Kandinsky – De lo espiritual en el Arte

Kandinsky – De lo espiritual en el Arte

 

Podcast: Kandinsky – De lo espiritual en el Arte


“El arte comienza donde se detiene la naturaleza”


Wassily Kandinsky – “De lo espiritual en el arte y en la pintura”

 

Hola caminantes, ruteros y ruteras, soy Nico, y esto es En el camino.

 

Hoy quiero aterrizar conceptos que he estado tocando del inconsciente y de lo espiritual. Quiero ponerle carne, he hablado en los episodios de Jung, del inconsciente colectivo, de las imagenes primordiales ¿Pero que significa un color y no otro? Para eso me apoyaré en  Wassily Kandinsky, el gran pintor y teorico  ruso y uno de los creadores del arte abstracto. Hablaré de su libro “De lo espiritual en el arte y en la pintura”. Y por si acaso, el episodio rinde como Podcast, pero el formato ideal para verlo es visual, así que les recomiendo que lo vean en Youtube.

Espero que disfruten el programa.

 

Empezaba con “El arte comienza donde se detiene la naturaleza” frase del pintor, porque explica bien lo que pretende el arte abstracto. Hasta la irrupción de Kandinsky, teníamos en la pintura un arte proclive al realismo, volcándose hacia afuera, imitando a la naturaleza. Veníamos del siglo XIX, de los impresionistas y neo impresionistas, que se interesaban por la naturaleza. Lo importante eran las impresiones internas del artista del objeto representado, y es así que tenemos estrellas agigantadas, como en “La noche estrellada” de Van Gogh, por ejemplo. Tenemos en el neo impresionismo la técnica del puntillismo como el gran motor para modificar la realidad. Usando en vez de trazas, una técnica pictorica de punto tras punto, que cambian de color entre vecinos, unos a otros, y que incluso se superponen, creando efectos de mayor luminosidad y de complejidad con la luz y sombra. Es impresionante el efecto de luz y vividez que arroja esta técnica, que permitía un divisionismo de lo representado más en degradé y menos tumultuoso. Son cuadros que evocan mucha paz y belleza, también esto por los temas elegidos que son la naturaleza.


Este movimiento de los impresionistas y los neoimpresionistas, como tantos movimientos fueron breves, quien sea que haya leído el hermosísimo libro de las Cartas a Theo de Van Gogh, entenderá las grandes esperanzas que albergaba Vincent en este movimiento, pero a su forma, siempre más pasional y desesperado.

Solamente encuentro que lo que he aprendido en Paris se va, y que vuelvo de las ideas que me habían venido en el campo antes de conocer a los impresionistas…Porque no quiero reproducir exactamente lo que tengo delante de los ojos, sino que me sirvo arbitrariamente del color para expresarme con más fuerza”
Van Gogh.


El neoimpresinismo rompía con las trazas divisorias, esas que por la lejanía en las representaciones de la naturaleza cambiaban de golpe. Como un dibujo de un niño, que representa sus montañas y que luego de una traza permitía la aparición de un valle, o de un nevado y de un nuevo color. La naturaleza puede parecer así de lejos, pero si nos acercamos, es mucho menos drástica y sus fronteras van y vienen. En resumen, el neoimpresionismo tenía una ambición más científica, y como pasa casi siempre, el arte y la intuición atisban lo que la ciencia luego solo confirma. Si hacemos zoom sobre nuestro cuerpo, hasta al máximo, veremos que nuestras partículas fundamentales, están compuestas como un cuadro con técnica puntillista, todo degradado y nada continuó, todo superpuesto. Hablo algo de esto en el primer episodio de la trilogía del tiempo, para quienes les pueda interesar.

En fin, esto lo aprendí básicamente llegando a París, donde encantado en museos como el Orsay o l’Orangerie con cuadros de Georges Seurat, Paul Signac, Camille Pissarro, y Van Gogh, iba con mi libretita y anotaba mis impresiones y descripciones de los cuadros. Lo hacía como si fuera algo importante, como parte de mi educación autodidacta, complementaria a mi educación sentimental. Ambas iban de la mano, tenía que ser así, no lo puedo explicar, pero imagino, que en el fondo, sabía que no estaba preparado para codearme con la gente que quería codearme.

En fin, luego aparece el expresionismo, más volcado hacia la psiquis, muchas veces en la naturaleza como lo hacía el noruego Munch, con su cuadro lleno de angustia, como es El grito.

“Estaba caminando con dos amigos. El sol se estaba poniendo – El cielo se tornaba rojo sangre. Y sentí una ola de tristeza- me detuve exhausto- arriba el fiordo azul oscuro, y la ciudad sangre y lenguas en llamas flotando. Mis amigos continuaron caminando. Yo me quedé atrás, estremecido de angustia. Sentí el gran grito de la naturaleza”
Edvard Munch.

También vi una exposición de él en el Orsay en París, hermosísima, potente. También estaba volcado hacia la naturaleza, pero con el sujeto como protagonista, pero más que el sujeto, su comunión e impresiones y sobre todo expresiones con lo externo. Munch lo dice mejor:

No se deberían pintar más interiores, gente leyendo ni mujeres tejiendo. Será gente que esté viva, que respiren, sientan, sufran y amen. Crearía un gran número de esas imágenes. La gente entendería la santidad y poder de ello, y se sacarían el sobrero, como en la iglesia”

En Munch y en el expresionismo lo que importa son los sentimientos, lo simbólico, mucho más que la realidad y la geometría. Los colores son expresivos y vigorosos.
Luego en la escuela de Viena, pintores austriacos como Schille, Kokoshka, o Max Oppenheimer tomarían la posta. Motivo suficiente para visitar los museos de Viena, Belvedere y Leopold.

En fin, quería hacer este paseo, para que entendiéramos cómo llegamos a Kandinsky. Obviamente hay más movimientos, entre medio, más grandes pintores, pero quería hacer este recorrido.


Vasili Kandinsky (1866-1944) fue un pintor y teórico del arte ruso-alemán, de origen noble es ampliamente reconocido como uno de los pioneros del arte abstracto. Originalmente estudió leyes y economía, pero a los 30 años decidió dedicarse al arte, influenciado por el impacto que le produjo la obra de los impresionistas, en particular Claude Monet. Se instala en Munich donde estudió arte, y empieza a conocer gente de la movida artística más de vanguardia, lo que le permite obtener un estilo único.

El grupo del que formaba parte estaba interesado en las conexiones espirituales en el arte, el simbolismo y el uso del color para transmitir emociones.

Para él, el arte no era simplemente una actividad estética, sino una misión espiritual.

Es en esta época, en 1911  publica “De lo espiritual en el arte y en la pintura”, el cual se considera uno de los manifiestos del arte abstracto y donde Kandinsky proclama todas sus ideas y teorías del color.

Si bien uno mira las pinturas de Kandinsky en esa época, uno se encuentra con un estilo más en transición, todavía experimental con colores vivos, pero nunca en la pureza y simplicidad geométrica inconfundibles.

¿Pero cuál es el objetivo del arte abstracto? Es desproveer primero de la naturaleza, de dejar de mirar hacia afuera, ya sea por inspiración, réplica, copia, o lo que sea, sino que mirar hacia adentro. Al final, poco importa el puntillismo, o la belleza para Kandinsky, lo único que importa es saciar el principio esencial de toda creación artística que es la necesidad interior. Es decir, entrar en contacto con el alma humana.

 

Kandinsky cree un progreso de lo espiritual, por eso dice, que en 1911 aún no estabamos listos ¿Pero lo estamos ahora? El siglo XX fue el siglo del arte abstracto, del surrealismo, los realistas quedaron como unos féretros y solo hubo algunos valientes, que perduran, como Edward Hopper. Pero eso es otra historia. 

 

Kandinsky quiere llegar a la esencia, quiere desprenderse de lo material, ya que para él una obra es buena si hace vibrar el alma. Ese es el único criterio, esa es la belleza.

Kandinsky entiende que una sonrisa cómplice en un silencio es tanto o más poderosa que un regalo aparatoso en un cumpleaños.  Para él, el arte alcanza su más alto nivel cuando se aleja de la imitación y subordinación  a la naturaleza. Después de todo, Kandinsky apunta a lo espiritual y la naturaleza es algo que aparece, como aparece la fuerza de gravedad, o el hidrogeno y las galaxias, los soles, los planetas y así, siguiendo la historia del Universo. La naturaleza es solo una ficha de dominó más que cae debido a mayor entropía. Por eso mismo, no debemos ser esclavos de ella para emocionarnos ni para evocar sensaciones. La naturaleza es simplemente el velo más inmediato de eso que Kandinsky llama lo espiritual.

 

Los colores son un punto importante en esto. En la teoría de colores de  Kandinsky el los contrasta. 

 

“Nuestra harmonía es el contraste del interior” Kandinsky

Mientras  el amarillo irradia y va hacia afuera, expresando alegría y calor,  el azul es su contraparte, que  absorbe y recluye, produciendo sensaciones de calma y paz, él va hacia el interior, hacia el infinito. No es casualidad la frase anglófona i’ve got the blues.

Luego enfrenta al blanco con el negro, el blanco es el nacimiento, el silencio absoluto, no es un color, sino más que todo la ausencia de color. El negro por su lado es la finitud, de la nada y el fin, simboliza la muerte. Ambos se contrastan.

Y así tenemos al rojo que contrasta con el verde. El rojo es movimiento, fuerza y energía. Simboliza la pasión y la vitalidad. Un rojo puro se asocia con dinamismo, con la vida. Mientras que el verde es un color estático, de la calma. Simboliza el equilibrio, la estabilidad. Es el color de la naturaleza y la quietud.

Estos son los seis colores puros de Kandinsky, luego habla del naranja que se enfrenta con el violeta, pero ambos son mezclas, el naranja de la calidez del rojo y la expansividad del amarillo, irradia calidez saludable, confianza en sí mismo. Mientras que el violeta es resultado de la mezcla del infinito y reclusión del azul, con la pasión del rojo. El violeta simboliza el misterio y la melancolía. Es un color introspectivo.

Y termina con el gris, un color neutro, sin movimiento.  Es una especie de pausa sin alegría ni desesperanza, ni positiva ni negativa.

 

Para Kandinsky el arte sólo en épocas débiles de inspiración y moralmente no tiene objetivo. El gran arte es una gran fuerza que debe desarrollar y afinar el alma humana.  Pero solo el interior de la psiquis, alma humana, espíritu, o como quieran llamarlo, porta el devenir. Nunca en el exterior, en la naturaleza. En esta búsqueda interior se intentará despertar los sentimientos más finos, que no tienen nombre. Ese arte es capaz de despertar las emociones más delicadas, aun inefables y hacerlas conscientes. Es como una arqueología del  espíritu.

Kandinsky ve que hay Dos tipos de arte, el que es sólo hijo de su tiempo, volcado hacia  lo exterior. El arte por el arte, un arte castrado, el que muchas veces solo busca provocar y que al rato ya es olvidado. Ese nunca engendrará el devenir. El otro arte, en cambio, es el gran arte para Kandinsky que tomará igualmente raíces en su época espiritual, pero además posee un despertar profético, puede tener una profunda influencia. Está dotado de un misterioso poder visionario. Este don, es su cruz y su soledad. Como les ha pasado a tantos artistas de este tipo, como Van Gogh, que se suicida pensandose un fracaso.


Había comenzado a firmar las telas, pero pronto me he detenido, me parecía demasiado tonto”
“Ahora me encuentro decididamente mejor de salud, pero la esperanza, el deseo de triunfar está quebrantado y trabajo por necesidad, para no sufrir tanto moralmente, para distraerme”

Van Gogh.

En fin, Kandinsky grafica el movimiento espiritual con un triángulo en que su vector que apunta hacia arriba será la punta donde se encontrará el artista visionario en soledad, quien acarrea a todo la humanidad permitiendoles elevarse. En la base y en la parte mas ancha del triangulo se encuentra la mayoría de la humanidad, que vive en un estado de ignorancia espiritual o está enfocada solo en lo material. Estas son las personas más resistentes al cambio. Pero al final ambas, consciente o inconscientemente, ambas secciones esperan su pan espiritual.

 

El pan espiritual es lo que sacia el hambre del espíritu, ese pan espiritual que nos envía a los basureros de la intimidad leyendo comentarios de Youtube de algún video que nos conmueve. El pan espiritual dice Kandinsky muchas veces solo se puede saciar con el  veneno de la soledad.

En épocas de decadencia este triángulo de Kandinsky no se mueve. Estas son épocas mudas y ciegas exclusivas a los éxitos exteriores y a lo material, mirando solo el pasado. En estas épocas son aislados los hambrientos del espíritu y son ridiculizados, considerados como anormales.

 

En estas épocas de decadencia el cómo es más importante que el qué. Tutoriales, cómo hacerse famoso, como tener más seguidores, cómo ganar más plata sin trabajar y nadie se preocupa del contenido, del que. VULGARIDAD. El contenido, el que, no es material, sino un elemento interior artístico el cual se debe encontrar escarbando en uno. Nunca dirigiéndose hacia replicar el pasado. 

El positivismo y la ciencia, de lo que hablaba en el episodio de influencias de Jung, sólo reconoce lo que puede ser medido y pesado, cuantificado. Por eso no puede conducir al reino del mañana, ya que el método científico no lo contempla, este solo se puede a través de la sensibilidad. Este es el poder del arte.

Aquí Kandinsky empieza a analizar tipos de arte. La palabra o la escritura es una resonancia interior.  Ya que si no vemos el objeto y solo escuchamos una palabra, se forma una representación abstracta en el auditor. Si digo perro por ejemplo, cada uno pensara en algo, en tu mascota, tal vez en un amigo. Un objeto desmaterializado, o sea sin la figura enfrente,  despierta inmediatamente en el corazón una vibración. Pero el uso -como en la poesía- de las palabras de una forma irracional o fuera del tiempo, pueden aparecer capacidades espirituales insospechadas. Por eso uno lee poesía, por las figuras, símbolos que nos despierta, y por su capacidad espiritual.


Quien se encadena a una alegría

Destruye la vida alada

Pero quien la besa cuando vuela

Vive en el amanecer de la eternidad

William Blake – Eternidad

Vida alada, no tiene sentido figurativamente, pero espiritualmente tiene más sentido que tú y yo.

Por otro lado hay artistas, en la música como Wagner y Debussy, que son maestros en crear asociaciones con la naturaleza, tipo impresionista, de interpretar la naturaleza. Es nítido al escuchar Claro de luna de Debussy, un gran contemplador y evocador del misterio y soledad de la noche. Y Wagner, que incluso leí en el New Yorker hace unos años, que un artista decidió acompañar una ruta en auto en California, Santa Monica, con la potencia creacionista y mística del Preludio de su ópera Parsifal.

Para Kandinsky ambos son grandes músicos, ya que evocan a la belleza interior que es la más fuertes. Si las bellezas convencionales son más fuertes es porque el ser no está sintonizado con su medida de belleza interior. Estamos perdidos por tanta hambre del pan espiritual. La música tiene una tendencia  al abstracto y la naturaleza interior, es el arte para crear una vida propia, como los antes mecionados. La música tiene la característica de perdurar más en su impresión , mientras que la pintura lo puede hacer de un solo golpe.


Kandinsky ya entrando en la pintura alaba las búsquedas del interior en el exterior. Por ejemplo, a Cezanne, de poder darle alma a todos los objetos, y tener la gran habilidad de ver toda la vida interior en lo que sea. Como dice el cineasta alemán Wim Wenders en su libro Los Pixeles de Cézanne, en que este capta en cuadro una montaña, en el que mirando más detalladamente aparece un corazón en el medio. Picasso para Kandinsky es el maestro de exteriorizar todo, nunca se deja seducir por la seducción francesa de la belleza exterior, como dice él.

 

Los colores y su vibración con el alma, actúan de manera directa o por asociaciones. El rojo despierta la llama, puede excitar por la asociación con la sangre, por ejemplo.
Pero todos los colores se atenúan y exacerban por sus formas. Toda forma tiene un contenido interior, la forma entonces es la exteriorización del contenido interior. La harmonía de las formas debe reposar sobre el principio de necesidad interior.

El nacimiento de la necesidad interior, nace de tres razones místicas: 1) necesidad interior 2) una necesidad de época 3) elemento eterno.

 

Solo el elemento eterno creará un arte eterno. Los otros dos elementos, la necesidad interior de expresar, y la necesidad de época, de por ejemplo acusar una injusticia, son propios del arte contemporáneo. El signo eterno, es propio de signo de grandeza de la obra y del artista.

Los primeros dos elementos son subjetivos, mientras que el tercero es objetivo, por lo mismo eterno. Lo objetivo es eso que empuja al devenir. Es cuando Jung premoniza la primera guerra mundial en sueños y lo transforma en páginas del libro rojo. Es cuando Paul Preciado en Disphoria mundi, habla de nuevas relaciones sexuales, y describe el encuentro de dos personas trans hombre y una mujer, y tienen relaciones. Nos habla del devenir.

 

La forma de hoy es una conquista reconocida de la necesidad interior de ayer. Por eso todas las expresiones exteriores son de ayer.

 

El arte sólo en épocas débiles moralmente y de inspiración no tiene objetivo. Es que el gran arte es una gran fuerza que debe desarrollar y afinar el alma humana. Ese es su objetivo, mover el triangulo espiritual y elevar la humanidad.

Y en la vía de liberarnos del exterior, sustituímos una base contraria, que es la de la necesidad interior. La necesidad exterior es el canón, alguna vez fue la necesidad interior, pero ya no. Por eso no puede nunca arrastrarse más allá de sus propias delimitaciones. 


El primer paso al arte abstracto es la lejanía al objeto. Desprenderse de aquello, pero no estamos tan maduros para liberarnos completamente de la naturaleza, o al menos en 1911 ¿Lo estamos ahora? Kandinsky da ejemplos de lo abstracto a medio camino en la naturaleza: Ejemplo: Caballo rojo, el cual no existe en el exterior, nos crea una disonancia y nos hace buscar en el interior. Es que los elementos de la construcción de la imagen no se encuentran en el exterior. Se los debe buscar en el plan de la necesidad interior.

El problema de la tentación del arte abstracto es caer en cuento de hadas en la leyenda fácil, el símbolo barato que impide que uno hurgue en el interior y se quede en la superficie, no puede una llave de símbolos universal para todos que permita que  el exterior se conecte con el interior en un paso. Hay que erradicar el sentido práctico, que va en contra de lo abstracto.

 

Este arte abstracto será geométrico, aquí Kandinsky inicia en teoría a anticipar lo que vendrá en su obra, en estos cuadros gigantes llenos de círculos, triángulos, y colores, todos de distintos tamaños. Estos cuadros son absolutamente hipnotizantes, y dan la sensación de estar presente a segundos después del big bang arrojando materia en el espacio, a algo espiritual casi fuera de este mundo, a un espiritualismo espacial, de estar en frente de otro lenguaje más elemental. Es que el arte es superior a la naturaleza. “El arte comienza donde se detiene la naturaleza”.

Por eso el objetivo del arte abstracto es dejar las formas. El arte es un poder que tiene como objetivo afinar y desarrollar el alma humana, para esto el artista es un médium, la naturaleza no es necesaria.

 

La teoría y obra de Kandinsky marcó lo que vendría. Un siglo plagado de arte abstracto y experimental, con movimientos como el surrealismo, y pintores como Mark Rothko, que pintaban en óleo cuadros con dos tonalidades de colores divididos por la mitad y nada más. Parecería una broma llamar arte a esto. Pero en la fundación Louis Vuitton, que es un museo de Bernard Arnault, la mayor fortuna de Europa, fudnación que tiene para retribuir un poco con cultura y pagando menos impuestos de pasada. En fin, pude asistir a una exposición de la obra de Rothko. Y había una sala  con estos cuadros gigantes que habían instalado con una luz tenue, a medida que uno avanzaba la luz se hacía cada vez más opaca, y los cuadros también pasaban de colores de pasteles, a verde, azules, hasta que en el último salón me encuentro de golpe con el mismo tipo de pintura, siempre dividida en dos mitades verticales, pero esta vez con tonalidades negras. Sentí un ahogo en el pecho, una angustia física, solo por una sala oscura y un cuadro. Rothko había llevado al extremo la teoría de Kandinsky, se había desprendido no solo de la naturaleza, sino que también de la geometría. Ese es el poder del arte.

Y esa es también su cruz. El o la artista debe restituir el talento que le ha sido confiado. Sus actos, sus pensamientos, sus sensaciones, como esas de todo otro ser contribuyen a la atmósfera espiritual, purificandola o pervirtiendola. Y sus actos, pensamientos son el material de sus obras que reaccionan a su viaje sobre la atmósfera espiritual. Es por eso que el artista es el sacerdote de la belleza.

El arte no es solo una misión estética, sino un objetivo espiritual.


Hasta la vuelta, chau.



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