Bob Dylan y Nietzsche: crecer y arriesgarse
En este episodio exploramos qué significa crecer de verdad a través de Bob Dylan, Nietzsche y Milan Kundera. Una reflexión sobre crecimiento personal, riesgo, viaje interior y el valor de salir de la zona de confort para convertirse en quien uno realmente es.
Bob Dylan y Nietzsche: crecer y arriesgarse
¿Cómo accedemos a un crecimiento personal? ¿Cómo nos superamos? Hablo del miedo, del cruce de caminos, la levedad del ser y el vivir peligrosamente para lograr nuestra mejor versión.
Todo a través de ejemplos de vivencias personales, y de algunas historias de Bob Dylan y Robert Johnson en la música. De Milan Kundera y su insoportable levedad del ser en la literatura, y de Nietzsche en la filosofía.
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Crecer y superarse: Bob Dylan, Nietzsche y el valor de arriesgarse
La carretera es para los apostadores, mejor usa tus sentidos. Bob Dylan, Baby Blue.
Empecé con Bob Dylan, ya que claramente es uno al que podemos ejemplificar para intentar
explicar lo que es crecer, lo que es mejorar, lo que es superarse. Uno que hoy en día,
claro, con un premio Nobel de literatura en la espalda, uno podría decir que siempre
lo tuvo todo, pero no fue así. Él, si uno observa a Bob Dylan lo descompone artísticamente,
él no tiene una gran voz. De hecho, tiene una voz nasal que uno no consideraría lo absoluto potente.
Tampoco es un gran, gran guitarrista. Sí, es un buen guitarrista que se fue puliendo con los años,
pero no es el gran guitarrista virtuoso. Y ya por el lado, como de imagen, tampoco
se ataca como Mick Jagger o por moverse como Elvis. Entonces, ¿cómo Bob Dylan logra trascender
y logra posicionarse como el mejor letrista de toda la historia de la música? Bueno,
metamos ahí a la pelea a Leonard Cohen, pero de ahí no sale de esos dos. Y una historia
que me gusta mucho de la carrera de Bob Dylan es cuando él siendo un muchacho de Minnesota,
donde no pasa nada, en Estados Unidos, ya teniendo claro que quería dedicarse a la música alrededor
de los 18 o 19 años, él ya empezando a tener una pequeña reputación local, siempre local,
en su pueblo natal, ahí tocando en su estado en Minnesota, él parte a Nueva York, parte
y se instala en Greenwich Village, que es el lugar donde todo estaba pasando, donde había
la movida artística mundial en esos años, finales de los 50, principios de los 60,
era donde los poetas beat se reunían, donde había jazz, donde había un brote de creatividad
enorme y él, con una lucidez de alguien mucho mayor, se instala en Greenwich Village
con los mejores y empieza a aprender de ellos y rápidamente también empieza a tocar en bares.
Se ofrece a tocar, se mete en la bohemia de todo este lugar, se embarga de la creatividad
y empieza a aprender de los ya consolidados, roda una cosita por acá, roda otra por allá,
le copia esto al otro, empieza a definir su estilo como artista y empieza a crecer.
Ese roce lo definiría para siempre y a los meses volvería a Minneapolis.
Y al volver, testimonios de gente contemporánea a él, que estaban también en la música,
decían que era otro artista.
Su técnica se había pulido, había aprendido también a tocar la armónica, había aprendido a cantar,
pasó de ser un cantante casi de Kermes a una versión muy cercana a lo que es el Bob Dylan actual.
Y todo esto en solo unos pocos meses.
Y cuando él le preguntan a dónde fue que pudo mejorar tanto,
en este documental de Scorsese, No Direction Home, el cual lo recomiendo muchísimo,
si es que les gusta Bob Dylan.
Y él responde que fue a los crossroads, fue a la encrucijada, fue al cruce de caminos.
Un poco en ironía y un poco en verdad, como siempre habla Dylan.
Y esto haciendo referencia al mito de Robert Johnson, ese guitarrista de blues que en los años 30
se le asoció vender el alma al diablo, también en un cruce de caminos,
ganando así un virtuosismo nunca antes visto, una destreza nunca antes vista
con respecto al instrumento de la guitarra.
Pero la verdad es que simplemente Johnson también, como Bob Dylan, había partido en un viaje de aprendizaje.
Y al volver a Mississippi, donde él era oriundo, era claramente el mejor de ser un guitarrista mediocre.
Los había superado todos, lo que había creado una gran envidia.
Esta historia realmente me maravilla, me fascina porque tiene tantos matices,
el matiz de la envidia y sobre todo el símbolo de la encrucijada,
del cruce de caminos en el que todo puede pasar.
Voy a la izquierda, voy a la derecha, encuentro la gloria, encuentro el amor,
encuentro la perdición, la miseria, todo es posible.
El momento en que tienes que elegir
Y todos nos encontramos en algún punto de la vida en que hay un cruce de caminos
en el que tenemos que decidir, salgo del confort o no, o me quedo acá.
¿Me la juego o no me la juego?
Y para eso hay que ser valiente.
Bob Dylan y Robert Johnson lo hicieron en su veintena
y tal vez para ello era claro, querían ser músicos,
pero más que eso querían crecer.
Estaban dispuestos a pagar el precio y a sacrificarse por ser mejores.
Estaban dispuestos a salir de la caja y desafiar su destino.
Cuando crecer despierta la envidia
Y la otra parte que me gusta mucho de esta historia es la parte de la envidia
que deja claro que al final te van a criticar lo hagas o no.
Si no lo haces, ¡ah, cagón!
Pero si lo haces y mejoras, también te van a criticar.
Ah, no, este vendió el alma al diablo.
Ah, no, este tenía plata.
Ah, no, este tenía un contacto.
Ah, este y bla, bla, bla, bla.
Todo para quitarte mérito y al final justificarse ellos mismos
de por qué no se han atrevido y no lo han hecho.
Al final es un mecanismo autodefensa.
Entonces entre hacerle o no hacerlo, mejor hacerlo siempre.
Y entre antes, liberarse de esa carga inútil
que en la opinión de los demás va a ser mejor, te libera.
Y aquí aprovecho a hacer una pequeña tangente,
pero voy a volver a Bob Dylan.
A los versos iniciales que mencioné.
Nadie se construye solo
Es acerca de la historia de Arnold Schwarzenegger.
Nada de risa que lo mencioné aquí en este espacio,
pero me resulta útil para explicar lo que quiero decir.
Él habla de este concepto del self-made man.
El hombre que se hace a sí mismo.
El hombre que sin influencia, sin riqueza,
logra sobresalir en su disciplina.
Y Arnold, nuestro terminator, gobernador de California,
ex-gobernador, al que siempre en Estados Unidos lo elogiaron
por haber sido un self-made man.
Un inmigrante austriaco que llegó a Estados Unidos
sin hablar bien inglés y que subió toda la escalera social.
Dice que él no es un self-made man.
Que nadie es un self-made man.
Porque siempre existe alguien que te ayuda.
En su caso, sus amigos de fisicoculturismo
lo ayudaron a modelar el departamento.
Y también su coach del gimnasio lo ayudó a llenar los formularios
para ser Mister Olympia.
Al final todos necesitamos ayuda.
Es por eso también que hay que ser solidarios y ayudar.
Pero qué distinto una sociedad en la que se genera tanto
a la persona que empezó desde cero y que llega a la cima.
Al punto que el mensaje como revolucionario
el de desmitificar esto y que nadie empieza de cero.
Totalmente distinto a lo que pasa en Chile, por ejemplo,
en que todavía en las entrevistas de trabajo te preguntan
de qué colegio saliste.
Qué triste.
Bueno, cierre paréntesis y volvemos a crecer a Bob Dylan a cosas positivas.
El viaje no te cambia si no sabes qué buscas
La carretera es para los apostadores.
Mejor usa tus sentidos.
Ocupo estos versos porque muchas veces veo en otras redes sociales
cómo se prostituye el viaje.
El hecho solo de partir donde sea, cuando sea,
con expectativas súper altas,
con expectativas de cambio interno muy grandes
que yo creo que sí, sí lo podemos tener,
pero es mejor siempre tener márgenes.
Como ir empujando el bote hacia la orilla que queremos llegar
más que caer en el naufragio de la nada.
Porque no hay nada más terrorífico para alguien que emprende una cosa
en un viaje, que es lo que tocamos acá,
que es un viaje circular en el que partimos,
soltamos las amarras y al final recorremos
lo que tenemos que recorrer, vemos lo que tenemos que ver,
sentimos lo que queríamos sentir y volvemos
y nos encontramos casi en el mismo punto en el que habíamos salido.
Y eso es terrible, eso es depresivo, eso es terrorífico.
Entonces, para evitar esta distancia entre la realidad y las expectativas
hay que tener súper claro lo que uno quiere lograr
con cada viaje, con cada emprendimiento.
Esto es súper personal, pero hay que ser súper honesto.
Decirse, ok, estoy en A y quiero ir a B o estoy en A
y me da lo mismo si voy a B, C, D o E.
Eso es muy distinto, porque va a haber un patrón
y va a haber un disfrute distinto de lo que vamos a vivir en el trayecto.
El viajero que va a elegir ir de A hacia B
va a tener una carga mucho más grande, un objetivo, otro tipo de peso.
En cambio, el viajero que le dé lo mismo si llega a D, C, E o D
él va a tener una ligereza y libertad total
que no es mala en algunos momentos de la vida.
Pero todo esto lo explicó mucho mejor Milan Kundera
en su gran gran novela, la insoportable levedad del ser.
Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad.
La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella,
nos aplasta contra la tierra.
Pero en la poesía amatoria de todas las épocas
la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre.
La carga más pesada es por lo tanto a la vez
la imagen de la más intensa plenitud de la vida.
Cuanto más pesada sea la carga,
más arras de tierra estará nuestra vida,
más real y verdadera será.
Por el contrario, la ausencia absoluta de carga
hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire.
Vuele hacia lo alto, se distancia de la tierra,
de su ser terreno, que sea real solo a medias
y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.
Kundera: el peso o la levedad de vivir
Entonces, ¿qué hemos de elegir?
¿El peso o la levedad?
Les acabo de leer la segunda o tercera página
de esta gran novela,
que es la insoportable levedad del ser de Milan Kundera,
el escritor checo,
en el que narra la historia de cuatro personas
en la República Checa o en la Europa
de possegunda guerra mundial
y sobre todo ya bajo la influencia de la Unión Soviética,
del régimen soviético que fue super totalitario.
Y va respondiendo esta pregunta,
¿levedad o peso, a través de la evolución de sus personajes?
Hay uno que se separa, deja a su mujer
y no ha aceptado por la amante
y que termina teniendo una segunda primavera,
esas segundas primaveras que hacen rejuvenecer
a personas ya que entran en la segunda mitad de la vida.
Y estas pequeñas metáforas en el libro
que van demostrando y respondiendo esta pregunta,
¿el peso o la levedad?
Porque al final eso va a depender un poco
del momento en el que se encuentre uno.
En mi caso, en el momento en el que tuve más levedad
fue cuando partí de Chile y fui a Brasil
con un plan, entre comillas,
con una idea así un poco arrebatada
y sin tanta preparación,
que era un poco hacer un documental,
pero yo no me había preparado bien
lo que terminó en no realizar este documental.
Y si lo vemos así, con números, fue un fracaso.
Debí haberme impuesto una carga,
haberme impuesto fechas,
ser más estricto conmigo mismo,
pero realmente no era lo que necesitaba en ese momento,
porque ese documental al final fue
la excusa que necesitaba para partir.
Era la primera abrazada en el océano.
En ese momento yo solo sabía realmente
que no quería seguir en A.
Ese documental era la excusa para llegar a B, C, D o lo que fuera.
Porque en algún momento hay que empezar,
salir, y eso es lo más difícil, el primer paso.
Lo que necesitaba era un poco levedad,
que el camino me fuera moldando
y esa energía me llevara a alguna parte.
Esto es súper difícil de aconsejar,
porque cada historia es distinta.
Pero en ese instante recuerdo que conocí a una persona
que luego de haberle compartido este deseo mío
de un poco empezar a contar historias,
de aprender a escribir,
esta persona me recomendó hacer cursos online,
me recomendó hacer cursos de escritura de viajes
y de fotografía de viajes.
Esto fue el 2014 y me inscribí y lo realicé.
Bueno, el de fotografía nunca lo terminé.
Pero si no hubiera tenido esta levedad,
si no hubiera estado libre e insignificante
como el vuelo de un pájaro, como lo dice Kundera,
nunca hubiera estos dos cursos,
porque hubiera estado en mi plano,
hubiera estado con mi esquema de
tengo que hacer este proyecto por el que salí de Chile
y me lo hubiera tomado tan tan en serio
que no habría podido explorar estas posibilidades.
No habría nunca abierto un blog, seguramente,
y lo que me habría derivado nunca a hacer un podcast.
O sea, esto, lo que estoy haciendo ahora,
este momento, este segundo en el que estoy hablando,
no podría haber existido.
O sea, gracias a la levedad
estoy haciendo algo que ahora me reconforta,
que me tiene súper entusiasmado,
como este proyecto de podcast.
Creo que la mayoría, al final,
no tiene claro lo que quiere hacer.
Siempre la gente dice, no, pero sigue tus sueños,
lo que te dice el estómago,
pero al final uno no sabe cuáles son mis sueños,
cuáles son, qué es lo que me dice el estómago.
Eso es un proceso interno súper personal
y que sobre todo toma tiempo.
Por ejemplo, en mi caso, lo que le hablaba de este documental
era de fútbol, porque en ese momento
el fútbol lo era todo para mí,
pero con el pasar del tiempo
me di cuenta que no me gustaba tanto
escribir de fútbol o no tenía toda la energía
para realmente dedicarme a esto.
En cambio, empecé a ver que sí,
escribir de viajes o de costumbrismo,
de un poco literatura sí me gustaba
y me fui volcando de a poco a esto de los viajes.
Entonces, lo importante es comenzar.
Ya el tiempo y conocerte a ti mismo
te dejará donde debes estar.
La voluntad de poder: ser quien eres
Pero siento que no he sido el todo claro
explicando un concepto así concreto
de lo que es crecer, de lo que es ser mejor.
Así que voy a invitar y pedirle ayuda aquí al viejo Nietzsche.
Para él, toda la búsqueda de todo ser humano
al final es la voluntad de poder.
Pero cuando él habla de poder
no se refiere a influencia,
a poder de riqueza o a un poder físico,
sino se refiere al poder convertirte
en quien realmente eres,
en la autoexpresión total.
Es en el permitir decirte,
deseo esto, quiero esto otro,
quiero convertirme en este tipo de persona.
Y eso al final es subjetivo.
Para algunos podría ser en verdad
mi voluntad de poder es
tener una casa enorme,
tener un montón de propiedades.
O para otros puede ser distinto.
Quiero aprender cinco idiomas.
Quiero ser campeón de natación
y correr los 100 metros en…
X segundos.
Quiero dejar la ingeniería
y convertirme en técnico de fútbol.
Pero al final, todo lo que nos frena
a llegar a ser esa versión
son esas pequeñas cosas externas
que nos esclavizan y que no notamos cuenta.
Son esas tradiciones y esa moralidad
preestablecidas por la sociedad.
¿De qué me puede servir ir a la universidad
si quiero ser campeón de natación?
Bueno, en verdad si tal vez estás en Estados Unidos
o en un país en que te apoyan.
Al final es seguir tu yo más auténtico.
Permitirte ese diálogo sagrado contigo mismo.
Pero Nietzsche dice
la mayoría de las personas
ni siquiera intentan convertirse
en su mejor yo por dos razones.
Por la pereza o flojera, uno.
Y por el miedo.
Porque el secreto para cultivar la existencia
más fecunda y más gozosa
consiste en vivir peligrosamente.
Construyen sus ciudades a los pies del Vesúdio.
Empiecen sus barcos a mares sin explorar.
Nietzsche nos dice que abracemos el riesgo
y que vivamos peligrosamente.
Que no seamos como la mayoría
que vive una existencia mediocre.
El precio de vivir peligrosamente
Ya sé lo que estás pensando.
Vas a decir, ok, bueno, vivo con riesgo
pero voy a sufrir, la voy a pasar mal.
Y Nietzsche te va a decir
de eso se trata.
De autosuperarse.
De llegar a ser tu mejor versión.
Y para eso utiliza una clásica metáfora
que es la de la montaña.
Que para subir una montaña
vas a tener que por horas
esforzarte muscularmente.
Se te van a congelar las manos,
los pies en algunos momentos.
Te va a costar respirar.
Te va a faltar el oxígeno.
Pero al llegar a la cima de la montaña
vas a tener la vista más hermosa
y bella del mundo.
Y eso es súper gratificante.
Saber que tu resistencia
y tu esfuerzo al final pagaron.
Eso es crecer.
Al final el dolor
es una certeza en esta vida.
Pero sufrir
es una elección.
Sufrir no lo es.
No podemos dejar que el miedo al fracaso
nos estropee.
O si no, nunca vamos a ver esas vistas.
De todas formas, Nietzsche
casi que tenía una
relación un poco patológica
con esto del sufrimiento.
Aquí les leo.
Aquellos hombres
que en definitiva me interesan
son a los que les deseo sufrimiento,
abandono, enfermedad,
malos tratos, desprecio.
Yo deseo, además,
que no desconozcan
el profundo desprecio de sí mismos,
el martirio de la desconfianza de sí mismos,
la miseria del vencido
y no tengo compasión de ellos
porque les deseo lo que revela
el valor de un hombre
que aguanten con firmeza.
Para él, todo lo que traía sufrimiento
iba a hacer crecer.
Iba a ser mejor, en el fondo.
Pero yo no te deseo eso.
El problema es cuando nos conectamos
con esa voluntad de poder
de ese súper hombre,
como lo llamaba él,
es que, cuando le abrimos el corazón
un poquito, nos damos cuenta
que sus estándares son tan altos
que nos abruman.
Y por eso es mejor
cerrarle la puerta inmediato
y no dejarlo entrar
porque nos hace mal.
Porque para lograr llegar a esos objetivos
tenemos que subir diez montañas,
diez Everest
y nos da miedo.
Porque entre más alta la meta
mejor preparados tenemos que estar
para lograrlo.
Pero solo en la toma de riesgos
va a haber crecimiento,
en el salir del confort,
en el vivir peligrosamente.
Solo los valientes disfrutan la vista.
Cómo empezar cuando no sabes qué quieres
Pero aterricemos esto un poco
del Everest aquí,
a lo terrenal, a la tierra,
a Viña del Mar, a Santiago,
a Puerto Varas,
porque tienes todo el derecho de decirme
ok, me gusta esta filosofía de Nietzsche,
pero aparentemente
les habla a todos los que la tienen clara,
a todos los que saben qué es lo que quieren.
Y es súper válido,
pero yo no sé si quiero subir
el Everest, no sé si quiero subir
a la Concagua, no sé si quiero,
no tengo idea de nada.
Que yo creo que al final es el caso
de la mayoría de las personas.
Escuchar lo que ya te ha llamado
Entonces, ¿cómo empezar?
Y Nietzsche te va a decir,
deja que tu alma te responda,
¿qué es lo que realmente has amado
hasta ahora?
¿Qué ha delegado tu espíritu
y le ha dado un significado a la vida
hasta ahora?
En el fondo te está diciendo
qué es lo que te apasiona,
qué es lo que te gusta,
qué es lo que te ha gustado
hasta ahora en este momento de tu vida
y si somos sinceros,
cada uno va a tener una respuesta.
Por ejemplo, yo vuelvo
al caso de cuando partí de Chile
y estaba cesante
y dije, ok, no quiero que esto
sea un viaje circular, quiero crecer,
quiero ser mejor, ¿qué hago?
Me inventé un viaje de fútbol,
pero al final me doy cuenta ahora
mirando en perspectiva,
seis, siete años después,
que realmente lo que quería
era un viaje de historias, de cuentos,
que eso es realmente lo que me apasiona.
El miedo, el espejo y el inicio
Lo vuelvo a repetir, como siempre
el primer paso es el más difícil,
pero no tengamos miedo,
no tengamos miedo de mirarnos al espejo
y dejar que ese alter ego
nos hable
y nos diga qué es lo que quiere.
En el fondo la respuesta
siempre ha estado en el fondo de tu corazón,
solo hay que meterle brasas a ese fuego
y no tener miedo,
equivoquémonos, intentémoslo,
arriesgémonos.
El miedo, el espejo y el inicio
Y no nos dejemos engañar
por ese last man que decía Nietzsche
también, que es esa persona
que nunca sale de la zona de confort
y que aparentemente
es feliz, pero esa
es una felicidad super superficial,
es una felicidad super frágil.
La vista que está viendo él
es en el techo de su casa,
pero nunca a la montaña.
El ser humano tiene más carácter
cuando persigue su temperamento,
sus intintos.
Espero haber podido
haber explicado un poco una parte
ínfima de la filosofía de Nietzsche
que puede a priori
sonar como todo sufrimiento,
todo dolor, pero
es super positiva, porque siempre hay
un espacio para el crecimiento,
para ser mejor. Y si al final
tienes un por qué para vivir
podrás casi siempre soportar
el cómo.
