Ser inmigrante: nostalgia, identidad y adaptación en el extranjero
Este episodio no trata de emigrar. Trata de lo que pasa dentro de ti cuando lo haces.
Cómo es Ser migrante
¿Quienes son inmigrantes? ¿Se diferencia del expatriado? Diferencio tres tipos de inmigrantes, el nostálgico, alienado, y el adaptado.
Todo a través de ejemplos de vivencias personales , y obras, de Julio Cortázar, Henry Miller como escritores y Marc Chagall como pintor.
(www.enelcaminopodcast.com) (@enelcaminopodcast)
Los tipos de inmigrante: una forma de entender la experiencia
‘Se olvidaron del mundo y de sus costumbres, al igual que el mundo se olvidó de ellos.’
Jack London, la quimera del oro.
En el episodio anterior hablé de la partida, del partir.
Entonces me parecía lógico seguir el camino de esta partida, este desplazamiento hasta
el elegir un lugar, salvo que decías la vida nómade, vas a tener que parar y
asentarte en algún lugar.
Entonces así nace El inmigrante como episodio, el cual dividió en tres categorías, no necesariamente excluyentes entre sí.
El inmigrante nostálgico, alienado y el adaptado.
Inmigrante vs expatriado: una diferencia difusa
Antes de atacar el tema ya en detalle, lo que pensaba era, bueno, ¿qué dice la Real Academia Española
del inmigrante y sobre todo en comparación del expatriado, que es un concepto que se ha popularizado
por lo tanto en este mundo más globalizado?
Les leo lo que dice la Real.
Dicho de una persona que llega a un país extranjero para radicarse en él, y segundo
concepto, dicho de una persona que se instala en un lugar distinto donde vivía
dentro del propio país en busca de mejores medios de vida, en busca de mejores medios
de vida.
Y el expatriado dícese de quien abandona la patria.
O sea, está bastante claro que el expatriado se desliga totalmente de la parte de mejores
medios de vida.
Pero ahí viene mi duda, ¿qué son los medios de vida?
¿Porque son solo monetarios, son solo un tema de plata?
Yo no creo, medios de vida pueden ser la educación, por ejemplo tengo una amiga
que estudió moda aquí en París.
Por poder adquisitivo uno tendría a catalogarla en expatriada, por la definición yo la posiciono
como inmigrante.
En mi caso, bueno que si bien es más claro, más fácil, porque en un principio cuando
llegué acá estaba trabajando con una gran urgencia por la parte monetaria, luego
me quedé porque el trabajo que hago que es ser cabista, que es básicamente uno que
vende en una tienda vinos y alcoholes, es un trabajo que aquí es bien valorado
pero que en Chile simplemente sería un vendedor de la gotica.
Entonces tiene otra connotación, otro valor y eso mismo se puede dar en muchos casos.
Entonces quería hacer este alcance para abrazar un poco ese concepto del inmigrante que nos
representa y nos agrupa tantísimas personas, a más de los que creemos, porque más encima
cuando uno hace, al menos en Francia, los trámites de visa, uno se encuentra en la
fila con todo tipo de gente, con todos los inmigrantes, los africanos, los árabes,
los subamericanos, entonces ahí uno se da cuenta que te meten en el saco con todos,
salvo a los refugiados que son otra historia y los super ricos que eso no lo he visto nunca.
No sé qué harán, no sé si enviarán otra persona, no sé cómo harán sus trámites,
pero por ejemplo los jugadores de fútbol, Neymar, me imagino que nunca han hecho una
fila para este tipo de trámites, entonces no hay fila para expatriado o para inmigrante,
hay que olvidarse de esa diferencia.
Las variables que definen la experiencia migrante
Bueno, eliminando ya la connotación negativa,
peyorativa del inmigrante, quería explicar cómo diferencié estas tres categorías,
del nostálgico, el alienado y el adaptado. Para hacer esto definí otras tres variables que
son la vía social, que ahí meto la familia, las amistades y la vía de pareja. Una segunda
variable es la cultura, donde meto el idioma, la religión y todo lo que afecta ese hecho que
cultural, la comida por ejemplo, y una última variable que elegí es el trabajo, que va
obviamente la cantidad del sueldo y también la calidad, qué tan realizados estamos con
nuestro actual trabajo y con la perspectiva laboral que nos puede ofrecer este lugar donde
estamos. Dicho todo esto, iniciamos con el inmigrante nostálgico.
La nostalgia como ausencia
Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero ¿qué es el recuerdo si no el idioma de los sentimientos? Un diccionario
de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso. Julio
Cortázar Rayuela. Empiezo con Cortázar y su gran novela Rayuela, que aparte de ser una
tremenda obra, ya sea por estructura, por la gran historia de amor que hay, acumula muchos
temas. No podría decir que Cortázar es un autor nostálgico, no, es reducirlo a algo muy
pero en Rayuela estaba pensando ¿cómo puedo hablar de la nostalgia, un autor que represente
esto? Y se me vino a la mente Rayuela, que es básicamente una novela que está, la podríamos
vivir en dos partes, que ocurre en París y ocurre en Buenos Aires, y en la que el personaje
principal o uno de ellos se embarga de una nostalgia de París, viviendo en París por la
ausencia, que es la gran palabra, la nostalgia, la ausencia de lo que te falta en algún momento.
Y bueno, ya cuando llegamos a esta segunda parte, ya en Buenos Aires, donde la nostalgia
es tal, tan fuerte que lo inmoviliza de seguir con su vida, de realmente avanzar,
empieza a imaginar cosas, empieza a fantasear, me hace daño solo con su ausencia. De todas
formas es una novela fantástica y créanme que no les he spoileado nada, porque es
una novela que se puede leer de dos formas, de la forma normal, de manera cronológica
entre comillas, capítulo uno, dos, tres, hasta el último, y otra que sugiere el
que te da un mapa literario a seguir, y es muy interesante porque es realmente innovador.
Así que eso le recomiendo tantísimo, y para final, guisar con cortázar,
cuando uno se deja corromper por esas ausencias que llamamos recuerdos.
Cuando el pasado empieza a pesar
Este rasgo de nostalgia lo vivimos mucho los sudamericanos aquí en Europa y yo creo que en todas partes,
y se exacervera cuando nos reunimos, cuando nos encontramos con las comunidades de Chile,
nos argentino, etcétera, y nos recordamos de la patria del Chile, esa complicidad que uno tiene
al escuchar las mismas palabras, el mismo ritmo, la misma melodía en el lenguaje,
hace que brote dentro del corazón de uno esa nostalgia que tantas veces tenemos guardada,
y lo que no está mal, no está mal en lo absoluto. Para mí, yo no me siento nostálgico de Chile,
de mi familia, amigos, y la comida como cualquier persona normal creo, algunas veces sí me hace
falta, pero dentro de un ámbito que puedo manejar. El problema es cuando esto te sobrepasa
y te inmoviliza y te llegan los fantasmas y tal vez me tengo que devolver o no,
y uno se empieza a cuestionar cosas y al final no está ni acá ni allá, no está en ninguna
parte. Por lo general, el inmigrante nostálgico va a sentirse así por una ausencia de algo
fundamental, lo que hablaba de la variable social, los amigos, la familia, una polola,
una novia que te puede estar esperando, entonces por eso siempre tener mucho cuidado con lo que
uno deja atrás, porque los fantasmas van a llegar y te van a empujar hacia atrás,
hacia lo que dejaste, hacia esa ausencia que te va a embriagar.
Chagall: memoria, exilio y fantasía
Otro ejemplo de viajero o inmigrante nostálgico lo encontramos en el pintor Marc Chagall del siglo XX, que vivió casi 100 años,
un pintor judío ruso, bielorruso, bueno de la Unión Soviética, que tuvo una vida bastante
de judío del siglo XX, le tocó vivir la revolución rusa de principio del siglo XX,
le tocaron las dos guerras mundiales, entonces tuvo que emigrar a Francia, después a Estados
Unidos para finalmente volver a Francia, y nunca fue profeta en su tierra como tantos
inmigrantes y esa espinita lo acechó durante toda su vida y por eso su obra está
alagado de referencias a su pueblo natal, de casas, de calles, de personas, y en uno de
esos cuadros está ese judío errante con su barba, con su traje a maltraer, su sombrero,
su palo alochado de locho con el trapo, llevando sus cosas y con alguna característica
un poco fantástica surreal, siendo el mucho más grande que los otros personajes de la
pintura o trepando un edificio, entonces te transmite cosas muy fuertes pero siempre
observando, siempre como secundario pero principal, entonces una nostalgia un poco
fantástica a la que transmite Chagall que es muy bonita, que mezclan entre memoria y fantasías
porque él fue parte del movimiento surrealista que busca trascender a lo real a partir de
un impulso psíquico de lo imaginario y lo irracional, así que ojo, yo el único momento
que creo que fui nostálgico fue estando en ecuador porque tenía una frustración muy grande que no
estaba haciendo nada con mi vida profesional por culpa mía claramente pero me sentía un poco
atrapado, entonces atención los más familiares y todos los que les gusta estar presentes en
esas fechas importantes que los van a abajonear harto, así que piénsenlo antes de tomar una
decisión tan grande como emigrar. Bueno, pasemos al segundo inmigrante, el inmigrante alienado.
El choque con el primer mundo
Oh engañador primer mundo, me haces bajar la guardia pero nunca la frente. Mi corazón
ingenuo es bocadillo para tus atractivos y fríos rostros. Oh revelador primer mundo,
descubrí mi identidad latinoamericana en tus calles. Soy hijo del pacífico,
mis horizontes son los más profundos. Soy sangre de los andes,
mis barreras son las más grandes. Soy voz de cenizas y ecos de ruinas.
Mi árbol genealógico está roto. Soy golpe de estado, revoluciones y carteles.
Soy estigma, mis pasaportes inútil. Soy lucha y resistencia.
Oh triste primer mundo, confunde generosidad con debilidad. Tus euros no pueden comprar
sonrisas. Soy carnaval y vida de piedras. Soy convite y desapego. Yo vengo del fin del mundo.
Soy hindo y conquistador caminando de la mano. Lo intento pero es imposible.
Soy latinoamericano. Escribí este poema en un momento de tristeza,
de alienación, pero mi alienación no sé si no sabría cómo identificarla porque básicamente
es el hecho de vivir una ciudad. Obviamente París me encanta, tiene un montón de cosas
para ofrecer, pero a veces veo mucha miseria. Hay alguna gente que es mala,
que se levanta solo para cagarte. Hay muchos mendigos, entonces uno de a poco se va acostumbrando
a esta miseria y eso me termina frustrando. Aunque algunas veces hace falta solo darse un
paseo en el Sena o en el centro y se pasa. Tengo claro que tengo fortuna en vivir en
la ciudad pero como les contaba en el primer episodio me he hecho más solitario. Al final
creo que no importa qué ciudad sea, te termina aplastando un poco el espíritu.
La ciudad, la soledad y la fragmentación
Pero por ahora disfrutar esta gran ciudad con toda su diversidad y eso nos hace hablar del choque
cultural. Aquí, si en Francia es parte de los países latinos, es claramente el menos latino
de los latinos. Ya en París estamos en una latitud que es la misma que el sur de Alemania,
estamos más al norte que en muchos países de Europa del Este, entonces hay menos sol y eso
se nota. La gente tiende a ser un poco más fría, diferencia del sur de Francia en la que
me sentí súper cómodo, me sentí con un ambiente más latino, más cordial, más convivial,
que me venía muy bien, hacía que el choque cultural fuera menos. Allá en algunos meses,
viviendo en varias partes, hice amistades franceses. Acá no he hecho amistades franceses,
mis amistades son gente latina e italianos por mi novia, pero si no me ha costado porque
cada uno está en su mundo. En una ciudad tan grande se forman ghettos, se forman los
italianos, los chinos, los vietnamitas también, los españoles, los latinos y en fin,
hay comunidades para todos. Al final eso sucede en las ciudades grandes que uno se tiende
a refugiar con su comunidad y eso llega a ser un poco frustrante porque al final uno
no se termina de adaptar. Yo en el sur de Francia hablaba solo francés, aquí hablo
francés en el trabajo, en la casa español e italiano, chamullado, y en lo social
español y francés, aunque me falta dominar el idioma. Podría ser cursos, lo sé,
pero prefiero estar haciendo un podcast, por ejemplo. Entonces, hay un montón de cosas que
atillan a que uno esté más alienado, menos alienado, más adaptado, menos adaptado,
pero nostálgico muy poco. Pero al final Francia es un país occidental como Chile
y las diferencias sociales y culturales son positivas. La diversidad racial y cultural
te hace más tolerante. En el trabajo por ahora estoy bien y con respecto a la
vida social, si bien no tengo tantos amigos como en Chile y nunca los voy a tener,
con el tiempo me acostumbré a tener dos, tres amigos que puedan ser confidentes y que les
pueda compartir un poco mi alma y para mí eso es suficiente. No necesito tener 15 amigos,
no sé, un cumpleaños de monos. No lo necesito, tal vez lo necesitaba hace diez años,
pero ya no.
Descubrir la identidad lejos de casa
Y dentro de todas esas variables que les hablo, sociales, culturales, uno se termina identificando como sudamericano en Europa, que es algo fuerte, que es algo que conlleva mucha garra. Aprendí a abrazar mi lado mestizo,
aprendí a abrazar la generosidad que tenemos de compartir las cosas con
gente que uno no conoce. Entonces, eso me ha ayudado a crear una fortaleza que
me permite sobrevivir a todo, que esa fuerza que siento, ese fuego de ser chileno,
de venir de fin del mundo, me permite ganarle a todo. Porque al final,
al estar alienado, yo me digo, soy diferente. Pero eso es algo positivo.
La diversidad es parte súper importante de este nuevo siglo y por eso cada inmigrante que
dentro de su oficio trae un poquito de su tierra a su trabajo, como los cocineros,
como artesanos, como músico, como un cabista, un vendedor de vinos que sabe de vino chileno
también. Ese tipo de inmigrantes, a través de su diferencia, puede prosperar con más facilidad.
Entonces, no digo que las otras carreras más tradicionales no lo puedan, obvio que sí,
pero más que encajar, es sobresalir. Ahí está el valor tuyo como inmigrante, en tu diversidad.
Como viajero, más que todo, uno ya se acostumbra a estar alienado y si volviera al chile mañana,
lo sentiría igual. Sentiría que algunas cosas no la entiendo, pero es parte de moverse,
y lo acepto. Bueno, demos vuelta a la página y pasemos al inmigrante adaptado.
Cuando una ciudad te permite ser otro
Vivía entonces en París y mi gran descubrimiento era que en París por fin podía yo ser joven,
mientras que en Nueva York a los 20 años había sido completamente viejo. Esto es inexplicable,
pero allí no había alegría ni bohemia. Henry Miller, trópico de cáncer. Bueno,
empecé con Henry Miller con esta novela clásica del siglo XX en que básicamente él habla
de su vida en París como un newyorkino, en la que se siente súper cómodo. Como este párrafo
lo menciono, él se sentía más joven, se sentía que había agarrado una vitalidad que no
encontraba en Nueva York, donde el frenesí de esa ciudad le reducía el espíritu. En cambio,
acá tenía tiempo para caminar, se sentía como en casa, se había adaptado y se sentía
muy cómodo. Y eso nos sucede a muchos. A mí, si bien hablaba del ejemplo grande del
inmigrante alienado, yo por parte me siento súper cómodo viviendo afuera, un poco y sobre todo
por el anonimato que te permite hacer un montón de cosas, como un segundo renacer. No
es que uno va a cambiar 100% en otro lugar, yo no creo en eso, pero sí puede aventurarse a
que la ciudad te lleve y que su energía te defina.
Cómo adaptarse sin perderse
Ahora la gran pregunta, ¿cómo llegar a ser un inmigrante adaptado? Yo también me lo hago porque, claro, por tramos sí me siento súper cómodo en esta ciudad, me ofrece actividades, un buen pasar y anonimato también. Y no es que sea famoso, sino que viniendo a una ciudad un poco chica, recuerdo que si me emborrachaba me daba una vergüenza tremenda y esto aquí no lo tengo. Pero volviendo a la pregunta, yo veo a un
amigo acá que vivía hace casi 10 años y lo veo totalmente adaptado, un amigo chileno que estudió
aquí y no es que haya vendido patria tampoco, él sigue viviendo una manera súper latina,
súper chilena, va a fiestas de cumbia, se meta a bailar allá, llegando a ser un poco
monotemático con su vida nocturna. Tiene amigos franceses, tiene amigos de distintas
comunidades y se le ve súper cómodo a él. No lo he escuchado quejarse ni una sola vez. También
tiene un grupo de música, entonces tiene muy claro lo que la ciudad le puede ofrecer y en ese
sentido está consolidado como ciudadano francés.
Adaptarse sin abandonar las raíces
Quería dar este ejemplo porque me parece interesante que no es necesario olvidarse de las raíces y de todo lo que uno dejó atrás
para adaptarse. No, yo creo que sí se pueden congeniar las dos cosas y ahí está el gran
desafío. Aunque claro, lo que hablaba desde un principio, que si la variable, por ejemplo,
trabajo no te acompaña, la vas a pasar mal. Entonces al final es un equilibrio difícil de
lograr. Yo pienso algunas veces, como predictando mi vida acá, si me quedara en
Francia yo creo que se me sería más fácil, más dulce la vida si me fuera al sur de Francia.
Creo que ahí sí me podría adaptar, acostumbrar realmente y abrazar la cultura francesa con
toda mi energía. Un poco por la gente que es más cálida, hay menos inmigrantes,
entonces uno se ve casi forzado a mezclarse con ellos, con los franceses. Y también por el
y hay más espacio. Hace falta un poco de verde, hace falta un patio, hace falta ese tipo de
cosas. Pero luego pienso y me quejo porque puedo, me lamento porque sí. Ya que como bonus de
estos tres inmigrantes tengo que adicionar los refugiados y los de asilo político y los
destinos también. Todos ellos son gente mucho más sufrida. Bueno, ahí cada uno lo del venir
clandestino acá, no sé, no lo recomiendo. Toda la gente que ha sabido que ha venido sin
papeles la termina pasando mal y se termina devolviendo. Al final que tiene una fortaleza
súper grande. No digo que no lo puedan hacer, cosa de cada uno, pero hay que tener
una tolerancia, la frustración enorme.
Los que no pueden elegir
Y se me viene a la cabeza la historia de un hondureño que una vez conocí en esta fiesta al aire libre, al lado del Sena, aquí en París con vista a Notre Dame. Ahí ponen música y se arman unas fiestas populares súper buenas. Ahí uno se encuentra con
gente de todas partes y como de distinto estrato social. Y me encontré con este hondureño joven,
19-20 años, y Honduras es un país donde la criminalidad debe ser de las más altas del
mundo. Y él había venido acá con un pasaje de solo de vida. Se estaba quedando en una de
estas casas squat que se llaman acá, que son esas casas Ocupa. Él había postulado un asilo
político, el cual no se lo dieron, seguro, porque para que te lo den tienes que demostrar
que tu vida está en peligro en tu país de origen. Y si bien él tal vez no lo podía
demostrar con una amenaza, en realidad, por estadística, su vida sí estaba en peligro al
vivir en un país como Honduras, que si bien no está en guerra civil, sí está totalmente
manchado por el tema del narcotráfico y las maras. Entonces, ya sea si eres un inmigrante
nostálgico adaptado o alienado, tienes suerte. Así que no hay que quejarse tanto, ya que al
final siempre hay uno que la está pasando peor.
