Un Completo Desconocido: Bob Dylan

Un Completo Desconocido: Bob Dylan

 

Podcast: Un Completo Desconocido: Bob Dylan

Bob Dylan – Un perfecto Desconocido

Rompe todas las reglas sobre escribir canciones, excepto sobre la de tener algo que decir”

Estaba cantando para definir la forma que sentía sobre el mundo. Creo que te pasa gradualmente. Tu no te despiertas un dia y decides que necesitas escribir canciones.
No es como si vieras canciones que se te acercan y que te invitan. No es tan fácil. Quieres escribir canciones más grandes que la vida.”

 

Hola caminantes, soy Nico, gracias por acompañarme una vez más en esta ruta de emociones y sentido.

 

Hoy nos adentraremos en el universo de Bob Dylan, uno de mis héroes, uno de mis poetas favoritos, uno que siempre visito y revisito. Y uno que en los cruces de camino y en las rutas inciertas siempre ayuda. Pero esta no será una mera reseña de la película, no. Hablaremos de lo que Dylan representa, no solo como artista, sino como un puente entre lo ordinario y lo trascendental. Reflexionaremos sobre su amor por Woody Guthrie, su motor creativo. Porque hoy no hablaremos solo de música, sino de amor, devoción y la búsqueda de lo esencial.

Fui a ver con escepticismo la reciente salida de la película “Un perfecto desconocido”. No tengo nada en contra de las biopic, hay gente que dice porque perder el tiempo con este género, haz un documental y evita lanzarte todos los puristas rompe pelotas que van a criticar si Bob Dylan se desabrochaba un botón y no dos de la camisa. Es una empresa arriesgada.

 

Pero lo que me complicaba de la película y sobre todo viendo el trailer, era la interpretación de Bob Dylan. Y no es que tenga un problema con Timothée Chalamet, sino que lo tendría con quien sea que osara a interpretar a Bob. Enigmático, diverso y cambiante, no imaginaba a nadie poder tocar y componer a Bob Dylan. Todo en él es fluido. ¿Cómo alguien podría interpretarlo con justicia? 

 

Pero la película no es ambiciosa, y sobre todo no es una biopic, típica. La historia está concentrada en cuatro a cinco años. Algo más extenso habría requerido lo que se hizo en Mi Historia sin mi, otra película de Bob Dylan, en que acertadamente, hay cinco personas que lo interpretan en el curso de su vida, como Heath Ledger y Cate Blanchette, si, la actriz, entre otros. Pero aquí el proyecto estaba en manos seguras, al menos por nivel de experiencia. Su director, James Mangold,  también había hecho Walk the line, la biopic de Johnny Cash, interpretada por Joaquin Phoenix.

Pero la verdad es que Timothée me sorprendió. Y ojo, que para los antispoiler, solo voy a describir la primera escena importante de la película, que es el primer encuentro entre Woody y Bob. La película empieza cuando Bob Dylan llega a Nueva York en aventón, armado solo con su guitarra, un comienzo perfecto, porque que importa el pasado de Bob Dylan, y de cualquier jovencito de 18 a 20 años que llega a la gran ciudad a buscar su sueño. Además, como dice Bob, la vida no es sobre encontrarse, sino sobre crearse a sí mismo. Y lo único que importaba era encontrar a Woody Guthrie, el cual está hospitalizado. Hasta ese momento observamos a un Chalamet un poco encorvado con una mochila a cuestas con su guitarra, deambulando. Pero llega el momento de la verdad, encuentra a Woody en el hospital, siguiendo el banjo del personaje de Edward Norton, Peter Seeger, otra figura del folk de aquellos tiempos, que le hacía compañía al héroe de Bob. Es la música la que lo lleva a su héroe.

 

Dylan, hermético cordial y tímido, pero no intimidado, le dice a Woody que lo viene a ver, que es su ídolo. Woody tiene problemas graves de salud, no puede hablar y está postrado en cama, pero le comunica y con la ayuda de Peter, que le toque algo. Es el momento clave, si Timothée no está a la altura, el personaje ya no es creíble y con ello toda la película.

Dylan no solo admiraba a Woody Guthrie; lo veneraba como a un faro en el mar, como una constelación en el cielo oscuro. Woody representaba ese espíritu libre y despreocupado que plasma las historias de la gente común, de los desheredados, de las sombras que pocas veces encuentran voz.

Y llega el momento, Bob Timothée, se acomoda, es una escena larga, desenfunda su guitarra lentamente, y la empieza a afinar, todo debe estar en orden, luego coge una silla, que instala justo delante del regazo de Woody e inicia a tocar a Song to Woody. Y fue como presenciar cuando el hombre llegó a la luna. Bob Timothé mira de cerca todo el tiempo a su héroe enfermo. Como denota el titulo de la canción está escrita en homenaje a su ídolo. No sé qué pasó, pero me empezaron a correr las lágrimas a chorro, era un símbolo demasiado grande, una escena demasiado idílica y Timothée emulaba perfectamente al joven Bob. Pero era más que un homenaje, era una promesa de tomar esa antorcha de autenticidad, de compromiso, de humanidad, y llevarla por nuevos caminos. 

Y eso es lo que Un perfecto desconocido captura tan bien. Ese instante íntimo entre un joven ansioso por comenzar su travesía y un anciano sabio que, aunque ya no podía cantar, tocaba con su esencia al mundo.

Cantarle a Woody, mirarlo a los ojos, no fue solo un acto de respeto; fue un diálogo entre generaciones, un momento eterno que manifiesta un amor más grande que cualquier límite humano.

Porque era más grande que el amor de pareja, erótico, o filial. Era el amor del hijo a un padre, que crea puentes entre generaciones y hace girar y continuar la rueda de la historia. Cuando Rimbaud decía que faltaba reinventar el amor, se refería a escenas como esta. Mejor les dejo la letra para que se entienda mejor.

Estoy aquí, a mil millas de mi casa
Caminando un camino que otros han recorrido
Estoy viendo tu mundo de gente y cosas
Tus pobres y campesinos, príncipes y reyes

Hey, hey, Woody Guthrie, te escribí una canción
Sobre un viejo y extraño mundo que sigue avanzando
Parece enfermo y hambriento, cansado y destruido
Parece que está muriendo pero apenas ha nacido

Hey, Woody Guthrie, pero sé que tú lo sabes
Todas las cosas que estoy diciendo y muchas más
Te estoy cantando esta canción, pero no puedo cantar lo suficiente
Porque no hay muchos hombres que hayan hecho lo que tú hiciste

Por Cisco y Sonny, y Leadbelly también
Y por toda la buena gente que viajó contigo
Por los corazones y las manos de los hombres
Que llegaron con el polvo y se fueron con el viento

Se me pone la piel de gallina al volver a leer esta obra maestra.  El remate de la escena es Woody que impedido del habla y postrado, empieza a golpear con su puño la cama, una y otra vez. Desde ese momento la película ya valía la pena. Y desde ese momento Timothée Chalamet merece mi más profundo respeto.

En ese momento, la película trasciende la pantalla y se convierte en un espejo para el espectador. ¿Quiénes son nuestros héroes personales, aquellos que forjan nuestra identidad y nos inspiran a continuar cuando la vida se torna incierta? Todos cargamos con un legado, aunque a veces no lo reconozcamos, herencias invisibles que nos moldean a través de la música, las palabras o los gestos de quienes nos precedieron. Y en ese encuentro entre Dylan y Guthrie, nos vemos enfrentados a la inevitable interacción entre lo viejo y lo nuevo, entre lo aprendido y lo creado, comprendiendo que nuestra construcción personal es, en el fondo, un diálogo perpetuo con quienes nos antecedieron.


Es que piensenlo, el gran trovador y aventurero que fue Woody Guthrie, tambien musico, el tipo está de vuelta, no puede cantar, está de salida, enfrentados al final del camino, el lo sabe y ve llegar a un chico de 20 años, desgarbado flacuchento con voz nasal y sucia que le canta mirandolo a los ojos, sabe todo sobre él y de a poco, mirándolo mejor, se da cuenta que el chico no tiene 20 sino 200 años de sabiduría y vivencias. Woody está llegando al final de la línea y luego de una vida de viajes y cantos, se da cuenta que su mensaje al menos ha llegado y moldeado a una persona, y eso es suficiente, porque la posta ha sido pasada. Es conmovedor.

 

En su grandísimo libro “Crónicas Volumen 1” Bob Dylan describe así el momento cuando descubre a Woody:

Todas sus canciones, una tras otra me volaron la cabeza. Me hicieron querer gritar de asombro. Fue como si la tierra se separara en dos. Habia escuchado a Woody Guthrie antes, pero principalmente solo una aqui y alla – la mayoria cosas que cantaba con otros artistas. No lo habia escuchado en realidad, no de la forma en que se destruye la tierra. No lo podía creer. Guthrie tenía un agarre de las cosas. Era poético, duro y ritmico. Había tanta intensidad y su voz era como una agujas. No era como ninguno de los otros cantantes, ni tampoco sus canciones. Sus maneras, la forma que todo rodaba de lengua, todo me atropellaba. Fue como si el tocador de disco me tomara y arrojara a lo largo de la habitación…Sus cancione en si, su repertorio, estaba más allá de cualquier categoria. Tenían una barrida infinita de la humanidad. Ninguna canción mediocre entre todas ellas. Woody Guthrie rompió todo en su camino en pedazos. Para mi fue como una epifanía, como una pesada ancla que se sumergía en las aguas del muelle.
Ese día escuche a Guthrie toda la tarde en trance y senti como si descubría un especie de esencia de autodominio de mi mismo, que estaba en un bolsillo interno de mi sistema que me hacia sentir más yo mismo, que nunca antes. Una voz en mi cabeza, me decía…”esto es”.
Podía cantar todas las canciones, cada una de ellas, eran lo único que quería cantar. Fue como si estuviera en una pieza oscura y alguien había prendido la luz principal”

Esa luz que menciona Dylan no es otra cosa que la chispa creadora, el fuego primordial que reside en todos nosotros, esperando ser avivado. Woody Guthrie fue el faro que iluminó el camino para Dylan, pero el trayecto que siguió no fue una mera copia, sino una transformación. Dylan no se limitó a heredar la antorcha, la convirtió en algo propio, rehaciendo las melodías y las palabras en los cimientos de una nueva era musical. Así es como opera la verdadera inspiración: no es un eco pasivo, sino un diálogo activo, un puente entre lo que fue y lo que podría ser.

En nuestras vidas, ¿cuántos de nosotros escuchamos esa chispa, ese llamado? Muchas veces pasa desapercibida en el ruido cotidiano, pero está ahí, esperando pacientemente a que prestemos atención. rás profundo que esta escena deja entrever. Que la vida, al final, es una composición colectiva, una obra inacabada donde cada uno aporta su verso, ecos de las notas que otros tocaron antes. Esta idea no solo nos conecta con el pasado, sino que nos impulsa hacia un futuro en el cual también seremos parte de las historias de quienes vendrán. ¿Qué legado dejaremos en las cuerdas y palabras de quienes decidan continuar el canto?

Woody le había transmitido su estilo, sus aventuras, su amor por el viaje. Le había dado una misión.

 

“¿Alguna vez han tenido un momento como el de Bob Dylan con Woody Guthrie? Uno de esos encuentros que, aunque breve, les cambió la vida para siempre. Quizás fue un maestro, un amigo, un artista o incluso un desconocido que les mostró algo que no sabían que necesitaban ver. Si es así, ¿cómo fue? ¿Qué aprendieron de esa experiencia? Déjenme sus respuestas en los comentarios, me encantaría leer sus historias.”


Woody Guthrie nunca me habia visto ni escuchado acerca de mí, pero se sentía como si me dijera “Partiré, pero estoy dejando esta tarea en tus manos. Sé que puedo contar contigo”

Woody fue como una epifanía, fue como ver a Dios.

Woody hacía cada palabra contar. El pintaba con palabras. Eso sumado a su estilo de canto, la forma que se expresaba, el polvoriento e impávido vaquero pero maravillosamente serio y melódico sentido de entrega, era como una sierra circular en mi cerebro e intentaba emularlo en todas las formas que podía. Muchos tipos del folk habrían podido haber pensado en las canciones de Woody como retro, pero no para mí. Se sentía como si fuera completamente del momento, corrientes e incluso predictivas de lo que vendría. Me sentí como un joven punk cantante de folk que había recién comenzado de la nada seis meses antes. Se sentía más como si me hubiera elevado de un voluntario sin honorarios a un caballero honorable.

Todo parecía tan unidimensional después de Woody. El folk y el blues me habían dado un apropiado concepto de cultura, y ahora con las canciones de Guthrie mi corazón y mente habían sido enviados a otro lugar en el cosmos completamente”

 

Fue su nacimiento.

 

Las canciones, como los ríos, nunca dejan de fluir. Cambian de cauce, se transforman con el tiempo, pero siempre encuentran el modo de llegar a donde deben estar. Dylan entendió esto mejor que nadie. Él sabía que cantar no era solo contar una historia, sino ser parte de un linaje interminable de narradores. Cada acorde, cada verso, cada pausa cargada de significado es una semilla que se planta en la memoria colectiva.

Hay quienes dicen que una canción no muere mientras alguien la cante, y quizás por eso Dylan volcó su ser en las palabras. No temía abrazar lo efímero, porque sabía que, en ese mismo abrazo, le estaba dando lugar a la eternidad. Esas melodías que parecen brotar de lo desconocido no solo reflejan el mundo que habitamos, sino también los mundos invisibles que llevamos dentro.

En sus momentos más místicos, Dylan no era solo un trovador, sino un puente hacia lo eterno. Cantaba con la curiosidad de un peregrino que sabe que el destino es menos importante que el viaje. Y en ese andar, llevaba consigo la promesa de conservar las voces antes de él, incluso aquellas que fueron acalladas por el tiempo. Cada verso que compuso parecía susurrar a quien lo escuchara: “Recuerda, pero no te detengas. Continúa.”

Le quería dar profundidad al encuentro y al canto que le hizo Bob a Woody, el cual efectivamente ocurrió en 1961. Porque luego la película navega por sí sola, el elenco es muy bueno, y la tensión entre lo viejo y lo nuevo, entre el folk purista y lo nuevo está muy claro, se plasma en el festival de Newport, donde Bob fue pifiado. Hay videos en youtube, tambien de sus primeros conciertos con Joan Baez, y se puede ver a unos escépticos auditores, como queriendo decir “que carajo es esto, no podemos decidirnos si es folk o no, pero es bueno”.

La verdad es que siempre está esa guerra entre puristas y descolgados, lo mismo le pasó a Miles Davis en el jazz, luego que saca el Bitches Brew, y a los Jôao Gilberto y músicos de Bossa Nova, que se descolgaron de la samba.

Bob Timothé, descolla múltiples veces, con algunos gestos típicos como rascarse la cabeza, los balbuceos, y esa aura antipática, de divo, pero sobre todo SE LUCE cantando. En The times are a changing, me dio la impresión de estar adelante de un profeta, porque Bob, no es un performer, no se mete al publico al bolsillo, de hecho, todo lo contrario. Pero te hipnotiza por sus letras, y en esta canción se siente el poder de lo nuevo, que los tiempos están cambiando.

 

Porque la rueda sigue girando,

Y no hay manera de saber

A quién nombrará.

Porque el perdedor ahora

Será el ganador después,

Porque los tiempos están cambiando.

Vengan, madres y padres
De toda la nación,
Y no critiquen
Lo que no pueden entender.
Sus hijos e hijas
Están fuera de su control.
Su viejo camino está envejeciendo rápidamente,
Por favor, apártense del nuevo
Si no pueden echar una mano,
Porque los tiempos están cambiando.

La línea está trazada,
La maldición está echada.
El lento de ahora
Será rápido más tarde.
Así como el presente ahora
Será el pasado después.
El orden se desvanece rápidamente,
Y el primero ahora
Será el último después,
Porque los tiempos están cambiando.

Lo siento por Bob, pero como querías que no te adoraran, si podías escribir eso, podías aleonar a la nueva generación en los tumultuosos 60’, epoca en que presidentes eran asesinados, lideres políticos eran asesinados y había una guerra nuclear en ciernes. Es normal que te hayan tildado de conciencia de la epoca.. Es que canciones como “The Times They Are a-Changin'” no eran simples himnos de protesta; eran llamadas, invitaciones a ser parte de algo más grande. Y eso es Dylan, el trovador de su generación, que nos mostró que el arte puede ser una forma de resistencia, pero, ante todo, es una búsqueda personal e interminable. Lo que sí lamento es que eso te haya empujado al ostracismo. Ya no podías meterte a escuchar  músicos en bares y fantasear, sin ser molestado. Y como lo dices tu Bob:


la creatividad tiene mucho que ver con la experiencia, la observación, y la imaginación” Y de un momento a otro, ya no podías observar sin ser observado, algo de eso se perdió. Como se muestra en la pelicula cuando vas a un bar y te terminan descubriendo y luego pegando.

Pero Bob pese a esa aura huraña, desagradable, era alguien que en este libro de Crónicas, profesa un profundo amor, pero a los músicos. Es alguien que ya desde muy joven no le interesaba nadie que no sea del mundo de la música. Y la obsesión es el primer paso hacia la excelencia. Sin esa dedicación, no existía Bob Dylan. El tipo vivía por y para la música. Escuchen como habla de algunos músicos como Roy Orbison.

Orbison trascendía a todos los géneros  – folk, country, rock o cualquiera. Mezclaba todos los estilos y algunos que no se habían inventado aún. Podía sonar hiriente, desagradable en una línea y luego cantar en falsete voz como Frankie Valli en la próxima. Con Roy no sabías si estabas escuchando a un mariachi o ópera. Te mantenía alerta. Con él, todo era grasa y sangre. Sonaba como si cantara desde la cima de una montaña olímpica, y lo hacía en serio.
Su canto te hacía querer conducir tu auto sobre un acantilado. Cantaba como un criminal profesional. Típicamente empezaría en una nota baja, casi en un rango inentendible, estaría ahí un rato y  luego asombrosamente se escurriría en el histrionismo. Su voz podía sacudir a un cadáver, siempre dejandote a ti mismo como “Hombre, no lo puedo creer”. Sus canciones tenían canciones dentro de canciones.

Escucharía y esperaba por canciones en la radio, pero luego de Roy todo era aburrido y sin agallas.

Y ahora escuchemos lo que dice de Johnny Cash y su grupo:

Eran tan fuertes que te enviaban contra la muralla. Si te alejabas de ellos y te volteabas, te podían convertir en piedra. Sus discos no eran excepción, pero no eran lo que te podrías esperar. Johnny no tenía un grito perforador, sino que miles de años de cultura que caían sobre él. El podría haber sido un hombre cavernario. Sonaba como si estuviera al borde del fuego, o en las profundidades de la nieve, o en un bosque de fantasmas, la tranquilidad conciente de su fortaleza evidente, completa inclinada y vibrante de peligro. “Vigilo de cerca a este corazón mío” Decía, de hecho. Debí haber recitado esas líneas mil veces a mi mismo. La voz de Johnny era tan grande, que hacía parecer todo el mundo pequeño, inusualmente con voz de pito -oscuro y naciente, y él tenía la banda correcta entorno a él.
La primera vez que escuché I walk the line, años atrás, sonaba como una voz diciendo “Que estas haciendo aqui, chico”? Estaba tratando de mantener mis ojos bien abiertos, también.

Y hay tantos más que el menciona en su libro de crónicas. Johnny Cash, efectivamente tiene apariciones en la pelicula. Tal vez más que su aparición física, lo más conmovente es la lectura de una de sus cartas, porque Bob y Johnny, efectivamente fueron primero amigos de pluma, y luego en la escena. Johnny, queda siderado tras escuchar el segundo disco de Bob, el The Freewhelin’, el que Cash dice que es su objeto más precioso.

Y no quiero seguir, solo que vayan al cine, y escuchen a Bob Dylan. Bob viajó porque sentía que en el movimiento encontraba significado. Y en ese movimiento descubrió no solo el paisaje, sino que se creo a sí mismo. Para mí, leer a Dylan, escucharlo, siempre me ha dado ese coraje para salir, para seguir caminando incluso cuando el sendero no está claro.

“El presente ahora será el pasado después, porque los tiempos están cambiando.”
Como dice en The Times They Are A-Changin’

Nos está recordando que la vida nunca es estática y que debemos ser parte activa de ese cambio. Ya sea tomando una guitarra, un cuaderno, o simplemente nuestros propios sueños, nos impulsa a crear, a vivir, a ser.

Personalmente canciones como Buckets of Rain, Tangled up in Blue, o It’s alright Ma son como ir a la iglesia y comulgar, para un cristiano. Caminantes, recuerden que no importa cuán largo sea el camino o cuán pesado el equipaje, siempre habrá canciones que lo hagan un poco más llevadero.

Y me empiezo a despedir. Gracias por acompañarme hoy en esta caminata por la vida de Bob Dylan, Woody Guthrie, y ese encuentro que cambió todo. Espero que esta historia los inspire a buscar dentro de ustedes mismos aquello que los haga cantar, sea lo que sea. 

“Y ahora, caminantes, les pregunto: ¿qué canción, libro, película o encuentro les ha hecho sentir que algo en su interior se encendía, como esa chispa que Bob Dylan sintió al descubrir a Woody Guthrie? ¿Qué obra o persona les ha inspirado a tomar su propia antorcha y seguir adelante? Compartan sus respuestas en los comentarios, y no olviden que, como dice Dylan, ‘el camino es largo, pero quien ama el viaje, nunca se detiene’. Soy Nico, y esto fue un episodio dedicado a ese gigante llamado Bob Dylan y a lo que él representa en mi vida y quizás también en la tuya. Hasta la próxima, caminantes.

Nos vemos en la próxima caminata. ¡Hasta la vuelta, chau!

 

Reel

Fui a ver con escepticismo “Un completo desconocido”. Interpretar a Bob Dylan: Enigmático, diverso y cambiante era complicado. Pero Timothée Chamalet lo logró.

 

Como dice Bob, la vida no es sobre encontrarse, sino sobre crearse a sí mismo. La película empieza con Bob Dylan llegando a Nueva York en aventón en busca de su héroe Woody Guthrie, el cual está hospitalizado. 

 

Dylan, da con su ídolo. Woody tiene problemas graves de salud, no puede hablar y está postrado en cama. Llega el momento clave :Bob Timothée va a tocarle algo a Woody, si su canto no está a la altura, el personaje ya no es creíble y con ello toda la película.

Bob Timothée, se acomoda, y mirandolo a los ojos inicia a tocar a Song to Woody. Y fue como presenciar cuando el hombre llegó a la luna.  No sé qué pasó, pero me empezaron a correr las lágrimas a chorro. Era un homenaje íntimo entre un joven ansioso por comenzar su travesía y un anciano que, aunque ya no podía cantar, había tocando con su esencia a este joven y al mundo.

Cantarle a Woody, fue un diálogo entre generaciones, un momento eterno de amor, más grand que el amor de pareja, erótico, o filial. Era el amor que crea puentes entre generaciones y hace seguir girando la rueda de la vida. Cuando Rimbaud decía que faltaba reinventar el amor, se refería a escenas como esta



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