Carl Jung: Viajes, Choques Culturales y el Secreto del Inconsciente Colectivo

Carl Jung: Viajes, Choques Culturales y el Secreto del Inconsciente Colectivo

Carl Jung: Viajes, Encuentros Culturales y la Integración del Inconsciente Colectivo

Todo lo que nos irrita sobre los demás nos puede conducir a un entendimiento de nosotros. Yo entiendo Inglaterra solo cuando la veo como suizo, y me doy cuenta que no encajo.
Carl Jung.

Los Viajes de Carl Jung de su Autobiografía: ‘Recuerdos, sueños, pensamientos’

Hola caminantes, soy Nico y esto es en “En el camino” podcast.

 

Espero que vaya todo bien, y antes de empezar quiero anunciarles que abrí un canal de youtube, @EnelCaminonico , lo puede encontrar escribiendo enelcaminonico en el buscador de Youtube. Aquí encontrarán todo el Podcast más contenido de contingencia y también más visual, donde el Podcast se queda corto. Así que en resumen, inscribanse que aquí va a converger todo.

 

Hoy voy a seguir con Carl Jung, es que me han llegado varios comentarios, así que voy a prolongar esta serie. Voy a hablar de los viajes del psiquiatra suizo, de su encuentro con el otro y algunas perturbaciones personales. Espero que disfruten el programa.

 

Jung en su libro “Recuerdos, sueños y reflexiones” relata varios episodios que hemos revisado en el transcurso de esta serie, sobre el espíritu de la profundidad y el espíritu del tiempo, que él sentía que habitaban en él desde niño, uno más viejo, amante de la naturaleza y vecino a lo oscuro, a la noche, mientras que el segundo, el espíritu de la época,  tenía su edad biológica, apegado a los estudios, y se comparaba con sus pares. También vimos su relación con Freud, desde su cooperación academica en la interpretación de los sueños, arrimándose en principio a la teoría del psiquiatra austria, sobre el deseo y la represión. Hasta su ruptura después de su libro “Simbolos y transformaciones” en el cual Jung propone darle un significado más amplio al concepto libido. Los sueños abarcaban para Jung no sólo aspectos de deseos sexuales reprimidos, sino que es una manifestación del inconsciente colectivo, que está compuesto por arquetipos e imagenes primordiales. El sueño es un mecanismo que compensa parte de nuestra psiquis que estamos dejando botada, es una ventana que conecta con el inconsciente colectivo, que contiene arquetipos universales como: el héroe, la sombra, la anima, y el sí mismo, entre otros.

 

Bueno, en este mismo libro Jung relata viajes hacia lugares donde sus habitantes llevan una vida más arcaica, más cercana a ese mundo psíquico que se manifiesta en los sueños. Jung viaja al Norte Africano, a las comunidades de los pueblos originarios de Estados Unidos, a Uganda en África, a la India.

 

Cuando me refiero a que son más arcaicos es por un facilismo de lenguaje, ya que a través del colonialismo se interrumpió el avance orgánico de estos pueblos. Por ejemplo, tanto mayas, como aztecas e Incas demostraron grandes avances en la limpieza de sus ciudades a través de sistemas tipos de alcantarillados, e irrigación de sus tierras que permitían una gran optimización del agua, además de tener sistemas de limpieza comunes tipo saunas, que los Europeos habían perdido desde los romanos. Esto no se trata de quién es más avanzado o desarrollado, sino sobre el ser arcaico, el que está anclado en nuestro inconsciente, ese es el meollo en estos viajes para Jung.

 

Y empezaba con: Todo lo que nos irrita sobre los demás nos puede conducir a un mejor entendimiento de nosotros. Yo entiendo Inglaterra solo cuando  la veo como suizo, y me doy cuenta que no encajo.

 

Esta frase es del comienzo de su viaje a la comunidad de pueblos originarios “El pueblo”, los cuales imagino que seguro tenían otro nombre, pero eso es otro tema. Bueno, a quien no le ha pasado como turista, como visitante, o como inmigrante, reconocerse en las diferencias. Lo que creías absoluto hasta antes de ese choque cultural se desvanece y no es tal.

 

Lo que me molesta y perturba del otro me muestra elementos que a menudo preferimos ignorar de nosotros mismos. Me molestan los inmigrantes, me molesta la gente ruidosa, me molesta los gay, me molestan los transexuales, me molestan los afro descendiente, y así, doy ejemplos extremos, desde luego. Hay un cineasta que me perturba mucho que es Yorgos Lanthimos, el de “Pobres Criaturas” la pelicula de Emma Stone, que ganó el Oscar este año. Bueno, Lanthimos en esta pelicula tiene una línea preciosa y muy Jungiana: 

 

Debemos experimentar todo, no solo lo bueno, sino el horror, la degradación, la tristeza. Eso nos hace personas completas. Nos convierte en personas sustanciosas, no en niñas huidizas, e intocables. Entonces, así podemos conocer el mundo, y cuando lo conocemos, el mundo es nuestro”

Le remata una Madame francesa a Bella, el personaje principal e interpretado por Emma Stone, que le toca sobrevivir como prostituta y que vive su propio viaje del héroe.

 

En fin, me desvío porqué está pelicula no fue inquietante, al menos para mí, pero Lanthimos en dos peliculas me ha dejado perturbado, con mi yo de adulto, lo que es un talento, primero no pude terminar “Canino” en una escena de sexo incestuoso manipulado y diseñado por padre y madre. Me pareció enfermo y por la forma en que lo trata tuve que dejar la habitación, mientras mi pareja me miraba como “y con este débil estoy viviendo”. La segunda vez, si alcancé a terminar de ver la película, esta era el “Sacrificio de un ciervo sagrado”, basado en Ifigenia, la tragedia griega, en que se debe sacrificar a un hijo. La actuación de Barry Koeghan es tan cerebral y psicópata, apoyada por la tensión de la película que al terminar mi pareja me pregunta y bueno: ¿Te gusto? Y le dije que no, y empezamos a discutir, y no sabía decirle porque no me gustó y ella repasaba las escenas una y otra vez, que no había entendido, y yo tuve que decirle que parará, que parará, que me dejara tranquilo, hasta que bueno, hubo pelea jaja.

El maldito Lanthimos otra vez me hacía quedar como un niñito, el filicidio, que es cuando un padre mata a un hijo, y el incesto era algo que me superaba. Pero la verdad es que nuestra historia esta plagada de estas practicas, y somos también eso, somos luz pero también esa oscuridad, que me costaba aceptar. Es como cuando Jung en el libro rojo se encuentra con un niño muerto despedazado, que está acompañado por una mujer que es su anima, que ve a Jung aterrado y le dice que porque se perturba tanto, si niños despedazados y desmembrados es cosa de  todos los días, nosotros somos culpables, somo asesinos también al validar el sistema en el que vivimos, por lo que lo obliga a comerse el higado del niño para integrar la muerte en su psiquis. 

 

Bueno, antes que se convierta en una pelicula gore este Podcast, mejor dejo a Jung con un diálogo con un jefe de la tribu Pueblo en Nueva Mexico, Estados Unidos, el estado de Walter White y Breaking bad jaja la referencia hueona. En fin.

 

Allí tuve por primera vez la suerte de hablar con un no europeo, es decir, con un hombre no blanco. Era un cacique del pueblo Tao, un hombre inteligente de entre cuarenta y cincuenta años. Se llamaba Ochwiä Biano (Lago de montaña). Pude hablar con él de un modo como raramente he hablado con un europeo. Evidentemente estaba preso en su mundo, como un europeo lo está en el suyo, pero ¡en qué mundo! Si se habla con un europeo, uno encalla siempre en lo conocido desde tiempo inmemorial y, sin embargo, nunca comprendido; en cambio allí uno navega por mares profundos y exóticos. En ello no se sabe qué es lo más fascinante, si la visita desde la otra orilla o el descubrimiento de nuevos accesos a lo remotamente conocido y casi olvidado.

 

Mira. Dijo Ochwiay Biano.”Lo cruel de la mirada de los blancos. Sus labios son delgados, sus narices afiladas, sus rostros fruncidos y deformados en pliegues. Sus ojos tienen una mirada fija, siempre estan buscando algo ¿Qué estan buscando? Los blancos siempre quieren algo, estan siempre intranquilos, inquietos. No sabemos que quieren. No los entendemos. Nosotros pensamos que están locos”

 

Le pregunté por qué pensaban que los blancos estaban locos.

“Ellos dicen que piensan con la cabeza” respondió.

“Por que, eso es obvio. Que piensas de eso?” le pregunté con sorpresa.

“Nosotros pensamos aquí” dijo indicando a su corazón.

 

Por primera vez a Jung se le revelaba el velo del hombre blanco europeo, desvelando con maestría lo que lo aquel que se mira el ombligo no puede ver, lo que solo el otro observador puede mostrar. Luego Jung se pone a hablar de sus creencias con Ochwiay Biano y este le dice que su Dios es el sol, que eso es obvio, ya que se pone en las montañas, y es el que permite la vida. Jung ahí le empieza a hacer preguntas quisquillosas sobre eso, pero se encuentra con una muralla de desprecio. Como podía preguntar algo sí, si era tan evidente. El ritual de la puesta de sol llenaba de sentido toda la escena, y con ello la vida de todo ese pueblo arraigado a su terruño, si los movieran desaparecerían, no tengo idea si lo han hecho, pero perderían todo su vigor, y sentido de pertenencia e identidad.

 

Por eso era tan autoevidente para el cacique de la tribu Pueblo. 

 

El conocimiento no nos enriquece, nos quita y aleja más y más del mundo de lo mítico, el cual alguna vez fue nuestro hogar y lugar de nacimiento.

 

Cuando niños somos más completos, somos todo inconsciente, una hoja en blanco preconfigurada por millones de años de transmisión génetica, lista para ser llenada durante nuestro camino. Por eso Nietzsche decía en Más allá del bien y el mal:

La madurez del individuo consiste en recuperar la seriedad con la que se jugaba cuando era niño.

A medida que vamos cumpliendo años nos hacemos más y más conscientes. Ganamos en voluntad, en razón. En cierta medida libertad. Nos emancipamos del dominio inconsciente y de la naturaleza…pero ¿de nosotros mismos? Siempre hay algo que añoramos, son esos tiempos de plenitud, de inconsciencia. Es que eso es la niñez, es la eternidad del dominio de los instintos que nos son heredados. Para Jung la meta de la adultez es integrar estos dos mundos. Nuestra sociedad occidental sobre racionalizada lo ha ignorado, y el precio que pagamos por esa hipertrofia es la alienación y la pérdida del sentido de la vida. No sé a ustedes, pero ya en el medio día de la vida, me cuesta ir a la casa de mis padres y ver fotos mías de niño, y pensar, ese era yo. Guau, que carajo me pasó, que ocurrió en todo este tiempo?

 

Hay que volver al juego, a la aventura. A ensuciarse, a dejarse llevar. Por eso nos emocionamos cuando entramos a los bosques ¿Que es esa nostalgia de lo no vivido?

 

Ahí viene el costo de la verdad. Parece ridículo, pero estamos en esa misma encrucijada actualmente, en que hay una gran reacción y búsqueda hacia lo pasado con esta oposición furiosa de los conservadores que se sujetan en los Dioses antiguos, en los cadáveres y no dejan espacio a lo venidero, lo cual siempre reacciona a lo antiguo, a los viejos Dioses. En esa batalla estamos.

 

En otro viaje de Jung a Uganda, esté se encuentra en un largo trayecto en tren y se duerme:

 

“Poco a poco el tiempo fue refrescando y caí en sueños. Cuando el primer rayo de sol anunció el comienzo del día me desperté. En este momento el tren, envuelto en una roja nube de polvo sobre nuestras cabezas, bordeaba una escarpada pendiente de rocas rojas. Sobre un pico rocoso había, inmóvil, una figura delgada y negra, apoyada sobre una larga lanza, que miraba el tren. Junto a él se alzaba un enorme cactus en forma de candelabro.

Quedé fascinado por esta visión. Era una imagen extraña, jamás vista y a la vez como un sentiment du déjá vu muy vivo, la sensación de haber vivido ya este momento y como si hubiera conocido de siempre aquel mundo separado de mí sólo por el tiempo. Me parecía como si regresara al país de mi juventud y como si conociera a aquellos hombres de piel oscura que me aguardaban desde hacía cinco mil años.”

 

Jung se sentía perplejo en Uganda, cosas inverosímiles, le parecían perfectamente normales, solo sabía que ese mundo le era propio de una manera extraña. Algo así también le pasa a Pablo Neruda cuando visita por primera vez Machu Picchu, es lo que narra Vargas Llosa en la introducción de para mí, el disco más significativo del rock chileno, Las alturas de Machu Picchu:
Que buen lugar para un cordero asado. Primero bromea, y luego lée al hoy cancelado poeta, uno de los tantos que han postumamente han sido sufrido el mismo destino:

“Me detuve en el Perú y subí hasta las ruinas de Macchu Picchu. Ascendimos a caballo. Por entonces no había carretera. Desde lo alto vi las antiguas construcciones de piedra rodeadas por las altísimas cumbres de los Andes verdes. Desde la ciudadela carcomida y roída por el paso de los siglos se despeñaban torrentes. Masas de neblina blanca se levantaban desde el río Wilcamayo. Me sentí infinitamente pequeño en el centro de aquel ombligo de piedra; ombligo de un mundo deshabitado, orgulloso y eminente, al que de algún modo yo pertenecía. Sentí que mis propias manos habían trabajado allí en alguna etapa lejana, cavando surcos, alisando peñascos. Me sentí chileno, peruano, americano. Había encontrado en aquellas alturas difíciles, entre aquellas ruinas gloriosas y dispersas, una profesión de fe para la continuación de mi canto. Allí nació mí poema “Alturas de Macchu Picchu”.”

Creo que a todas y todos los que hemos tenido el privilegio de visitar Macchu Picchu nos ha ocurrido lo mismo, sentir esa sensación de comunión con el todo y al mismo tiempo de una profunda tristeza al ver esa ciudadela carocomida y roída por el paso del tiempo, esa vida de piedras después de tantas vidas como dice Neruda. Y los que somos americanos, ya sea por sangre o por adocpción, nos preguntamos ¿Qué habría sido de esto? 

 

Lo que le pasó a Neruda en Machu Picchu es similar a lo que le pasó a Jung en Uganda, se vio reflejado en ese hombre arcaico, con quien cruzó miradas justo despertándose,  el cual es el mejor momento despierto para la ensoñación, cuando las barreras y el recinto de la razón todavía no han cerrado completamente las puertas al inconsciente, a los contenidos milenarios de los sueños. Ese es el mejor momento para transcribir los sueños, y también el mejor momento para leer poesía como decía el viejo Thoreau, y si es en medio de la naturaleza con el sol despuntando puede ser un evento extático, lo que ayuda a que los símbolos de los poetas fluyan como agua por un acaudalado río, mos que pasen las horas, verás como el río de erosiona y las imagenes perderán su poder y evocación. 


Ese es el poder de Jung que te hace entender que el pasado vive en ti, algo que sabemos, pero que damos por hecho disfrutando la vista desde los hombros de nuestros antepasados. Jung nos dice que es necesario aliviarlos, que esa es nuestro deber con los muertos. Tampoco es vivir la vida que tu padre o abuelo hubieran querido hacer, sino que recordar al ser arcaico, salir a la naturaleza y buscar esos vestigios del pasado que sosieguen esa instancia.

 

En esa esa Africa Jung se encuentra, totalmente inmerso en un mundo en que solo Dios está al mando, las causas y efectos de una muerte o un rayo, son distintas, por alguna ofensa o alguna injuria, en otras palabras, no había voluntad ni intenciones, sino que solo inescrutable diseño. Jung se daba cuenta acampando con tribus como los masai, que a los muertos no los enterraban sino que los dejaban a afueras del perímetro de la aldea para que los devoraran los demás animales. Ahí se da cuenta que los seres primordiales han tenido siempre un anhelo de luz y una irreprimible ansia de elevación de la oscuridad primordial. Es en la noche cuando cazan mayormente los leones y las hienas, es cuando había más peligro para el ser arcaico. Por eso es tan celebrado cada amanecer, el momento en que la luz es Dios. El momento de redención, de liberación.

 

Estamos contentos cuando la noche, que es cuando los espiritus están en circulación, se termina”

 

Más que la noche que cubre todo de negro, es la oscuridad, que trasciende aquello. Esa ansia de luz es el ansia de consciencia.

 

Y voy a terminar con un último viaje a India.

 

Jung es invitado por los 25 años de la Universidad de Calcuta, fue una invitación del gobierno, indio-británico de aquel entonces, debido a la importancia del suizo y su conocimiento del budismo, que él entendía como un pilar indispensable para occidente. Jung a diferencia de lo que pasó con los anteriores dos viajes si pudo hablar con gente realmente empapada de la cultura de ellos que la sabía comunicar. Además, reparaba detalles en todas partes, como el siguiente:

 

“Recuerdo un suceso típico en Ceilán. Dos campesinos conducían con sus bicicletas sus carros en dirección contraria en una calle estrecha. En lugar de la esperada disputa cada uno de ellos murmuró palabras de discreta cortesía que sonaban como «adûkan anâtman» y significaba: «Molestia pasajera, no hay alma (individual).» ¿Fue algo inusitado? ¿Era típicamente indio?”

Jung lo que le interesaba era ese estoicismo, por decirlo de manera occidental, de los indios, le interesaba su naturaleza psicologica para enfrentar el mal y como era asimilado a la vida espiritual India y los países orientales.

En conversaciones con chinos instruidos me ha impresionado siempre que es enteramente posible asimilar el denominado «mal» sin por ello «quedar mal» ante los demás. No sucede así entre nosotros en occidente. Para el oriental el problema moral no parece figurar en primer lugar como entre nosotros. Lo bueno y lo malo están contenidos lógicamente en la naturaleza y en el fondo sólo son graduales diferencias a una misma cosa.

Me impresionó profundamente el ver que la espiritualidad india tiene tanto de bueno como de malo. El cristiano aspira al bien y queda a merced del mal; el indio, por el contrario, se siente al margen del bien y del mal o busca alcanzar este estado mediante la meditación o el yoga. Sin embargo, aquí surge mi objeción: en una actitud de este tipo ni el bien ni el mal tienen contorno propio y esto causa una cierta tranquilidad.

Jung percibe hablando con estos eruditos que no se cree del todo en el bien ni en el mal, como algo absoluto. A lo sumo representa algo subjetivo, mi bien o mi mal, pero nunca más que eso. Continúo:

“Se podría decir paradójicamente que la espiritualidad india está desprovista tanto del bien como del mal, o que se halla tan abrumada por los antagonismos que necesita del nirvana para conseguir la liberación de lo contradictorio y de las diez mil cosas más. El objetivo del indio no es la perfección moral, sino el estado de nirvana. Quiere liberarse de la naturaleza y, por consiguiente, quiere alcanzar en la meditación el estado de indiferencia y de vacío. Yo, por el contrario, quiero perseverar en la concepción viva de la naturaleza y de las imágenes psíquicas. No deseo ni liberarme de los hombres, ni de mí, ni de la naturaleza, pues todo ello constituye para mí prodigios indescriptibles. La naturaleza, el alma y la vida se me muestran como la divinidad manifestándose. ¿Qué otra cosa podría imaginarme? El supremo sentido del ser no puede consistir para mí, sino en qué es y no en que no es o deja de ser.”

Para Jung no existe liberación a cualquier precio. No puedo liberarme de nada que no posea o no haya experimentado o realizado todavía ¿Como puedo liberarme de la vida si la he rechazado como un asceta? Si no me he entregado por completo a lo que podría haber hecho, y a eso me refiero a lo que para mi es lo que más anhelo, si prescindo de aquello es como si me amputara el espíritu en cierto sentido. Ahora, puede que naturalmente no me pueda dedicar plenamente a aquello, pero dando pelea, y ahí me siento forzado al reconocimiento del no pude, con humildad, y a admirar que quizás prescindo de algo escencial y no he llevado a cabo tarea alguna. Un conocimiento de este tipo sobre mi insuficiencia ayuda, sustituye la carencia de hechos positivos. Jung no puede comprender que se renuncie desde el primer minuto. No solo el intentar y no lograrlo es romántico, sino que te muestra donde fallaste, y ahí le das de nuevo. Además:

Un ser que no haya pasado por el infierno de sus pasiones no las habrá dominado todavía. Las pasiones se encuentran entonces en la casa contigua y, sin que él lo advierta, puede surgir una llama y pasar a su propia casa. 

Sino, preguntele a los curas o a todos los santos, o a los adictos, cuanto más se reprime, siempre hay una bestia interna enjaulada en los calabozos del espíirtu ansiosa por libertarse. Jung veía un peligro en esta renuncia, algo casi nihilista, porque en cuanto uno se abandona demasiado, se posterga o casi se olvida a sí mismo, existe la posibilidad y el peligro de que lo abandonado o pospuesto vuelva con redoblada fuerza. Como es el caso que decía de los adictos, o en los votos al celibato,  que sólo reprimen y terminan rompiendo con aún más fuerza lo renunciado.

Hasta que no hagas consciente lo inconsciente, este dirigirá tu vida y tú lo llamarás destino.

Tal vez Jung defina todo este Podcast con esta frase.

Y me empiezo a despedir, y si les gustó el episodio ¡Envíale un whatsapp a ese amigo o amiga que le puede gustar el Podcast! Suscribanse en Spotify y en Youtube, que me ayuda un montón para amigarme con el Dios algoritmo. 

 

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Hasta la vuelta, chau!

 

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