una nueva etapa, hay una nueva entidad, no es una herramienta que ha emergido en nuestra realidad: La Inteligencia artificial. No es solo programa más, un cincel, un martillo más, sino que quien nos indica cómo vivir. Es nuestro editor de noticias, nuestro oráculo, nuestra abuela consejera, es todo.  Y ni siquiera esta en pañales, ni mucho menos gateando, pero ya ha modificado la realidad. Estas inteligencias están modificando como nos informamos, como trabajamos, como nos enamoramos, como nos organizamos, quien nos gobierna, y así. Pero paradojicamente, estamos anclados en el pasado, hay una nueva -y tal vez última ola- religiosa en occidente, un intento de abrazar los valores antiguos, a abrazar Dioses muertos, como dice Nietzsche en su aforismo “El hombre loco”. Pero nunca se puede volver al pasado. Porque el escenario es distinto, y tú y tu entorno ya no lo son. Es como querer volver luego de algún tiempo, a ese lugar donde fuiste feliz en vacaciones, es imposible. Es en esta tensión que aparecen los fenómenos morbosos, como dice Gramsci, que es el epígrafe con el cual comienza este libro Labatut. El terreno está fértil para los Trump, los Milei, y así.

 

Este ensayo de Labatut está dividido en dos partes. La primera parte es “La extracción de la piedra de la locura”, que es un cruce de ideas y vivencias, de Lovecraft, el escritor de horror, Philip K Dick, el escritor de ciencia ficción y David Hilbert, el matemático. 


“Si te parece que este mundo es malo, tendrías que ver algunos de los otros” 

Es lo que dice Philip K Dick, escritor de ciencia ficción. Pero, ¿Cómo? ¿Otros mundos? Es que esto es plausible si nos apoyamos en la teoría del bloque tiempo de Einstein, por ejemplo, donde todos los instantes son actuales, y donde no hay un pasado en el cual apoyarse ni un futuro que conquistar, solo un presente sin fin, extendido hacia la infinitud. El tiempo es una variable más del Universo, como el sol y los planetas. Esto lo explico mucho más en detalle, en el episodio “El presente no existe”. 


La verdad es que Philip K Dick, creía fuertemente en esta bifurcación de las líneas temporales, tiene un libro, es más, “El castillo”, en que los nazis ganan la guerra mundial. Es que en cada evento, surge una nueva línea de tiempo paralela a esta en que estás escuchando este podcast, en otra te atropellaron, en otra te quedaste sordo, y en otra solo consumes contenido de tik tok. Bueno, por eso mismo Dick, piensa que el mundo lo deberíamos ver como un simulacro o una simulación.


Labatut se pone a hablar de una conferencia de Dick, en que habla de su fascinación por otras líneas de tiempo, por otros pseudo mundos, una fascinación inconsciente, sin explicación teórica alguna, pero resulta que años después él entendió su razón. Es que Dick sentía ese abanico de realidades parcialmente materializadas y que se intersectan evidentemente, en la realidad más actualizada de todas: está en que nos podemos de acuerdo que es en la que vivimos. Esta en que estas escuchando este Podcast, ahora. Esto Dick lo vivió, cuando al abrir la puerta de su casa un día, recibiendo una encomienda, el collar de la despachadora, en forma de pez, le destelló una luz de neón que le atravesó el cráneo y le dijo que el Imperio romano no había terminado nunca y que su hijo tenía una rara enfermedad terminal, que resultó siendo cierta. Su hijo fallecería a los pocos años, lo que volvió loco a Dick? O lo volvió más lúcido? El siguió escribiendo, siguió yendo a conferencias, pero ya entendiendo con todo su ser, con razón y sin razón, que vivía en una simulación.

 

¿Y por qué no? El matemático Hilbert, dice que  hay que aceptar lo que no se puede conocer. En el modelo que vivimos, tarde o temprano, conoceremos todos los datos, no hay problema insoluble para la ciencia, según él. Y cuando digo modelo me refiero a  este Universo y sus reglas en el que somos un grano de arena más. Bueno, para Hilbert llegará el momento en que tendremos toda la información para entender el modelo de nuestra realidad. Nada debe ser considerado más allá de nuestro alcance. Después de todo hemos llegado hasta donde hemos llegado, hemos prevalecido frente a otras especies.  Pero de ese intento de reducir todas las matemáticas e incluso todas las ciencias, a la mera lógica, se cosechó la manzana podrida de Godel, como dice Labatut. Es que este lógico y matemático austriáco, descubrió la teoría de la incompletitud, en que éste probó, que cualquier sistema formal, si es lo suficientemente robusto como para expresar las operaciones de aritmética, o sea en que hayan números, será incompleto, ya que contendrá verdades que, siendo verdaderas, como 1 + 1 igual 2, no se podrán probar con las reglas de ese mismo sistema. Godel, también demostró que si un sistema es completo – o sea, que efectivamente se puede probar todas sus verdades- será inconsistente, porque estará plagado de contradicciones internas que le permitirán validar cualquier enunciado y también su negación. Una verdad y su opuesto, al mismo tiempo. 

 

O sea, en castellano, por la misma lógica, esa que dice que lograremos tener toda la información de nuestro sistema, que llamamos Universo, no podemos probar ninguna verdad dentro de él.

 

Lo real está fuera de nuestro alcance, es una palabra que debería ser vedada al ser humano. No alcanzamos a comprender toda su dimensión. Lo falso y lo simulado, parecen estar asfixiando la verdad.

¿Por qué nos acecha la sensación creciente de que nada tiene sentido? ¿Por qué sentimos que el mundo se va acabar? Nos pregunta Labatut.
Es que una cierta demencia se ha filtrado en nuestro mundo, gota a gota. Debemos aprender a ver las cosas bajo otra luz, porque la llama de la razón ya no alcanza a iluminar el complejo laberinto que va tomando forma lentamente. El castillo de la razón ya está cercado, por la física, por la lógica.

Todas las viejas historias están colapsando, también dice Adam Curtis, el gran documentalista inglés de la BBC, el capitalismo cancerígeno que está destruyendo la tierra, las religiones que nos tienen enfrentados en guerras fanáticas, y así, la política del espectáculo estéril. Algo nuevo está naciendo, hemos matado a Dios, y por un tiempo la vida deja de tener sentido. Lo nuevo que vendrá es eso que ensamblará los escombros y lo que se avecina. Sí, es verdad estás transformaciones no son nuevas, pero la velocidad, la violencia y el alcance, no tienen parangón. Es que estamos más interconectados, todos los sistemas, se han entrelazado, y a mayor conexión, mayor complejidad, nuestra mente todavía está cargando los últimos datos que llegan. Ni siquiera terminan de cargarse los anteriores, y llegan en fila más y más elementos que cambian nuestra realidad. Perdón, nuestro modelo.

Para Labatut hay una noción creciente de que nuestro mundo, nuestra sociedad, incluso nuestras propias mentes, no son fenómenos que podamos controlar del todo. Algo se nos escapa siempre. Es por eso que no podemos predecir la meteorología, por ejemplo, con más de dos semanas de anticipación, y esto ni siquiera de manera aproximada. No hemos entendido todavía la dimensión de que la vida no sea determinista.
Si podemos decir que aquello que conocemos se expande a la velocidad de la luz, lo que no somos capaces de entender crece a la velocidad de la sombra, una que no es constante sino que aumenta de forma exponencial, como la energía oscura que desgarra nuestro cosmos.
Sin importar todo esto, desconfiamos del orden, miren la gente de derecha dura, o cavernaria como diría el fallecido Mario Vargas Llosa, que en paz descanse, ellos son los reaccionarios, los que entran al capitolio deslegitimando elecciones y creen en teorías conspirativas, no creen en las instituciones, no son conservadores en absoluto. Están acá para romperlo todo. Revolucionarios de extrema derecha, impensado.


Un sinsentido total. Es que nos hemos convertido en Una deidad trágica que ostenta el poder absoluto pero que carece de comprensión: en eso nos hemos convertido los seres humanos en el siglo XXI. 

 

Mejor dejo al creador del cosmicismo. Lovecraft,  página 42.

 

Se nos escapa una enormidad de cosas, se nos cae la “realidad” como en una bolsa agujereada, se nos escurre como agua en las manos. Lo que vemos, nuestros sentidos no logran captarlo. Pero claro, el que va en contra de ellos, es tratado de loco.

Labatut recuerda que Nunca debemos de olvidar que la ciencia no es solo un método: también es un delirio metafísico, la ilusión de pensar que nuestro mundo se conforma a un orden que podemos descubrir y entender.

 

No significa que debamos olvidar el sueño de la razón ¿Que es una contradicción? Si la vida es contradicción. A mayor luz, mayor sombra. A mayor razón, mayor sin razón.

Dejo a Phili K Dick.

 

“Y al final, a veces volverse loco es una respuesta adecuada a la realidad, que la verdad y la locura pueden ser sintómas de la misma enfermedad y que el precio que pagamos por el conocimiento es la pérdida de comprensión.”

 

La segunda mitad del ensayo se llama “La cura de la locura” y es sobre un cuadro del pintor neerlandés, Hyernonimus Bosch, más conocido como El Bosco. Labatut siguiendo ese estilo Sebaldiano, que tanto le gusta, parte describiendo la pintura para ir después a todas partes con gran talento. En la pintura, tenemos a un señor sentado, rodeado por tres personas, presto a ser intervenido en su cabeza. Mientras que el “loco” que tiene que ser intervenido está sentado, los curadores de la locura, aparentemente, 2 personas de fe, vestidos con sotana, y un doctor , se preparan marcándole la cabeza donde van a intervenir para extirpar la locura.
Labatut cita a Foucault en su Historia de la locura:
El famoso doctor del bosco está mucho más loco que el paciente que intenta curar, y su falso conocimiento no hace más que revelar los peores excesos de una locura que es inmediatamente evidente para todos, excepto para él mismo”

 

¿De verdad dejamos la caza de brujas? O simplemente, el sujeto se ha modificado?

 

Labatut al escribir en sus libros sobre personajes genios que bordean con el delirio y la locura, se llena de correos de personas que se sienten protegidas o entendidas por él. Sin embargo, Labatut deja en claro que no hace apología a la locura. 


Es más cuenta historias familiares que lo hacen tener mucho respeto por esto, familiares en manicomios, suicidios, y sueños suicidas. 


Pero cuando por escribir de estos temas que bordean la locura le escriben personas que lo tratan de plagiador, por teorías conspirativas delirantes, él veía imágenes propias en su vida del cuadro de La cura de la locura del Bosco. Qué haríamos si tuviéramos el bisturí del cirujano en la mano y su cabeza en frente de uno ¿Le cortarías la piel? ¿Podríamos extraer la piedra de la locura? Eso que habita al borde de la razón en la aparente paranoia, en las fantasías de los dementes y la bestial imaginación de los desquiciados? Hay que recordar a Foucault, intentarlo es la verdadera señal de delirio.

 

Tampoco hay que creer en charlatanes, en falsos profetas y en clarividentes, cualquiera. Eso no es lo que decimos. No confundir delirios de grandeza con esa locura divina.

En fin, esa fan hater de Labatut, no sería la primera, ni la última en usar la ciencia como una muleta, después de todo: ¿Cuántas personas, cuántas corporaciones, empresas, organizaciones han depositado una solidez de los “datos duros”, incluso mientras recorren un camino de locura? Labatut estuvo a punto de contactar esta bloguera que lo trataba de plagiador, le parecía tan inverosímil, pero fascinante su mundo, en que también trataba de plagiadores a Einstein, a Newton, y a grandes escritores. Según ella había una mafia en el mundo de las editoriales que consumaban esto, y que inventan escritores superventas, en este caso niños ricos de países tercermundistas como Chile. Labatut estuvo a punto de contactarla, pero prefirió no hacerlo por su historial genético y personal con la locura, tenía miedo a que esa locura se incrustara en su vida y familia.

Pero tal vez, dice Labatut, sea el título del cuadro lo que nos engaña. Tal vez, la verdad es que no se está algo a ese pobre hombre del cuadro del Bosco, no, sino que se está incrustando una flor, una semilla  que cuando germine del todo traerá los frutos de la locura…
LEER de la flor al sentido común.

 

Al leer las palabras de aquella mujer conspiranoica,no es que acaso, estamos entrando en nuestras vidas interconectadas, a un nuevo tipo de trastorno, una forma de locura contagiosa, se está colando poco a poco en el mundo, erosionando la delgada barrera que separa la realidad de la fantasía, la ficción de la no ficción.


La extraña sensación de que este mundo cada vez más digital, ha perdido algo esencial.

 

El próximo episodio seguiremos hablando de lo que se nos escapa de los sentidos.

Hasta la vuelta, chau.



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