Soledad y aislamiento: no perderse cuando uno se queda solo
En este episodio exploramos la diferencia entre soledad y aislamiento, y cómo atravesar el encierro sin caer en la desolación. Bukowski, Pizarnik y Edward Hopper sirven aquí para pensar la resistencia interior, el viaje en solitario y el peligro de irse demasiado lejos de uno mismo.
Soledad
La soledad no es lo mismo que el aislamiento. Estar solo puede ser un regalo.
Textos de Bukowski, Pizarnik y la pintura de Hopper como embajadores de la soledad, se vinculan con mi trabajo en el campo en Francia
(www.enelcaminopodcast.com) (@enelcaminopodcast)
Soledad y aislamiento no son lo mismo
Si vas a intentarlo, anda hasta el final. Si no, ni siquiera comiences.
Si vas a intentarlo, anda hasta el final.
Esto puede significar perder novias, esposas, parientes, trabajos y quizás tu gordura.
Anda hasta el final.
Esto puede significar no comer por tres o cuatro días.
Esto puede significar congelarse de la banca de un parque.
Esto puede significar la cárcel.
Esto puede significar burlas, ridículo, soledad.
La soledad es un regalo.
Los demás son una prueba de tu resistencia y de cuánto quieres realmente hacerlo.
Y lo harás.
A pesar del rechazo y de las desventajas y será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado.
Si vas a intentarlo, anda hasta el final.
No hay otro sentimiento como ese.
Estarás a solas con los dioses y las noches encenderán en llamas.
Hazlo, hazlo, hazlo, hazlo.
Hasta el final, hasta el final.
Llevarás la vida directo a la risa perfecta.
Es la única buena lucha que hay.
Charles Bukowski, roll the dice.
O en español, tirar los dados.
Hola gente, empezamos así intenso porque estamos en tiempo intenso.
Si bien no me gusta hablar de cosas que no manejo, no soy epidemiólogo.
Esta palabra que se puso de moda últimamente.
Pero tampoco me puedo hacer el gil.
Como si nada hubo pasado.
El coronavirus me tiene confinado hace nueve días.
Hace nueve días que no salgo a la calle.
Me abastecí bien.
He estado pidiendo cosas por internet que bueno, al menos aquí en Francia
ha ido funcionando más o menos.
No del todo bien como me gustaría, pero bueno, aquí estoy.
Soledad y aislamiento no son lo mismo
Entonces, antes de iniciar ya de lleno el episodio que es de soledad,
me gustaría hacer la reflexión de pequeño homenaje a todos esos valientes,
a esos despreciados y llamados hippies que han seguido ese estímulo sagrado de crear.
De hacer música, de hacer películas, a los actores, a los escritores, poetas,
a todos ellos que nos están llenando el día, les quiero agradecer
porque aquí por lo menos a la 8 se le agradece con razon a la gente de la salud,
a los que están en la primera linea y vendiendo, trabajando en las tiendas,
pero nadie se acuerda de estos héroes que nos llenan los días.
Así que aquí un pequeño homenaje para ellos, pequeño carceloleo.
Muchas gracias.
Entonces, la soledad.
Estar rodeado de gente también puede hacerte sentir solo
Primero quiero hacer un alcance porque probablemente lo que están sintiendo muchos de ustedes
en este confinamiento, cuarentena, como quieran llamarlo, es una vida.
Más que una soledad es un aislamiento y esto es lo que deberíamos intentar de evitar
no caer en la soledad que es algo peor.
Por ejemplo, para hacer el alcance en esta diferencia,
la soledad uno puede sentirla estando con más gente, estando en actividad social,
el trabajo, en realidad ni siquiera se siente con la compañía propia,
se siente tan solo, tan con los que contaminan que uno dice
wow, esto ni siquiera puedo contar conmigo mismo.
En esas reuniones o instancias que uno sale con ganas de volver a la casa
y escuchar música o caminar solo para sentirse acompañado por lo menos con uno mismo.
Entonces ese es el ejemplo más extremo de que el gregarismo lleva a la soledad.
Aislarse no siempre es caer: a veces también es una forma de conexión
El contra ejemplo que es en el que uno se siente aislado de otras personas
puede sentirse súper acompañado, puede sentirse por ejemplo en un trekking,
viendo montañas, paisajes, volcanes, lagos.
Uno en esas instancias uno siente que se conecta con algo más grande que en la naturaleza
y bueno, ya uno ya está con uno mismo y con esta elevación espiritual
que quien ha hecho un trekking o esta gente que me cuenta que hace surf por ejemplo
o deportes más como al aire libre lo pueden sentir.
Entonces esto es súper relativo lo de sentirse solo.
Nos puede enseñar mucho de no caer en la soledad en el aislamiento.
Bukowski: la soledad como resistencia
Roll the Dice y la lucha de seguir solo
Si, fue un autor, podría uno decir, que despreciaba a la gente,
que lo único que necesitaba era el alcohol, las carreras de caballo
y una que otra mujer que de paso.
Pero en Roll The Dice hay algunos versos fenomenales
en el que habla de una soledad o un aislamiento que es más de sacrificio,
más de lucha y sin caer en lo dramático cuando él menciona
de perder novias, familiares, esposas, parientes,
de caer en la cárcel, dormir en el parque, de las burlas, de lo ridículo,
que al final todo eso y sobre todo habla de la soledad,
casi una apología a la soledad. No quiero que sea eso,
no estoy yendo a eso, sino estoy yendo a la lucha, a la resistencia,
a ese momento donde uno se queda solo y solo te toca creer en ti
a pesar de las probabilidades.
Hay unos versos que son espléndidos que son.
Y será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado,
no hay otro sentimiento como ese, estarás a sola con los dioses
y las noches se encenderán en llamas, llevarás la vida a la risa perfecta
en la única buena lucha que hay.
Cuando quedarse solo también te hace más fuerte
Y eso lo relaciono completamente con el momento cuando me vine a Francia,
me vine al campo sin saber francés, me vine en ese momento empañado
y me quedé solo, me patearon.
Dos, tres meses estando en Francia con un proyecto un poco en circunstancia de vida
y quedarla desde arriba y no pensar que una persona te va a hacer depender,
va a manejar tu plan, tu vida al final.
Entonces, cuando la pasé tan mal en esos primeros meses,
sintiéndome súper aislado porque estaba aislado más encima,
estaba en el sur de Francia, en el campo, no tenía con quién hablar en francés,
no tenía ni cómo desahogarme.
Estaron los meses y me empecé a sentir mejor, claramente.
Aprendí un poco francés y vinieron las vendimias,
llegó esa vida como en comunidad.
Esa sanación o esa lucha que habla Gukowski que es la única que vale la pena,
sabiendo que yo quería aprenderlo el vino, sabiendo que quería meterme,
que quería hacer que, por lo menos, intentarlo,
que el camino a estar en el campo me estaba gustando
y todas esas pequeñas victorias que tenía diario a diario
me iban haciendo crecer una energía, una fuerza interna que no conocía que tenía.
La sonrisa perfecta: esos instantes en que todo vale la pena
En las noches, cuando hacer una vendimia en la que por dos semanas estuve durmiendo en carpa
y me quedé a solo, después de compartir con los demás,
me iba a mi carpa y salían las estrellas
y sentía que la noche se encendían llamas
y que esas llamas eran solo para mí.
Y ahí sí conocí la sonrisa perfecta que habla él
y sentí que todo valía la pena.
Pero es un momento, es un pequeño momento que se va, que se evapora,
es una sombra de éctasis,
pero que lo vale todo.
Son esos momentos permanentes.
El aislamiento como oportunidad y como riesgo
Volver a los proyectos olvidados
Me quiero decir al final, sin caer en este drama, intensidad,
que ahora en estos momentos de aislamiento uno tiene que ser en el vínuo, lo que sea,
pero cada uno, aprovechar este aislamiento como un paréntesis
y encontrarse con un poco proyectos que están ahí ya olvidados,
esos sueños olvidados que en el momento de sacarlos a flote
e intentar de hacer algo por ellos,
puede ser lo que sea, aprender otro idioma, planificar un viaje,
no sé, atreverse a hablarle a alguien con lo que sea,
pero aprovechar.
Esto no es una apología al aislamiento,
el aislamiento al extremo es malo,
la soledad al extremo es muy mala
y lo peor es que es muy difícil volver de ello.
Cuando uno se acostumbra demasiado a estar solo
Aquí otra cita bucovskiana de esto en la que le preguntan,
¿odias a la gente?
No, no la odio, pero me siento mejor cuando no están alrededor.
Me ha pasado un poco que me aislé tanto que no sé, hace diez años,
me acuerdo cuando la primera vez que viajé,
cuando estuve en Australia,
hablaba con toda la gente, con todos los backpackers,
cada una de esas historias como me fascinaba,
me estaba, ah, eres de Holanda, ah, bueno,
y le preguntaba cosas, eres de Japón,
o eres de Kenia o eres de Estados Unidos,
eres de… y me interesaba.
Hoy, que haya perdido ese asombro,
pero sí, soy mucho más cauto al momento de meterme
con bolucrarme con la gente,
tal vez me acostumbré un poco a partir,
como que la gente casi toda es de paso
y por lo mismo, como que tal vez no vale la pena
tanto bolucrarse sentimentalmente con gente,
ya sea en todo tipo.
Eso no está bien,
es algo con lo que lucho a diario
y por suerte tengo alguien que me ayuda
con respecto a eso, alguien muy social,
que me recuerda que es verdad
que hay que compartir un poco la felicidad.
Viajar solo: libertad, independencia y peligro
A muchos viajeros el viajar solo,
y lo comprendo, yo no lo sé,
no lo sé, es distinto simplemente,
pero el viajar solo te da más independencia,
más libertad, las decisiones son todas tuyas,
uno se aprende a conocer tantísimo
en un montón de ámbitos,
uno se encuentra contando historias
o cosas de uno que nunca había contado,
porque cambia todo, si yo le cuento
a alguien de Rusia o no sé qué país
que no conoce nada de Chile,
y le cuento, no, vengo de Viña del Mar,
tengo que cambiar mi historia,
o sea la forma de contar,
porque digo, soy de Viña del Mar
y eso no significa nada, soy de Chile
y eso no significa nada,
entonces eso es súper rico de viajar solo,
pero hay que acordarse que si uno lo recorre
es difícil volver, es difícil,
porque uno se acostumbra tanto a ir solo
a que todo está independiente en todo momento,
y eso está mal.
Entonces ahí hay dos tipos de aislamiento,
está el primero el que hablaba de Bukowski,
un poco el de lucha, de resiliencia,
que lo veo positivo,
y está el otro el de un poema en un escrito
de la poetisa Alejandra Pizarnik,
esa poetisa argentina,
dice lo siguiente,
pero le pasó a Kafka lo que a mí,
se separó, fue demasiado lejos en la soledad,
y supo, tuvo que saber que de allí no se vuelve,
se alejó, la alejé.
Entonces hay que tener un poco cuidado
con este endiosamiento que veo en algunos viajeros
de hacer el viajar solo.
Sí, es bueno estar solo, viajar y todo,
pero hasta cierto punto.
Pizarnik, Hopper y las formas oscuras de la soledad
Pizarnik y el punto de no retorno
Pero bueno, hablo de dos casos un poco extremos,
uno Bukowski casi luchando vida,
de una manera super dramática en ese poema,
y este no menos dramático de Pizarnik,
de la soledad,
una soledad mucho más melancólica
y que llega a la depresión.
Entonces, sean más Bukowski, sean menos Pizarnik.
Pero de todas formas,
ninguno de estos dos ejemplos es tan claro,
creo que hay un pintor
del que me hablaron para este tema,
que es Edward Hopper,
un pintor americano de New York,
estadounidense, ahora lo hay que se enojan,
como imperialista.
Edward Hopper y la soledad urbana
Este es un pintor de los años,
bueno, del modernismo del siglo XX,
que es conocido como el pintor de la soledad.
Se inició con cuadros más,
un poco ya motivados por el impresionismo,
con todo esto que venían haciendo los franceses
a finales del siglo XIX,
y que con mucho paisaje, puntillismo, etc.,
pero que derivó a medida que fue cambiando un poco
el modo de vida americano,
sobre todo con el sueño americano y la depresión,
a solas, básicamente,
pero en espacios urbanos,
que creo que es lo que nos está pasando a todos nosotros,
con gente aislada en espacios, en mesas,
sin comida, en bares, sin cerveza,
en teatros, sin gente, sin actores,
en bencineras, sin autos.
Los sueños rotos y la mirada perdida
Esto es como la desolación total.
Y esto te transmite mucho de esa desolación
y ese sueño americano,
esa ilusión del sueño americano
de que realmente, para muchos, no es realizable.
Entonces son los sueños rotos, sueños quebrados,
que no son alcanzados.
Y ahí están esas miradas perdidas, en la nada,
como gente esperando que llegue algo que no va a llegar nunca.
Y eso es lo que tenemos que evitar.
Es también otra soledad que hay que evitar,
que es dañina.
No meterse tanto en tanto rollo,
sino hacer más cosas.
Cómo no caer: hacer, moverse y mantener la cabeza viva
Menos dramatismo, más acción
Entonces vuelvo, sean más Bukowski,
menos Pizarnik, menos…
Pero no sean Bukowski con su relación con el copete.
En estas situaciones un poco de encierro
puede ser depresivo y se les va todo el día haciendo nada.
Así que hacer más cosas,
actuar incluso un poco como el náufrago otro
que se vio en situaciones extremas.
Náufrago y la necesidad de adaptarse
Hablo de la película de Robert Semeckis
donde el protagonista es Tom Hanks.
Esta isla solo lo náufragar
y termina sobreviviendo,
adaptándose a las circunstancias
e incluso escapando de la isla,
pero no antes de sufrirla
e incluso teniendo amigos imaginarios.
No digo que tengan amigos imaginarios,
pero sí que se ocupe.
Inspírense, lean, escuchen música,
vean películas, series.
Vean, incluso aquí he visto que hay exposiciones
que se están haciendo por internet,
en algunos museos, por lo menos aquí en Francia.
Lo que sea, pero mantengamos la cabeza activa.
